Unos meses más se fueron volando. A veces Diaval creía que Mallory bajaba la guardia, a veces parecía que iba a abrirse, pero luego retrocedía, se ponía peor. Él veía la mirada de añoranza que a veces ponía, como deseando ser ella la que estuviera cargando a Aurora, jugando con ella en su lugar. Pero siempre parecía terminar haciéndole más caso al rencor que se la comía por dentro. Mallory luchaba contra esos sentimientos que nacieron de ningún lado. ¿Era porque era su sangre? ¿O era porque la pequeña beastie era una niña muy dulce, tranquila y adorable? Cosas que jamás admitiría en voz alta, cuando Diaval o la niñera no estaban cerca, jugaba con ella, y la cargaba por momentos, pero no más.

Un día Mallory estaba trabajando en su habitación, como si no fuera suficiente el constante estrés emocional en que vivía, aparte su trabajo era otra fuente de estrés, no importaba cuanta gente tuviera trabajando para ella, a cuantas personas les relegara trabajo, siempre había algo que hacer. Era domingo y la niñera no trabajaba, y Diaval no se había presentado aún, no es que fuera una obligación, pero Mallory se estaba preocupando, nunca había fallado un domingo ¿y si algo le pasó? Se preguntaba, quería llamarlo, pero ¿qué le diría? Aún era temprano, la pequeña beastie aún estaba durmiendo por suerte. O eso creía Mallory.

— Mami —dijo Aurora de pronto, con su pequeña voz. Ella ya tenía un año y medio, era una niña muy lista y había aprendido a hablar rápidamente. Aún Mallory podía recordar los balbuceos que emitía, mientras Diaval repetía y señalaba las cosas para que ella las dijera. Recordaba perfectamente a Diaval sentado con ella en el piso, leyéndole.

Mallory estaba congelada, por lo de "mami" vio a la niña que estaba parada en el portal de su habitación. Y eso la hizo recordar cuando la beastie comenzó a caminar, cómo Diaval la esperaba a unos metros, cómo la niña lo buscaba con una gran sonrisa. Cómo cuando aprendió a caminar comenzó a seguirla a ella por todos lados, siempre que estaba en la casa.

— Vete. No soy tú mamá. Recuerda —dijo Mallory. Ya habían tenido esa conversación, Diaval solía corregir a la niña discretamente, pero Aurora seguía llamándola mamá cada que podía.

— Cárgame, arriba, arriba —exigió la niña.

— No me gustan los niños —dijo Mallory como última defensa. Pero la niña seguía ahí de pie sonriendo vestida con su pijama amarilla que parecía hacer que su cabello brillara aún más. Aurora sólo subió los brazos como hacía con Diaval cuando quería que la cargara. Mallory se puso de pie y caminó lentamente hacia la niña, casi de una manera amenazadora esperando que ésta se arrepintiera y se fuera. Pero no. Aurora seguía sonriendo, esperando. Mallory la alzó, y Aurora comenzó a jugar con el cabello de Mallory, pasando sus pequeños dedos entre las hebras. Cuando Mallory la bajó y la niña se fue, se quedó desconcertada e incómoda.

Unos domingos más tarde cuando Diaval fue a entregarle a Mallory unos documentos "urgentes" y se quedó a desayunar, almorzar y subsecuentemente cenar, porque Mallory quería "discutir" unos asuntos.

— ¿Qué te hizo?

— ¿Quién? —preguntó Mallory absolutamente confundida.

— Leila—Mallory, tomó un gran trago de vino, fijó su vista en Aurora que estaba jugando cerca, para el momento en que contestó Diaval había perdido ya el hilo de la conversación.

— Me rompió el corazón.

— Creí que tú no tenías corazón —dijo Diaval, casi arrepintiéndose de inmediato por ese comentario, él personalmente había visto algunas pruebas que podrías validar aquello, pero siempre trataba de pensar lo mejor de las personas, además, siempre supo que Mallory tenía algo muy pesado cargando por la vida.

— Ya no lo tengo—fue la respuesta de Mallory para su alivió, por un momento creyó que Mallory no dignificaría su estupidez con una respuesta. Pero no siguió hablando, sólo continúo comiendo su cena.

— Yo me iba a casar con mi novia de la preparatoria—dijo Diaval, Mallory lo vio a los ojos y él sonrió—; a esa edad siempre es amor, pero hay cosas que están destinadas a no ser, supongo. Ella me lo dijo directamente, que éramos muy jóvenes, y que… aún íbamos a cambiar mucho. ¿Y sabes qué? Ella tenía razón, pero en aquel momento, me derrumbé, hice un montón de cosas estúpidas… casi me matan en una de ellas. Aún me sorprende que le diera tanto poder a alguien sobre mí, y ella jamás lo supo, ya sabes lo que me hizo… o mejor dicho lo que me hice, por ella—. Mallory guardó silencio, pensó en lo que él le acaba de decir.

— ¿Por qué me cuentas esto?

