Cuando Aurora cumplió los cuatro años, le dio a Mallory el mote de "hada madrina" debido a un comentario sobre el dinero que Diaval había hecho, según él la tarjeta de crédito de Mallory era como una varita mágica, eso se quedó en la mente de Aurora, que al ser una niña que amaba los cuentos de hadas, nada le pareció más maravilloso que tener su propia hada madrina. Ya no era mamá, sólo madrina. Aquél cambio había sido algo agridulce para Mallory.
A los 4 años, ya era bastante obvio que Aurora era una niña extremadamente inteligente, energética, amaba los animales, y sobre todo amaba a su pequeña y extraña familia. Amaba a la niñera Knotgrass (y a Flittle, Thistletwit a las que les decía tías) amaba a su "papá", amaba a su "mamá"/madrina aunque fuera gruñona y sólo jugaba con ella de vez en cuando y cuando no había nadie cerca. Amaba a sus tíos y primos a los que veía de vez en cuando (aunque después sabría que técnicamente sólo eran familia de Diaval).
El libro de Diaval había sido un best-seller y en aquel momento estaba viviendo la maldición del segundo libro. Y algunas personas seguían preguntándose si la paga era demasiado buena en su trabajo como asistente que no lo dejaba. En tanto Mallory, bajaba la guardia cada día un poco más. Diaval se las arreglaba para arrastrar a una hostil Mallory al parque, al cine y a cualquier lugar que Aurora quisiera ir. Diaval sabía que la niña había hecho meya en su jefa, pero nunca se atrevió a decírselo, temía que un día pasara alguna de las barreras más profunda de Mallory, y ella lo despidiera. Dejar de ver a Aurora sería horrible, además alguien tenía que cuidar de Mallory, aunque ella no se diera cuenta.
A los cinco años Aurora ya entendía varios conceptos, entre ellos que ni Diaval, ni Mallory eran sus padres biológicos, que sus padres habían muerto cuando ella era un bebé. La muerte aún era un concepto ajeno, ya que las palabras exactas que Diaval utilizó fue "que se habían ido" a lo que Aurora preguntó si volvería algún día, Diaval sólo dijo que "no" con una sonrisa triste, entonces la pequeña niña con una mirada de meditación profunda lo hizo prometer que él jamás se iría, él lo prometió, mientras la arropaba, le dio un beso en la frente y salió de la habitación.
Mallory que había estado escuchando todo, trataba de manejar el nudo que se le estaba formaba en la garganta, sacó una botella de vino, y dos copas.
— ¿Qué estamos celebrando? —preguntó Diaval al ver las dos copas.
— Nada—aquel "nada" se convirtió en cuatro botellas, y una ronda de confesiones, e historias, que en sus cinco sentidos nunca habrían tenido el valor de contar.
— Por mi culpa te dicen Maléfica—confesó Diaval a las dos botellas. Mallory lo miraba, y no parecía molesta así que él continuó—. La primer semana que estuve trabajando contigo, ha sido la semana más frustrante de mi vida, ¿recuerdas ese informe que me hiciste reescribir 4 veces?
— Sí, no estaba bien. Pero tengo que darte el crédito que una vez que lo aprendiste siempre lo has hecho perfecto.
— Bueno gracias. Pero en aquel entonces estaba tan molesto, que en algún momento te llamé Maléfica, mientras me quejaba y refunfuñaba… supongo que alguien lo escuchó y lo esparció por la oficina.
— Siempre lo supe.
— ¿Qué?
— Siempre supe que tú me pusiste ese apodo.
— ¿Enserio? ¿Y nunca dijiste nada?
— Mmm… me gusta.
— ¿Enserio?—preguntó Diaval sonriendo.
— Sí, además a los idiotas de la oficina nunca se les habría ocurrido un apodo así aunque fuera obvio, supongo que desde el primer momento supe que me atendría a ese tipo de cosas cuando contraté a un escritor—en algún punto de la noche, Mallory terminó con sus piernas sobre las Diaval, el silencio, que durante años había compartido ya no existía más, ya no era un silencio a base de secretos sino de una familiaridad extraña, de la cual Mallory no estaba segura como se sentía.
— Tengo un tatuaje—soltó Mallory de pronto.
— Eso ya lo sabía.
— ¿Cómo?—preguntó ella, sinceramente curiosa.
— Hace como 4 años, llamarón para confirmar una cancelación para borrar un tatuaje con láser. Lo que no sé, es qué puede ser y en dónde puede ser.
