Charlotte conocía muy bien a su hermano, Diaval era la persona con el corazón más grande que había conocido. Si él te amaba lo haría por siempre sin importa qué. Y ella sabía también que la partida de esa niña lo destruiría. Mientras los días se acercaban Charlotte trataba de hablar con él, pero era difícil tener una conversación fluida con alguien cuya mente estaba en otro lugar. Ella se lo había advertido, muchas veces que se alejara de esa niña, de esa mujer. Y ahora Diaval parecía todo el tiempo triste, preocupado y como si siempre estuviera manteniendo una cuenta regresiva en su cabeza. Diaval vivió los dos meses antes de la partida de Aurora con un constante nudo en la garganta, gravándose cada palabra de la niña, memorizando cada sonrisa. Mientras Mallory era como si se hubiera metido en una cúpula anti sentimientos, como si nada estuviera pasando. Todo se desmoronaba alrededor de ellos. El elefante en la habitación era innegable.
— ¿Por qué no puedo ir a una escuela aquí? —preguntó Aurora, con los ojos llorosos, pidiendo una explicación que Diaval no quería dar.
— Bueno linda es que creemos —él agrego ese "creemos" en pro de que la niña no le guarda rencor a Mallory —, que allá tendrás una mejor educación, además linda, es un hermoso lugar, estoy seguro que te la pasaras muy bien y harás muchos amigos.
— Yo no me quiero ir —dijo abrazando a Diaval, Mallory escuchaba desde el pasillo, las lágrimas rodaban por sus mejillas, se tapó la boca en un intento por evitar que un sollozo se escapara, ¿qué estaba haciendo?
Al final el adiós fue más difícil de lo que creían, ni la preparación mental de años de espera evitó aquel vacío en el estómago, aquella sonrisa falsa de que todo estaría bien. Ver partir a Aurora fue duro, pero nunca le reclamó a Mallory, lo cual para ella fue un castigo peor. El fin de semana Mallory se encontró sola, ya que Knotgrass ya no era requerida se había mudado. Ya que Aurora no estaba ahí, Diaval ya no la visitaba los fines de semana, y en la oficina todo había vuelto hacer como hacía 5 años. Profesional, perfecto, impersonal. Y temía que en cualquier momento él renunciara, porque ya no había razón para quedarse al fin de cuentas. Mallory extrañaba no sólo a Aurora, lo extrañaba a él. Extrañaba a su familia.
Un domingo se sintió especialmente solitaria, a pesar de que Aurora sólo se había ido dos semanas, sintió una soledad que no había sentido desde hacía mucho, esa soledad que cargó desde niña, una soledad desolada, una tristeza, una melancolía que aquella mañana soleada la hizo querer gritar. Por alguna razón siempre que salía de su habitación terminaba en la habitación de Aurora. Se sentaba en la cama, la presencia de la niña era tangible, y triste, no había nada más triste que un juguete abandonado por su dueño. Entre los osos de peluche de una estantería había una foto de ella y la pequeña beastie, el ojo poco entrenado apenas hubiera percatado la sonrisa de Mallory, pero ahí estaba. Había sido un día en el parque, la niña se sentó en su regazo a pesar de las protestas de su madrina, y Diaval tomó la foto antes que Mallory se percatara. Tomó el marco y observó la foto.
— Lo que te he hecho es imperdonable. Me perdí en el odio y la venganza. Mi dulce Aurora te robaste lo que quedo de mi corazón, y ahora te perdí—se limpió las lágrimas que comenzaba a formarse, y por primera vez en mucho tiempo Mallory dejo que su corazón hablara. Tomó el teléfono e hizo una llamada.
Más tarde, Mallory decidió que necesitaba un poco de aire fresco así que salió a caminar, después de pasear por el parque, y ver a las familias juntas y sentirse aún más sola, decidió refugiarse en una pequeña cafetería. Y claro de todas las cafeterías de Nueva York tenía que irse a meter en la cafetería en la que Diaval estaba teniendo una cita. Lo vio con una joven que parecía de su edad, con cabello casi tan negro como el de él, y una preciosa sonrisa. Parecía muy divertidos y ella le tomaba las manos de vez en cuando. Cuando Mallory estaba a punto de salir, la chica pareció señalarla, Diaval volteó y la saludo, en un gesto cortes, ausente. Lo mejor habría sido sólo corresponder el saludo de lejos, pero no, algo en Mallory la obligo a acercarse.
— Mucho gusto señorita Moore la he visto en fotografías un par de veces —dijo la chica estrechando su mano, Mallory veía a Diaval un poco ajeno a la escena —Disculpe a mi hermano, no ha estado de buen humor últimamente, soy Margot la hermana mayor de Diaval —se presentó por fin la chica, para Mallory aquella información fue extrañamente reconfortante. En una cadena de hechos que nadie a excepción de Margot entendió, ella se disculpó porque al parecer había surgido una emergencia (quizá una señal en el cielo que sólo ella vio), Diaval y Mallory se quedaron ahí, él sentado viendo por la ventana y ella de pie.
— ¿Por qué no te sientas? —preguntó Diaval sin voltear a verla. Mallory se sentó en la silla que previamente había ocupado Margot, puso su café en la mesa, mientras tamborileaba los dedos sobre la superficie del vaso.
— Creí que estabas teniendo una cita —soltó de pronto. Se escuchó a sí misma, como una esposa engañada, como si Diaval tuviera alguna obligación con ella, pero es que ¡demonios! Estaba muy molesta con él.
— Mmm… no, yo,… no. No he tenido una cita en… casi 2 años —dijo, la vio y le dio una sonrisa, más que fingida.
— Es extraño… el silencio en casa, tuve que salir un rato —Mallory se encontró así misma, dando explicaciones que no fueron pedidas, se encontró a sí misma haciendo lo mismo que Diaval en años pasados, tratando de formar una conversación con alguien que no daba mucho de sí. Mallory siguió hablándole de ese tipo de cosas, todo girando alrededor de la ausencia de Aurora, y de él, pero sin expresarlas directamente.
— Ya veo… —fue una de las respuestas de Diaval. Eso hizo por fin explotar a Mallory.
— ¡Ya! ¿Yo no soy importante? En cuando la pequeña beastie se fue, parece que simplemente deje de existir, parece como si de pronto los hubiera perdido a los dos a la vez, ¡no es justo!
— ¿Justo? Mallory enviaste a una niñita de seis años lejos, por algo que no hizo, y ni siquiera la enviaste por las razones originales, la enviaste por tu maldita terquedad —cuando vio que Mallory iba a pararse de la silla Diaval se apresuró a decir —. Ni se te ocurra, siempre que digo algo que no te gusta te vas o dices "esta discusión términó" con tu mirada de indiferencia, pero ya estoy cansado… ¿Qué quieres de mí Mallory? Cuando me acercó, me alejas, cuando me alejo te molestas conmigo porque piensas que las única razón que tengo para estar aquí es Aurora, no es sólo ella, es esto, esto que teníamos. Éramos una familia, una rara familia, silenciosa y rota… pero éramos una familia—. Mallory sintió las lágrimas acumularse, de todos los lugares en los que podían tener aquella conversación tenía que ser en un lugar público —. Sé lo difícil que es para ti, confiar, querer, por eso he sido muy paciente, excesivamente paciente diría yo… —él le tomó la mano, y el primer impulso de Mallory fue apartarla, correr de ahí, pero no lo hizo. En ese momento dejo de correr.
