Capitulo XVII: juntos.
Bella:
…Antes que Edward se parase de la cama, yo enlace mis brazos entorno a su cuello.
-No te vayas,- le dije y lo bese, él al principio no me correspondió, parecía impresionado pero luego lo hizo deslizando sus manos hasta abrazarme por la espalda, alzándome junto con él hasta que los dos quedamos sentados en la cama pero aun sin dejar de besarnos y con sus manos reteniéndome cerca de su cuerpo por la nuca enlazando los dedos en mi cabello y por la cintura. Cuando ya nuestras respiraciones se habían convertido en ardientes jadeos, Edward separo sus labios de los míos pero no dejo de besarme sino que hizo un camino de besos desde mi barbilla, pasando por mi cuello hasta llegar al reverso de mi oreja en donde susurro dulcemente.
-Esto es como si se cumplieran todas mis fantasías, pero tengo que saber si de verdad quieres hacer esto, ¿Te sientes segura?, ¿luego no te arrepentirás?- cuando hablo su aliento choco contra mi piel recalentada haciéndome jadear, pero al responderle me separe un poco de él y le tome el rostro entre las manos para que me mirase de directamente a los ojos.
-Si quiero, pero primero quiero que me prometas algo,- él asintió con la cabeza- prométeme que no habrá en tu mente otra que no sea yo, no quiero que pienses en nadie más que no sea yo.- dije seriamente, estar en su mente era lo menos que podía pedirle, porque en su corazón…, eso sería imposible, de seguro seria más fácil que un ángel bajara del cielo y develara todos los secretos de la vida después de la muerte, que Edward me dejase entrar en su corazón y secase a su difunta primera esposa.
-Ni la propia diosa Afrodita podría apartarte de mi mente, te has metido en mis pensamiento hasta hacerte algo indispensable hasta para respirar.-sus palabras sonaron como un juramento haciendo que mi pulso se acelerase y me acercase de nuevo a besarlo. Sus manos bajaron de mi cintura a mi muslo para luego subir nuevamente trayendo con ellas mi dormilona, la subió hasta mis caderas, pero sus manos no se detuvieron allí, siguieron su trayecto hasta alojarse en mi cintura por entre la tela. El sentir su tacto tibio directamente en contacto con mi piel fue como si me prendieran fuego por dentro, jadee y casi como un reflejo me puse a ahorcadillas sobre sus piernas.
No sé cómo lo hice pero le quite la camisa de dormir que llevaba puesta en menos de un segundo, quería tenerlo más cerca, tocarlo sin la odiosa tela de por medio, y al perecer él quería lo mismo porque también me quito la dormilona, pero en su caso la fue quitando lentamente deslizando suavemente sus dedos por mi piel como memorizando cada parte de mi cuerpo y haciéndome gemir cada dos por tres, cuando la retiro por completo él se me quedo viendo fijamente paseando su mirada por toda mi anatomía ahora totalmente expuesta y desprovista de ropa, yo roja como un tomate en su punto, me lleve las manos al pecho cubriéndome.
-Eres hermosa Bella, no tienes por qué privarme de tu perfección- susurro colocando sus manos a cada lado de mi cuerpo sosteniéndome suavemente, con la delicadeza utilizada cuando se tiene que tomar una frágil escultura de cristal que se puede hacer añicos con suma facilidad, yo un tanto más confiada alargue los brazos alrededor de su cuello,- eres como una diosa,- dijo pero no hablaba en forma de cumplido, lo decía como si fuese algo normal, como quien dice "eres castaña". Él alzo el rostro para juntar nuestros labios y besarnos tiernamente, sin prisas, solo deleitándonos de la cercanía del uno con el otro, del sabor de nuestros labios.
Lentamente Edward me fue recostando en la cama, dejándome bocarriba y él medio encima de mí, pero sin hacerme aguantar ni un gramo de su peso, separando los labios de los míos, Edward llego a mi oído para susurrar en tono serio.
