Capítulo 4: Amour chaise croisée

Había llegado el tan ansiado día en el que el desfile del padre de Adrien se llevaría a cabo. Sin embargo, un par de amantes seguían perdidos en sus pensamientos, recordando lo que había sucedido la noche anterior. Se sentían vacíos, con un hueco en el estómago y un millón de sentimientos encontrados. El sonido de la puerta los alertó.

—¿Sí? —preguntó el chico.

—¡Adelante! —gritó ella desde su silla.

—Joven Agreste —dijo Natalie al otro lado de la puerta.

—¿Marinette? —Su madre asomó la cabeza por la compuerta del ático.

—Su padre lo quiere listo en una hora. —Mencionó la fría mujer.

—Alya llegó, querida. —Sabine le dedicó una cálida sonrisa.

—Gracias, Natalie, dile a mi padre que estaré listo. —respondió antes de meterse a bañar.

—Gracias mamá, ¿Puedes decirle que suba? Tengo algo que terminar. —la mujer asintió feliz.

Lo único que animaba al adolescente, era la oportunidad que tendría de hablar con aquella peli negra que le intrigaba tanto.

—¡Hola, amiga! —saludó Alya entrando a la habitación. —¿Qué haces?

—Le daba los últimos toques a los vestidos. —El lugar estaría lleno de famosos diseñadores y su mejor amiga le había convencido de no desaprovechar la oportunidad y diseñar algo para lucir en la gala.

—Se ven muy lindos, Marinette. Sonrió la morena.

—Gracias.

—Seguro a Adrien le encantará también. —le dio leves golpes con el codo con una mirada pícara. Marinette sonrió.

—Me alegraría mucho que le gustaran a su padre. —dijo —creo que sería una gran oportunidad.

—En serio, no te creo con esa nueva actitud de "Adrien no me importa" —Una idea llegó a su mente —¿O es que a caso hay alguien más? —Miró como su amiga se sonrojaba.

—N-no digas tonterías, yo no podría... Y-yo —la mirda interrogante de la otra le ponía nerviosa. —T-tal vez... —susurró.

—¡¿Así que eso era?! —los ojos de Alya casi se salían de sus órbitas, nunca creyó que podría escuchar eso, ya se veía como madrina en la boda de su mejor amiga con el modelo, la otra opción era visitarla en el manicomio por no haber cumplido su objetivo, pero preferiría pensar que la primera era más probable. —¿Y quién es? ¿Lo conozco? ¿Cuándo pasó? —No sabía si sentirse feliz o preocupada, en realidad, la preocupación ganaba.

—Bueno, me di cuenta hace poco, y terminé de admitirlo cuando Adrien me dejó en claro que sólo quería mi amistad. —Eso claramente no tendría contenta a la pelirroja.

—¿Pero cómo es? —seguía insistiendo.

—Él es lindo —su mirada se perdió intentando analizar bien a su compañero. —es divertido, bromista, desesperante y ególatra a veces, pero es un buen chico y siempre sabe como sacarme una sonrisa.

—Suena tan diferente a Adrien, igual que Chat-noir, ¿Te enamoraste de Chat-noir? —preguntó como broma, pero la cara de la azabache la alertó. —Marinette —habló más seria —¿Es él?

—Eso sería una locura, ¿N-no crees? —Intentó convencerla.

—Para cualquiera sí, pero no para ti. —la oji azul sintió un mini infarto al escuchar eso, ¿será que la había descubierto? —Has hablado con él varias veces, ¿No? —Su corazón se relajó, la kwami roja suspiró igualmente aliviada desde su escondite.

—S-sí yo... —suspiró resignada, tal vez era hora de revelar su secreto.

—Tranquila, lo que me tengas que decir, esperaré hasta que estés lista. —Alya lo sabía, y era verdad lo que acababa de decir, se había dado cuenta hace mucho, pero estaba dispuesta a esperar que ella se sintiera preparada para hablar. Marinette se sonrojó al escuchar eso y sonrió. Definitivamente tenía a la mejor amiga del mundo.

