El despertar fue incómodo, Mallory aspiró profundamente un aroma extraño, familiar, como a humo y cenizas, frutos silvestres. Por un momento sintió una seguridad, que no había sentido desde hacía mucho tiempo. Y entonces la risa de Aurora. Mallory abrió los ojos, su cuello dolía, y sus músculos le indicaban que no había dormido en la posición más cómoda. Se encontró a sí misma, en el regazo de Diaval, podía sentir sus brazos alrededor de ella, él seguía plácidamente dormido. Mallory sabía que cualquier movimiento lo despertaría y tendrían que pasar por un momento incomodo, pero mientras el dolor de cabeza y las náuseas se hicieron presentes, decidió que era mejor correr al baño y luego hacer frente a aquella situación.

Diaval sintió el movimiento brusco y despertó de golpe, todo su cuerpo dolía, su cuello en específico, además la resaca parecía estar haciendo meya también.

— Buenos días señor Diaval, creo que esto le hará bien —dijo la niñera, con una sonrisa, mientras le entregaba una bebida de una olor y consistencia extraña.

— Buenos días… ¿qué es esto?

— Un remedio para eso —dijo señalando las 5 botellas que estaba en la mesita. Diaval le dio un tragó largo y luego comenzó a hacer caras de asco.

— ¿Qué tiene?

— De todo un poco, ya verá que se sentirá mejor pronto —Diaval, se puso de pie, la cabeza le daba vueltas, pero no tanto. Había tenido resacas peores. Caminó por el pasillo y escuchó sonidos de arcadas en el baño, Mallory no parecía estarla pasando muy bien.

Pensó que era mejor no tentar su suerte, así que la dejo en paz. Entró a la habitación de Aurora, la niña estaba montando una fiesta de té, en cuanto lo vio su rostro se iluminó y lo arrastró para sentarse en la cabeza de la mesita, Diaval se sentía como si estuviera a punto de morir, pero no se podía negar a nada que Aurora le pidiese.

Mallory, dejó de vomitar y se dirigió en camino a la cocina, necesitaba líquidos urgentemente, la puerta entre abierta del final del pasillo llamó su atención sin embargo, se asomó y vio a Diaval con una corona, en medio de su cabello revuelto, se veía cansado y seguramente se sentía igual de mal que ella, pero ahí estaba jugando, con una sonrisa. Aurora notó la presencia de su madrina y corrió hacía ella, la tomó de la mano, y la hizo sentarse, Mallory estaba demasiado cansada para luchar contra el ímpetu infantil de la niña, además, no quería que comenzara a rogarle con esa vocecita que podía llegar a decibeles inhumanos, no era bueno para la jaqueca que sentía.

Diaval y ella intercambiaron algunas miradas, mientras la princesa Aurora precedía la hora del té. A las 10 a.m. después de 20 minutos de juego, Knotgrass informó a Aurora que era hora de su clase de natación de los sábados. Mallory fue a la cocina, y tomó varios vasos de agua, su estómago no se sentía muy bien para si quiera pensar en desayuno. Diaval se sentó en el sofá, necesitaba un baño y probablemente recostarse un rato, en una posición en la que sus músculos pudieran descansar. Mallory se sentó junto a él y comenzó a hablarle de trabajo, sobre una gala para caridad, y un montón de cosas que Diaval no pudo registrar muy bien debido al zumbido en su cabeza. Besarla para que se callara habría sido una buena idea de algún modo, pero se quedó como eso, una idea en la cabeza de Diaval, mientras la veía hablar. Mallory pensó lo mismo, que aquel era el momento en que él la callaba con un beso, podría besarlo ella, pero eso hubiera sido bueno haberlo hecho ayer, cuando pudo haberle echado la culpa a la bebida en caso de arrepentirse. La idea y el momento murieron cuando una llamada le informó a Mallory que había problemas con algunos inversionistas a raíz de un chisme de que algunos retirarían sus inversiones lo cual dejarías a Moore Corp. un tanto desprotegida.

Después de varias semanas de estrés y tensión entre ellos, por fin hubo una noche de relajación que vino en la forma de noche de película. Aurora tenía un cariño especial por la película de su homónima, La bella durmiente. Diaval veía la película sin mucho interés (después de la treintava vez comienza a perder su gracia), pero Aurora la veía con sus grandes ojos y una enorme sonrisa, completamente maravilla por aquellos dibujos en movimiento.

— Creo que Maléfica debió de tener sus razones —comentó Mallory, sin apartar la vista de su computadora. Un comportamiento clásico de Mallory, estar ahí con ellos, pero manteniendo cierta distancias. En esa ocasión estaba en la sala mientras ellos veían la película y ella fingía que trabajaba, aunque Diaval la atrapaba absorta en la película por largos periodos de tiempo.

— ¿A sí?— preguntó Diaval, realmente interesado en la explicación de Mallory.

— Sí, nadie le lanza la maldición al hijo de nadie sólo por diversión.

— Se nota que no creciste en mi vecindario —dijo Diaval bromeando.

— ¡Oh vamos! Siempre hay dos versiones de cada historia, si supiéramos la de Maléfica posiblemente le daríamos la razón.

— Quizás… pero Mal, recuerda que el pasado no justifica las malas acciones, sólo las explica.

— Mmm puede que tengas razón.

— Lo que a mí me parece tonto, es que él sea su verdadero amor ¡Sólo lo conoció como por 10 minutos!

— Siempre, creí que eras de esos románticos que creían en el amor a primera vista, el amor verdadero y esas tonterías.

— Creo que en el amor verdadero, pero no como dos personas que caminan juntas montadas en un caballo hacía el alba—. Mallory guardó silencio, vio a la pequeña Aurora, durmiendo apaciblemente recargada en el costado de Diaval.

— En dos meses…

— Lo sé —dijo Diaval, sabía perfectamente que en dos meses Aurora sería enviada al internado. Mallory dejó la computadora y se sentó en el sillón junto con ellos. Vio a Aurora dormir, a Diaval viendo a la pantalla, con una mirada distante. Mallory le acarició la mano a Aurora —, pero también sé que la vas a extrañar más que a nada —dijo Diaval. Mallory vio a la niña, y en ese momento supo que tenía razón, pero también supo que no tenía la fuerza para detener los planes que durante 6 años fueron lo único seguro.