''Destino''


Cuando el inverno azotó fue la primera vez que Tsukishima conoció la calidez de un cuerpo contrario, el de un amor buscando consumarse y una llama de fuego que estaba surgiendo en su pecho.

Sin embargo mucho tiempo atrás pensó en morir.

Egoísmo, muerte, dolor, pérdida…

¿Cómo se puede vivir con todo eso?

Cuando escapó de la mansión de los Yamaguchi su mente estuvo en blanco y su corazón, vacío. Su familia fue masacrada por humanos. Su madre, su padre… Su hermano. Perdió todo en un parpadeo y su voluntad se resquebrajó como una torre de naipes al sacar una carta. Tsukishima Kei se encontró en el limbo sin saber a dónde ir, cómo vivir o cómo seguir adelante sin sentirse desfallecer y contener las punzadas del dolor que le causaba el respirar.

Corrió esa noche tanto como sus piernas le dieron fuerzas, terminando de rodillas cerca de un lago, vomitando debido al estrés y al dolor que todo el cuerpo demandaba. Sus orbes dorados comenzaron a derramarse dando paso a jadeos, gritos y gemidos que junto al llanto no evocaban más que un canto de dolor.

¿Dónde estaban los cazadores? ¿No debían encontrarlo y darle fin a su vida?

Su voz se apagó y las lágrimas dejaron de salir, fue una metamorfosis que duro apenas unas horas, pero que habían bastado para volver a Tsukishima en una persona sin emociones, sin llanto, sin motivos para seguir adelante, sin un propósito.

Todo se volvió negro luego de dos días y después… Después esos ojos ámbar tan cálidos como el mismo sol.

Sufrió un giro de 360 grados cuando al cabo de tres días se encontró con Hinata Shouyou. Era pequeño y molesto, su voz le sacaba de quicio y su voluntad era tan firme que le causaba una combinación de desesperación y náuseas con solo escucharlo. Su primer encuentro fue un Hinata explicándole que lo había encontrado al lado de un lago, débil e inconsciente debido a la falta de alimento.

—Será mejor que no te adelantes a los hechos, aún no era tu hora de partir. —Mencionó otro joven casi de la estatura de Hinata y por lo que pudo notar, de la misma especie. —Mi nombre es Yaku Morisuke, pero puedes llamarme como más te guste. —saludó de forma cordial. Tsukishima notó de inmediato el aura tranquila y calmada del mayor, quien sonrío inclinando la cabeza para sentarse a su lado. — ¿Querías morir? Bien sabes que un Dragón de viento como tú no puede sobrevivir sin alimento, puede hacerlo sin agua pero no sin comida. —Yaku suspiró y acunó el rostro del rubio con parsimonia, pegando su frente a la propia sin darle oportunidad al joven recién llegado de negarse. —Él se quedará Hinata…—indicó. El de cabellos naranjas infló ligeramente los mofletes y desvió el rostro.

—Con esa cara de amargado no lo quiero cerca de mí. —sentencia el más bajito algo molesto, viendo por el rabillo del ojo al rubio que tampoco parecía muy feliz con la idea.

—Con todo respeto, yo no pensaba quedarme… No los conozco. —Alegó Tsukishima de inmediato. Yaku sonrió y se alejó de su lado con tranquilidad.

—No es tu deseo, es tu destino.

Y precisamente encontró su destino luego de dos años al lado de Hinata Shouyou.

¿Quién se iba imaginar que esa pulga podría volverlo loco? Solo de pensarlo sus labios se curvaban con ironía y sus ojos buscaban a lo lejos el menudo cuerpo de Hinata que cortaba leña con entusiasmo.

No fue fácil. Las peleas, insultos y gritos reinaban en esa casa los primeros meses la mayoría del tiempo porque Tsukishima se negaba a hacer las tareas correspondientes o intentaba "escaparse" de lo que Yaku le indicó, era su nuevo hogar y obvio, viniendo de una vida donde a lo único que se dedicaba era pasar el día junto a su hermano en un balcón, leyendo o en todo caso atendiendo las órdenes de su madre que no iban mas allá de "pasa tiempo con Tadashi".

