¡Hola gente! Cuanto tiempo. Pido un millón de disculpas por la tardanza pero el año pasado ha sido muy pesado para mí, dejando eso a un lado. Agradezco infinitamente a aquellos que se tomaron la molestia de dejar un comentario, y también a los que agregaron a sus favoritos esta historia. ¡Un millón de gracias!
Disclaimer: Hellsing es propiedad de Kōta Hirano, yo hago esto solo por diversión y sin un fin de lucro.
Irascible, rabioso, furioso, ese era el estado en el que Alucard se encontraba. ¡Su draculina lo había retado! Había tenido el descaro-y valor- para desafiarlo, y para denigrar su posición como su amo y señor. Se había quedado tan estupefacto por su osadía, que cuando la rabia estallo en su interior, como un intoxicarte e hirviente líquido, ya había desaparecido de su vista, y ahora caminaba por sus cámaras como león enjaulado tratando de controlar sus instintos asesinos.
Algo que Alucard nunca había hecho era herir a Seras, sin contar la noche en que se conocieron, claro está. Era cierto que se deleitaba con la masacre y el dolor ajeno, pero nunca, ni cuando estaba vivo, lastimo a alguien que no lo mereciera, siempre dejo de lado a los inocentes, y ese era el motivo por el que intentaba apaciguar su ira, caminando de un lado al otro por sus cámaras, como león enjaulado, porque no quería lastimar a su draculina en un ataque de rabia, pero francamente era una labor muy difícil de llevar a cabo. Con tan solo imaginar a su Seras, su ingenua e inocente Seras, copulando como un animal con otro midian, hacía que su sangre hierva de la ira, su estómago se apretara del asco y que la bilis le subiera por la garganta.
Inaceptable, simplemente inaceptable, ella era suya, su draculina, su aprendiz, su vampiresa, suya. Suya, suya, única y exclusivamente suya, suya. Ninguna escoria de vampiro, ningún humano, ni siquiera aquel mercenario francés que se había convertido en su familiar tenían derecho sobre ella, más que él. Él era su señor, su amo, su maestro, si él quería que ella cumpliera sus más oscuros deseos, ella debía cumplirlos bajo cualquier costo, porque era suya, de su propiedad.
Inhaló y exhaló aire como si de un perro rabioso se tratase para resistir el impulso de estampar su puño contra una de las paredes, estaba seguro que a Integra no le haría nada de gracia que la mansión se viniese abajo por uno de sus arranques de ira, volvió a exhalar el aire que contenía en sus pulmones, no porque los necesitara, sino como un medio para apaciguar su cólera, porque al fin y al cabo un muerto viviente no necesitaba oxígeno. Un poco más tranquilo dirigió sus pasos hacia su trono para poder tomar una larga y reconfortante siesta y descansar del lio que era su cabeza cuando pensaba en su draculina.
Integra miraba con el ceño fruncido los archivos que el monitor de la computadora proyectaba, los informes de la policía británica mostraban el caso de asesinatos en masa a lo largo de todo el Reino Unido, sin embargo no cuadraba como un el acto de un asesino en serie, no había ninguna similitud entre las víctimas; mujeres, hombres y niños por igual, ni distinción de clase social, religión u orientación sexual, nada. Absolutamente nada que pudiese indicar que se tratase de genocidio, pero lo que si podía decir Integra era que era un grupo criminal, ya que en todas la escenas del crimen dejaban dibujado, cerca de los cuerpos-o en ocasiones lo que parecía que eran partes de los cuerpos- un símbolo alquímico.
Como la cabeza de la organización Hellsing y como descendiente de Abraham Van Hellsing un gran conocimiento sobre la alquimia, desde que tenía uso de razón su padre la instruyo para aprender el uso de la Alquimia para que pudiese liderar a la organización y poder controlar a Alucard. Aquellos símbolos pintados con tinta negra solo eran el prefacio de la catástrofe que se avecinaba, e Integra sabía que algo sobrenatural, igual o más peligroso como los batallones de vampiros que Millenium comando se aproximaba nuevamente para hacer caer a Inglaterra, no, a Hellsing.
—Harrison—llamó al mayordomo por la línea de servicio.
—¿Mi lady?—preguntó cortésmente.
—Despiértalos de inmediato, quiero discutir con ellos urgentemente.
—Como ordene.
Después de colgar el teléfono, volvió a centrar su mirada en el monitor, tensando la mandíbula e hizo crujir sus nudillos por la presión aplicada en ellos, nadie retaba a Hellsing y salía ileso de ello.
