De regreso a Nueva York, Mallory se reintegró a sus labores cotidianas de inmediato, le indicó a Diaval que por unos días él se haría cargo de Aurora, en tanto encontraba a alguien para cuidar de ella. Diaval se preguntaba quién sería el pobre diablo que lo sustituiría en la oficina, nadie mejor que él sabía lo quisquillosa que Mallory podía ser.

Con la tarjeta de crédito platino de Mallory fue de compras con Aurora, la cual había sido entregada con nada más que el mameluco que llevaba puesto, una cobijita rosa, y una silla para el auto.

Entró en una tienda especializada para las necesidades de los bebés, estaba lleno de mujeres con vientres abultados, brillando, con sonrisas en sus rostros y totalmente emocionadas por elegir las cunas, los portabebés, las mesitas altas, y demás objetos que hasta aquel momento Diaval no sabía que existían.

Obviamente el hombre con la bebé en brazos, en traje y corbata (mal ajustada) llamó la atención de una de las empleadas de inmediato.

— ¿Puedo ayudarlo en algo?

— Sí verá… necesito todo lo que se pueda… necesitar para el cuidado de un bebé.

— ¿Padre soltero?—preguntó sonriendo la joven.

— Algo así—contestó, pensando en lo extraño de la situación que estaba viviendo. Lo siguiente, fue él comprando un montón de cosas, entre ellas móviles, chupones, juguetes, ropa, y accesorios para el cabello, tendría que aprender a peinar a una niña, pensó con algo de pánico en algún momento. Diaval tenía sobrinos, y tenías nociones básicas de cómo cuidar a un bebé, pero una cosa es que te dejen con tu sobrino de 2 años una hora y otra muy diferente que te dejan con un bebé de 8 meses todo el día. No había tenido oportunidad de estar mucho con Aurora, cuando se la entregaron acababan de alimentarla, así que no tardó mucho para quedarse dormida. Ahora había decidido hacer acto de presencia, comenzó a llorar, estridentemente, de inmediato captó la atención de todas las mujeres presentes. Diaval trató de repetir el truco, comenzar a susurrarle cosas y moverla, para calmarla, pero no funcionó.

— Creo que necesita que le cambien el pañal —dijo una mujer con una mano en el vientre.

— ¿Qué?

— El pañal —Diaval por un momento actuó como si no hablara el mismo idioma que ella, y es que una parte de él quería creer que cuidar de Aurora no sería nada más que jugar y alimentar a una dulce niñita… y olvidar la parte en la que trataba de interpretar los berridos, y sobre todo quería olvidar la parte del pañal.

Diaval levantó a la niña hasta una altura en la que pudiera asegurar que necesitaba un cambió de pañal, para su desgracia olfativa, definitivamente Aurora lo necesitaba.

— Creo que sí lo necesita… ¿alguien tiene un pañal que pueda regalarnos? —preguntó, muchas mujeres le extendieron pañales (aquella escena ya la había visto, pero en un bar con una mujer que había pedido fuego para encender un cigarro). Diaval tomó uno al azar y dio las gracias. Se dirigió al baño, tratando de recordar, eliminando otros detalles de aquellas veces que había visto a sus hermanas cambiar los pañales.

Estaba con Aurora recostada en el cambia bebé que había en el baño, no había talco así que pensó que habría que eliminar ese paso, esperando que una omisión como esa no causada una rozadura. Cuando Diaval prosiguió a limpiarla, Aurora comenzó a reír, Diaval no sabía si era por las caras que él estaba haciendo o esa niña estaba burlándose de él de una manera más personal.

— Eres tan pequeñita, ¿Cómo puedes hacer que la leche se convierta en… esto? —por suerte tenía un estomago fuerte, pensó que tenía que agregar a su lista de compras aromatizante. Cuando finalizó salió del baño, Aurora estaba sonriendo, y viendo todo a su alrededor con sus enormes ojos.

— Bueno veo que alguien ya está de buen humor —comentó la joven empleada. Las cosas que Diaval había puesto en el "carrito" ya estaban en bolsas, pero ahora que Aurora estaba más despierta la paseó por la tienda, para ver qué llamaba su atención.

Diaval estaba maravillado por las expresiones que ella hacía, como si a través de sus ojos todo fuera maravilloso, la niña extendía las manos cuando veía algo que le gustaba, y debido a que la mayoría de las mujeres aún estaban en espera de su propio bebé, muchas se acercaban a la niña.

— Qué linda, ¡Tiene tu sonrisa! —Diaval le dirigió una mirada a la niña, él era de los que decían que los bebés no se parecían a nadie, y aquel comentario se lo había confirmado.

El chofer de Mallory lo estaba esperando fuera, ayudó a Diaval a meter todo al auto. La siguiente parada era el supermercado.

