KONISHIWA
Se que lo he dicho mucho, pero lo siento por no actualizar y sin más.
CORRE CINTA.
Todo estaba oscuro, sentía que su cuerpo temblaba. El sonido de los árboles era su compañía, en ese lugar donde se hallaba solo, sin nadie. Sus ojos daban vueltas por aquel lugar tan extraño… tan misterioso…
-¿Hola?-preguntó el joven.
¿Qué hacía ahí? no sabía que estaba pasando, solo se fue a dormir y despertó en ese lugar. Donde todo era del mismo color, donde la temperatura era muy baja, donde no parecía haber esperanzas. De repente se empezaron a escuchar unos gritos… pero… no unos cualquiera.
-¡Ahhhhh!-unos que para quien sea que los escuche sintiera un escalofrío, que la sangre le bajaba a los pies de un solo golpe.
Muchos más los secundaban, cada uno más fuerte que el anterior… más doloroso… más agudo. Poco a poco fue capaz de identificarlos.
-¡Ahh! ¡ahh!… ¡Aaaahhhhhhhhh…!-ese… ese fue el grito del menor de todos, en el que siempre se escuchaban risas… pero ahora… solo agonía.
Como el de un corazón cuando es despellejado.
Le siguieron otros…
-¡Ahhhhhhhhhhja ayyrr!-la voz desgarrada del segundo menor se desenvolvía por todo el lugar, la que antes era tranquila y técnica en las explicaciones que daba.
Como cuando lloras desconsolado y nadie acude a darte ayuda.
-¡Aaaahhhhhhhhh ajaarrgg!-y ahora una que antes solo soltaba furia y en este momento es comparable con las otras, la de del segundo mayor salió a flote para acompañar esta sinfonía infernal.
Como cuando estás perdido y no hay quien te encuentre.
No… ¡no!
Sus hermanos, sus pequeños hermanitos estaban sufriendo. Cada grito hacía que le doliera los oídos, cada jadeo una tortura para su ser.
-¡Mikey, Donnie, Rafa!-llamaba a sus pequeños niños.
Los gritos se volvían más fuertes acallando los de él. Sin perder tiempo, corrió…
Su alma no se encontraba tranquila, su corazón latía a trescientos latidos por minuto, su cabeza se sentía como alfiletero por los constantes pinchazos que esta recibía por el estrés. Tenía algo en mente… encontrarlos, pues no estaría en paz su alma hasta que los tuviera seguros en sus brazos.
De repente percibió una presencia, pero no una con la que se alegraría de encontrar. Unos ojos rojos de color rubí se apreciaban entre el manto de oscuridad, que eran acompañados por unos gruñidos que tenían la semejanza a la de una fiera salvaje sedienta de sangre y hambrienta de un aperitivo. Y al parecer en el menú del día era la tortuga.
Sin embargo, aunque sea muy temible ese demonio no comería hoy. Además, se encontraba tapándole el paso para ir a salvar a sus hermanos y esa cosa debería saber que no hay que interponerse entre un hermano mayor y sus hermanitos.
-Aléjate de mi, demonio-dijo solemne el de bandana azul, quien al notar a la fiera todo el dolor se fue.
-Grrrr-esa fue su contestación, pero ni se inmutó.
Tantos años de entrenamiento y disciplina no pasan en vano, te hacen más fuerte… te hacen mil veces más valiente.
Leonardo no traía sus espadas, sus katanas consigo, pero con ellas o sin ellas era igualmente de habilidoso.
Se plantó firme y le lanzó una mirada desafiante. El poseía una mirada que le helaría la sangre hasta a la persona más cruel que existiera en el planeta.
Pero al mismo tiempo podía ser la más dulce de todas, la que no dudaría en mostrar a sus pequeños hermanitos cuando estuvieran tristes.
-Última advertencia-seguía con la misma, que en conjunto con su voz potente lograba que nadie se le pusiera en contra.
La fiera ya bien aterrorizada huyó y seguramente con la cola entre las patas del susto. Aprendió la lección. Nunca, NUNCA hagas enfadar al de azul.
Cuando siente que algo interfiere entre él y sus hermanitos, hará lo que sea con tal de encontrarlos.
La carrera continuó en ese extraño lugar tan oscuro, tan lúgubre, tan frío y muy solitario…
Sus pies casi no tocaban el suelo, iba a una velocidad que dejaría a cualquier corredor con la boca abierta. Corría como caballo desbocado, su bandana ondeaba ferozmente, a cada segundo aumentaba el ritmo de su carrera. No pararía, no lo haría hasta encontrarlos.
