¡Hello everybody! Gracias por sus hermosos comentarios, en especial el de PinkTypewritter, y por su petición aquí está el segundo capítulo, debo aclarar que gran parte de este capítulo es un Flash Back, de cómo Seras conoció a Charlie y sobre el tipo de gobierno vampírico, o al menos como me lo planteo yo. Sin más que decir ¡disfruten!
Disclaimer: Si Hellsing hubiese sido mío… ah cuantas cosas serían diferentes. Pero ni modo, es de Kōta Hirano. Una verdadera pena.
Todo estaba tranquilo, excesivamente tranquilo, Seras lo había aprendido durante el ataque a Londres, era esa calma que presagiaba al huracán, un amargo recuerdo de la masacre que ocurrió en el cuartel Hellsing a manos de Zorin Blitz llegó a su mente, todavía tan palpable como si hubiese sucedido hacia algunos instantes, a pesar de que de eso ya hubiesen pasado casi tres décadas de aquel acontecimiento. Sacudió la cabeza para alejar esos tristes recuerdos y camino con pasos firmes hacia una pequeña capilla abandonada, atravesando un prado. Un déjà vu de su última noche como humana cruzó su mente, pero se negó a recordar aquellos acontecimientos. No era momento para ponerse sentimental, debía cumplir con una misión.
Después del ataque de Millennium, y de que Hellsing se retornara a lo más cercano que había sido su antigua gloria, ella se había encargado personalmente de la basura. Había que recalcar que no era como en los tiempos de su maestro, o al menos eso le había dicho Sir Integra, ya que los ataques de FREAK's no eran tan constantes como antes, y ahora que ya no había vampiros artificiales por doquier la carga laboral era menos pesada.
Silenciosa y camuflándose entre las sombras entro a la capilla, buscando la presencia del vampiro que había acabado con un convento entero de monjas. Seras se sentía indignada con este caso, ya que cuando llegaron al convento en ruinas encontraron que todas las monjas habían sido transformadas en ghouls, lo que significaba que el bastardo vampiro las había violado antes de alimentarse de ellas. Un pequeño movimiento en al frente la alerto, sin embargo relajo un poco los hombros cuando se dio cuenta de que era una familia de mapaches, que parecían alterados por su presencia sobrenatural. Tratando de no alarmar a las criaturas las rodeo con cautela y siguió buscando la presencia del vampiro, demasiado sospechoso, demasiado peculiar.
Crujido. Apenas y tuvo el tiempo suficiente para esquivar la bala que iba directamente a su cabeza, utilizando su velocidad sobrehumana se acercó hacia su atacante y le asestó un fuerte puñetazo en la cara que lo mando a unos metros lejos, se lanzó sobre el desconocido dispuesta a acabar con él, y justo cuando estaba por cortarle la cabeza, él la detuvo.
—¡Espera!—exclamó alzando las manos, en señal de sumisión— Tienes al vampiro equivocado.
Ante las palabras de la gruesa y rica voz, Seras entrecerró los ojos con desconfianza. Las sombras envolvían el rostro del desconocido, lo único que percibía con claridad eran sus ojos, de un carmesí intenso como la sangre.
—¿Cómo saber que no eres tú el vampiro al que he estado buscando?
—Bueno señorita, porque yo también lo estaba buscando—Seras frunció el ceño ante el tono condescendiente del hombre, como si le estuviese hablando a un niño particularmente lento. Al ver la molestia que causaron sus palabras el suspiró, derrotado—. Yo buscaba al vampiro responsable por la masacre del convento Juana de Asbaje, mi misión es su búsqueda y completa absolución. La poca información que tenemos sobre él, es que es un FREAK, de género masculino
—Qué curioso—comenzó Seras, con ironía—, yo también estoy en una misión de búsqueda y absolución.
—Mmmm, señorita, realmente no me importaría quedarme así toda la noche, pero aparte de que tengo una misión que cumplir, es muy impropio que un hombre y una mujer que se acaban de conocer se vean enredados en una situación como esta.