Tadashi…

Ante el solo recuerdo del joven de pecas sus manos se convertían en puños y su voluntad se desmoronaba, luego inconscientemente deseaba venganza hacía esa familia. Fue gracias a Yaku que comprendió que no valía la pena luchar por una causa perdida. Los humanos eran egoístas y así seguirían siempre, no valía la pena arriesgar la vida que alguna vez ellos salvaron y sin embargo, aún había ocasiones (raras pero a fin de cuentas las había) en que Tsukishima lloraba mientras dormía. A palabras de Hinata era la manifestación del dolor que despierto se guardaba.

Se cumplía el tercer año viviendo con esos dos y ya no había mas lagrimas ni intentos por escapar. Las peleas seguían adornando las paredes de esa casa con risas, quejas, y gritos que lograban un ambiente familiar y alegre. Yaku reía y cuando creía que las cosas se estaban yendo demasiado lejos, intervenía golpeando a ambos con un fuerte puñetazo en la cabeza. Tsukishima descubrió que Morisuke no era tan pacifico como aparentaba.

Al cabo de un mes más, Kenma llegó a sus vidas. Irónicamente de la misma forma en que Tsukishima alguna vez llegó a ellos, lo sorprendente del asunto es que Yaku había preparado todo con anticipación y esa mañana los envío al bosque donde encontraron el cuerpo de Kenma con la espalda y boca llena de sangre; ''¿Es un humano? ¿Por qué su cabello es negro?''
Una y mil preguntas surcaron la cabeza de ambos. Kei pensó en dejarlo a su suerte pero Hinata alegó que si Yaku los había enviado a ese lugar era por algo importante y ese algo debía ser el chico.

Lo llevaron a casa y lo revisaron. Yaku suspiró y acarició con la yema de sus dedos las largas cicatrices que el menor tenía y al revisar sus pupilas se encontró con algo que realmente era de temer.

Los humanos estaban jugando nuevamente con la naturaleza. Estaban destruyendo y retando a Dios de nuevo. ¿Alguna vez entenderán? Esto no era mas que el peor de los presagios que alguna vez mencionó Suga.

Es un Híbrido. —les comentó en aquel entonces. Tsukishima, cuando era mas pequeño llegó a escuchar mitos sobre eso, pero nunca creyó llegar a ver uno con sus propios ojos, era como hablar de autos voladores. Existía la propuesta y los experimentos pero jamás se había visto un prototipo funcional.

—Creí que era imposible crear uno, Yaku. —alegó de inmediato. Le molestaba cualquier cosa que saliera de los estándares "normales". El mas bajo negó con un sutil movimiento de cabeza, él más que nadie quería que eso fuera falso pero lamentablemente el despertar de Kenma les confirmó la cruel realidad.

Hinata se encontraba escuchando atento, tratando de que su cerebro asimilara las palabras que el rubio y el de ojos castaños intercambiaban: ¿Qué era un híbrido? ¿Por qué tanto revuelo por él? No entendía y no quería entender, y de lo único que estaba seguro es que Kenma era un Dragón como ellos, un Dragón de cabello negro muy especial y que él lo haría sentir como en su casa.

Tal vez al ver a Hinata tratando de animar a Kenma y lograr que hablara aunque fuera un poco ya que el recién llegado resultó un completo autista; fue lo que más apreciaba Tsukishima de ese chico. Su sonrisa, su amabilidad y el hecho de nunca rendirse lo atraparon como idiota. Un idiota que olvidaría todo su odio y pasado si de esa forma podía estar para siempre al lado de Hinata.

Encontró en sus brazos la calidez y el amor de la familia que le arrebataron y en sus besos el latir de su corazón que creía perdido.

Le dieron la bienvenida a Kenma a la familia y luego de verificar su elemento natural todos conspiraron para teñirle el cabello de rubio con el único objetivo de hacerlo sentir en casa. Le mostraron que debía de estar orgulloso de ser lo que era y jamás avergonzarse. Le prometieron que ellos tres estarían siempre a su lado, que nada los separaría y que ellos cuatro oficialmente se convertirían en una familia.

