Un preparador de altura

A tres semanas de entrar infiltrada en el concurso de belleza, Judy fue asignada a un preparador de Misses; ¡ni ella se creia que eso existía!. El jefe Bogo le dio la dirección de un restaurante en la zona Ártica de Zootopia (Zootrópolis), Le Chatou de Ladybug.

El interior era de lo más elegante y refinado: cortinas y papel de pared de color rojo borgoña con decoración dorado, mesas redondas de colores clarísimos con manteles de colores negros y con centros de mesa con lirios finos, y las lámparas eran de arañas de cristalería de tamaño mediano. La conejita se sentía como si hubiese entrado de golpe en el palacio de Cenicienta, apenas se movía de la entrada maravillada por la opulencia del sitio...

-¿Tiene reserva, señorita?- La voz de un cerdo trajeado y con un fino bigote la hablo, mirándola de arriba a abajo, ya que la conejita iba vestida con su camisa de campo rosa y pantalones vaqueros.

- Oh, si...- Judy replico educada.- Me está esperando alguien, el señor Girafez.

El maître la indicó un reservado al fondo. Abrió la puerta y dejo que la agente entrara antes. Sus ojos purpura tuvieron que mirar hacia arriba, ya que su contacto era una jirafa con traje color pastel, sentado en una mesa muy alta con otra silla delante de él reservado para alguien. El cerdo les dejaron solos. Judy tuvo que saltar con fuerza y trepar de la barras de aquella silla; por fin llego hasta la mesa, y vio que el señor aún no se había percatado de su presencia ya que estaba leyendo el periódico y moviendo una cucharilla en el té aún caliente.

-¿Señor Girafez?- dijo carraspeando educadamente. -Soy Judy Hopps, del departamento de policía de Zootopia (Zootropolis). El agente Parker del... -De repente, una pezuña se alzó con la cucharilla entre el espacio de ella; se quedó callada, era el primer movimiento realizado por él.

El papel se dobló y se desplazo al lado derecho de la taza, mostrando un rostro alargado con unas gafas de pasta negra; se las quitó y, por fin, abrió los ojos.

- ... Eres...- habló, con un acento hispano muy fino, mientras la miraba sin apenas mover la cabeza. -... bastante atractiva.- aquello hizo que la chica sonriera... Hasta que la cabeza de la jirafa se acerco demasiado a ella. - Eso no es suficiente. Si me permite...- Siguió examinándola, desde su orejas hasta sus pies. -Orejas largas de anchura media... Pelaje grisáceo, casi plateado... Ojos grandes de tono malva oscuro y brillantes... Delgada, se nota que haces mucho ejercicio, pero no lo bastante para ser culturista, ¡lo cual me alivia!... Curvas... Buenas piernas...

- Huh...- un sonido de incomodidad surgió en Judy, lo cual interrumpió la concentración del señor Girafez. Volvió a erguirse con la cabeza alta, por encima del cuello.

-Bien, señorita Hopps, en cuestión de la apariencia la veo favorable. Pero por el bien de la misión, deberemos de modificar...- movió la pezuña gesticulándola... Por alguna razón, ella se sentía algo ofendida. - Bastante... Ahora, háblame un poco de usted.

- Bueno, esta es, heh, mi primera misión de encubierto..- Comentó de forma alegre y casual. -¡Estoy bastante emocionada! ... No es el tipo de misión que me esperaba, pero me siento lista para todo.

- Hablas con energía y tu sonrisa está bien... Pero bastante exagerada. - continuó hablando como si no mostrase ningún interés por lo que dice, eso hizo que sus orejas cayesen hacia atrás. -Hum... La caída de orejas hacia atrás es... - Percibió una mirada de molestia en la conejita. -No me malinterpretes, queda bien. Podrías, creo yo, tener un aspecto diferente si colocases una por delante...

-Y, ¿no sería una molestia?

- ... Eso no.- agachó su cabeza para tomar un sorbo silencioso de su taza de té. -Agente Hopps, permítame ser franco: tu apariencia física, educación y personalidad están notables; pero si vas a entrar infiltrada como una concursante de belleza, deberás de ser por lo menos más femenina. Y, por lo menos, que el aura de conejita de campo con entrenamiento militar sea camuflado.

Judy se sentía cada vez más insultada por aquel cuellilargo pomposo que, literalmente, estaba mirándola por encima del hombro. Pero mantuvo su educada sonrisa y simplemente asintió; aunque no pudo contener su pata golpeando la silla con rapidez. Una ceja se elevó en el rostro del animal alto.

- Empezaremos poco a poco; no prometo ser paciente.

- Muy bien... Será como el entrenamiento de la academia...- Judy murmuró, pensando que podría hacerlo.

- Empecemos con lo básico.- puso una caja encima, acercándolo a la coneja. Nada más abrirlo, Judy se volvió a arrepentirse de sus pensamiento positivo.

Nicholas Wilde mantuvo la rutina de visitar a Judy por las mañanas a su apartamento; sobre todo porque siempre la convence a invitarle a desayunar. Esa mañana se pasó por ahí con una caja de donuts, pensó en lo que su compañera estaría pasando al ser muy pronto una infiltrada por primera vez; además era el día de la primera reunión sobre la misión y estaba obligados a ir. Llegó a su puerta y llamó. ... Normalmente Judy abriría la puerta en menos de dos segundos, pero esa vez estaba tardando. Y había un extraño sonido viniendo desde dentro, pequeños golpecitos en el suelo. Volvió a llamar, insistiendo.

-¡Un momento!- la voz de su compañera resonó desde dentro. La puerta se abrió y Judy asomó su cabeza, sonriendo a su compañero desde la abertura. -¡Hey, Nick...!

- Hola..- dijo al ver que no le dejaba entrar como de costumbre, y podía ver algo de sudor y de fatiga en la cara de su compañera. -¿Va todo bien?

-Oh, si, si, si... Es solo que...- movía sus ojos de lado a lado, manteniendo su sonrisa al zorro. -Es solo que me pillas en muy mal momento. ¿Podríamos vernos luego?

- Oh, claro. Por supuesto.- con esas palabras, Judy cerró la puerta... Y entonces Nick sacó una ganzúa que llevaba consigo y abrió la puerta entrando. -¡Ya es 'luego'...!

Un fuerte jaspeo salió de la coneja, y el zorro se quedo mudo al ver lo que estaba viendo... La coneja estaba más alta, y las piernas estaban temblando; los ojos verdes del zorro bajaron al ver la causa de ello, y su hocico luchó por no partirse de risa.

-¿Esos son... Tacones?- su voz parecía más una carcajada, no podía creerlo; la coneja estaba cómicamente adorable, sonrojada e intentando caminar. Al ver como daba unos pasos torpes, no pudo aguantarse la risa.

- Avísame cuando termines...- Dijo ya molesta intentando llegar hacia la cama, pero al dar el tercer paso, sentía que perdía el equilibrio. Por suerte, el zorro la cogió a tiempo.

- Veo que no tienes práctica...- el zorro alzo la ceja a ella, mirando la cara de exasperación en ella.

- Si que la tengo... ¡Pero es que estos zapatos me están matando!

- Pues quítatelos...

-¡Mis pies están hinchados y no me los puedo sacar!- la coneja se quejó agudamente, como si fuera a llorar de dolor.