-Si hay algo que te moleste o que no quieras que haga, dímelo y dejare de hacerlo de inmediato,- dejo un beso allí y comenzó a bajar dando besos a su paso hasta llegar a uno de mis pechos beso, succiono, lamio y mordió suavemente, mientras que el otro estaba dentro de su mano, en la que parecía amoldarse perfectamente, yo jadee tomando su cabeza entre mis manos, arqueando la espalda y flexionando la rodilla por sobre su pierna, luego de un rato siguió su descenso por mi torso, mientras yo me retorcía, gemía y jadeaba de tanto placer, era increíble, jamás me imagine poder sentir algo como esto que estaba sintiendo.
Llego a mi ombligo en el cual repartió suaves mordiscos a su alrededor, yo me arquee aún más soltando un gemido que casi fue un grito, sus manos estaban apoyadas en mis caderas.
-Tienes demasiada ropa.- jadee refiriéndome a que él llevaba aun sus pantalones de dormir. Edward al instante se arrodillo para sacarse su última prenda… jamás había visto a un hombre desnudo y de hecho mis nodrizas, tutoras y mentoras siempre habían sido monjas, las cuales nunca me habían explicaron cómo era un hombre sin su ropa y menos me habían dicho que pasaba con un hombre y una mujer cuando están casados, y ni se hable de preguntarle a mi madre al respecto… me habría mandado con un padre para que me confesase… o para que me excomulgase.
Yo me le quede viendo a la… cosa que se alzaba horizontalmente, largo, inflado y de aspecto duro entre las piernas de Edward, ¿Qué era eso?... y ¿Qué iba a hacer con él? Me hubiera gustado tocarlo y comprobar si era como yo estaba pensando que era. Tímidamente alargue una mano hacia eso, y si, todas mis especulaciones acerca de cómo era al tacto resultaron ser ciertas y además estaba muy caliente, él sonrío hermosamente mientras rodeaba con un brazo mi cintura y su otra mano en una de mis rodillas que se encontraban alzadas a casi a cada lado de su cuerpo.
-No estés nerviosa y solo relájate- dijo en voz suave con sus labios casi rozando con los míos. Yo gemí al sentir que otra parte de él me rozaba en ese momento, mientras con una mano tomaba su hombro y con la otra me aferraba a las sabanas de la cama, juntamos nuestros labios de nuevo, no quería pensar en que, en cualquier momento lo que rozaba mi entrepierna "su… cosa" podría intentar entrar en mí, y una voz en mi cabeza casi inaudible me decía que dolería, provocando que me pusiera rígida.- Tranquila Bella, no va a pasar nada,- intento suavizar mi postura sin conseguir su cometido, al ver que no se producía cambio alguno, se lo pensó un segundo algo serio para luego sonreír traviesamente.- tengo una idea para que te relajes un poco.- y acto seguido volvió a besarme.
Pero en lugar de solo besarme en los labios comenzó a repartir besos por mi mentón, mi cuello, mis hombros, el medio de mis senos, mi cintura y siguió descendiendo por mi cuerpo, al llegar a mi bajo vientre alzo la cabeza pero no fue por mucho ya que lo hizo solo para colocar mi muslos apoyados en sus hombros, yo aún no entendía, ¿Qué era lo que pretendía hacer Edward?, no fue sino hasta que él estaba mordisqueando suavemente la piel alrededor de mi entrepierna que creí saber lo que estaba haciendo.
Primero paso lenta y casi tortuosamente un dedo por toda la longitud de la zona más íntima de mi cuerpo haciéndome gemir y arquearme, luego bajo la cabeza hasta allí y empezó a succionar mi centro de placer, yo grite y aferré fuertemente mis uñas a la cama, ¿por todos de dioses que me estaba haciendo este hombre?, y aunque no sabía la respuesta a esa pregunta, me encantaba lo que estaba haciendo, no sabía lo que me estaba sucediendo pero cada vez mi respiración se hacía más y más irregular y sentía como mi espalda se arqueaba más involuntariamente, deseando prolongar el contacto aferre mi mano al cabello de él, como si de ello dependiera mi vida, en cierto modo así me sentía en ese momento, sentía que la continuidad de mi supervivencia estaba en sus mano, en lo que hacía su boca en mi cuerpo.
Mi cuerpo comenzó a temblar furiosamente mientras una extraña y desconocida presión se acumulaba en la parte baja de mi vientre. Hasta que algo pareció explotar en mi interior dejándome en una especie de éxtasis demasiado placentero para permitirme pensar, con la respiración acelerada y jadeante y con la mirada perdida en un lugar de fantasías, solo visibles con los ojos cerrados.
