Capítulo IV: La boda.
Isabella:
Ya estábamos a escasos tres días para la boda me sentía muy feliz por eso, aunque no entendí muy bien porque habían fijado el compromiso una semana antes de la boda por lo general se hace uno o dos meses antes pero no importa ya que gracias a eso voy a casarme en escasos tres días y mi vestido y el de mi futura cuñada Alice están listos, estoy tan emocionada.
Edward:
Estaba a una noche de la boda, ya mañana al mediodía estaría casado con una mujer con la que ni siquiera me había digna a hablar desde que me entere que me tendría que casar con ella, ni siquiera cuando le entregue el anillo de compromiso, el cual lo había mando a hacer mi madre y me lo había entregado de camino al palacio de los reyes Swan donde se realizaría el compromiso, además al casarme con esa chica estaría traicionando a mi primera y verdadera esposa Tanya.
Al día siguiente ya me encontraba en la iglesia en al altar de cara al mismo, junto al hermano de la que pronto se convertiría en mi esposa sin mi consentimiento. Al cabo de un rato empezó la marcha nupcial tocada por las orquesta de los dos reinos y nos volvimos para ver a las novias, mi hermana se veía radiante y muy feliz, al parecer había hecho una muy buena relación con el príncipe Emmett. Qué diferencia con la mía con Isabella, aunque de igual forma ella sonreía como si se estuviera casando con el amor de su vida…
Isabella:
Al entrar en la iglesia mi corazón se acelero al ver a mi prometido y futuro esposo en el altar, aunque debo admirar que no se veía muy feliz que se dijera pero no le tome importancia, al llegar junto a él, a la par de Alice mi futura cuñada, nuestros respectivos novios nos retiraron los velos, para dar inicio a la ceremonia, dijimos nuestros votos, nos colocamos los anillos y luego el momento más esperado, que fue cuando el padre dijo "puede besar a la novia" yo estaba que no cavia dentro de mí de tanta felicidad la cual era por que iba a besar a mi hermoso esposo por primera vez.
Nos volvimos para quedar el uno frente al otro, él tomo mi rostro entre sus suaves manos, tacto con el que había soñados desde que supe que me casaría con él, por lo que cerré los ojos para disfrutar del momento, y sentí como se fue acercando poco a poco pero justo cuando sus labios debieron haber tocado los míos, no lo hicieron sino tocaron mi frente con el más leve y rápido de los tactos.
Desconcertada abrí los ojos, él ya había retirado sus manos de mi rostro, tan rápido que cualquiera diría que lo habían obligado a hacer algo desagradable, luego me tomo del codo y me guio para que andará por el pasillo de la iglesia y al lado teníamos a Alice y a Emmett los cuales se veían realmente felices, una vez fuera de la iglesia los habitantes del pueblo nos esperaban para lanzarnos arroz como símbolo de dicha y prosperidad, llegamos a los carruaje para dirigirnos al banquete que se estaba realizando en honor a las bodas y la unión futura de los reinos.
Una vez allí los músicos empezaron a tocar el vals, ya que por tradición los primeros en bailar son los novios, mi esposo con la misma apatía que demostró en la iglesia me tomo de la de la cintura los más distante de él que sus brazos le permitieron, y en ningún momento me miro a la cara, solo miraba al vacio con expresión triste, y sus ojos estaban como pidiendo perdón a algo o a alguien.
Luego de bailar nos dispusimos a sentarnos al lado de los cuatro reyes que se encontraba en ese momento en el palacio, Alice y yo del lado de mis padres y Emmett y Edward al lado de mis suegros, por lo que aproveche para hablar con Alice, ya que desde siempre habíamos sido muy buenas amigas.
-Alice amiga, ¿te puedo hablar sobre algo?- dije inclinándome un poco hacia ella, para que nadie más nos ollera.
-Claro, lo que quieras, ahora somos familia.- la última palabra la dijo con un brillo realmente especial en los ojos.
- Veras, lo que sucede es que…- hice una pausa y suspire, para luego seguir,- es que no entiendo el comportamiento hacia mí de mi señor Edward, no se ve feliz, ni siquiera ilusionado, más bien pareciera que por el contrario está molesto y triste, y… - no sabía si decirle esto o no, pero luego me dije en mi fiero interno "¿Por qué no?"-… y en el altar, no me beso en los labios.
Alice se quedo como en shock, pero no dijo nada, hasta que mando a llamar a una sirvienta a la cual le dijo que le dijera a su madre que se encontrarían en la biblioteca, pidió premiso a mi madre y salió corriendo tañándome del brazo hacia el encuentro con la madre de ella…