Seras parpadeó sin comprender, para después darse cuenta de la posición en la que se encontraban; ella sentada a horcajadas de un desconocido. La luz de la luna se intensifico e ilumino el rostro del desconocido, revelando las atractivas facciones de un hombre que disimulaba estar entrando a los treinta, aunque estaba casi segura que era mucho (muchísimo) mayor, su cabello era ocre y lo llevaba impecablemente peinado, aunque unos rebeldes mechones surcaban su atractivo rostro, haciéndolo ver más atractivo, sus labios belfos estaban curveados en una sonrisa, entre arrogante y provocativa, y mantenía los ojos entornados en un gesto mortalmente seductor. Seras trato de evitarlo, pero al final sus mejillas se arrebolaron. Un poco avergonzada se quito de encima del-aunque odiara admitirlo- muy atractivo hombre.
Al estar de pie, uno al frente del otro, el hombre hizo una reverencia, muy parecidas a las que Walter solía hacer.
—Disculpe mi falta de modales, mi nombre es Charles Adam Wagner, un placer conocerla—y sonrió encantadoramente—, mu concedería el honor de saber su nombre.
Seras hizo un mohín de disgusto y se cruzó de brazos, dándose un aire obstinado, antes de contestar renuente.
—Seras Victoria.
Ella en verdad no había esperado aquello, aquel vampiro tensó su postura y deja a un lado su coquetería para dar paso a una actitud un tanto sumisa y reverente. Haciendo una reverencia, mucho más profunda que la anterior.
—Mis más sinceres disculpas, mi lady, de haber sabido que estaba tratando con alguien de la realeza no me habría comportado de aquella manera tan impropia, por favor le imploro que me perdone.
¿Mi lady? ¿Realeza? ¿De qué carajos estaba hablando este sujeto? Seras lo contempló, dudosa de que se estuviese dirigiendo a la persona correcta, hasta que algo hizo click en su cabeza. Ah, claro, ella era la draculina de Alucard, del primer no muerto, del Nosferatu definitivo, del Rey no muerto. Según le había comentado Sir Integra, los vampiros que exterminaban no eran iguales a ella, ya que ella era descendiente de la línea de sangre de los vampiros originales, es decir que ella descendía de un vampiro completo y antiguo, un Nosferatu. Los vampiros que la organización Hellsing exterminaba eran vampiros neófitos y que se separaban de sus creadores antes de madurar como vampiros, esos vampiros instantáneos e incompletos eran los FREAK's que ella combatía.
Suponía que estos también causaban problemas a la comunidad vampírica, aunque no estaba del todo segura. Sacudió la cabeza para centrarse, este no era momento de divagar.
—Por favor, no me trates de usted, no importa quién sea mi creador, yo no pertenezco directamente a la comunidad vampírica. Tampoco es necesario que me reverencies.
—Permítame contradecirla, mi lady, pero su creador fue el que fundo y creo la comunidad y gobierno vampírico, usted, por el simple hecho de ser su descendiente directa, debe ser venerada y reverenciada como lo que es, una princesa, la Princesa vampírica—aseguró solemne Charles.
—Por favor—esta vez el tono de Seras fue más severo, queriendo recalcar algo—, yo no quiero ser tratada de esa manera, no me gusta; tal vez porque nací en un siglo más liberal, o tal vez porque no estoy acostumbrada a este tipo de trato, pero no me siento ni me veo diferente o superior a ti, por favor Charles…
Charles observó fijamente el rostro, un tanto suplicante de aquella joven, observó atentamente su cabello dorado, su fina nariz, sus rosados y carnosos labios y sus ojos… grandes, profundos, y a pesar de ser rojos como la sangre notaba en ellos la simpatía, la bondad y la inocencia. Encontrar inocencia en una vampiresa era algo muy extraño, tan anormal como una rosa azul o como una nevada en pleno verano. Las vampiresas siempre terminaban siendo de la misma forma que todas las demás, el estereotipo que los humanos tenían de las vampiresas era muy acertado, todas eran vanidosas, lujuriosas, mezquinas y obstinadas. Amantes de la copulación y las riquezas innecesarias.
