Este Fic le pertenece a la bella LyricalKris, que muy amablemente me ha dicho que "have at it" con la traducción. Espero que lo disfruten.

Verán que tengo una nueva manera de colocar la forma de los capítulos, eso es gracias a mi nueva beta Guacha… De verdad me ayudas mucho con las correcciones y el estilo, eres una salvavidas…

Las quiero mucho a todas y todos.

No me pertenece nada de la serie de Crepúsculo, todos los personajes son de la mente de S. Meyer.

Yakity Yak/ Poniéndose al Día (1)

Había una cantidad fastidiosa de pensamientos que iban con la planeación de esta pequeña reunión. Bella había pensado largamente con respecto a cuándo y dónde tener esta conversación.

Por un lado, Bella se sentía completamente vulnerable. Ella estaba extendiendo una rama de olivo sabiendo que había un gran chance que él nunca creyera su lado de la historia. Estaba finalmente dándole una señal de confianza porque necesitaba la esperanza de que toda esta situación resultara bien.

Por otro lado, tener a Edward Cullen en su casa era un prospecto angustioso. No había manera de saber cómo él juzgaría las pequeñas cosas de ella que estaban regadas por las paredes, alineadas en las bibliotecas o qué pensaría de el desorden organizado de su escritorio. ¿Había algo por allí, una parte de su vida que hiciera que Edward pensara que iba a ser una mala madre?

Pero, ella razonó consigo misma, si Edward pensara ese tipo de argumentos, no había nada que ella pudiera hacer para prevenirlos. Ella era exactamente quién era y Edward no iba a cambiarla. Cualquiera que fueran los argumentos que hubiera en el futuro era mejor para el hijo de ambos que los evitaran.

Con esa línea de pensamiento a un lado, su casa era el mejor lugar para esa conversación. Le daba a ella un sentido de comodidad. Si la necesidad se presentaba, ella tenía todo el derecho de decirle que se fuera.

Bella puso su cabeza en las manos, gruñéndose a sí misma. Estaba definitivamente poniendo muchos pensamientos en toda esta situación.

Sonó el timbre justo entonces y no había más tiempo para agitarse. Tomando una respiración profunda y calmante Bella se levantó a abrir la puerta.

Lo que vio de él era sub-real. Edward estaba apoyándose contra el marco de la puerta, con una sonrisa suave en sus labios mientras que ella abría la puerta. Estaba impresionada de cómo se veía en contraste con el fondo de su vecindario Los Feliz –con el cielo azul claro y el Observatorio Griffith visible justo sobre su hombro–. Era como una escena sacada directamente de una película.

Y encima de todo eso él le estaba ofreciendo algo que se veía como pan.

Ella alzo una ceja cuestionándolo mientras tomaba el pan que le ofrecía. Parecía hecho en casa.

—Es pan de la amistad Amish —le explicó—. No es realmente Amish. Creo que el nombre viene del hecho que es como un… ammm… mensaje de cadena antiguo. Supuestamente debes traer pan para compartir con un amigo y dejar un poco de la masa base para que ellos puedan hacer su propio pan, y así sucesivamente. Toma días en hacerse —levantado su otra mano del marco de la puerta y le mostró una bolsa de papel marrón en la que ella asumía estaba la masa base que él le estaba comentando.

Él estaba tratando de desarmarla.

Y ella estaba cediendo a todos sus intentos.

Se volvió hacia dentro de la casa para que él no pudiera ver su sonrisa, y de esa forma Bella le permitió entrar.

—Muchas gracias, huele delicioso.

Edward, se detuvo casi en el mismo momento en el que entró por la puerta, mirando alrededor. Bella pudo sentir como la punta de sus orejas quemaban. Su decoración estaba hecha casi principalmente de pósters de películas con raras fotografías "Esto parece un cuarto de universidad" le había dicho su mamá mientras reía cuando la había visitado justo luego de que Bella comprara el lugar un año antes.

Aunque él no le preguntó, ella sentía la necesidad de explicarle. Renee no había entendido, y probablemente Edward tampoco entendería, pero ella sólo podía tratar de explicar.

—¿Sabes lo que me gusta de las películas? —Ahora era el turno de él para alzarle una ceja cuestionándola y Bella se ruborizó en un tono más pronunciado de rojo. Obviamente no lo sabía. Él no tenía manera de saber que ella era una entusiasta de las películas—. Si está hecho de la manera correcta, no hay una sola cosa de la película que no esté hecha apropósito. Todo –desde la escogencia de los trajes hasta la selección de las inflexiones de las voces– están diciendo una parte de la historia. No hay, ni debería haber, líneas sin importancia. Todo lo que ves y escuchas es el resultado de una elección específica destinada para decirte más.

