"Fuego"
Estirar sus manos para tratar de alcanzar el cielo; sonreír... llorar, estar encerrado en un pequeño bosque lejos de la ciudad, lejos de la sociedad.
Todo fue claramente "normal" durante los primeros años de vida de Hinata Shouyou. Existía -a palabras de su madre- una sociedad que detestaba a los de su especie y por tal motivo debían permanecer ocultos. Desde que tenía memoria su madre se había encargado de mostrarle la diferencia entre ambas especies, especialmente cuando tenía que ser educado, ya que era necesario si algún día sucedía lo peor.
Aunque llorara y se retorciera de dolor en el piso, Hinata comprendió a la mala que para ser parte algún día de esa sociedad era necesario el ser "domado" pero ¿Por qué? ¿Qué tenían de diferentes ellos al resto? Sentían, amaban, comían... ¿No deberían ser los humanos los sometidos? ¿Qué clase de persona pondría a su hijo a prueba de ese modo? A fin de cuentas si había una discordancia entre ambas especies, era su poder. Resultaba ilógico que su amorosa y cálida madre lo torturase de esa forma y luego lo atrajera hacia su pecho pidiéndole perdón y que él, conmovido por sus lágrimas (sobre todo por ese amor que le juraba), la perdonara.
Trataba de entender que eso era para su bienestar, la abrazaba con fuerza y lloraba en su hombro, siempre al margen, respetando las decisiones de aquella hermosa mujer de cabellos rojos que le había dado la vida.
—Sé que en algún momento entenderás Shouyou.
Y tras esas palabras... La mente de Hinata repetía "yo soy libre" con más fuerza que nunca.
Aunque ¿Podía pedir libertar en ese mundo? Podía, porque era un ser que sentía y amaba, uno libre que jamás estaría atado a las cadenas de alguien, ni siquiera a las que su madre lo había forzado a someterse.
No fue hasta dos años después que se dio cuenta que en realidad la libertad traía sus consecuencias, que no era fácil decir "quiero volar" y no caer en el intento. Que no era nada fácil asimilar que su madre nunca volvería y que para protegerlo ella misma se sacrificó haciendo que los cazadores la persiguieran.
—Se un buen niño Shouyou... —un beso en la mejilla, lágrimas en sus ojos y finalmente una carrera que terminó con la desaparición de su madre.
Gritos, un incendio, un golpe y finalmente un despertar amargo en los brazos de un peli-platino que le entregó un hogar.
—Tu madre nos advirtió, te hemos salvado a tiempo y perdona la rudeza del golpe pero, pensé que te negarías... Ella y yo somos —una sonrisa amarga se formó en sus labios, rectificando sus palabras. —… éramos buenos amigos.
— ¿Por qué? —preguntó el menor. Una cuestión corta que contenía todas las preguntas reales que albergaba su alma y que el albino rápidamente pudo interpretar.
—Porque ella te amaba. Antes de entregarte prefirió que la cazaran a ella, ¿Tú no entiendes, cierto...? ¿Todo éste tiempo has vivido aislado en el bosque? —tras su pregunta el de cabellos naranjas asintió. — ¿Entonces por qué saliste a la ciudad? Se corrió el rumor y fueron a buscarlos.
— ¡NO! —las manos de Hinata se estrellaron contra la mesa ¿Lo estaba culpando? ¿El salir solo un poco había ocasionado todo eso? —Insinúa que yo... que y-yo... —sus labios temblaron, las lágrimas nuevamente comenzaban a recorrer sus mejillas. Dolía, dolía el escuchar que todo era su culpa. —Nosotros somos libres, no tenemos por qué escondernos. —el de hebras platinas sonrió, entendía de cierta manera la frustración del chico, pero debía comprender de una forma u otra la verdad en ese cruel mundo.
—Shouyou. La libertad llega hasta cuando otra persona es afectada y tu afectaste a tu madre ¿Crees que eso es libertad? Perdóname pero ella te amaba, te amaba tanto que se sacrificó por ti, incluso al punto de torturarte si en el peor de los escenarios fueras atrapado ¿Sabes qué sucede con los dragones que se resisten? —cuestionó. El menor negó de inmediato. —Ellos mueren, los consideran un problema si no pueden amaestrarlos, salen lastimados en la pelea y terminan en exhibidores para gente millonaria en forma de bolsos, medicinas y muchas otras cosas. Sé que posiblemente le guardarás rencor, pero ella vio por ti en cada momento y sufrió lo incomparable al entrenarte... Aún así, aún sabiendo que venían por ti se hizo pasar por una carnada y me pidió que te rescatara.
Luego de esas palabras Hinata comprendió su error. Sufrió como nunca la falta de cariño, de los brazos de su madre y sobre todo entendió que lo único que era factible en ese mundo era una libertad a media tinta. Ellos no podían ser libres, pero mientras pudiese... Mientras estuviera en sus manos lucharía por hacerlo posible, su único deseo.
Sugawara tenía razón en cada palabra que había dicho y finalmente luego de tanto tiempo, Shouyou había comprendido el corazón de su madre. Decidió que a partir de ese momento viviría feliz, sonriendo y siendo amable, tratando de simular el gran corazón del que su amada progenitora fue dueña.