Tenía que encontrarlos, a ellos, sus hermanos menores. Para él ellos eran unos niños, eran sus niños. A los que siempre cuidaría y protegería hasta con su vida.
En eso recordó algo…
Flashback
Era de noche en Nueva York, la ciudad que nunca duerme. Que incluso con tanto ruido y contaminación era un lugar en el cual muchos vivían felices y a gusto.
Solo otra noche, que era iluminada por la luna mientras todos (o la gran mayoría) dormía pacíficamente. Y cierta rata mutante aprovechando la oportunidad, salía a buscar alimento para sus cuatro hijos, que debía dejar solos.
Mientras en las alcantarillas…
Dormía una tortuguita con una bandana azul en una habitación mediana con las paredes decoradas con kanjis y unos carteles, el piso de madera, un estante azul con unas cuantas prendas, una mesita de noche donde se asentaba una lamparita y un libro y una cama pequeña en la cual dormía.
Soñaba plácidamente con sus hermanos y su padre, hasta que…
-¡Ahh!-se hizo oír un grito acompañado de un llanto-¡Le… Leo!
Leonardo se levantó rápidamente y sin perder tiempo se dirigió a la habitación de su hermano menor.
Abrió la puerta y se encontró con su hermanito hecho un mar de lágrimas, sus ojitos azules de bebé le veían aliviados. Se acercó y con ternura lo envolvió con sus brazos transmitiéndole protección. A lo cual el menor enterró con desesperación su carita en el pecho del mayor.
-Mikey ¿Qué pasó?-le habló con dulzura-¿Otra pesadilla?-preguntó ya sabiendo la respuesta, ya que Miguel Ángel las tenía muy frecuentemente. El pequeño asintió aún oculto en su pecho.
-¿Quieres decirme de qué se trataba?
-Ha… Había un monstruo… y quería comerme, yo…yo gritaba y nadie me oía.
-Shh tranquilo… aquí estoy… aquí estoy-intentaba calmarlo.
-Leo ¿Puedo dormir contigo?-preguntó de forma inocente y esperanzada, el mayor le acarició la cabeza y le hizo un gesto para que lo siguiera, el menor fue tras el dando saltitos.
A medio camino de la habitación del mayor, se escucharon dos gritos más que provenían de los cuartos de los dos hermanos restantes.
Primero entraron al cuarto del genio de la familia, quien estaba sentado en su cama, cabizbajo y con el dolor y angustia chorreando por sus mejillas.
-Donnie, tranquilo-el mayor le abrazó y formó círculos en su concha-Nada te va a hacer daño-le hablaba suave, como si fuera un recién nacido llamando a su madre.
Al haber tranquilizado al segundo menor de ellos, el mayor los guío a la única habitación faltante. Con una seña les indicó que se quedaran afuera y entró en donde dormía su hermano de rojo, que en este momento temblaba e hipaba sobre su hamaca.
-Rafa…Rafa-llamaba su hermano mayor.
-No… no-sudaba frío-Ahh… ¡AHHH!-gritaba tan fuerte, que faltaba poco para que quedara afónico.
El de azul le dió un beso en la frente, lo cual bastó para acallar los gritos del menor. Lentamente fue abriendo sus ojos para encontrarse con los de azul océano de su hermano mayor.
-¿Pesadilla?-preguntó.
-Sí.
-Sígueme.
Salieron de la habitación y ya reunidos los cuatros se dirigieron a la del mayor. Todos se acostaron en la cama y se acurrucaron contra su hermano mayor.
-Un monstruo-murmuraba Donnie asustado.
-Yo igual-dijo Rafa.
-Y yo-dijo Mikey.
-¿Así que los tres soñaron que estaban con un monstruo y nadie los ayudaba?
Todos asintieron a lo dicho por el mayor de ellos.
-No se preocupen, yo jamás lo dejaré solos o permitiré que cualquier monstruo les haga daño.
-Se los prometo-al decirlo los tres los abrazaron con fuerza y así se quedaron dormidos. Sabían que mientras Leonardo estuviera con ellos no tendrían que temer.
Fin del Flashback
Nunca olvidaría ese día y la promesa que hizo. Eso solo lo motivo y sin más siguió con su faena, no los dejaría.
Nunca pararía.
Espero que les haya gustado.
MUCHAS GRACIAS A TODAS Y QUE TAMBIÉN USTEDES SIGAN CONSUS HISTORIAS.
SAYONARA
Atte. Aleutica Chikayra Hamato.