Aclarando su garganta y sintiéndose cohibida de su repentina necesidad de hablar continuó.

—Los póster de películas no son para nada diferentes. Hay arte en ellos como cualquier otra parte de la película. Quizás no te des cuenta porque todo es de manera inconsciente –Marketing, sabes–. Pero está allí.

Finalizar allí para Edward podía ser descrito como mantenerse en la estupidez. Su cerebro se convirtió en ruido blanco. Sintiendo una sonrisa idiota en su cara que no podía borrar. En cambio, logró aclarar su garganta.

—¿De qué querías hablar? —Le preguntó luego de un incómodo, pero no por ello desagradable momento.

Bella se debatió internamente y asintió su cabeza en la dirección de la mesa de la cocina. No era tan cómodo como su sala, pero el tema garantizaba una atmósfera menos casual. Luego que ella había agarrado una botella de agua para cada uno del refrigerador y platos para el pan, ella se sentó, respirando profundamente antes de empezar.

—Quería hablarte de Rosalie.

—¿Qué con respecto a Rosalie? —Edward le preguntó, y a ella no le pasó por alto la expresión cuidadosa que tomó la cara de él.

Tomando agua lentamente, aún insegura de cómo era la mejor manera de explicar su propósito para traer todo esto a la superficie. Edward había parecido contento de no mencionarlo.

—Supongo que no entiendo cómo es que puedes confiar en mí, sabiendo lo que tú crees que le hice a tu hermana. Y por qué.

Edward parpadeó, un sentimiento de deja vu instalándose en él. Había tenido casi exactamente esta misma conversación con Rosalie. Había pensado en una multitud de cosas que Bella quería hablar con él, pero esta no había sido una de ellas.

—Creo que lo que le hiciste a mi hermana es algo que muchas personas hubieran hecho. Trabajas en las noticias de entretenimiento. Ella fue lo suficientemente tonta para enredarse con Royce King en primer lugar, y aún peor, dejarse grabar teniendo relaciones sexuales. No estoy diciendo que ella se lo merecía pero… —él dejó correr su pensamiento y suspiró—. Todos sabíamos que Royce era un imbécil.

—¿Eso significa que piensas que yo soy una imbécil por dejar que se filtrara la cinta? —Ella presionó.

Nuevamente, Edward suspiró y pinchó su pan para no tener que mirarla en los ojos.

—Sé muy bien cómo funciona este mundo Bella. Avanzar en cualquier nivel de los negocios no siempre tiene que ver con el talento –tiene que ver con la suerte y con quién conoces–. Créeme, realmente entiendo que Hollywood no guarda secretos. Creo que, en esa atmósfera, es fácil para una persona en todo sentido decente…

—¿Para qué? —Bella lo desafió. No había realmente una buena manera de terminar esa oración—. ¿Para deshumanizar a una persona?

Entonces él la miró, sus ojos verdes eran fríos y sus labios estaban presionados en una línea delgada.

—Entonces, ¿por qué lo hiciste?

Los ojos de ella estaban firmes cuando se trabaron con los de él al otro lado de la mesa.

—No lo hice.

Los ojos de Edward se estrecharon pero no dijo nada, sabiendo que ella debería tener más que decir. Bella tomó una respiración profunda tratando de no ponerse a la defensiva. Después de todo él tenía todo el derecho de creer lo que creía.

—Estaba trabajando tarde ese día –pero igual, muchas personas estaban allí–. No tengo idea de por qué el vino a verme. Todo lo que sé es que un minuto estaba en la sala de edición sola y en el siguiente minuto una estrella de cine internacional estaba apoyándose en la puerta.

Bella frunció el ceño. Años después ella aún estaba disgustada con cómo había reaccionado. Su presencia había hecho que se le trabara la lengua en seguida y la había puesta nerviosa. Las personas en su nivel no interactuaban normalmente con las estrellas que a veces pasaban en el pasillo y Royce era uno de esos raros casos de por sí. Él era devastadoramente guapo, encantador –cuando estaba sobrio– y poderoso.