Además, después de haber conocido el amor ¿No es lógico saber entregarlo luego de recibirlo? Y él había recibido de sobra el amor de su madre. Sonrisas. Ahora su mundo debía componerse de ellas.
El suave sonido del viento llegó a sus oídos, apenas perceptible debido a su débil sentido auditivo y aun así lo encontró relajante, algo difícilmente comparable ya que nunca había sentido ni escuchado algo parecido... De pronto todo cesó. El tic-tac de las manecillas del reloj, el tiritar de la sangre inundado el silencio mientras formaba charcos a su paso. Un cuervo, una víbora, un león. Todos y cada uno envueltos en llamas mientras la oscuridad rodeaba la luz. Una lechuza negra devoró a la víbora y de pronto la tierra se tragó todo, dejando la nada.
Cuando abrió los ojos lo primero que captaron sus pupilas fueron los cabellos platinados de una persona y unos ojos turquesas hermosos. A continuación un olor a lavanda nubló sus sentidos. Se removió en la cama, logrando que la sábana que cubría por completo su cuerpo se deslizara por sus hombros mientras mantenía la calma. Ese tipo de sueños no eran nada nuevos para él.
—Lev... —llamó un castaño que estaba parado junto a una puerta. —despertó. —anunció. El de cabellos blancos llevó su dedo índice a sus labios, indicándole así al contrario que guardara silencio, los ojos turquesas del ruso se clavaron ahora en su nueva adquisición.
—Buenos días. —saludó de forma cordial. El dragón de cabellos castaños rojizos arrugó un poco la nariz. Las imágenes de su último sueño no habían dejado de repetirse. Sus pupilas se expandieron. — ¿Puedo saber tu nombre? —preguntó curioso. Quien estaba bajo las sabanas asintió.
Alzó la mitad de su cuerpo mientras sus ojos dorados buscaron a los turquesa, su cuerpo se elevó y pegó su frente a la del albino, cerrando los ojos. —Yaku... Morisuke... —susurró. Lev se quedó en silencio, disfrutando del contacto de las manos del dragón sobre sus mejillas. —Y tú no eres un dragón, tampoco un humano normal. Tú... Tú vas a teñir todo de carmesí, de oscuridad, de fuego. —el albino sonrió. ¡Era él! Era lo que buscaba. —Hueles a sangre... —habló en voz baja, en susurros que solo podían ser escuchados por el de ojos turquesas. —Y no sé qué quieres de mi...
—Quiero todo lo que una llave como tú puede ofrecerme. —Lev besó su mano y Yaku amplió sus pupilas sin entender del todo sus palabras. El ruso finalmente luego de tanto había encontrado lo que tanto buscó. No necesitaba a los cuatro reyes dragones o los milagros… Él sólo necesitaba una llave y ahora la ha obtenido.
"Lo que ellos no saben es que han menospreciado un diamante que parece carbón."
Fueron las palabras que se quedarían grabadas en la mente de Inuoka al darse cuenta que la "compra" de ese día había sido la mejor; mucho mejor que el híbrido y los salvajes por la que todos pelearon.
Eso no traería nada bueno para el futuro.
Fuego... Todo se consumirá en fuego y no quedaría nada.
—Dime ¿Por qué compartimos el mismo aspecto que ellos? Siempre que observo el cielo no puedo dejar de pensar lo increíblemente estúpido que es nuestro parecido, a pesar que los humanos crearon las guerras, aunque se exterminan con pestes y enfermedades, que exploten la Tierra... Dime Tsukishima ¿Cómo tienen el corazón de acabar con especies completas? Siempre acaban con lo que este mundo les da, lo destruyen, lo aniquilan... Entonces ¿Por qué es la especie dominante de este planeta? —preguntó con voz baja el de cabellos naranjas, demostrando por primera vez la frustración que sentía ante ese mundo, ante su destino. Tsukishima le miró sorprendido ¿Hinata también tenía ese tipo de pensamientos? ¿El Hinata que siempre sonreía? El de gafas alzó su vista al cielo, admirando las estrellas que esa noche los deleitaban como parte de un hermoso espectáculo. Sonrió ladino.
—Probablemente la respuesta a eso es simple —el menor clavó sus ojos en la figura del mayor, siempre era interesante escuchar el punto de vista de alguien como Tsukishima Kei —fuera de todo lo que han causado ellos siguen vivos ¿Cierto?—cuestionó. Hinata asintió, ese era un hecho innegable. —Siguen tratando de levantarse, una y otra vez. Incluso para nosotros que compartimos su aspecto y que los odiamos, es indiscutible reconocer ese espíritu de supervivencia y probablemente ahí es donde radique la diferencia. —el rubio hizo una pequeña pausa antes de proseguir. —Tal vez, sólo tal vez se deba a que la maldad de su corazón es tan comparable como su fortaleza misma. —comentó con tranquilidad el rubio. El menor sonrió de oreja a oreja ¡Tsukishima era demasiado genial! Al menos cuando dejaba de lado su gesto amargado, el contrario suspiró resignado. Ni siquiera en conversaciones como esas Hinata podía mantener la seriedad por mucho tiempo a pesar de que él había empezado con la conversación. Suspiró y acomodó sus gafas, el viento comenzaba a soplar con fuerza y la madrugada se haría presente en un parpadeo. —Es mejor que vayamos a dormir. —comentó el rubio, pero antes de moverse aunque sea un poco, Hinata lo tomó del brazo. — ¿Sucede algo? —alzó la ceja, el más bajo suspiró y desvió la mirada.
