Después de dejar a Aurora en su cuna, caminó hacía Diaval, con la punta de su tacón le pico las costillas un par de veces, hasta que comenzó a moverse.

—Diaval es tarde, lo siento, debí haber llamado.

—Ey, Mallory… ¿qué hora es?—preguntó tallándose los ojos y apartando algunos mechones de cabello de su rostro.

—Casi las 12 a.m. lo siento de nuevo, la chica que fue tu remplazo hoy, hizo un par de estupideces y tuve que quedarme.

—Ya veo, bueno entonces me iré ahora, vendré mañana antes de que salgas a trabajar.

—Ya es tarde, puedes quedarte, quiero decir…—Diaval sabía que no era cuestión de tiempo, o cuestión de que Mallory quisiera que se quedara, era cuestión de que era la primera noche que pasaría con Aurora, y cuidar de un bebé de 8 meses que apenas y podías mirar parecía difícil.

—Claro señorita.

—Mañana por favor comienza a buscar una niñera, a tiempo completo.

—Sí señorita—Mallory estaba saliendo de la habitación, cuando de pronto dio la vuelta sobre sus talones.

—Otra cosas, ¿quién eligió la decoración?

—Yo… claro tuve un poco de ayuda, una encargada y cinco mamás.

—Bueno ustedes 7 tienen buen gusto. Gracias por cierto—Mallory salió de la habitación, y Diaval no podía ni imaginar todo lo que aquella mujer se guardaba, acababa de perder a su hermana, su única familia (aparte claro de Aurora), ahora era responsable por aquella niña y estaba tan estoica. Se quitó los restos de sueño y fue a ver a Aurora, la cual estaba ubicada en el centro de la cuna, la movió para que sus pies tocaran la base de ésta, según una recomendación que había leído en internet. Se sentó junto a la cuna, leyendo blogs para padres, y demás detalles que en otras circunstancias parecerían insignificantes, podía hacer la diferencia entre un bebé feliz y un bebé en el hospital. Criaturas frágiles.

Cuando sus ojos comenzaron a pesar revisó a Aurora una última vez, Diaval no se cansaba de ver a la niña, era un sentimiento extraño, una mezcla de lástima, ternura, y algo que seguía sin identificar, una sensación cálida… casi familiar; salió y se recostó en el sofá, calculaba que en una media hora Aurora despertaría, para comer.

Mallory estaba tratando de conciliar el sueño, un baño rápido con agua tibia, no parecía haberla relajado mucho, quería dormir, pero su cerebro no se detenía. No quería quedarse sola con sus pensamientos, la noche anterior se había quedado trabajando y por un momento había olvidado todo, hasta que Diaval la llamó y la trajo a la realidad. Y ahora tenía una parte de la realidad en la habitación del final del pasillo. Escuchó el silenció, y salió para ver qué sucedía, encontró a Diaval recostado en el sofá. Parecía cansado, nunca se había percatado de lo joven que era. Y pensó en todas las cosas de las que no se percataba, de todas la cosas que no sabía. Por extraño que pareciese (para dos personas que pasaban tanto tiempo juntos), nunca hablaban de sus vidas privadas, ella apenas sabía algunas cosas de él, él en cambio sabía un montón de detalles que las personas aprenden después de años de convivencia, detalles insignificantes pero importante en alguna medida. Pero sobre cosas más importantes como el corazón roto, y la verdad del padre de Aurora, eso él no lo sabía. Era lo más cercano que tenía a un amigo y eso a Mallory le pareció algo patético, dado que le pagaba prácticamente, para pasar el tiempo con ella.

El llanto de Aurora rompió el silencio de la noche y Mallory se congeló al instante, Diaval se incorporó de golpe, y sin siquiera percatarse de la presencia de ella, corrió a la habitación de la niña, el llanto se detuvo y ella caminó ahí, entre abrió la puerta, él cargaba a la bebé mientras le daba una botella de leche, Mallory cerró la puerta y fue a su habitación, se acurruco en sí misma, y pensó que no podía hacer eso sola, que esa niña no podía haber caído en peores manos, que cómo Leila osó dejarle a esa niña después de todo lo que paso. Y entre reproches, enojo y un profundo agradecimiento a Diaval por quedarse, se quedó dormida. Cuando Aurora se durmió Diaval salió a la sala de estar, estaba seguro que entre la oscuridad vio a Mallory, quizás había sido un sueño pensó.