Dos años más pasaron y lo que al principio fue un amor dulce y tranquilo donde solo pequeños besos y abrazos bastaban, se convirtió en una necesidad y deseo imposible de contener. Se encontraron con que un simple roce no era suficiente. Que simples palabras no llenaban la necesidad de su alma de convertirse en uno con la persona amada y que un beso ahora despertaba más que el latir de su corazón.

Fue en un febrero donde el viento soplaba con fuerza y estaban solos que Hinata se entregó a Tsukishima sin ningún miramiento o arrepentimiento.

Ambos se hundieron en placer, en caricias y nuevas sensaciones que jamás habían experimentado y descubrieron que al mezclar sus salivas un estremecimiento los recorría desde los pies a la cabeza como si estuvieran realizando un acto prohibido.

Lo peor de todo es que no podían detenerse.

Ese mismo día Hinata notó por primera vez la marca de pertenencia que indicaba que Tsukishima alguna vez tuvo dueño. Encajó sus uñas con fuerza una y otra vez, tratando de borrar la marca que le recordaba que el rubio no le pertenecía por completo. El placer cambió por segundos a rabia.

Tsukishima no era libre y eso Hinata lo cambiaría a como diera lugar y cueste lo que cueste. Tsukishima sonrío al notarlo y un "te amo" afloró de sus labios, unas simples palabras que bastaron para que Hinata derramara lágrimas. Al fin una segunda persona lo amaba... Olvidaría aquello y Tsukishima se dispondría a amarlo como merece.

Kei desde ese día grabó en su mente que Yaku nunca se equivocaba y que más allá de ser un simple dragón, era alguien especial entre los de su misma especie y que efectivamente tenía razón. Estar con Hinata no era un deseo.

Era su destino.

Un destino que aceptaba con los brazos abiertos y que haría todo lo posible en su manos para proteger a su familia y a la persona que más amaba en la Tierra.

Pero eso se esfumó de sus manos al ver como Hinata era separado de su lado y no podía hacer absolutamente nada para impedirlo.

Trató de forcejar, tironeó tanto como pudo e incluso buscó fuerzas para empezar a desatar un fuerte viento a su alrededor pero lamentablemente sus intentos de escapar fueron tajados de un solo agarre en su cuello por un chico alto y de rebeldes cabellos negros que sonreía con malicia.

—Será mejor que no hagas un alboroto si no quieres morir... —susurró en el oído del rubio. Tsukishima renegó y mordió su labio con frustración, haciéndolos sangrar considerablemente. ¿Debía intentarlo? ¿Revelar sus alas de nuevo sin importar las consecuencias? Trató de soltar de nueva cuenta el agarre pero fue inútil, si trataba de moverse su respiración se veía afectada. Vio por el rabillo del ojo el dispositivo que todos los domadores y cazadores portaban, y entonces se dio cuenta que sería imposible hacer algo para rescatar a Hinata. —Si te quedas quieto te reunirás con él. —sus pupilas doradas se dilataron y su cuerpo dejó de contorsionarse, buscando escapar. ¿Le estarían mintiendo de nuevo? —Vamos Kei ¿No quieres que ese pequeño Dragón de fuego pague o sufra por lo que están haciendo, verdad? —Y esa fue la frase que finalmente lo venció. Nunca dejaría que Hinata sufriera por su culpa.

Tsukishima se separó del pelinegro de un jalón, dándole un codazo que el contrario esquivó con tanta naturalidad que aterró al rubio. Ese hombre gritaba "peligro" para los de su especie con cada poro de su piel.

Hinata gritó a la lejanía y Tsukishima nuevamente se sintió enloquecer.

—Déjame hablar con él… Si es verdad lo que dices, Hinata no se quedará quieto.

—Kuroo. —Le llamó Yamaguchi con el corazón acelerado. No sabía como actuar si Tsukishima o Hinata montaban un espectáculo ¡Acabarían muertos! y ese… Ese era el mejor de los escenarios que su histérica cabeza maquinaba.