— ¿Seremos libres algún día Tsukishima? —el silencio reinó de nuevo entre ambos por unos segundos, Tsukishima se quedó quieto, pensando en su respuesta ¿Libertad? — ¿Nuestro corazón puede ser tan fuerte como el de los humanos?
—Quizá para nuestra especie lo que mencionas es una utopía. —comunicó. Hinata hundió su rostro en sus rodillas, escuchándolo con atención. —Hubo un tiempo en que lo fuimos, donde éramos lo suficientemente fuertes para revelarnos pero... Eso se terminó Hinata, nuestras alas fueron resquebrajadas y fuimos sometidos. —respondió con melancolía, dejando entrever el vació que albergaba su corazón desde hace mucho tiempo. —No lo somos ni seremos... Al encadenarnos atraparon nuestro espíritu y nunca obtendremos esa fortaleza.
— ¡Yo no creo eso! —gritó el contrario. Kei parpadeó sorprendido ante sus palabras. —Sí. Tal vez no podamos arrancar una página del libro de nuestra vida; pero podemos tirar todo el libro al fuego ¡Volver a empezar! Buscar nuestra libertad… Debemos vivir Tsukishima, vivir por todos aquellos que alguna vez murieron por nosotros.
Tsukishima sonrió ladino por segunda vez y lo atrajo hacia él, uniendo sus bocas en un contacto suave y tranquilo... Apenas un roce.
—En ese caso...—acunó el rostro contrario en sus manos, mirándolo fijamente. Hinata desvió la mirada avergonzado. —recuerda que siempre serás libre Shouyou. Mientras pienses de esa forma siempre lo serás… —curvó más su sonrisa, tintándola esta vez con un toque de maldad. —aunque ese es un pensamiento de un auténtico idiota. —Hinata gruñó y lo empujó, sonrojado hasta las orejas y molesto con el dragón rubio que parecía divertido con la situación.
—Vamos a dormir... Kei. —ordenó. Tsukishima negó y lo tiró sobre el pasto, suspirando.
—Ahora mismo no quiero dormir. Veamos las estrellas hasta que amanezca.
—Kenma y Yaku se preocuparán... —trató de persuadirlo, el más alto alzó una ceja.
—Créeme que no. Dales un respiro. —y dicho esto volvió a unir sus labios con el más bajo, quien lo miraba ilusionado y avergonzado, suspirando cada que sus bocas se separaban mientras sus manos se enredaban con fuerza a la nuca del dragón de aire. ¿Eso era amor? Porque si no lo era, entonces Hinata pensó que no había otra forma de describir lo que sentía.
Todo pasó una semana antes de aquel fatídico día.
— ¡No! —azotó su mano contra la mejilla contraria, rasguñando en el proceso al pelinegro quien gruñó enfadado. — ¡Kei! —gritó con fuerza al ver a lo lejos como el rubio caminaba a otro carro. Tsukishima alzó sus ojos antes de poner un pie dentro del automóvil. Kageyama y Yamaguchi intercambiaron miradas, habían planeado mentirles hasta tenerlos en sus respectivas casas para evitar precisamente un escándalo como ese.
— ¡Hinata! —miró con odió al de pecas quien estaba justo detrás del ¡Le había mentido! Nuevamente le mintió ¿Qué hacia Hinata entrando a otro automóvil? No. No lo permitirá. — ¡Mierda! —gritó golpeando y forcejeando con el guardia. Estaba débil debido a la droga pero al ver el rostro del contrario no puedo evitar pelear.
No lo separarían de su familia, no de nuevo.
++Joyas encadenadas++
Continuara.
Hola gente –se cubre para que no le arrojen piedras- De verdad lamento la demora en este cap de hecho apenas ayer lo termine, es que había varias cosas que aclarar y reestructurar y pues entre exámenes, pretextos y problemas todo hizo que esto se perdiera pero ¡debo terminarlo! Tengo mucho en mente para este fic y bueno para los que se preguntaban por Yaku al fin definí su papel como el de Lev. El próximo cap explicare un poco sobre los reyes de los elementos, las llaves y milagros y escribiré un poco más sobre el pasado de Tsukki. Tengo unas preguntas para ustedes ¿les gustaría leer algo más de este universo en otros fandoms? Es que tengo varias ideas para integrar a los personajes de Kuroko y claro un fic ajeno pero sumido en esta línea.
Sin mas me despido y esta vez no les dejo preguntas, les daré oportunidad que ustedes las hagan y posiblemente les responda por MP hasta la próxima que esperó será pronto.
Agradecimientos especiales a mi beta.