Aquella sería la primera de muchas noches, en la que se sumieron en una rutina sin palabras. Diaval prácticamente vivía ahí, iba a su casa sólo para conseguir mudas de ropa, comían lo que ella traía después del trabajo, él jugaba con Aurora mientras ella trabajaba en su computadora y fingía que no los estaba mirando. Parecía cansado y lo estaba, ya que Aurora era demasiado inquieta en la noche, Diaval le comentó a Mallory un par de veces que era como si la niña supiera exactamente el momento en el que había alcanzado un sueño profundo, para comenzar a llorar. Él por otra parte no entendía la resistencia de ella a querer a la niña. Mallory no entendía el vínculo entre Diaval y Aurora, y aún más importante no entendía el sentimiento de exclusión y de soledad que su relación le traía. Por otro lado Mallory le dijo en varias ocasiones que estaba haciendo demasiado, lo que ella no quería ver es que Diaval no lo hacía por ella, no se quedaba toda la noche despierto por ella, no había cambiado toda su rutina por ella. Era por Aurora.

Y en tanto la oficina era un desastre.

—Necesito que te apresures con el asunto de la niñera, en lo que va del mes ya cambié 5 veces de asistente.

—Bueno si dejaras de despedirlos—Mallory lo vio como si estuviera diciendo la máxima incoherencia de la vida.

—Bueno si tú dejaras rechazar a todas las niñeras—Diaval se encogió de hombros, la verdad es que él creía en el dicho de que si quieres que algo se haga bien hazlo tú mismo, tenía un apego con esa niña, y la sensación de que nadie cuidaría de ella como él, aunque ya tenía a varias candidatas en caso de que Mallory lo hiciera volver a la oficina.

—Sobre eso, yo podría ya sabes quedarme aquí y cuidar de Aurora y también podría trabajar desde aquí, quiero decir no creo que se necesite alguien con mucho talento para llevarte el café a la oficina eso lo podría hacer otra persona.

—Anteayer alguien me llevó un café con canela—Diaval comenzó a reírse demasiado fuerte, Mallory nunca lo había escuchado reír así, claro lo había visto sonreír, y reír pero no a esos decibles. Diaval continuaba, el tono de seriedad con que dijo aquello, le pareció demasiado. Él sabía que ella odiaba la canela, pero tampoco le parecía para tanto. Mallory comenzó a reírse, era una cuestión más de contagio que otra cosa. Diaval por otro lado sólo había visto sonreír a Mallory un par de veces, (siempre por él, podría agregar con un poco de orgullo), si algo tenía que decir Diaval es que Mallory era aún más bonita cuando sonreía, todo su rostro se iluminaba.

—Sólo di que me quieres allá—dijo Diaval con una sonrisa que era vestigio de su risa anterior, Mallory tragó saliva, y es que claro que lo quería allá, pero el tono en el que lo dijo no le agradó demasiado, además, ¿por qué su empeño de querer él cuidar de la beastie?

—Te quiero en un lugar en donde sí me seas útil —Diaval sólo movió la cabeza, casi ignorando esas palabras fruto de la naturaleza de Mallory de siempre tener la última palabra. Lo vio sostenerla, ella tenía sujeto uno de sus dedos con su mano, y Diaval la miraba como si fuera lo más precioso del mundo. La niña siempre que la miraba le sonreía, daba saltitos, trataba de alcanzarla, pero ella siempre se alejaba, Diaval le arrojaba miradas de desaprobación que ella fingía no ver, la bebé sólo seguía sonriendo. En el mes que había estado ahí, la había cargada tan sólo dos veces.

Un día mientras Diaval jugaba con ella, comenzó a balbucearle cosas, a los 10 meses Aurora ya parecía querer comenzar a hablar. Y Diaval le hablaba con una voz baja, suave (que era demasiado diferente a su voz rasposa normal).

—Mira lo linda que eres, serás una rompe corazones estoy seguro, sí tú lo serás —le dijo mientras le picaba con suavidad el estómago.

—Después de los 18 espero—dijo Mallory cuando entró a la habitación.

—¿No me digas que no la dejaras tener novio hasta los 18? ¿No te parece algo excesivo?

—No es eso realmente. Irá a un internado de señorita cero chicos a kilómetros a la redonda. Saldrá hasta los 18.

—¿Internado?

—Sí, muy exclusivo en Europa, ya arreglé todo, tiene un lugar reservado, tienes que apartarlos con años de anticipación.

—¿Es enserio un internado?

—A los seis.

—¿Seis? ¿Es una broma verdad? ¡A los seis los niños aún necesitan a su padres!... quiero decir a su familia… me parece un poco excesivo, una cosa es que tuviera problemas con su madre, pero ella no tiene la culpa—Mallory se puso rígida, Diaval conocía esa mirada y sabía que había cruzado una línea.

—Esto, no es de tu incumbencia, acepté a esa niña porque no tenía otro lugar a donde ir, en los papeles no decía que la tenía que querer. En cuanto a ti, por favor no te metas—la voz de Mallory había sido tan tranquila, tan letal, Diaval puso a Aurora en su cuna, luego tomó su abrigo, su computadora y comenzó a caminar hacia la puerta.

—Mañana a primera hora vendrá una niñera señorita Moore. Me reincorporaré mañana a mis actividades en la empresa—salió, no azotó la puerta, ni la cerró con fuerza, pero a Mallory le pareció un sonido fuerte, seco, rompedor.