Él había sonreído ampliamente mientras se inclinaba y la llenaba de esa colonia horrible. Estaba, le había dicho, en un apuro y Rose estaba atrapada en una reunión. ¿Conoces a Rose? Claro que la conocía -¿Quién no?- ¿Estás al tanto de nuestra discusión como pareja? -¿Quién no? Sus peleas habían sido bastante públicas y habían aparecido en total y completo detalle en todos los tabloides-. A parte de eso, inclusive si a ella no le hubiera importado en lo más mínimo, Bella trabajaba en el show de las noticias de entretenimiento. Por su puesto que sabía que ellos se habían separado.

Bueno, Royce había continuado, él necesitaba entregarle una cinta. Inclinándose aún más cerca y abrazándola con un brazo alrededor de sus hombros. Bella había tratado de zafarse pero él la sostuvo firme. La cinta, le confió, era de una índole muy personal. A él le haría falta. Pero Rose se la estaba exigiendo de regreso. Él la miró de manera lasciva, haciendo obvio que era exactamente lo que estaba en la cinta.

Le había preguntado si podía confiar en Bella para entregarle la cinta y no decirle a nadie.

Antes de que Bella pudiera responderle y decirle que no tenía ningún interés o ganas de interferir en algo tan personal, él le sonrió ampliamente. Y hablando sobre su respuesta débil, él la llenó de agradecimientos y se fue del cuarto de edición dejando la cinta a su lado. Y entonces se había ido.

Si ella no hubiera tenido un plazo que cumplir, ella hubiera tomado la cinta y se la hubiera llevado inmediatamente a Rosalie. Pero, como estaba, no podía dejar la sala de edición. Media hora después Aro Scarpinato –la cabeza de la cadena de televisión– había aparecido detrás de ella. Él había visto el video con el nombre de Royce convenientemente impreso en la cinta y lo había puesto en uno de los reproductores por encima de las protestas de Bella. Ella aún recordaba como sus ojos habían brillado cuando la escena se reprodujo frente a él. –Qué interesante.

—Eso es… demasiado coincidencial —Edward le dijo de manera escéptica.

—¿Qué? ¿Qué la cabeza de una cadena de televisión se aparezca a un pobre y bajo asistente de producción en la sala, la misma noche que una estrella internacional lo hiciera? —Bella le preguntó y luego se empezó a reír porque sonaba ridículo. Era como la traba de una novela televisiva—. Tienes razón, con respecto a lo que dijiste antes de como Hollywood es todo referente a quién conoces. Pero también está hecha de lealtades. Lo que creo que pasó es que Royce fue primero a hablar con Aro. Pero Aro es la cabeza de la cadena y Rose es una de las principales atracciones de la cadena. Lo siento —ella le dijo tristemente.

Edward agitó una mano.

—Así que ¿me estás diciendo que ellos te engañaron para que las manos de Aro estuvieran limpias y así él pudiera mantener cualquiera que sea su relación con mi hermana? —Bella asintió—. Eso es…

—No es una suposición sin bases. Un par de semanas luego de que todo saliera a la luz Royce vino a verme de nuevo —le dijo Bella, frunciendo el ceño mientras recordaba—. Él me estaba esperando al lado de mi coche. De hecho tuvo el descaro de poner nuevamente sus brazos alrededor de mí, y trató de besarme. Me dijo que yo le debía porque él me había elegido para ayudarme en mi carrera porque "yo era tan linda como Georgia Peach" —Bella tembló de lo asqueada que había estado en ese momento.

—¿Qué? —A pesar que aún estaba un poco escéptico de la historia de Bella, Edward estaba sorprendido de la inyección de rabia que pasó por todo su cuerpo. Él odiaba a Royce King con mucha pasión. La idea de que ese particular tipo de baboso hubiera tocado a Bella lo ponía muy furioso.

Bella estaba igualmente sorprendida por su reacción, pero lo ocultaba bien.

—No te preocupes. ¿Recuerdas que más o menos por el mismo tiempo que la cinta salió a la luz Royce tenía una herida en la mano?

—Claro, tenía todos los dedos vendados —Edward recordó—. Siempre asumí que Rose había pateado su trasero.

—Nope. Fui yo —Bella confesó.

Por segunda vez, la boca de Edward se abrió en sorpresa.

—¿De verdad?

—No quitaba sus manos de encima de mí. Así que le advertí —ella sonrió.

Sin importar lo que pensara con respecto al resto de la historia, Edward no estaba nada sorprendido de que Bella fuera capaz de romper la mano de Royce. Se quedaron en silencio mientras Edward pensaba toda la historia nuevamente. Bella luchó con el impulso de retorcerse en su asiento, vacilando entre la ansiedad de que él pudiera llamarla mentirosa y rabia con ella misma por estar tan ansiosa.