Poco a poco fui recuperando el control sobre mis pensamiento, fui consciente de que me sentía muy húmeda y eso era algo que solo sucedía cuando estaba en esos días, oh esto no podía estarme pasando a mí, pensé, lentamente y avergonzada como nunca antes lo había estado en mi vida me alce en los codos y sin mirarlo a la cara le dije.
-Edward discúlpame, yo no tenía ni idea de que algo así podía suceder, yo… yo…- hice un ademan de levantarme pero antes de que lo hiciera él deslizo una mano desde mi muslo hasta mi torso casi entre mis pechos reteniéndome en donde estaba y como estaba, con las piernas abiertas y doblada hacia él.
-Shh, no tienes nada de que disculparte, no ha sucedido nada.- dijo mientras se acercaba a mí, dejando una estela de cortos y castos besos desde mi vientre hasta llegar a mi barbilla deteniéndose a milímetros de mis labios cuando llego a ellos,- tu sabor es delicioso,- susurro para luego besar mis labios, me quería dejar llevar por el beso y todo el espiral de cosas nuevas que estaba experimentando ahora pero. ¿Cómo?, sabiendo lo que estaba pasando.
-Espera Edward,- dije apartándolo, tomándolo por los lados de la cabeza.
-¿Qué pasa?, ¿no quieres que te bese?, ¿hice algo que no te haya gustado?- pregunto algo preocupado.
-No, no es eso, si quiero,… lo que sucede es que no puedo seguir con lo que acabo de saber que está pasando…- respondí ruborizándome hasta el nacimiento del pelo. Él se me quedo viendo confundido.
-¿De que estas hablando?
-De que estoy húmeda… allá abajo y se lo que eso significa cada mes,- su expresión cambio y soltó una carcajada muy fuerte.
-Te aseguro que no es eso,- se acercó para volver a besarme, como si me pidiera que confiara en él. Muy lentamente, casi que torturándome deslizo sus manos de mis caderas hasta alojarlas en mi espalda, reteniéndome más cerca de él por la cintura y por el cuello, mientras que su lengua iba en busca de la mía por entre mis labios.
Jadee cuando nuestras lenguas hicieron contacto, en esta ocasión para luchar hasta el final sin la posibilidad que hubiese un ganador, mis brazos envolvieron su cuello y mis manos se internaron en sus sedosos cabellos. Los dos jadeamos cuando nuestras caderas se encontraron haciendo que se encontraran nuestros sexos.
Él fue entrando en mí, lentamente como queriendo disfrutar al máximo cada roce, cada caricia que nos dábamos el uno al otro. Por un momento creí sentir una molestia pero se perdió en el mar de pasión en el que me sentía nadar, jamás se me habría siquiera pasado por la cabeza que semejantes cosas podrían sentirse y aunque blasfemase contra una figura santa, la virgen María no sabía lo que se había perdido, esto era como tocar con las manos el cielo, como sentirse volar.
Cuando ya llegamos al límite de lo que podíamos sentir soltamos un jadeante grito que de seguro medio castillo había escuchado, sin fuerzas bajo el cuerpo de Edward, que tenía la cabeza apoyada en mi hombro aun con la respiración entrecortada, empezaba a quedarme dormida aun unida a él, lentamente Edward salió de mí dejado una increíble sensación de vacío detrás de sí, que fue compensada cuando se colocó bocarriba llevándome con él y colocándome sobre su pecho mientras sus brazos rodeaban mi espalda, segundo a segundo me empezaba a sentir más y más cerca de la inconsciencia, un letargo pacífico y feliz, en el que me sentía segura.
Ahora, después de lo que acababa de pasar con él lo veía de una manera diferente, de una manera en la que en todo este tiempo que llevaba con él jamás lo había visto, esto lo había cambiado todo…
Al fin actualizo, ¿verdad?,
De verdad, lamento muchísimo no haber actualizado antes, pero ya volví a la tierra de los vivos, después que muchas cosas pasaran, como la aprobación de mi tesis y el que consiguiera empleo bastante rápido, pero ya estoy aquí para ustedes con muchas nuevos capítulos e historias.
Hasta pronto, nos leemos.
