Capitulo XVI: No pienses en nadie que no sea yo.

Isabella:

No podía creer lo que estaba leyendo acerca de Edward, y su relación con Tanya, ella lo describía como el mejor hombre del mundo, cariñoso, atento, detallista y pare usted de contar, ¿Cómo ese hombre se había convertido en el insensible amargado que es ahora y que justo ahora dormía en mi cama?

Edward me había preguntado que cuando me iría a dormir, pero yo con este tenía dos motivos para no irme a acostar todavía, primero: no pretendía tenderme en la misma cama con él estando consciente; y segundo: el diario de Tanya describía cosas que jamás me las podría imaginar en el Edward que yo conozco, regalos simbólicos y impresionantes.

¿A quién se le ocurre regalarle a alguien un laberinto que en cada pared del mismo va a tener cientos de la flor favorita- en este caso rosas blancas- de la persona a la que se le regala?, pues yo sé a quien, al Edward de cuando su anterior esposa estaba viva, por todos los dioses, y ella tenía el… descaro de exigirle más, que es lo peor, de verdad que al parecer ella no estaba ni la mitad de enamorada de lo que él,- por mucho que me duela decirlo- esta aun enamorado de ella, ¿pero porque me tendría que doler decirlo?, yo no lo amaba, o ¿sí?

No sé cuánto tiempo estuve leyendo, ni en qué momento me quede dormida, de lo único que me di cuenta fue de cómo me tomaban en brazos y caminaban conmigo, estaba grogui por lo que solo fui consciente de quien me estaba colocando en la cama después de unos instaste, cuando ya se me había despejado un poco la cabeza y él me estaba abrazando por debajo de las manta, de costado. De la impresión coloque las manos en su fuerte y esculpido pecho casi desnudo atreves de la fina tela de su camisa para dormir, como para marcar una separación y le pregunte.

-¿Qué diablos crees que estas hacer?- frunciendo el seño, luego todo lo que había estado intentando no imaginarme desde que dormía conmigo llego a mi mente, y… y ¿si él se quería aprovechar de mí?, y ¿si quería abusar de mí aprovechando que a estas horas de la noche no acudiría ningún sirviente a mi rescate? Me empecé a aterrar en silencio.

-Estoy evitando que te de una pulmonía, eso estoy haciendo.- y no fue sino hasta ese momento que me di cuenta de que me castañeaban los dientes y estaba temblando del frio, respondió él ignorando mis esfuerzos por alejarme de él y pasándome un brazo en torno a mi cintura, colocándome su mano mi espalda, creando una exquisita fricción cada vez que yo respiraba, pero primero muerta antes de admitirlo frente a él, y estrechándome más contra su pecho, que era lo más me provocaba en ese momento. Segundos más tardes no seguí luchando contra él, pero intente mantener cierta distancia, debo aceptar que si tenía frio y que su cuerpo despedía un calor mil veces mejor que el de un centenar de mantas juntas, y su olor, era una fragancia deliciosa, la mezcla exacta entre la duce fragancia a sándalo y el increíble aroma varonil, que incitaban a querer saborearlo, morderlo, acurrucarse más cerca de él hasta quedar embriagada entre sus brazos… ¿A qué viene todo eso tonta? Me reprendí a mí misma.

Intente ignorar esos pensamientos, por lo que volví la cabeza hacia el techo y hacerme la de la vista gorda con respecto a las descargas eléctricas que me hacía sentir la mano de Edward que se encontraba en mi espalda.

-¿En qué piensas?- pregunto Edward de repente, yo me le quede mirando sin dar crédito a su pregunta, ¿a él que le podía importar lo que yo estuviera pensando? Pero en sus ojos había un brillos de… ¿coqueteo?- oh vamos, dime.- insistió mientras su otra mano se posaba detrás de mi cabeza y a hacer círculos con el pulgar de la otra que me tenia aprisionada cerca de él.

-¿Para qué quieres saberlo?- pregunte casi al borde de un jadeo, de repente tenía mucho calor, ¿Cómo este hombre me producía tantas cosas con solo tocarme, cuando ni siquiera sentía aprecio por mí?

-Curiosidad,- respondió volcándome hacia un lado, hasta que quede de espaldas al colchón y bajando su mano de mi espalda a mi cadera y luego más abajo hasta mi rodilla que se había alzado un poco por la impresión de que me estuviera acariciando de esta manera.- ¿vas a decirme?- volvió a preguntar arrastrando suavemente la mano desde mi rodilla hacia arriba, dejando a su paso a piel desnuda de mi muslo desamparada de la tela de la dormilona.

Yo me mordí el labio inferior para evitar que se me escapara un gemido y cerrando los ojos negué con la cabeza, no estaba dispuesta a decir que creía estar sintiendo algo por él y menos que lo viese en mi mirada.