Ahí, se encontró frente a un enorme pasillo lleno de fórmula para bebé, Aurora estaba jugando con (y babeando) el cuello de su camisa, mientras Diaval malabareaba entre sostenerla a ella y los frascos de formula. Por más que leía y leía las tablas nutrimentales de las diferentes marcas, no podía decidirse por una.

— Bueno al final tú eres la que vas a tomarla dime ¿cuál te gusta? —Aurora le sonrió, mientras ponía unas de sus manos en una de las latas. Diaval tomó aquel gesto involuntario como una decisión por parte de la niña y se llevó 10 botes de fórmula de esa marca.

Lo siguiente fue la papilla, Diaval repasó los distintos sabores, haciendo caras de asco a algunos en específico.

— Hígado, y… buag, dios, te garantizo que nadie come esto, pero como ustedes no pueden hablar se los dan —Aurora lo veía con sus grandes ojos, él sabía que para aquel momento la niña ya estaba cansada y que en cualquier momento comenzaría a llorar, o por lo menos dejaría de estar tan tranquila. Tomó todo aquel sabor que hubiera incluyendo aquellos sabores que ni el comería, ya que quizá a Aurora le gustaría. Compró pañales (que según el empaque eran adecuado para los meses que tenía), y compró varios botes de talco para bebé, así como un shampoo que se encontró por casualidad que era especial para niños. Salió del supermercado, empujando el carrito hasta el estacionamiento.

— ¿Tienen otros 10 bebés más en casa?—preguntó el chofer con ironía, Diaval sonrió, mientras sujetaba bien a Aurora en la silla.

Al llegar al apartamento de Mallory y después de varios viajes para meter todas las cosas al apartamento, ya todo estaba ahí, sólo hacía falta armarlo.

En cuanto llegó montó la sillita alta (que para su suerte fue de los muebles más simples de armar) y sentó ahí a Aurora, mientras él preparaba la leche y se la daba, luego destapó un frasco de comida de bebé (que terminó comiéndose él)

— La de sabor mango no es está tan mal, pero a mí me suena más a postre, así que tú comerás hoy la de guisantes —le dijo a Aurora. Cuando la comida terminó, la cargó y le dio unas palmaditas en la espalda para que eructada. Él no tenía idea de para qué o por qué hacía aquello, sólo sabía que era lo que sus hermanas hacían cuando sus hijos terminaban de comer. La segunda vez que le cambió el pañal, notó con algo de auto condescendencia que le había puesto el pañal al revés. Después de un vídeo rápido en YouTube, se sintió un experto y cambió a Aurora con algo más de confianza (y un poco menos de asco). Puso una manta y le dio algunos juguetes que al parecer eran seguros para meterse a la boca y daban masaje en las encías. Comenzó a armar la cuna, mientras levantaba la vista de vez en cuando para ver a la pequeña gateando. Era muy adorable.

Mallory llegó después de un largo día, después de dar por sentado ciertas cosas, uno las aprecia aún más cuando hacen falta, una de ellas era Diaval como su asiste, la chica que lo había remplazado hoy no había hecho más que estupideces.

Mallory caminó, sus pasos resonaban en el piso de madera, el lugar no se sentía vacío como todo los días, cajas esparcidas en la sala, la alertaban de un posible y mayor desastre dentro de la puerta que estaba a punto de abrir. Ahí en el piso boca arriba estaba Diaval, rodeado de almohadas y con Aurora recostada en su pecho. Mallory sintió una profunda incomodidad, y un nudo en la garganta sin explicación alguna. La habitación tenía ya la cuna armada, era de color blanco, con un bonito diseño, y las paredes habían sido decoradas con unas hermosas pegatinas de árboles y aves, que le daban color al inmaculado blanco de la habitación, ella le había dicho que comprara todo lo indispensable, pero por la cantidad de cosas esparcidas por el lugar, tendría que repasar el significado de indispensable con él.

Mallory tomó a Aurora con cuidado, pero tratando de guardar toda la distancia posible. Ya sabía por las fotos que la beastie era un bebé feo pero de cerca lo era aún más, o eso se repetía así misma. Cuando se enteró de que Leila estaba embarazada, algo dentro de ella se rompió… y una voz muy en el fondo de su mente decía "pudo ser tu bebé" mientras otra le decía que Leila le había hecho un favor, al casarse con Stefan, he impedir que ese fuera su bebé.

Dejo a la niña en la cuna y la cubrió con una pequeña manta. Era difícil mantener la distancia con una niña de la que se era tutora, pero lo intentaría, el plan era que a los seis años la enviaría a un internado, no sabría nada de Aurora hasta los 16 o 18 si todo iba bien. El plan era enterrar el pasado, y la única pieza faltante era la niña. Aunque Mallory trataba de alejarse, ese día que levantó a Aurora por primera vez se quedaría con ella por el resto de sus días.