En la mansión Agreste, el joven rubio ya estaba listo, llevaba puesta su ropa normal, después de todo, él modelaría y tendría que cambiarse constantemente. Le habría encantado pasar por sus amigos, pero debía estar más temprano. Hizo una mueca de desagrado, sólo esperaba que el hecho de modelar no fuera un inconveniente para pasar un rato con ellos, jamás había ido a ese tipo de eventos alguien que no fuese Chloe, y la verdad, ella no era precisamente el " alma de la fiesta", a veces también iba Sabrina, pero sólo se dedicb a adular a la rubia. En ese momento se sentía feliz, pero preocupado, emocionado, pero nervioso, en fin, un millón de emociones se mezclaban dentro provocando que su estómago diera vueltas, ¿O sería culpa del pequeño gato negro y el queso que le había obligado a comer esa mañana? Sacó esas ideas de su mente y continuó en lo suyo.

Llegaron después de un rato. En cuanto bajó de la limusina un montón de estilistas lo rodearon y comenzaron a ponerle maquillaje y ropa de la nueva colección, era el modelo principal y el hijo del jefe, no podían descuidarlo ni un momento. Por más harto que estuviera, el adolescente no podía simplemente renunciar o quejarse, se limitó a ser tan cortés como siempre.

Nino, Alya y Marinette se encontraban camino al desfile, iban platicando y comiendo helado, aún tenían tiempo de sobra, tiempo que no querían desaprovechar.

El tiempo pasó y los invitados comenzaban a llegar.

—Te ves hermosa, Marinette. —Dijo el rubio en tono seductor. —Te ves hermosa, Marinette. —repitió ahora con un tono más dulce. —Te ves hermosa, Marinette, te ves hermosa, Marinette. —Caminaba de un lado para otro repitiendo los mismos diálogos en distintas tonalidades, sabía que debía decirlo en cuanto la viera. Plagg lo observaba aburrido mientras comía queso. El adolescente fue a asomarse para ver si los chicos habían llegado, pero sólo alcanzó a ver a Nino, ¿Y si de última hora no habían dejado que Marinette y Alya fueran? Su estómago se movió extraño, seguro eran los nervios.

Por otra parte, las chicas estaban en el baño limpiando las rodillas de la azabache, ella había tropezado "accidentalmente" con el pie de Chloe y se había raspado, por suerte, el vestido era lo suficientemente largo como para taparle y lo suficientemente corto para no haberse arruinado o manchado de sangre.

Desde dónde estaba, Adrien vio a dos chicas acercarse a Nino, pero tristemente no eran más que Chloe y Sabrina. Su estómago volvió a retorcerse.

—¡Demonios! —gritó y corrió directo al baño, tal vez no eran los nervios, después de todo.

Las dos jóvenes salieron para regresar con Nino, el moreno las esperaba ansioso, harto de las otras dos chicas a su lado.

—¿Te imaginas tanta presión? Por eso no soy modelo, firmo demasiados autógrafos ya, no podría con todo lo demás. —presumía la rubia. —pero definitivamente ninguna de ellas es tan bella y perfecta como yo.

—¡Tienes toda la razón! —Adulaba su amiga a cada palabra.

—¡Llegamos! —Saludó la pelirroja. Nino la miró suplicante, ella jaló a Marinette hacia sus lugares, empujando descaradamente a la rubia y su súbdita.

—¡Oye! No puedes hacer eso, yo merezco estar en primera fila más que tú.

—Oh lo siento —se disculpó con tono sarcástico. —Es que no veo tu nombre aquí, ¿A caso ves tu nombre aquí? No, pero, ¡Mira eso! ¿Qué dice? ¡Ah sí! Alya y Marinette. Lo siento, no es tu lugar. —la joven de cabello rizado la terminó con una sonrisa triunfal, pues efectivamente los asientos estaban reservados y sus nombres aparecían en ellos.