Yamaguchi sentía la culpa como dagas atravesándole. Dagas que eran cortesía de la fría y cruel mirada que Tsukishima le dedicaba, pero... ¿Qué podía hacer? No quería más problemas ni mucho menos dolor para Tsukki y su familia, incluso había tratado de mantener al rubio tranquilo con mentiras, pero nunca pensó que la organización entregara a todos los dragones en sincronía para evitar cualquier fuga o intento de escape. — ¿Qué hacemos?…

—Déjalo ir. —ordenó. —No sé que tipo de relación tengan, pero no es algo que nosotros logremos comprender. Si no quieres más problemas deja que intercambien al menos unas cuantas palabras.

Yamaguchi tragó saliva y asintió. Tsukishima y Hinata tendrían tres minutos para charlar antes de partir. Kei observó con odio a Kuroo al pasar y al de cabellos negros no pudo importarle menos.

Kuroo regresó a su propio automóvil, encontrándose con su nueva adquisición quien para variar aún dormía; se preguntó internamente si Tsukishima hubiese demostrado el mismo interés por el dragón que descansaba en el asiento, porque parecía que esos dos tenían más que un simple lazo de amistad. Los Dragones eran un misterio y por eso los adoraba.


Cuando abrió los ojos luego de una larga siesta y de encontrar tranquilidad, lo primero que sus pupilas reconocieron fue a un chico de cabellos negros y ojos azules que conocía perfectamente bien: Tobio Kageyama.

Hinata pensó que si el destino gustaba de gastarle bromas crueles, esa era una y la encontraba como la peor de todas. Sus manos temblaron y la tranquilidad que había obtenido gracias a las palabras de Kei se fueron a la borda con facilidad.

En todo el tiempo que estuvo viviendo junto a Oikawa y escondido de los humanos, el único amigo que había hecho en aquellos días había sido un tímido chico –luego descubriría que no era para nada tímido- de ojos azules y cabello oscuro que encontró llorando a las afueras del castillo en un día lluvioso y sí. Tal vez era una escena demasiado cliché.

Hinata nunca olvidaría que por culpa de ese chico su libertad y su hogar fueron amenazados por segunda vez, en aquellos días se vio obligado a huir lejos de todo y volver a comenzar de cero dejando atrás a Oikawa y Sugawara sin decir una sola palabra. Kageyama por su parte no puedo evitar el palpitar rápido de su corazón. Le debía tantas disculpas a Hinata que no sabía por donde comenzar, por eso mismo cuando fueron transportados, él se resistió a verlo hasta ese momento. Cuando los dos estuvieran solos y nadie los interrumpiera.

Apretó los labios con fuerza y desvió la mirada. Quería tocarlo, quería ver nuevamente esa cálida sonrisa que en aquel desastroso día donde Oikawa se rió de el en la cara, Hinata lo salvó de la soledad.

Trató de abrazarlo y lo único que obtuvo fue la mano de Hinata impactada en su mejilla.

++Joyas encadenadas++

Continuará...


¡Ok! Después de meses traigo esta actualización no muy larga pero tampoco muy corta, creo (¿?) aquí dejamos ver un poco mas del pasado de Tsukki y nos damos cuenta como Yaku va tomando mas importancia en el fanfic al igual que todos. Un capitulo mas y prácticamente entramos en lo bueno del fanfic que es la esencia y las bases de esta historia. ¿Qué les pareció? La verdad es que aunque me tarde en actualizar jamás abandonaría esta historia, me gusta mucho.

Se aprecian sus comentarios negativos y positivos. Le dedico este cap a Super bi Squalo y a senpai aunque se que no lee este fanfic (¿?) ellas me han dado muchos consejos y aprecio eso XDD chan chan chan ¿Creen que Hinata se quede tranquilo? ¿cuándo aparecerá Ushi y Todou? ¿Qué hacia Hinata viviendo con Oikawa? ¿cómo llego Oikawa al trono? ¿qué paso con Sugawara? ¿a que se dedica Kuroo? Si jodo mucho con eso XDD en fin, esas son las preguntas de este cap que les dejo a ver si alguien de ustedes le atina y se gana un one shot de la pareja que quieras (¿?)

¡Hasta la próxima!