Cuando Aurora cumplió tres años, Diaval publicó su primer libro (El cual tuvo la siguiente dedicatoria: Para mi hermana Charlotte que no me dejó en paz hasta que finalicé este libro, para Aurora cuya sonrisa me inspiró, y para M.). Diaval se sentía sumamente orgulloso, aunque había sido muy silencioso y reservado al respecto, había sido un libro publicado con poco tiraje y una modesta publicidad, pero el hecho de ver su nombre escrito en una portada ya era suficiente.

Mallory iba de camino al trabajo, ya que su apartamento no quedaba lejos de la oficina tenía la sana costumbre de caminar hasta ahí todos los días, pasó junto a los edificios y tiendas de siempre, nada se veía diferente, excepto por el escaparate de una pequeña librería, entre los libros de lectura para adolescentes y de superación personal para personas mediocres, vio un libro cuyo autor se llamaba igual que alguien que conocía: Diaval Winger, entró y hojeó el libro que estaba de muestra, efectivamente era él. Mallory compró el libro y salió de ahí.

Aún faltaba una hora para que él hiciera acto de presencia, y Mallory leía rápido.

Él quería decirle que no lo dejara ganar, que volviera amar, a sonreír. Que el amor verdadero no existe, que hay muchos amores en la vida, que cada uno es importante, que él lo fue, que alguien más lo sería.

Mallory leyó el libro, sentía que era una carta para ella, y cada palabra la golpeaba como chorros de agua fría. Cada una de esas palabras que necesitaba escuchar, pero que no quería. Cuando Diaval llegó, dejó el café de Mallory en el escritorio, con una gran sonrisa en su rostro.

— Buenos días señorita. Quería pedirle, y claro si está bien para usted, si mañana yo podía llevar a Aurora a su primer día en la escuela.

— Vaya, vaya, un autor publicado quiere llevar a la pequeña beastie a su primer día en la escuela.

— ¿Disculpe?—Mallory alzó el libro y vio a Diaval tragar saliva.

— Me dicen que se está vendiendo muy bien—comentó Mallory, se puso de pie y comenzó a caminar hacia él lentamente, casi de una manera amenazante.

— Yo, no lo sabía.

— ¿Por qué un autor tan prometedor sigue trabajando aquí?

— Porque su sistema de archivos es demasiado complicado, no quiero esparcir un mal por el mundo y tener a una fila de pobres chicos recién graduado de la universidad siendo despedidos por usted.

— Bien. Puedes retirarte—Diaval dio media vuelta en sus talones, antes de salir Mallory habló—Puedes llevar a Aurora, pero Diaval el plan del internado sigue en pie…—Diaval sonrió, pero Mallory notó la tristeza en sus ojos, se sintió culpable por alguna razón.

— Sí señorita.

Al día siguiente Mallory estaba alistándose para salir al trabajo mientras tanto fuera Knotgrass preparaba el almuerzo para Aurora, entanto Diaval la peinaba y la preparaba.

— Papá ¡Estoy emocionada!—desde que Aurora había aprendido a hablar, llamaba a Diaval papá, a pesar de las suaves correcciones que tanto él como la niñera hacían, llegó un punto en que no corrigieron a Aurora más, ya tendrían que explicarle las cosas cuando pudiera entenderlas mejor.

— Sí, espero hagas muchos amigos y te diviertas.

— ¿Mamá vendrá?

— No linda, la tía Mal tiene que ir a trabajar—Aurora hizo un puchero, y Diaval no pudo lidiar con aquella expresión, esa niñita lo tenía a sus pies. Diaval fue a la habitación de Mallory y tocó un par de veces antes de recibir respuesta.

— ¿Sí?

— ¿Mallory puedo pasar?—escuchó un ruido, que interpretó como un sí, Mallory estaba sentada frente a su tocador, poniéndose su labial rojo característico, mirándolo por medio de su reflejo.

— ¿Qué pasa Diaval?

— Bueno yo… quería pedirte un favor.

— ¿Un favor?

— Sí bueno… es que Aurora, bueno creo que le gustaría que los dos la lleváramos a su primer día de escuela.

— ¿Enserio? ¿Vamos a jugar a la casita?—preguntó Mallory con un tono burlón.

— Somos la única familia que esa niña tiene—fue la respuesta de Diaval, seca, directa. Mallory guardó silencio.

— Iré, pero ahí va una licencia por enfermedad.

— No te preocupes creo que puedo lidiar con el trabajar con una gripe futura—dijo Diaval sonriendo.

Cuando llegaron, había niños llorando sujetos de las pantorrillas de sus madres, madres que no dejaban ir a sus hijos y los abrazaban como una boa constrictor, madres que prácticamente pateaban a los niños de los autos porque ya iban tarde a sus respectivos trabajos, y ahí entre mamás, a tiempo completo, mamás trabajadoras, mamás solteras, y de más, iba una niñita, su tía y el asistente de ésta tomándola de la mano, Mallory notó que Diaval era el único hombre presente, cosa curiosa pero no imposible, Aurora estaba sonriendo, y Diaval se agachó a su altura y suavizo la voz, hablándole en ese tono de voz suave y calurosa que sólo usaba con Aurora, Mallory miraba guardando su distancia pero lo suficientemente cerca para escuchar cada palabra.

— Diviértete mucho linda, haz muchos amigos, aprende mucho—Aurora lo abrazó, sus bracitos alrededor de su cuello, y Mallory sintió una ternura palpitando en su interior, ya la había sentido antes pero tunca tan tangible como en aquel momento, tan real y tan innegable—Anda dile adiós a la tía Mal.

— Bye, bye mamá—la niña le abrazó las piernas, y Mallory no pudo más que darle unas palmaditas en la cabeza.

— Ten un buen día beastie—vieron a la niñita entrar con una lonchera que apenas podía cargar, peinada con dos colitas que le había hecho Diaval, y la sonrisa más hermosa que habían visto jamás.

Mallory comenzó a caminar muy rápido, Diaval tuvo que correr para ponerse al corriente con ella, ella no podía con todos esos sentimientos, esos que no se suponía que estuvieran ahí. Esos dos estaban destruyéndola, sacándola de su zona de confort.

— ¿Está todo bien?

— No. Estoy un poco cansada de esto.

— ¿De qué?

— De este jueguito tuyo, no eres su padre, no eres su familia…

— No Mal, no seré su padre pero sí soy su familia, no puedes decir que no lo soy…

— ¡Ya basta! ¿Por qué te importa?

— No puedo dejar que amargues a esa niñita, ella no tiene la maldita culpa de los que sus padres hicieron, ella no tiene la culpa que tú no puedas superarlo—ambos estaban viéndose, algunos transeúntes los miraban interesados. Mallory iba a gritar que estaba despedido, pero muy en el fondo, sabía que era una malísima idea en muchos niveles.

— Esta discusión termino —dijo y se fue.