Capítulo II: Arreglos.
Carlisle:
Me encontraba en un carruaje con mi señora esposa Esme, nos dirigíamos hacia el reino de gran amigo Charlie, quien al igual que yo era rey. Desde hacía ya algún tiempo estaba viendo a mi señora algo preocupada y angustiada, como si tuviera que pedirme o preguntarme, así que tome la iniciativa para que me lo dijese, tomando una de sus manos, las cuales retorcían nerviosamente un pañuelo, y la mire a los ojos.
-¿Qué sucede?, ¿Cuál es el motivo de tu inquietud?- le pregunte mas amorosamente que de costumbre.
-Mi señor, se que ya nuestros hijos están bastante grandes y que ellos saben lo que hacen, pero nuestro hijo Edward me preocupa enormemente, mi señor. Ya ha pasado un año desde la muerte de Tanya, y él no lo supera. Sabe bien usted, mi señor, que él es el que hará que perdure el apellido Cullen para siguiente generación, ya que Alice, nuestra hija al casarse tomara el apellido del marido, y…-no la deje seguir, la interrumpí poniendo uno dedos en sus hermosos labios.
-Ya lo sé, mi amor, y para eso es que estamos haciendo este viaje, para ir a ver al rey Charlie y su esposa Raneé. Voy a proponerle unir los dos pueblos que tanto él como yo tenemos en la costa, por medio de una alianza más fuerte que la amistad. Voy a proponerle que mis hijos Edward y Alice se casen con los dos hijos de él, Emmett e Isabella.-dije suspirando y agachando un poco la cabeza con tristeza, ya que no era muy partidario de las bodas arregladas. Pero pensaba que era la única manera de que Edward saliera de esa terrible desesperación en la que se encontraba.
Al llegar al palacio de mi gran amigo el rey Charlie, fuimos recibidos como si de deidades se tratase.
-Carlisle, amigo mío me honras con tu visita y llenas mi palacio de alegría con tu presencia - dijo Charlie abrazándome con una gran sonrisa en el rostro,- pero pasen. Es un placer verte de nuevo Esme estas radiante.
Cuando entramos, Charlie y yo nos dirigimos a la sala del trono, para hablar con más privacidad, dejando a nuestras señoras hablando.
-Charlie, amigo, he estado pensando en esos pueblos que tenemos en la costa a bastante poca distancia el uno del otro y en lo mayorcitos que ya somos para mantener el orden en toda la extensión de nuestros reinos, y se me ha ocurrido, que sería bueno fusionar o sino delegar nuestros reinos nuestros hijos mediante el matrimonio de los mismos para nunca perder esta amistad que ha fortalecido nuestros reinos desde que nos conocemos.-dije una vez estando ya sentados en uno de los mullidos mueble para té que había en la sala.
Charlie pareció meditarlo durante un buen rato, durante el cual yo les imploraba a todos los dioses que aceptara mi propuesta. No tanto por el bien de los pueblos sino por el bien de mi hijo, la expresión de mi amigo se torno rígida y luego se relajo.
-Es increíble Rey Carlisle, pero de eso precisamente estaba hablando hoy con Raneé, y de hecho me disponía a escribirte una carta justo cuando tu emisario vino y me dijo que venias en camino, y me parece una muy buena idea.- dijo estrechando fuertemente mi mano, y nos levantamos para ir a anunciárselos a nuestras esposas.