Ella tenía que admitirse a sí misma que la opinión de Edward le importaba, inclusive si ella no quería.

El silencio se había vuelto tan profundo y largo que Bella de hecho había saltado cuando Edward empezó a reírse a carcajadas.

—La verdad, en esta ciudad, es más extraña que la ficción. ¿No es cierto?

—¿Me crees? —Le preguntó, deseando no sonar tan desconcertada.

Edward sonrió.

—Bueno, sí. Sólo no entiendo por qué no le dijiste a Rosalie todo esto.

¿Cómo alguien le dice a otra persona que su hermana era una despótica diva arpía? Bella decidió que ese no era el tema que deberían estar discutiendo cuando había un raro sentido de paz y camaradería entre ellos. Ella tomó el consejo de Thumper (2) y millones de padres desde el principio de los tiempos y no dijo nada, escogiendo entonces sonreír y encogerse de hombros.

—Estoy consciente que no te agrada Rosalie —Edward le dijo rompiendo su silencio.

—¿Por qué dices eso? —La voz de Bella no estaba lo suficientemente indignada para ser considerada una negación. Mentir no estaba entre sus talentos y ella lo sabía. Era por eso que ella no había tenido ningún tipo de interés en estar en el otro lado en el negocio de las cámaras.

—Mmm —Edward sonaba más divertido que molesto a su admisión por omisión—. Jasper lo dejó escapar un día. Bueno, me refiero que él dijo que "Ella no es tan mala como nosotros la hacemos sonar". Asumí que tú eras la otra mitad en ese nosotros.

Nuevamente, Bella no dijo nada. Además de darle a su audiencia cosas gratis, ella nunca había visto a Rosalie Hale haciendo algo amable y sólo había hablado con la mujer cuando estaba gritando.

—Está bien, sabes. Entiendo la imagen que ella proyecta para las personas que no la conocen. Créeme, inclusive yo tengo mis momentos con ella —dijo rodando sus ojos. Últimamente sus interacciones con su hermana habían sido sino una serie de esos momentos. Rosalie se sentía traicionada porque a su hermano gemelo parecía agradarle la mujer que ella veía como su enemigo.

—No la conozco lo suficiente como para que no me agrade —Bella le dijo simplemente.

Recostándose en su asiento, Edward reflexionó sobre lo que iba a decirle a Bella. Por un lado, él sabía que Rosalie tendría un ataque si supiera. Y por otro lado, una de sus más grandes frustraciones en la vida era como el resto del mundo veía a su hermana. Claro, él sabía que mucho de eso no sólo era su culpa sino que a veces era a propósito. La persona que ella había fabricado durante un número de años oscuros de su vida, que había llevado un camino peligroso, era la persona que era popular en su show de entrevistas. Era esa persona la que muchos hombres deseaban.

Pero, mientras que era esa diva, Rosalie era también muchas cosas buenas. Ella era firme y leal con su familia. Edward sabía que muchos de sus problemas con Bella era que estaba convencida que ella podía ser capaz de herirlo.

—Mi mamá hace proyectos de restauración enormes, ¿sabías eso? —Él comenzó finalmente.

—No.

—Sí, ella tiene un buen ojo para el diseño y para la arquitectura histórica. Es de hecho bastante buscada en muchas ciudades, inclusive ahora. Ellos quieren que encabece una restauración de edificios históricos y cosas por el estilo —él le explicó, sonriendo afectuosamente porque estaba orgulloso de su mamá. Él estaba orgulloso de sus dos padres—. Por su puesto mi padre también tiene casi a todas las universidades llamando su atención. Podría hacer una fortuna en conferencias si lo quisiera.

Bella esperó, preguntándose hacia donde iba con esto. Estaba disfrutando de la manera que él hablaba de sus padres. Inclinando su cabeza, sus cejas se fruncieron inconscientemente cuando los labios de él se fueron hacia abajo mientras que continuaba.

—Entre mi papá y mi mamá –nos mudábamos mucho. Emmett nació en Tennessee y Rose y yo nacimos en Chicago. De hecho vivimos por más tiempo en Mississippi– 5 años que fue el tiempo más largo que pasamos en algún lugar.