—¡Papá! —la niña de papi se fue corriendo seguida por la de lentes en busca del alcalde.

—Bien jugado —Nino le extendió el puño y ella lo chocó.

—Joven Agreste, su salida es en cinco minutos. —llamó una chica perteneciente al staff.

—Gr-gracias Aneth. —Respondió con la poca fuerza que le quedaba después de vomitar un poco. —¿Qué me diste, Plagg? —preguntó al gatito.

—¡Debes de estar bromeando! Era uno de los mejores quesos del mundo, añejado por varios años. —lo miró indignado. —Pero tú no tienes buen gusto.

—Me siento tan mal y es todo tu culpa. —no podía sonar molesto, no porque fuera imposible enojarse con el minino, si no porque en serio tenía muy pocas fuerzas.

—Joven Agreste... —Volvió a llamar la chica.

—¡Ya voy! —se limpió la boca, retocó su maquillaje y salió lo más rápido que pudo.

El desfile comenzó normalmente, su modelo principal se estaba luciendo como nunca, tal como un pavo real macho tratando de impresionar a su enamorada. Se estaba sintiendo mal pero creyó que podría terminar el desfile sin problemas, fue cuando modelaba su último conjunto que la desgracia ocurrió. Su estómago se revolvió nuevamente, sintiendo como un gran cúmulo de aire quería huir de ahí, tuvo que apretar como pudo esperando terminar, sólo debía dar una última sonrisa al final de la pasarela y caminar de regreso, entonces todo estaría bien pero, fue en ese momento, justo cuando creyó que faltaba menos para estar a salvo que todo el esfuerzo que había hecho por aguantar, estaba cerca de ceder. Se quedó ahí, parado, mirando a toda esa multitud que, de igual manera, lo observaba curiosa, ¡Mierda! Literalmente, si daba un paso más, algo terrible pasaría. Se limitó a saludar sintiendo aquél sudor frío recorrer su cuerpo, su sonrisa era hermosa, pero en sus ojos se reflejaba la desesperación. Sus amigos se dieron cuenta de que algo andaba mal, al igual que su padre y Natalie.

—Muchas gracias por haber venido. —Dijo Gabriel Agreste llegando al lado de su hijo. —Espero que hayan disfrutado tanto de la nueva colección, como de la presentación. Ahora, los invito a que nos acompañen el resto de la velada. —aunque cortés, su cara permanecía seria y su voz tan fría como siempre. La gente aplaudió y las luces del escenario se apagaron, permitiendo que el rubio pudiese escapar, aunque eso no evitó que un extraño ruido, proveniente de la nada, desconcertase a más de uno.

—¿Qué habrá pasado? —preguntó la azabache.

—No lo sé, deberíamos ir a buscarlo. —Sugirió Nino.

—No sé cómo es que mi Adrien pudo invitar a gente como ustedes. —La inoportuna rubia llegó de la nada, como siempre, acompañada de su mascota. —Ni siquiera tienen estilo o sentido de la moda. —Se miraba las uñas constantemente —es obvio que les tuvo lástima, pero ni crean que van a hablar con él, seguro no se separará de mí. — demostraba su egolatría a cada palabra, volteó para ver la cara de la chica que usualmente llevaba coletas, entonces se dio cuenta de algo, estaba tan ensimismada en ella misma que no notó cuando los tres adolescentes se dieron la vuelta y caminaron lejos. —¡Sabrina! —gritó molesta a su amiga que permanecía a un lado.

—¿Sí Chloe? —preguntó temerosa.

—Borra a esos plebeyos de mi lista de invitados, no los quiero en mi fiesta de cumpleaños. —ordenó.

—Pero, ni siquiera están en la lista.

—¡Pues entonces anótalos y luego los borras! —gritó de nuevo. —Ah, y hazles saber que los desinvité, seguro se arrepentirán de tratarme tan mal. —comenzó a caminar contoneandose exageradamente, causando que algunas miradas se posaran sobre ella, no por su singular belleza, más bien porque en su espalda había un letrero pegado con la frase "Amo los abrazos", cortesía de Alya.