El encontrarse en el pasillo con su maestro fue terriblemente incómodo para Seras, ella sabía de antemano que su maestro no era un… un, un ser de muchas palabras, siempre se dirigió a ella con las palabras necesaria y justas. A pesar de compartir un muy fuerte lazo al ser maestro e insipiente nunca habían entablado una conversación en todo el contexto de la palabra, ciertamente se conocían pero de un modo superficial, pues Seras no conocía mucho del pasado se su señor, y lo que conocía era gracias a lo que Sir Integra le relato y a las memorias del Dr. Van Helsing.
Todos estos hechos llevaron a Seras una incógnita que nunca se había planteado o a la que nunca le había prestado interés: si no conocía realmente a su maestro, ¿cómo estaba tan segura de estar enamorada de él? ¿Y si había confundido la admiración con amor? ¿Y si más que verlo como al hombre del que estaba enamorada lo veía más concretamente como una figura paterna? Shizuka le había contado, que cuando ella era humana, más concretamente una adolescente de quince años, le gustaba salir con hombres mucho mayores que ella, no porque los considerara atractivos o en verdad les pareciera interesantes, sino porque quería saber cómo era sentirse protegida por un hombre mayor, alguien que pudiese suplantar, de un modo una tanto blasfemo y retorcido a su padre.
Quizás… quizás ella…
-Alucard, Seras.
Seras regreso de su mundo al escuchar la voz de Sir Integra, levantó la vista, que no sabía en qué momento había bajado para mirar a su ama… a decir verdad, ni siquiera sabía en qué momento habían llegado al despacho de Sir Integra.
—¿Qué sucede, Integra?—cuestiono Alucard serio, su ama no los convocaba a esas horas del día, a menos que fuese importante.
Integra abrió la boca para comenzar a asignarles su próxima misión al par de midian, sin embargo se vio interrumpida con el timbre de una llamada entrante, frunció el ceño por verse interrumpida, y su gesto se acentuó más al comprobar que la llamada ere externa de la mansión. Volteó a ver a Alucard y después A Seras, compartieron una mirada durante unos segundos antes de asentir a la vez, se llevó la bocina a la oreja y cuando estuvo a punto de cuestionar a su interlocutor este hablo.
—Sir Integra, ¿no es así?—del otro lado de la línea se escuchaba una jovial y grácil voz femenina, con un muy elegante inglés, aunque podía distinguir un ligero acento, que no lograba identificar.
—Así es—no había necesidad de mentir, Integra estaba segura de que, aunque no hubiese contestado, la otra persona hubiese sabido que era ella.
—¿Podría ser tan amable de poner el altavoz? También necesito hablar con su sirviente.
Integra entrecerró los ojos, siendo vigilada atentamente por sus dos sirvientes, pero cumplió con lo que le fue pedido. Al activar el altavoz hubo un corto lapsus de sofocante silencio.
—Seras-chan~—canturreó la voz alargando el chan. Seras amplio los ojos, sorprendida, anonadad, estupefacta.
-¿ S-Shizuka?
La bocina emitió una risilla traviesa.
—La misma.
—P-Pero… ¿qué estas… cómo es que… y si… qué hay de…?—balbuceó sin poder pronunciar una oración coherente.
—Seras-chan, tranquilízate, no estoy rompiendo ninguna regla…—silencio elocuente—técnicamente no lo estoy haciendo… Bueno el caso es que necesito hablar contigo y con tu ama lo más pronto posible.
—¿Por qué con Sir Integra también?—cuestionó, dudosa.
—Bueno, tengo entendido que tu ama es la líder una organización gubernamental que se encarga de controlar los fenómenos paranormales provocados por ser sobre naturales. ¡Oh! Y también tengo entendido que ella es quien tiene sujeta la correa del collar del Rey Vampiro, ¿no?—Seras sudó frío al sentir la molestia de su amo, lo cual era curioso a, él nunca le había afectado que le dijesen que era el pero de un humano.
—Pues tienes razón pero—unos sonidos lejanos se escucharon de la bocina y un par de voces que repetían el nombre de la fémina del otro lado de la línea—¿Shizuka?
—Lo siento Seras, tengo que colgar, te espero hoy a las 4:00 pm en el lugar de siempre, lleva paraguas—la llamada se cortó y lo único que resonó en la habitación fue el tono de la línea.