— No sé qué te paso Mallory, pero creo que lo que estoy tratando de decirte es que no dejes que alguien controle tu vida, y quien eres… a todos nos han lastimaron, todos tenemos cicatrices, todos tenemos una historia que no queremos contar, a todos nos han roto el corazón.

— ¿Por qué crees que amamos más a esa edad?—preguntó Mallory de pronto. Diaval se sorprendió ante la pregunta, no tanto por la pregunta en sí, sino porque él creyó que Mallory dejaría simplemente morir la conversación como siempre. Iba con cuidado, sabía que si la presionaba se cerraría, y tendría que esperar quizás 10 años antes que volviera a abrirse.

— Porque todo es mágico. Nunca nos han herido, no sabemos lo mal que puede acabar, todas las promesas son posibles, el mañana nos asusta menos con alguien a nuestro lado y a los 17 años vaya que todos estamos aterrados —Mallory vio a Aurora apilando bloques. Pensaba, y era verdad, recordaba la libertad, podía casi sentir la despreocupación, el no tener miedo.

— Cuando yo tenía 16 lo conocí…—Mallory hablaba despacio, saboreando las palabras, ya que en parte se estaba contando así misma la historia—, él era un idiota, pero no conmigo. Y no sé las hormonas, y eso… entramos a la misma universidad, y a pesar que él cambió mucho yo seguía amándolo, tenía ambiciones absurdas, pero a mí me parecía un emprendedor. Cuando los planes de boda estaban en la mesa, salió a relucir el testamento de mis abuelos, a mí no me importaba que fueran a dejarle su herencia a Leila, de verdad… pero a él sí… Nunca supe si Leila era tan estúpida, o sí vio sus intenciones, pero él comenzó a cortejarla… fue todo tan rápido que… perdí a mi hermana y al hombre que yo consideraba el amor de mi vida, el mismo día. La traición… y la desilusión… que sentí—en ese punto del relato Mallory arrastraba las palabras, y Diaval repasaba la historia en su cabeza incrédulo, por el hombre que jugó con dos hermanas y de cierto modo salió ganando—. Habíamos sido ella y yo desde que tengo memoria, siempre cuidé de ella a pesar de que no era mucho mayor. Y sabía cuánto lo amaba, sabía lo que me lastimaría, y aún así. Y por otro lado él… no puedo creer que fui tan ciega, todo estaba ahí, él era tan…

— Está bien que los llores a ambos ¿sabes?—Mallory lo vio, y trató con fuerza de tragarse las lágrimas, no iba a llorar frente a él, ni frente a nadie. Y Diaval no dijo aquellas palabras con la intención de ser quien enjuagara sus lágrimas, no. Las dijo con la intención de hacerla saber que al final del día ella había sido su hermana y él a pesar de haber sido un maldito idiota, había sido un dulce recuerdo en alguna parte—. Sólo digo que ambos fueron importantes…—vieron a Aurora que jugaba ajena, a la escena.

— Ya es tarde—dijo Mallory, que por otro lado era su forma de decir que ya era suficiente de aquella conversación.

— Sí, ya tengo que irme a casa… pero Mal, ella no tiene la culpa de lo que te hicieron. Y a lo mejor es un regalo, ella es lo mejor de los dos—dijo Diaval, no esperó respuesta sólo le dio un beso a Aurora en la cabeza y salió de ahí.

Mallory llevó a la beastie a dormir, por suerte la niña estaba cansada y se durmió rápidamente. En la madrugada, salió de su habitación y fue a la de Aurora, la observó dormir, la vio respirar, despacio, tranquila. Pensó en las cosas que hizo, que había hecho, que haría, y se repetía una y otra vez que no podía ser la madre de aquella niña, y que los sentimientos en su pecho eran culpas que ni siquiera tenían que estar ahí. Ella fue la traicionada, la herida, la apartada. La que fue expulsada.

Diaval llegó a su apartamento, la contestadora comenzó a reproducir mensajes, entre ellos la chica de recursos humanos a la que nunca volvió a llamar, su madre diciéndole que el fin de semana había una comida familiar, un amigo que no había visto en meses y que le preguntaba si seguía vivo. Estaba cansado, en aquél momento pensó que mataría por un cigarrillo. Se dijo que mañana los contestaría, mientras se preparaba para ir a la cama, repasaba en su cabeza, lo que ella le había contado.

Mallory siempre había sido fría, dura. Él sabía o quería creer que era una máscara bajo la cual se ocultaba un interior frágil. Tenía razón, pero no era una máscara, era toda una armadura, había sido traicionada por las personas que más había amado en el mundo, claro que estaba asustada. Pero Diaval seguía sin poder justificar que lo pagara con Aurora, él no podía creer que Mallory siguiera con ese jueguito de fingir que la niña no le interesaba. Él la había visto como miraba a la niña muchas veces. Con anhelo, con un amor maternal implícito, que quizá ni siquiera ella sabía que tenía. Antes de ir a la cama, tomó un baño. Se vio en el espejo, las cicatrices en su pecho eran más profundas que las que tenía en el rostro, ¿sería similar? ¿Aquellas cicatrices se asemejaban a las que Mallory tenía en el corazón?