—Rose y yo teníamos 10 cuando nos mudamos allí. Y es allí donde ella conoció a Alice. Nos mudamos a Nueva York cuando teníamos 15. Romper esa amistad fue lo peor que le pudo pasar a Rosalie. Ella estaba simplemente deprimida y le gritó a mi mamá y papá por… probablemente la gran parte de todo ese año —Edward continuó frunciendo las cejas.

Bella podía simpatizar con esa noción. Ella se había mudado a Forks cuando tenía 17 años y, mientras que no había sido fácil, había sido su decisión. Estar separada de sus amigos del colegio –bueno, ella podía entender la razón por la que Rosalie había estado molesta–.

—Cuando Rosalie mostró interés en modelar, mamá y papá cedieron rápidamente. Había sido un largo tiempo desde que ella había mostrado interés en algo. Ellos no querían que ella estuviera en ese mundo –era demasiado joven– pero querían que fuera feliz nuevamente.

—La apoyaron mucho. Y trataron de protegerla. Inclusive nos mudamos aquí para que ella siguiera su carrera —él se fue apagando y luego miró nuevamente a Bella, sus ojos pesados con tristeza.

Ella conocía esa expresión. Él había mirado a alguien querido pasar por un período malo y había sido completamente incapaz de hacer algo al respecto, pero eso había acabado. Era la misma expresión que ella vio en ella misma cuando pensaba en todo lo que había pasado con Charlie.

—Ella encontró su camino de regreso —no había habido ninguna historia horrible de tabloides sobre Rosalie durante años. Todas las fotos de ella drogada o bebida hasta la inconsciencia eran cosa de un pasado distante.

Edward asintió.

—Con una más que pequeña ayuda de Alice, ella encontró su camino de regreso, pero esa no es una historia que yo deba contar.

—Gracias —Bella le dijo calladamente.

—¿Por qué?

—Por confiar en mí con esa historia. Es bastante complicado confiar en alguien por el mundo en el que vivimos en general. En esta ciudad, es virtualmente imposible. Yo no quería ser una de esas personas que capitalizaran la vida personal de otra persona a través de los malos días de estos. Me refiero –todos hemos hecho cosas de las cuales nos arrepentimos–.

Él inclinó su cabeza nuevamente, con esa curiosa mirada pasando nuevamente sobre su cara –como que si estuviera tratando de descifrar o leer su mente–. Ella estaba sorprendida de no estar incómoda.

—¿Por qué trabajas en un programa que hace la vida de otras personas su problema? —Le preguntó, con una voz nada acusatoria.

—No siempre es fácil —Bella admitió—. Pero sabes, el programa es mayormente de cosas positivas –promover causas, películas… —ella se fue apagando—. No lo sé. Cada trabajo tiene su mal día.

El humor que se había apoderado de ellos era agradable –como que si hubieran sido amigos desde siempre–. Edward se levantó en ese momento, juntando los platos y yéndose al fregadero. Tuvieron una pequeña discusión cordial sobre quien lavaba los platos –especialmente cuando ella se dio cuenta de la pequeña pila que había dejado acumular–. Finalmente llegaron a un compromiso. Edward lavaba y ella los secaba y guardaba.

—¿Alguna vez has usado tu trabajo para conquistar chicas? —Bella le preguntó interrumpiendo un silencio cómodo que se había apoderado de ellos.

Edward le alzó una ceja, mirándola de lado mientras que lavaba.

—¿Cómo haría eso? Mi trabajo no es tan glamuroso.

—Tú sabes —cuando él continuó viéndola con cara de no entender, ella le rodó los ojos—. Vamos, dime que nunca has llamado para pedir un favor y así ir a algún restaurant de cinco estrellas o hecho que algún chef que te debía un favor te hiciera un plato elaborado, como una cena fantástica.

Entonces él se carcajeo, pasando un plato por agua tibia.

—Eso es un poco cliché ¿no es así?

—He escuchado que las mujeres son bastante afectuosas a cosas como esas —Bella le respondió de regreso.

—Bueno, nunca he hecho algo como eso —se pausó considerando, pero al final decidió tratar con la carta de la honestidad—. Sin embargo he hecho una movida al estilo la película La boda de mi mejor amigo.

Las cejas de Bella se juntaron en confusión y Edward se sorprendió por el impulso repentino de sentir la delicada V que se le formaba en la frente cuando hacía ese gesto.

—¿Te refieres a la película de Julia Roberts?

