Total e irrevocablemente enamorado.
Capítulo VI: La noche de bodas. (2 de 2)
Isabella:
Luego del banquete en honor a las bodas, las parejas nos dispusimos a irnos a los respectivos palacios de nuestros esposos, en los carruajes reales los cuales eran muy cómodos y amplios, en el que íbamos Edward y yo era de un color violeta muy claro con hermosos diseños en plateado, adentro de este todo era de un color violeta más oscuro. Edward estaba sentado al frente de mí, retraído, ausente y triste, viendo hacia el agonizante crepúsculo, me pregunte si seria debido a la discusión que había tenido con su madre y su hermana por mi culpa, por lo que intente que se olvidase un poco de eso, hablándole.
-Mi señor, ¿Cómo le ha parecido el banquete?- pregunte inocentemente, sonriéndole.
Se quedo en silencio, y solo se limito a alzarse de hombros. Por lo que lo volví a intentar.
-¿Cómo es su palacio?, mi señor ¿tiene jardines?- pregunte esta vez inclinándome hacia la ventana a ver si estaba a la vista.
-Los hay pero tú no te vas a acercar a ellos ni tocarlos, hay un laberinto por el que puedes pasear, pero jamás, jamás debes arrancarle una solo rosa, ni una solo, ¿me has escuchado bien?- me respondió y era la primera vez que lo oía decir más de dos palabras, y no despego los ojos de la ventana sino hasta la última frase que la dijo mirándome fijamente a los ojos, en estos había rabia, tristeza y como se por dentro él estuviese… ¿muerto?
Yo solo agache la cabeza y asentí. (N/A: yo se que nadie en la época actual haría eso yo por ejemplo mínimo lo grito y le pregunto por qué, pero recuerden que están en el siglo XVII y en ese tiempo las mujeres se dejaban doblegar mucho por los hombres. -_-… maldito machismo)
Cuando al fin llegamos, los sirvientes abrieron la puerta y el primero en salir fue Edward, como si el hecho de estar en un espacio reducido conmigo significase la peor de las torturas ideada por el hombre, ni siquiera me ayudo a bajar del carruaje sino que se encamino rápidamente hacia la entrada, yo lo seguí como pude.
Una vez dentro del palacio me di cuenta de que había un gran cuadro, con marco de madera y oro, la figura que se encontraba perfectamente pintada en este, era nada más y nada menos que… Tanya.
Ella era una imponente mujer de hermoso cuerpo, cabellos largos y amarillos como el sol, y unos grandes y profundos ojos azules, como el cielo en los días de primavera. Ella estaba sentada en una especie de banco con el ocaso a su espalda y una mano en su abultado vientre, y allí recordé las palabras de mi madre cuando me dijo que me casaría con Edward:
- …claro que estuvo casado, pero enviudo hace más de un año, dejándole un niño que lo tiene la familia de ella desde que nació a su cuidado…- dejándole un niño, un niño del cual yo me tendría que hacer cargo.
-Toma, estas son las llaves de toda la casa,- dijo entregándome un manojo de llaves,- pero no quiero que ni por asomo se te ocurra entrar al ala norte.
-¿Por qué?- pregunte.
No me respondió sino que se dirigió a la segunda planta para, el ala norte permanecía en penumbras, siguió caminando hacia el ala sur señalo la primera puerta del pasillo y dijo.
-Esta será tu habitación.-con voz áspera y sin rastro de emoción.
- Mi señor, ¿usted no va a dormir conmigo?- pregunté esta vez acercándome un poco a él.
-¿Qué te hace pensar que yo haría tal cosa?-pregunto él, volteándose a verme por vez primera y atravesándome con sus increíblemente hermosos y tristes ojos verdes.
-Que estamos casados mi señor, y…- no me dejo terminar.
-No creas que porque yo me haya casado contigo, yo voy a comportarme como un marido enamorado ni mucho menos. Esto es simplemente un negocio, y nada más. Asique no me pidas que te trate con si te desease, porque no es así y te agradecería que en lo posible no te cruzase en mi camino.- y dicho esto se marcho, sin volverse hacia donde yo me encontraba.
Yo lo mire hasta que lo perdí de vista, luego de que entrara en una de las habitaciones, entonces fue cuando me di cuenta de que de que estaba llorando. Como pude entre en mi habitación, cerré la puerta con llave y seguro, para luego sentir la fría madera en mis manos y segundos después contra mi mejilla empapada en lagrimas.
Me acurruque en el suelo, sintiéndome sin valor, indecible y como un objeto de canje, el cual solo había servido como parte de la consolidación de un trato entre dos reinos, me sentía dolida, frustrada, despreciada, inservible, me sentía como si mis padres me odiaran por haberme hacho casar con el hijo de los Cullen, por haberme entregado a él como si de un saco de monedas se tratase.
No sé en qué momento me quede dormida ni cuánto tiempo lo estuve, pero lo que si sabía era que aun en el grado de inconsciencia que brinda el sueño yo seguía llorando. Unas voces lejanas me fueron trayendo de nuevo a la realidad desde el mundo de los sueños, y la realidad era aun más dolorosa que ese mundo en el que me encontraba, ya que en el mundo de las sueños podía imaginarme que lo sucedido con mi "esposo" era una ilusión, pero en el mundo real no, en el mundo real tenía la certeza de que todo había sucedido en realidad. Un fuerte y desesperado toque en la puerta me saco de ese mundo del que hubiera preferido nunca haber salido.
-Señora, ¿se encuentra bien?- preguntaba la que debía ser una de las criadas.- el señor pidió que la despertáramos, la está esperando en la biblioteca.
Con toda la dificultad del mundo y sintiéndome vacía y sin vida me levante del suelo en el que no sabía ni me importaba cuanto tiempo hubiese estado y me acerque a la puerta.
-Dígale al señor que bajare en cuanto esté lista.- respondí con voz apenas audible.
Hola, a todos mis seguidores amados, aquí les dijo un nuevo capi . Besos y saludos… y no se olviden de dase una pasadita por mis otras historias "El regreso de Edward", "Vuelve a mí", "Luchare por tu amor" y "Recuperando el amor" ni de comentar en todas… ya que eso me inspira a seguir escribiendo estas historias ¡XD!.