El joven modelo estaba sentado en aquel trono de porcelana que estaba en su camerino. Todavía sentía como su estomago se retorcía, después de todo, se había tomado la pastilla tan sólo momentos atrás. No pudo siquiera terminar de lamentar su mala suerte cuando un montón de gritos interrumpieron su inspiración.

Al parecer una modelo había llegado tarde por culpa del tránsito y, el señor Agreste, no sólo la había reemplazado en aquel desfile, también la había despedido argumentando que no toleraba esa clase de incompetencia. Obviamente, la chica había sido akumatizada.

Marinette hizo lo posible por perder a sus amigos y encontrar un escondite lo suficientemente bueno para transformarse.

—Creo que necesito un poco de ayuda. —decía Ladybug atrapada entre la cuerda de su Yoyo, ¿En qué momento la había atrapado? Ni siquiera se dio cuenta.

—Cinco minutos sin mí y todo se vuelve un caos. —Comentó una voz burlona.

—¡Chat! —Sus ojos se iluminaron al ver a aquél rubio frente a ella. —Creo que tiene súper velocidad o algo así.

—¡Nadie volverá a decirme que llego tarde! —rió la chica maléficamente.

—¿Quién eres? —Preguntó el chico como distracción mientras Ladybug se soltaba del agarre.

—Mi nombre es SusuTime. —Dijo la chica. —Y éste es su fin, ¡Obtendré sus miraculous! —La chica tocó un reloj que estaba en su muñeca, pero antes de cualquier cosa, Chat se abalanzó hacia ella y la tomó del brazo, de pronto, el tiempo se detuvo y sólo ellos dos continuaron conscientes.

—¿Así que esto es lo que haces? ¿Detener el tiempo? —preguntó.

—¡Hago más que eso, gato asqueroso! ¡Yo soy la dueña y señora del tiempo! Puedo hacer que vayas más rápido o más lento, puedo hacer que te detengas y entonces, estarás a mi merced, ¡yo puedo hacer lo que quiera y nadie nunca,volverá a pasar sobre mí por llegar tarde! —rió maniáticamente, como toda una villana de película.

Chat-noir giró los ojos y éstos se toparon con una congelada Ladybug a punto de zafarse. Al ver su rostro, sintió como si el tiempo se detuviera, de hecho, eso había pasado.

—Si me ayudaras a obtener su miraculous, podrías saber quién es ella y tendrías a la chica a tus pies. —sonrió la malévola joven.

—Gracias por la oferta, pero estás atrasada en las noticias, yo ya tengo otra conquista. —Con su bastón logró tirar a la modelo, quien apretó de nuevo su reloj y las cosas volvieron a moverse.

—¡Ladybug! —Gritó el gato sin soltar a la villana. —¡Ella controla el tiempo!

—¿El tiempo? —preguntó más para sí misma tomando su Yoyo.

—¡Aléjate de mí, gato tonto! —ella y Chat-noir forcejeaban, él intentaba ganar tiempo para que su Lady se acercara, cosa que logró.

Ladybug enredó su Yoyo en SusuTime.

—Pase lo que pase, no la sueltes. —susurró el gato a su oído.

—¿Qué? Espera, ¿A dónde vas?

—Tengo una misión importante, no preguntes. —En realidad, había sentido de nuevo esa molestia en su estómago, tuvo que correr al baño.

—Oh, Ladybug. No podrás vencerme tan fácilmente. —rió y el tiempo comenzó a ir más lento, a excepción de ella y la heroína.—¡¿Qué?! ¿Cómo es que eres inmune a mi poder? —gruñó. Ambas miraron el cordón del Yoyo, que funcionaba como conductor, por lo que ambas permanecían dentro de la "burbuja de espacio-tiempo".

La chica de rojo logró quitarle el reloj y volver el tiempo a la normalidad, pero para mala suerte de ambas, Susu dio un golpe mandando el objeto fuera de su alcance, por lo que ambas chicas comenzaron una lucha cuerpo a cuerpo.

