— Me siento terrible— dijo de pronto Mallory, mientras caminaban por caminar, sin rumbo.
— ¿Por qué? Apartando lo obvio— dijo Diaval en un tonó un tanto amargo. Esperando su respuesta sacó un cigarro y un encendedor de su bolcillo. El humo del cigarro lo envolvía dándole una apariencia casi etérea rara para un día de verano tan soleado y triste como aquel.
— Después de tanto tiempo siento que no te conozco… jamás hablas sobre ti… lo cual es extraño porque jamás te callas. Yo ni siquiera sabía que tuvieras otra hermana.
— Bueno es que jamás creí que mi familia era un tópico, además sé que las pláticas de ese tipo te hacen sentir incomoda —dijo sacando el humo de su boca, formando espirales.
— Yo sabía de tu hermana mayor, pero no de otra hermana mayor.
— Hermanas.
— ¿Qué?
— Tengo 3 hermanas, y un hermano.
— Sí… Charlotte, Margot y… — Mallory trató de hacer memoria inútilmente.
— Felicia…
— Y….
— Richard
— Charlotte, Felicia, Richard, Margot y Diaval —repitió Mallory con una sonrisa.
— Mi madre es muy melodramática.
— No soy quién para juzgar.
— No tiene nada de malo que no sepas sobre mi familia Mallory— dijo Diaval, dándole una bocanada al cigarro.
— Es que nunca pregunté pero no porque no me interesara es que…
— Creías que yo te harías las mismas preguntas.
— Sí.
— Mal, quiero que sepas que nada de lo que he hecho era porque esperara algo a cambio.
— Lo sé, lo sé —Mallory paró de caminar y se paró frente a Diaval, él tenía esa mirada transparente aún tras el humo. Desde que iniciaron a trabajar juntos había sido su punto fuerte, él podía comunicarle ideas enteras con una mirada, cuando no estaba de acuerdo con algo, cuando algo lo hacía feliz, cuando estaba apenado, pero ahora la forma en la que la estaba mirando, no podía etiquetar aquel sentimiento que salía de sus ojos, o mejor dicho no quería.
— ¿Señorita? —Mallory sonrió ante su ir y venir, entre Mallory, Mal, Señorita, Señorita Moore… Maléfica. Y es que Diaval había aceptado a cada una de esas personas, a la jefa, a la amiga, a la compañera, a la villana, a la madre.
— Creí que habías dejado de fumar.
— Es fácil caer en viejos hábitos.
— Lo sé… —le quitó el cigarro, le dio una bocana, lo tiró y lo piso.
Diaval era un poco más alto que ella, pero con los tacones quedaban cara a cara. Por primera vez en muchos años, su mente no estaba atiborrada de pensamientos, sólo uno. Lo besó. Años de miradas, de sonrisas discretas, años de compañía silenciosa, años de negar esa cálida sensación. Diaval tardó un momento en corresponder el beso. Finalmente. No podía creerlo. Había llegado a un punto en el que creyó que aquel beso sólo se quedaría en su imaginación, como un anhelo que jamás sería cumplido. Pero no, ahí estaba Mallory Moore, con su rostro entre sus manos, besándolo, tratando de comunicarle un mundo sin palabras. Él sabía que las palabras no se le daban y por primera vez agradeció eso.
— Esto no significa un aumento de sueldo —murmuró Mallory en un susurro, con los labios aún muy cerca de los suyo. El sólo sonrió y la volvió a besar.
El camino a su apartamento fue silencioso, Mallory sabía que no importaba los besos que le diera no iba a poder desviar la mente de Diaval del tema central de los últimos días, y de sus vidas. Aurora.
— Yo…
— Yo…
— Tú primero —dijo Diaval.
— Aurora llegará en un vuelo mañana a medio día… estos días, me hicieron darme cuenta de… cuanto amo a esa niña… nunca había extrañado a alguien así, a nadie, bueno quizás… —El día anterior Mallory había arreglado todo para que Aurora regresara a casa, habían sido los meses más largos de la vida de Mallory, no escucharla reír, no escucharla hablar con sus osos de peluche, no ver sus preciosos ojos azules curiosos del mundo, no tener a Diaval alrededor, no verlo peinarla, no verlo jugar con ella. No ver a la niña amándola aunque fuera fría con ella, no verla sonreír, y haciendo que le mundo fuera un lugar más brillante. Diaval guardó silencio, le dio una sonrisa, y se rio en voz baja.
— ¿Qué?
— Nada, estoy muy, muy, feliz, sabía que en algún punto te darías cuenta. Me alegra que te dieras cuenta por ti misma, además.
— Tu sonrisa boba no es por eso.
— No, no lo es… realmente te iba preguntar si esto contaba como la primera cita, o como las milésima si contamos las comidas en la oficina como cita. Y siguiendo esa lógica si la regla de no dormir con alguien en la primera cita contaba —Mallory le dio un manotazo en el brazo, y Diaval se quejó exageradamente en voz alta.
— Sólo era un pregunta —él era lo suficientemente considerado para saber que con Mallory había que ir a pasos pequeños, pero no era el único que sentía la tención sexual desde hace años ¿no?
Gracias por leer, y gracias por su paciencia con las actualizaciones.
