Capítulo XII: ¿La familia de tu hija?

Isabella:

Toque la puerta de su despacho y desde adentro surgió la voz profunda, suave y vacía de Edward diciendo un simple.

-Pasa.- al entrar lo vi sentado detrás de su gran escritorio con una carta en las manos.

-¿Qué quieres?- pregunte deteniéndome en el centro de la habitación con los brazos cruzados sobre el pecho.

-No te permito que me hables así, pero ya luego hablaremos de eso. -Dijo alzando por un segundo la vista del papel que tenía en las manos.- Mañana llegaran la que fue la familia de mi… de Tanya, vienen a ver que tan bien está aquí Josefit, y si somos un buen ejemplo de crianza para ella.

-Y ¿yo que tengo que ver en todo esto?-pregunte.

-Pues, que tú vas a tener que encargarte de ella al menos mientras los Denaly estén aquí. Y tendremos que dormir en la misma habitación durante ese tiempo.- dijo encogiéndose de hombros como si fuera algo sin importancia.

-Ella creo que está bien cuidada por su nodriza, no necesita que y yo la cuide, además no lo pienso permitir que tú te acuesta en la misma cama que yo. Tú mismo me aseguraste eso en día que llegue aquí como tu esposa, y no voy a permitir que por un hecho tan irrelevante como que los padres de la que fue tu esposa vienen a visitar a esa niña, yo tenga que aparentar se la esposa y la madre sustituta perfecta, porque para tu información tú no lo eres y….- dije pero Edward no me dejo terminar.

-Cállate, harás lo que yo te diga, tú me perteneces desde que te casarte conmigo, está claro.-dijo alzándose en su silla con aspecto enojado.- y mientras los Denaly estén aquí se acabaron tus viajecitos al laberinto, mientras dure su estancia en el palacio tendrás que comportarte como una esposa atenta y una madrastra amorosa y dedicada a esa niña.- finalizo enalteciendo la voz, las lagrimas amenazaban con salir de mis ojos por la impotencia que sentía. Sin decir nada más me dispuse salí de esa habitación, pero antes de poder hacerlo, Edward me sujeto del brazo y me cerró la puerta.- cuando te dijo que se acabaron tus viajecitos por el laberinto es porque se acabaron, además a partir de ahora te harás cargo de Josefit desde este momento, está claro.- con esas palabras abrió la puerta y jalándome con él me llevo hasta la habitación de su hija.- tú lárgate.- le dijo a Erín la nodriza de la niña. Una vez tuvo a su hija entre los brazo su cara de suavizo por un segundo, justo antes de volverse hacia mí,- toma.- la niña en mis brazos empanzo a jugar con un mecho de mi cabello que resbalaba desde mi oreja detrás de mi hombro, al tiempo que sonreía con sus ojos azules grisáceos brillando.

Edward:

Al entregarle mi hija a Isabella y verla con ella en brazos un sentimiento de dulce ternura empezó a formarse en mi interior, junto con unas ganas de posar mi mano en la parte baja de su espalda y la otra en la pequeña espalda de Josefit, manteniéndolas cerca de mí. Era impresionante que la última vez que había hablado con ella había sido luego de que la encontrara desmayada en el laberinto del cual ahora no sale, de seguro allí se encuentra a menudo con alguien, ese pensamiento me lleno de ira, la cual no entendía su porque. Pero en lugar de intentar enmendar las cosas lo que hacía era dañarlas más, no esperaba que me respondiera así en mi despacho, pero me obligo a forzarla a hacerse cargo de mi hija, y aunque amaba con todo mi corazón a Tanya, en todo este tiempo que tenia de casado con Isabella no lograba sacármela de la cabeza, por mi culpa había muerto, por mi culpa le había impedido ver a nuestra hija. Por eso cumpliría la última petición que me había hecho. Aun lo recordaba como si la hubiera dicho unos minutos atrás, en la cama en la que murió sujetando mi mano.

-Edward, te quiero pedir una cosa, ten a nuestra hija siempre contigo y no permitas que nadie ocupe el lugar que le corresponde, ella tiene que ser tu única hija.- esa última palabra la había dicho apretando mi mano con sus últimas fuerzas, para luego soltarme y dejar la cabeza vencida hacia un lado con los ojos serrados.

Y yo cumpliría con su petición hasta que dios me llevase a su lado, al lado de mi primer y único verdadero amor…