—Maldición, éste traje es tan molesto. —Dijo Adrien ya en el baño, pues para ir, tenía que destransformarse.

—Date prisa, estás a la mitad de una pelea. —lo apresuró Plagg.

—Lo sé, lo sé. Sólo necesito un momento.

La oji azul se preguntaba sobre el paradero de su compañero, ya se había tardado al menos diez minutos y en verdad lo necesitaba.

—Ríndete, ¡no podrás conmigo!

—¿Eso crees? —la heroína sonrió. Con su Yoyo atrajo el reloj hacia ella.

—Buena atrapada. —interrumpió el rubio.

—¡Ya era hora de que aparecieras! —contestó la chica después de haber sido asustada por el minino.

—Te lo dije, estaba en una "misión especial" —remarcó las comillas con sus dedos. —Bueno, ¿Tienes un plan?

Ella observó el reloj en su mano, lo tiró al piso y lo pisó para liberar el akuma.

—Espera, ¿Dónde está? —se preguntaron al notar que de ahí no había salido nada.

—¡Te dije que no sería tan fácil! —Rió de nuevo la modelo. —Ese reloj no era nada, cualquiera que toque me servirá. —Por suerte ya todos los invitados habían desalojado y no quedaba nadie con un aparato que ella pudiera usar, sin embargo buscaba con desesperación.

—¿Dónde crees que esté el akuma? —La chica lo analizó.

—¡Sus labios! —gritó su compañero.

—¡Chat-noir! No es momento para pensar en esas cosas. —regañó la de rojo un poco molesta.

—¡No! — se apresuró a contestar algo sonrojado —Me refiero al color de sus labios. Si no me equivoco, es un kiss kiss gold and diamonds, el labial más caro del mundo, seguramente el akuma está ahí.

—¿Cómo es que sabes de labiales? —preguntó extrañada.

—Yo, eh... ¡No tenemos tiempo, usa tu lucky charm!

—Es verdad, ¡Lucky charm! —Su poder le dio un paquete de toallas desmaquillantes. Era obvio lo que debía hacer, lo difícil sería atrapar a la malévola joven para poder desmaquillarla. Miró a todos lados y se encontró con un candelabro a unos pasos. —Ésta vez yo me encargo de la distracción, necesito tu ayuda allá arriba. —Señaló el candelabro.

—Eso es purrfecto, ya vuelvo.

—¡Oye tú! —le gritó Ladybug. —¡Atrápame si puedes! —Corrió para dirigir a la chica bajo el candelabro.

—¡Cataclismo! —se oyó desde arriba, SusuTime volteó par ver cómo le caía aquél objeto, atrapándola. Ladybug corrió hacia ella, le quitó el maquillaje y tiró la toallita al piso, inmediatamente el akuma salió volando.

—Ya has hecho mucho daño, pequeña akuma, ¡Je te libère du mal! —Purificó la mariposa y se despidió de ella para después arreglar todo y regresar con su amigo gatuno.

—¡Misión cumplida! —Dijo ella esperando a que su compañero chocara el puño, pero al no obtener respuesta dirigió su mirada a él, quién estaba agarrando su estómago con una notoria cara de dolor. —¿Te encuentras bien, gatito? —preguntó preocupada.

—Sí, pero tengo que irme. —sonrió y luego se dio la vuelta dispuesto a irse.

—¡Chat, espera! —lo detuvo —Sobre lo de ayer... Lo siento, no fue mi intención incomodarte.

—No te preocupes, My Lady, ya está olvidado. —contestó con la intención de salir lo más rápido posible.

—¿Nos vemos esta noche?

—¡Donde siempre a la hora de siempre! —gritó mientras salía de nuevo al baño.

Como era de esperarse, la gala fue cancelada y todos regresaron a sus casas, Marinette se sentía feliz, no sólo había arreglado todo con el gato, también había conseguido los teléfonos de un par de diseñadores que ofrecían posibles becas para cuando fuera un poco mayor.