—Mmmhmm —asintió. Impulsivamente, le tomó la mano antes que pudiera agarrar otro plato. Sorprendida por la manera en la que él la estaba viendo como por debajo de sus largas pestañas Bella no retiró su mano. Él se volteó completamente hacia ella sosteniendo su mano con la palma hacia arriba para que la de ella estuviera hacia abajo. Mirándola directamente a los ojos haciendo que la respiración de ella se detuviera—. Es difícil explicar la manera que me siento con respecto a ti. Nunca he sido bueno con las palabras. Soy mejor con la comida.

La risa de Bella fue más superficial de lo que a ella le hubiera gustado mientras se dio cuenta a dónde iba con esto.

—Así que, esta es la parte donde le llamas gelatina ¿Cierto? (3) —Trastabillo.

Él se inclinó levemente, su sonrisa volviéndose más grande, haciendo que el corazón de ella latiera de manera errática. Sus ojos la miraron de arriba abajo notando su belleza inconsciente. De pie tan cerca de una mujer, él podía ver usualmente una capa de maquillaje y oler un perfume demasiado fuerte. De pie tan cerca de Bella el vio unas pequeñas pecas sobre una piel de porcelana. Ella estaba vestida de manera sencilla, su cabello estaba en una cola de caballo semi-descuidada como cada vez que la veía cuando pasaba por su trabajo, sin embargo ella era más atrayente que cualquiera de sus citas en el pasado –vestidas en faldas cortas y tops reveladores–. Sus ojos volvieron a los de ella, notando que estaban dilatados, oscuros alrededor de los bordes y de un caramelo cálido en el centro.

—Tú definitivamente no eres gelatina —murmuró, preguntándose si ella sabría tan dulce como se veía.

Cómo si pudiera leer sus pensamientos, Bella se volteó. Su mano se soltó de la de él y tomó el plato más cercano guardándolo en la alacena más cercana y tratando de no notar que sus manos estaban temblando. Esta no era la manera en la que el día debería haber ido. Ella había estado preparada para ser juzgada. Había estado preparada para su rabia y las acusaciones. Esperaba su entendimiento y quizás que pudieran confiar el uno en el otro, sólo un poco –sólo lo suficiente para dejar de imaginarse una vida llena de discusiones–.

Definitivamente no estaba preparada para el espiral de emociones que sentía. Su segundo trimestre había traído con ella una nueva gama de hormonas. Ella casi se sentía como una adolescente nuevamente –constantemente consiente de su sexualidad. Todas sus partes íntimas estaban devastadoramente sensibles. Sus pensamientos estaban minados de rápidas visiones– desnudos, piel suave, el embriagador aroma de un hombre en acción, el sabor de la piel salada y el sentimiento de ser llenada.

Esto, sin embargo, era diferente. La sensación era familiar –una necesidad de ser tocada–. Lo que era diferente es que estaba matizada con esa necesidad. Esa necesidad que ella podía nombrar. Inclusive cuando cerraba sus ojos fuertemente gritaba dentro de ella. Edward. Edward. Edward. Ella había estado batallando con su presencia prácticamente desde el momento que lo había mirado por primera vez. Era como si la presa que ella había puesto entre ellos hubiera cedido y ahora llenaba sus sentidos.

Las aguas agitadas eran violentas y caóticas. Muy confusas.

Bella luchó por restaurar el orden en sus pensamientos repentinos, pero antes de poder encontrar algún tipo de coherencia en ellos, él estaba allí. Ella nunca había entendido el significado del término burbuja personal antes de ese momento. Cuando él se acercó a ella por detrás ella pudo sentir el aire cambiando perceptiblemente alrededor de ella en una circunferencia de tres pies a su alrededor. Su cocina era ligera y abierta, sin embargo se sentía como si estuviera en un espacio diminuto con él. Quizás era el sentido del olfato desarrollado que traía el embarazo, pero ella podía jurar que su esencia estaba alrededor de ella –impregnando el cuarto con su deliciosa fragancia.

El contacto hizo que su cuerpo se tensara dolorosamente. Ella no estaba segura si quería huir o voltearse y pegarlo a ella. Ninguna de las dos opciones tenía sentido, pero ella no podía pensar más allá de esas dos posibilidades. Confundida y excitada –así es como ella se sentía–. Asustada y emocionada. Ella saltó en paracaídas una vez y recordo el sentimiento de completo y definitivo terror mezclado con regocijo mientras miraba al mundo, tan lejos hacia abajo, y tensa por el salto –no del todo segura si era algo bueno haber saltado.