-Anda dime,- volvió a pedir en tono juguetón, pero esta vez su mano subiendo hasta llegarla a mi cadera y casi tocando una de mis posaderas. Con la mano que tenía en mi cabeza me alzo la cara hasta dejar mi cuello expuesto para él y comenzó a deslizar su lengua y darme cortos besos desde el mentón hasta el hueco en la base de mi cuello una y otra vez. Sentía mi cuerpo reaccionar a su cercanía, a su tacto, a su calor, cosas que jamás había sentido, como que mis pechos se endurecían y notaban por debajo de la fina tela de mi ropa, como mi respiración se alteraba casi hasta convertirse en un jadeo violento, como un calor abrazador recorría mi cuerpo, en especial la parte por debajo de mi ombligo y como mi entrepierna se sentía húmeda y muy caliente, sentía una necesidad casi incontrolable de que me tocase, de que me besase, quería abrazarlo más cerca de mí.

Cuando sus pulgares se empezaron a mover en mi cadera y detrás de mi oreja todos los gemidos y suspiros que habían intentado reprimir durante todo el rato salieron de entre mis labios en uno solo, que demostraba todo lo excitada que estaba,… ¿excitada?, pero eso solo provoco que Edward se detuviera sus besos y caricias. Rápidamente se puso de pie, dio unos pasos por la habitación, de un lado al otro hasta detenerse frente a un estante con las manos afrente sosteniéndose y la cabeza gacha, yo me alce en los codos para ver por qué no seguía y que le estaba sucediendo, por qué se había alejado así.

-No puedo obligarte a hacer algo que tú no quieres, discúlpame, me iré a dormir a otra habitación- y se encamino hacia la puerta, yo me pare rápidamente y lo tome de la muñeca, para detenerlo sin saber exactamente por qué.

-¿En quién pensabas hacia unos segundos?- pregunte en un susurro mirando mi agarre entorno a su mano. Él se volvió hacia mí, dio un paso hacia delante y tomo mi mentó alzándolo para que lo mirase a los ojos.

-En ti, solo en ti, estoy obsesionado contigo, no pienso en nada mas que no seas tú, estas en mis sueños, en mis vigilias, estás en mi todo.- mientras decía esto me iba conduciendo de espaldas hasta que llegamos al borde de la cama cayendo los dos al tiempo, y él casi encima de mí, con la nariz pegada a mi cuello respirando allí mi olor, no pude evitar suspirar al sentir la suya chocando contra mi piel.- la esencia de tu cuerpo noche tras noche me ha tenido aturdido,- su mirada se puso a nivel de la mía y a escasos centímetros de separación,- no sabes cuánto he deseado besarte más que simplemente mientras duermes, desde la primera noche ha sido como dormir con una deidad, un ángel.- suspiro,- solo el jugar con tus cabellos me ha hecho reír auténticamente como no lo hacía en más de un año- yo estaba como hipnotizada por el verde de sus ojos y mientras que una de sus manos había subido por mi cuello hasta tomarme la cabeza,- y te deseo, pero no quiero obligarte a hacer nada, ya bastante me debes odiar con lo que te dije al inicio de nuestro matrimonio y no quiero seguir empeorando las cosas,- hizo una pausa y bajo el rostro hasta mis cabellos inspirando para luego empezar a alzarse en los brazos,- Bella te deseo, te deseo más de lo que he deseado a cualquier mujer en mi vida.

-¿Bella?- pregunte alzándome en los codos nuevamente para seguir estando cerca de él.

-Sí, son las últimas cinco letras de tu nombre y además es hermosa en italiano, creo que ya debería irme.- vacilo por unos segundos y pregunto casi rogando mientras bajaba un poco la cara, más cerca de la mía- ¿me permitirías hacer algo antes de irme?- hechizada por sus ojos solo fui capaz de asentir con la cabeza.

Él no dijo nada mas, lo que hizo fue dirigir sus labios hasta que se encontraron con los míos para besarme, este beso no fue como el que me había dado en el comedor frente a los Denaly, este era suave, tierno y lento, como si quisiera disfrutar al máximo del momento tomándome con toda la delicadeza del mundo por rostro con una mano y con la otra se apoyaba en la cama.

Yo sin saber muy bien lo que hacía con una mano me aferre a su antebrazo y con la otra me tome de su hombro. Nuestras lenguas parecían danzar al son de un vals escrito por los mismos dioses. Nunca se me había ocurrido pensar que la necesidad de aire podía ser algo molesto y frustrante, pero cuando esta se hizo notar inevitablemente, Edward se separo de mí para así irse a dormir a otra habitación,… pero yo no quería que se fuera, no sabía a ciencia cierta porque pero no quería que se fuera, lo quería tener conmigo…