— Te lo diré si me cuentas algo más que yo no sepa—dijo Mallory con un tono juguetón que jamás la había escuchado usar.
— Yo también tengo un tatuaje. Son alas, abarcan toda mi espalda—contó Diaval, dándole un trago a la botella.
— Las mías también son alas— se miraron por mucho tiempo, Diaval trataba de descifrar a aquella mujer que había conocido por tantos años, y de la cual apenas había rascado su superficie, y Mallory trataba de acallar, todo lo que estaba sintiendo, pensando—Me las hice a los 15 años—contó Mallory—, cuando mis abuelos se enteraron casi se mueren de un ataque, casi matan a mi tío Balthazar, cuando se enteraron que él firmó el permiso. Tengo la teoría que por eso me desheredaron—finalizó Mallory con una sonrisa, y una extraña mirada de nostalgia.
— Las mías me las hice también a los 15, mi madre firmó el permiso, fue como mi regalo de cumpleaños.
— ¿Por qué alas?
— Son dos historias. Una es porque cuando era niño tenía la nariz un poco puntiaguda, mis hermanos decían que parecía un cuervo, por suerte… o de esa forma quiero ver yo ese incidente, me rompieron la nariz en una pelea, y bueno se me arregló un poco… ¿pero en qué estaba?
— En que tus hermanos te molestaban.
— ¡A sí!, y además el hecho de que al parecer me comí una lombriz cuando tenía cinco años tampoco ayudo a mi reputación. El punto es que siempre me gustaron los cuervos, a pesar que me molestaban con ellos. Siempre me gustaron esas aves, misteriosas, orgullosas, leales…—Mallory observó a Diaval, cómo sus ojos se iluminaban cuando hablaba de algo que amaba, cómo sus ojos negros, eran tan sinceros y cálidos. Mallory, tomó otro tragó de vino y esperó hasta que Diaval continuara con su explicación—. La otra razón, es un poco estúpida. La otra es porque siempre tuve ese miedo a crecer, y supongo que en mi adolescente psique tener alas me daba la seguridad de que si mi vida iba por un lugar que no me gustaba simplemente podría tomar vuelo e iniciar de nuevo.
— No me parece una razón estúpida… las mías las hice por algo similar, la libertad que las alas simbolizaban, el tomar vuelo, el crecer, el ser fuerte, volar lejos del pasado, volar hacía una atardecer con muchas promesas… he intentado muchas veces borrarlas, pero siempre me arrepiento al último momentos, después de lo que paso con Stefan, sentí que ya no tenía un significado, eran un dibujo vacío que sólo me recordaba lo ingenua e idiota que había sido. Me robó mis alas y ya no fui capaz de volar.
A la tercera botella Mallory ya estaba muy cerca, Diaval aún en su ebriedad tenía una voz constante de fondo diciéndole que no hiciera ningún movimiento que Mallory no indicara que estaba bien. Mallory estaba pasando sus manos por el cabello de Diaval, él no dijo nada sólo la dejo ser, aunque estaba un tanto nervioso, tenía unos folículos capilares demasiado sensibles.
— Siempre me ha gustado tu cabello —soltó Mallory de pronto, estaba sonrojada por el alcohol, y tenía un aura de jugueteo infantil que a Diaval fascinó —, es tan suave, y me gusta cuando te frustras y lo revuelves —decía Mallory. Finalmente paró, y enterró su cabeza en el cuello de Diaval. Éste no sabía qué hacer, o cómo proceder, así que sólo la abrazó. Hasta aquel momento ninguno sabía cuánto necesitaban ese abrazo. Y así se quedaron.
Knotgrass despertaba a las 6 a.m. todos los días, excepto los sábados que se despertaba a las 8, iba a ver a Aurora, procedía a dar una limpieza rápida al apartamento (cosa que no era su tarea, pero debido a que cada semana venía alguien a limpiar, tampoco era la gran cosa), preparaba el desayuno, luego procedía a despertar a Aurora, y prepararla para su día. Con eso en mente salió de la cama, aunque aquella mañana algo en el panorama era diferente. Encontró a Mallory durmiendo con la cara enterrada en el cuello de Diaval, sujetándolo muy fuerte, como un aviso subconsciente que ni siquiera pensara en irse.
— Sólo era cuestión de tiempo —dijo en voz baja para sí misma, sonriendo para sí misma, se fue a la cocina.
Gracias por leer y sobre todo por su paciencia. ¡Hasta el próximo capítulo!