Pero ella, ella parecía diferente. Charles a lo largo de su extensa no-vida había conocido a muchas vampiresas, y casi todas entraban en el estereotipo, casi. Y de todas esas mujeres vanidosas solo dos eran diferentes; Charles no podía evitar sonreír al recordar a cierta joven vampiresa de cabello plateado, que aparentaba tener diecisiete, cuando en realidad estaba cerca en su treintena de edad, contando también su años de vida. Al igual que Seras se mostraba indiferente a los lujos, el trato especial y a las reverencias, a pesar de que ambas eran las draculinas de vampiros poderosos.
Le regalo a Seras una sonrisa, tan hermosa como el sol. Seras sintió que su corazón daba un vuelco, a pesar de estar inerte.
—Está bien, dejare de tratarte de esa manera—Seras asintió complacida— con una condición.
—¿C-Cuál es?—titubeó, un poco alarmada por lo que le fuese a pedir.
—Que me llames Charlie, Charles suena muy petulante.
Seras se relajó y sonrió a Charlie, no parecía ser un mal sujeto.
—Bien Seras, creo que podríamos ayudarnos mutuamente, ¿no crees?, después de todo tenemos el mismo objetivo.
Pronto los dos comenzaron a buscar al vampiro, Seras utilizo su clarividencia para registrar cada rincón del lugar, el vampiro instantáneo fue encontrado y neutralizado en tiempo record, con la fantástica combinación de habilidades los midian. El alba se acercaba ambos vampiros observaban atentos como el intenso azul del cielo se tornaba cada vez más tenue.
—¿Quieres venir conmigo?—preguntó Charlie extendiendo su mano para que la tomara. Seras miró la mano dudosa.
—Creo que no debería, está por amanecer y Sir Integra-
—Estoy seguro que no le importara que regreses un par de horas después del amanecer—y le guiñó un ojo con coquetería.
Seras dudó, pero después de darle vueltas al asunto estuvo de acuerdo con él, si Sir Integra la necesitaba la llamaría, y ella estaría en un instante con ella. Obsequiándole una hermosa sonrisa tomó su mano, y los dos se desvanecieron ante los primeros rayos del sol.
Seras se acurrucó más cerca del pecho de Charlie, disfrutando de su cercanía y del cómodo silencio que reinaba entre ellos. Después de que él hubiese contado de su último viaje que había hecho a Moscú, para resolver un pequeño inconveniente que había entre dos aquelarres de aquella comunidad. Había aquelarres por todo el mundo, y estos procuraban mantenerse ocultos del conocimiento humano, pero el aquelarre real, el primero en ser fundado, y en donde solo se encontraban los vampiros más poderosos, después de Alucard, se situaba en Inglaterra. Los vampiros no hacían distinción entre hombre o mujer, o las raíces humanas, es decir nivel social, raza, idealismo o religión que en algún momento llegaron a tener, sino en el poder. Seras lo veía como la supervivencia del más fuerte, entre más fuerte y poderoso más arriba estabas.
Charlie era ministro de la Real Corte Vampírica, la cual era dirigida por los vampiros y vampiresas Mayores, los primeros después de Alucard de la especie, los doce vampiros más poderosos de todo el mundo. Charlie como ministro se encargaba de distintas labores, la eliminación de vampiros neófitos que conformaran un riesgo para el aquelarre, resolver las disputas entre otros, y hacer comunicados oficiales. No era el único ministro, pero según había escuchado de la boca de algunos de los Mayores era el más eficiente y el más confiable. Los vampiros ya no tenían que cazar para beber sangre, eran dueños de gran parte de laboratorios o de hospitales donde tomaban un porcentaje considerable de las donaciones de sangre, y según se había enterado, recientemente habían logrado clonar sangre.
Los midian eran criaturas sofisticadas y astutas, y por ende entendían que a pesar de ser superiores a los humanos en fuerza y muchas otras habilidades no podían destruirlos, ya que la inventiva estaba muy ligada con la destructividad que el humano poseía, eran superados en número, y estaba segura de que si los humanos se lo propusieran arrasarían con los vampiros. Un claro ejemplo era Van Helsing, que logro esclavizar al vampiro más poderoso de todos, aunque ella estaba casi segura que lo hubiese podido eliminar, pero por alguna razón desconocida no lo hizo. Además viéndolo desde otro enfoque los humanos eran necesarios para la supervivencia de los midian, eran su alimento, y sin ellos, los vampiros también desaparecerían, así que no había necesidad de una confrontación entre razas.