Su respiración estremecida igualaba a la de ella, como que si sus pensamientos estuvieran sincronizados.

Entonces su mano derecha rozó suavemente su cadera.

Su cuerpo vibró, retumbando en su interior, pero ella estaba congelada. Ella recordó –de una clase lejana de ciencias– una bolsa de calor. Había un disco plateado en el medio de estas cosas. Cuando doblabas el disco podías generar una reacción en cadena que hacía que los átomos rebotaran los unos con los otros. El anterior frío de la bolsa se ponía caliente en tus manos. Mientras que el gel en el interior pasaba a un vibrante color morado en segundos.

Así es como ella se sentía: sobrecalentada, con una turbulencia por dentro.

Él se acercó un paso más a ella así que ahora su camisa estaba rozando la camisa de ella y esperó. Los hombros de ella se alzaron y cayeron rápidamente con la respiración superficial que estaba tomando, pero su cabeza se inclinó –una ofrenda–. Casi como que si pensara que estuvieran sincronizados, su cabeza se bajó aceptando la invitación de ella. Él pasó su nariz por toda la línea de su cuello y hombros, respirando su aroma. Las dos manos de él ahora subiendo lentamente desde sus caderas hacia el frente.

La espalda de Bella se puso rígida y su respiración jadeó en su garganta.

La manera en que las manos de él estaban presionadas en contra de ella fuera de su camisa, él podía sentir indudablemente la dureza de su vientre hinchado levemente. Era fácil no verlo a primera vista y más con la ropa puesta, pero él podía sentir la diferencia.

Por un largo momento ninguno de los dos se movió, esperando por la reacción del otro. Entonces las manos de Edward se movieron. Manteniendo sus pulgares y la palma de sus manos en su vientre, sus dedos bajando hacia el final de su camisa, estos tentaron el final de la misma, una vez más esperando, dándole el chance de detener todo esto, suponía ella.

Pero no podía, simplemente no.

Sus dedos se flexionaron llevando la tela arriba con ellos. Él puso las palmas de sus manos en su vientre, colocándolas en el contorno de su vientre. Lado a lado sus grandes manos cubrían completamente el bulto.

Una vez más, la atmósfera que los rodeaba cambió. Ahora había algo primitivo en la atracción entre ellos, algo antiguo. Como que ambos estuvieran marcando territorio. Las manos de ella ligeras y suaves reposaron en las de él –sus brazos alineándose juntos–. La emoción que fluyó dentro de ellos no tenía palabras. Ella lo cargaba a él dentro. Ella ya era de él. Debajo de sus manos había una conexión que hacía que Edward tuviera la necesidad de protegerla, poseerla. Era un hambre que sólo ella podía saciar –un derecho tan viejo así como el mundo–.

Nunca supieron quién se movió primero, pero Bella movió su cabeza a un lado inclusive mientras que él pasaba sus labios de su hombro a su boca. Sus labios eran gentiles pero insistentes sin ningún síntoma de duda. Entonces, como que si los pensamientos que ellos habían dejado en lo profundo de su mente amenazaran para abrumarlos a ambos, sus bocas se movieron más rápido, de manera más insistente. Era como que si estuvieran tratando de ganarle a sus pensamientos, tratando de mantenerse en el dulce y caliente momento en el que ninguno de los dos pensaba, sólo sentían.

La manera en que los dedos de él acariciaban su vientre mientras se besaban la hacía sentir hermosa. Hace pocos días ella estaba desnuda en su cama pasando sus dedos en sus nuevas curvas. Sus pechos estaban más llenos, mucho más definidos, su piel bastante flexible hasta que llegaba al bulto que estaba en su abdomen. Allí su piel estaba dura y suave. Sola en su cama ella se había preguntado sobre los cambios en su cuerpo. Ahora sintiendo los dedos de Edward, ella compartía esa admiración casi dolorosa con él. Sentía que estaban como conectados; en sincronía.

Alcanzando su barbilla, pasó su pulgar por la sombra de su barba hasta su oído y el resto de sus dedos los entrelazó en su cabello, como peinándolo, Edward gimió de gusto contra sus labios, su lengua dando círculos junto con la de ella.

Era inevitable que sus pensamientos enojados por ser ignorados regresaran con venganza. Ninguno de los dos protestó cuando su beso se rompió. Edward puso su mejilla en un lado de su cabello, cerrando sus ojos con fuerza para dominar sus emociones. Bella acarició el cabello que se encontraba en su nuca, calmándolos a ambos de la misma manera en la que uno acaricia a un gato. El corazón de ella estaba latiendo rápidamente y la confusión nublaba su mente.