Seras dirigió su vista a los ventanales, inspeccionando el cielo, comenzaba a llenarse de negros nubarrones, que cubrían el sol, y la temperatura comenzaba a bajar lentamente de temperatura, pocos instantes después una apacible lluvia comenzó a caer, descargando suavemente aquellos nubarrones repletos de agua, tal y como a Shizuka le gustaba la lluvia.
—Seras, ¿era ella?
—Sí, así es.
—¿Y tienes alguna idea de lo que quiera decirnos?—Seras soltó un lento suspiro
—Con Shizuka uno nunca puede estar seguro de nada.
Alucard observó intrigado la conversación de las dos mujeres.
Los tres bajaron del auto en cuanto Harrison les informó que habían llegado a su destino. Cerca de las afueras de Inglaterra, en una avenida poco transitada y conformada principalmente con hogareñas residencias, un pequeño parque era el punto de encuentro. Seras se adentró más hacia el parque, donde había más vegetación y el parque comenzaba a verse un poco descuidado. Integra observo un tanto curiosa los columpios y demás juegos infantiles, mientras Alucard… Alucard esperaba el momento preciso para sacar sus pistolas y comenzar a jalar de gatillo.
Un rechinido puso en alerta al vampiro mayor, y llamó la atención de las dos mujeres, volteó hacia la dirección de dónde provenía el sonido y uno metros a su izquierda se distinguían dos figuras, que parecían deslavarse como la pintura fresca sobre un lienzo mojado, las dos figuras les daban la espalda, una permanecía parada cerca de la otra que se columpiaba felizmente en un columpio cercano. Entre más se acercaban más fácil les era escuchar la melodía entonada por la persona que se columpiaba.
Ni cha dim amharu'th gyntun
Ni wna undyn a thi gam
Huna'n dawel, anwyl blentyn
Huna'n fwyn ar fron dy fam
Huna'n dawel, heno, huna,
Huna'n fwyn, y tlws ei lun
Pam yr wyt yn awr yn gwenu,
Gwenu'n dirion yn dy hun?*
—Señorita—llamó el hombre; portaba un taje de ejecutivo sencillo de color negro, al igual que su corbata, su cabello, tan negro como el ébano estaba perfectamente peinado hacia tras, y ni el agua hacia que un solo cabello se saliera de su lugar. Parecía estar alrededor de los veinte, pero sus intensos ojos borgoña lo delataban como vampiro.
La joven que se columpiaba paro de cantar y columpiarse, una jovencita de aproximadamente dieciséis años se acercó a ellos, vestía una camisa de botones negra manga larga llevaba al cuello de esta una corbata roja, al igual que la corta falda tableada, unas calcetas azul marino hasta los muslos y unos zapatos de salón con un pequeños tacón. Parecía una muñequita de porcelana, por su blanca piel y su pequeña estatura y constitución; sus rasgos la delataban como extranjera, ya que si bien su ojos eran grandes y redondeados estaban levemente rasgados, tenía una nariz pequeña y respingona y una boca pequeña, de labios finos y delicados, su largo cabello plateado, casi blanco, caía libre por su espalda hasta la altura de sus caderas. Se paró frente a ellos sonrió alegremente a la draculina.
—Me alegra verte de nuevo Seras—dirigió su vista a Integra e hizo una pequeña inclinación en señal de respeto—Sir Hellsing—y por ultimo su vista se posó en el alto hombre vestido de escarlata, su mirada vaga examinaba con descaro al hombre—. Jamás en mí no-vida imagine que llegaría encontrarme con el Rey, pero viendo que lo tengo justo en frente—tomo el borde de su corta falda e hizo una dramatizada reverencia— es un gran honor poder estar en vuestra presencia, su Alteza. Oh gran señor, gracias por permitirme vivir este día.
Seras se llevó una mano a la frente por la irreverencia de su amiga, preocupándose por la corta paciencia su amo, Integra sonrió divertida al ver la gran osadía de la irreverente chica y Alucard, el solo podía mirar con una profunda molestia e indignación a los ojos color vino de aquella irreverente vampiresa amiga de su draculina.
*Para quienes se lo preguntan, no no es un idioma inventado, es gales y la canción tampoco es de mi autoría, la canción se llama Suo Gan y se popularizo por el hit que tuvo con la película bélica de el Imperio del Sol de Steven Spielberg, y si, Shizuka es japonesa por lo tanato no eta tan cuerda que digamos.
Para Los fans de Yu-Gi-Oh! próximamente publicare un fic de esta seríe, si ya se que diran, que debo de terminar primero este fic pero cuando la inspiración llega, es porque llega y hay que aprovecharla.
Hasta la próxima, que espero que sea pronto, Usagi