Seras se estiró y se apartó ligeramente de Charlie.
—Sigo sin entender porque no te gusta vivir en la base.
—No me molestaría, a veces me siento un poco solo aquí, pero con el drama que se vive día a día en la base, prefiero estar un poco alejado de ellos—se encogió de hombros sonriendo travieso—, ya sabes, el lio amoroso que hay entre Dante, Shizuka y Gabriel siempre causa escándalo en aquella casa.
—Parece que te divierte la pena de la pobre Shizuka—comentó molesta.
—En absoluto—negó solemne—, quero y adoro a Shizuka como a una hermana, y por ello no me gusta lo que pasa entre ella y esos dos—miró fijamente un punto en la pared con el ceño fruncido—. Sé que Dante es el creador y maestro de Shizuka, pero eso no le da derecho a tratarla como si fuese de su propiedad, y Gabriel a pesar de ser su guardaespaldas no debe de comportarse tan posesivo con ella.
—En resumen ninguno de ellos te agrada para tu hermana.
—Correcto—suspiró y la miró suplicante, a Seras le pareció ver a un niño tímido que pide por algo—. ¿En verdad tienes que irte?
—Salí sin permiso, y no creo que a Sir Integra le haga mucha gracia no verme allí antes del amanecer—menciono recordando su primera escapada con Charlie, cuando regreso a la mansión, Integra estaba hecha un lio paranoico y la había reprendido por ello.
—Bien, estaré añorando tu compañía, musa mía—gesticuló teatralmente con las manos, provocando la risa de Seras ante su melodramática escena.
Seras enfiló con pasos serenos a su habitación, el sol estaba por salir y ya empezaba a tener sueño, así que tomaría una ducha y después entraría a su ataúd. La visita a Charlie le había subido los ánimos, había alejado de su mente los deprimentes pensamientos que revoloteaban en ella, y le había contado todas sus aventuras en Moscú, sacándole más de una risa por sus ocurrencias y picaros comentarios. Charlie siempre lograba hacerla sentir bien, querida y necesaria.
—Vaya, Chica Policía, quien diría que serías de esas chicas que escapan de casa durante la noche.
Seras dio un respingón al escuchar la etérea voz de su maestro, venir de todas partes y de ninguna. Alucard surgió de una pared, luciendo como lo que era, un ser espectral salido de los recovecos del infierno. Lucia exactamente igual que siempre, con su traje y sombrero carmesí, de un estilo muy victoriano y sus gafas que ocultaban sus orbes rojos.
—B-Buenos días maestro—intentó que su voz no sonase tan trémula, lamentablemente no lo logro.
—Huyendo de casa para hacer juergas con tus amigos, ¿eh, Chica Policía?—su sonrisa era la misma de siempre, perversa y maliciosa, sin embargo en el interior estaba conflictuado, una parte estaba ansiosa de saber qué clase de relación con aquel vampiro al que había ido a ver, y la otra se insultaba a si mismo por actuar de manera tan estúpida.
—En absoluto maestro, simplemente fui a visitar a un amigo.
—¿Es así? Digo es una hora alarmante para que una jovencita respetable llegue.
Seras pudo leer las palabras entre líneas que su maestro suponía, se sintió ofendida y en un ataque de imprudente ira lo encaró.
—¿Y si así fuera qué?
Se estremeció cuando la mano enguantada de Alucard se estrelló con la pared detrás de ella y se cernió sobre ella, sus ojos brillaban con ira, estaba cerca, demasiado cerca, tanto que sus narices casi se rozaban, enseñaba los colmillos, parecía un animal rabioso al que lo hubiese molestado.
—Ten cuidado en cómo te diriges a mí, Seras, no olvides quien soy.
A pesar de la amenaza, Seras no flanqueó.
—Lo mismo te digo a ti maestro.
Y con la cabeza en alto se apartó alejo de él, rumbo a su habitación. Definitivamente su maestro no era un galante caballero Inglés.
¡Uf! Mejor tarde que nunca, como habrán visto linduras, no hubo mucha interacción entre Seras y Alucar pero francamente lo creí necesario, espero que les haya gustado un abrazo:
Usagi