No podían saberlo, pero ambos estaban pensando la misma pregunta sin una respuesta clara: ¿Qué estamos haciendo?

Él suspiró, su aliento caliente en el hombro de ella. Sus labios aun tocando la piel de su cuello, así como que si no pudiera soportar aún estar lejos de ella.

—Debería irme —le dijo, sin moverse.

—Mmm —Bella murmuró en una aceptación vaga sin soltarlo.

Edward suspiró nuevamente y besó su cuello dejando que sus ojos se abrieran. Fuera de la ventana de la cocina podía ver el perfil de Los Angeles. Le parecía raro –como que si estuviera esperando estar en una dimensión alterna donde los pensamientos vinieran medio formados en frases absurdas–. Él sabía que tenía que estar lejos de ella, lejos del hechizo que parecía estar sobre ellos, así podía pensar nuevamente con claridad. Sentía que esto era importante.

Tomó toda su fuerza de voluntad alejarse de ella. Caminaron hacia la puerta en un extraño silencio. Se volvió para decirle hasta luego y terminó halándola hacia él para darle otro beso. Sus manos parecían estar hechas para sus caderas, como si hubieran estado moldeadas para tocarla de esa manera.

Se separaron nuevamente, ambos mirándose con los ojos ensanchados. No sabían que iban a decir. Había confort, sin embargo, también había deseo y un poco de miedo y lo vieron reflejado en los ojos del otro. Edward se rio nerviosamente y la besó en la frente.

—Te veré pronto —le prometió y se fue rápidamente.

Entrando nuevamente en la casa, Bella se sentó pesadamente en el sofá, sus manos yendo rápidamente hacia su cara. Y entonces sólo tuvo que reírse de lo sub-real de toda la situación.

Había tenido una sesión de besos completamente inesperada con la otra mitad del embarazo que ella había planeado. Cerrando sus ojos, perdiéndose brevemente en la sensación de las memorias –sus labios sobre los de ella, su cabello entre sus dedos, su cuerpo presionado contra su cuerpo y sus manos encontrando y sintiendo el bebé a través de su piel–.

Ella nunca se había sentido de esta manera. Había ido a muchas citas, esperando y deseando por un beso de buenas noches, la anticipación de tocarse le añadía una cierta electricidad a la noche. Cuando ella invitó a Edward a su casa, nunca se imaginó besarlo, pero ahora todo su cuerpo estaba vivo –completamente consiente…

Y ahora sólo quería besarlo nuevamente.

La preocupación insistente en su cabeza lanzó fuera a los delirios de deseo. Ellos no debieron hacer eso ¿Cierto?

Los ojos de Bella recorrieron toda la habitación, posándose de manera aleatoria en un póster de Lo que el viento se llevó.

—No voy a pensar en eso ahora —citó, acostándose en el sofá y sobando su vientre de la manera en la que él lo había hecho—. Pensaré en ello mañana.

Gracias a todas las personas que han empezado a seguir la historia y la han marcado como favorita, de verdad que se los agradezco mucho, espero que sea de su agrado, nos vemos pronto.

Sus comentarios, PM, favoritos se agradecen, ¿alguna opinión con este capítulo?, no dejen de comentar mis amores, que sé que están allí.

(1) Yakity Yak no tiene traducción al español, lo coloqué de esa manera porque en el Urban Dictionary lo definen como ponerse al día en todo… o hablar de cosas no importantes.

(2) Bella hace referencia a Thumper, en algunos países latinos o España se conoce como Golpeador o Tambor. Era el conejo amigo de Bambi que siempre batía si pata como quien toca un tambor. Y en este pasaje Bella se refiere a un dialogo de la película, cuando se produce el nacimiento de Bambi y el opina que es bastante torpe, a lo cual su madre le pregunta "¿Tambor que te ha dicho tu padre esta mañana? Y el respondió: Si al hablar no has de agradar te será mejor callar".

(3) Para quienes no la han visto, se refiere a un dialogo dentro de la película La Boda de mi mejor amigo. Julia Robert (que en la película es también critica de comida como Edward) trata de explicarle a la novia que al novio le gusta el Crème brûlée (ósea la novia), pero se siente más cómodo con la Gelatina (que es su mejor amiga).

Un abrazo a todas y todos, aunque no me digan nada.