Entró a su cuarto y le dio los últimos toques a su obsequio, se sentía ansiosa por cómo reaccionaría el minino.

—Oh, Plagg. No pude hablar con ella, ni siquiera la vi. —el chico estaba demasiado triste por el desastre que había sido ese día.

—Yo no me siento más feliz que tú. Me hiciste entrar al baño contigo y olías peor que tus zapatos. —se quejó.

—No seas molesto, ¡Todo fue tu culpa! Si no me hubieras dado ese queso podrido, no me habría enfermado.

—Ya te dije que no estaba podrido, sólo añejado de más. —el pequeño gatito no dejaba de comer queso. —Además ya estás mejor —Se burló y Adrien lo miró de mala manera.

Las horas pasaron y ambos adolescentes se prepararon para salir a recorrer las calles de París.

—¿Ya llevas todo? —Preguntó Tikki entusiasmada.

—¡Sí! El sombrero está listo y aquí están tus galletas. —le mostró una caja roja con un moño negro y una bolsita con algunas galletas.

—¿Y la tarjeta? —la adolescente también había escrito una pequeña tarjeta que debía ir pegada a la caja.

—¡Tienes razón! —gritó, dejó el sombrero y las galletas sobre su escritorio y corrió hacia su cama, el lugar donde la había dejado. —¡Aquí está! —sonrió —Ahora sí, ¡Tikki, Transformé-moi! —Ella se transformó y tomó la caja con la tarjeta para salir de ahí por la ventana.

—¡Vamos, Plagg, se nos hace tarde! —gritó Adrien.

—Ya voy, ya voy, sólo déjame acabar este pedazo de camembert.

—No vayas a acabarte el queso, porque no pienso ir por más a la cocina. —al verse ignorado por su kwami, decidió comenzar su transformación sin dejar al pequeño felino terminar.

Una vez en la torre, la azabache dejó el obsequio perfectamente acomodado y se fue a patrullar antes que su compañero hiciera acto de presencia.

El trayecto para él fue silencioso, seguía pensando en ese día, no podía evitar sentir impotencia, enojo, tristeza. En serio quería compartir con sus mejores amigos y, claro, intentar algo con Marinette.

Llegó a la torre, supuso que su compañera habría empezado a vigilar por su lado y él también se fue sin ver la caja de regalo.

En el transcurso ambos héroes tuvieron que pelear, aunque no contra un akuma, sí con algunos ladrones y vagos desastrosos, nada realmente grave, pero sí agotador.

El gato regresó primero a la torre, y se sentó a observar, estaba tan aburrido que sacó sus audífonos.

—Oh, hola gatito, ¿Llevas mucho esperando?

—No tanto, pero me aburro. —respondió sin mirarla.

—Lo siento, me atrasé un poco. —sacó la caja de donde la tenía oculta. —Chat... Tengo una sor-sorpresa para ti. —se sentía nerviosa.

—Ajá —él aún seguía con la vista clavada en la ciudad.

—Quiero darte esto, es un sombrero que yo misma confeccioné. Quería agradecerte por todo, por las veces que me has protegido y decirte que en realidad eres alguien muy importante para mí. —suspiró. —T-te quiero, Chat. —El héroe volteó un poco.

—¡Oh, Ladybug! Creí que no llegarías nunca, ¿Qué llevas ahí? —preguntó mirando la caja.

—Espera, ¿No escuchaste nada de lo que dije?

—No, lo siento, estaba mandando unas notas de voz a uno de mis amigos y escuchando música así que... —se alzó de hombros restándole importancia.

—Entonces, tanto tiempo buscando las palabras correctas, ¿Fue en vano?

—¡Oh! Mira, superé mi récord en subway surfer.

—¡Es suficiente! —gritó la chica completamente desesperada. —¡He estado dándote la atención que siempre me pides, incluso te hice un sombrero! —sacó por fin el regalo y el chico abrió los ojos al verlo, no lo había notado. —Por más que lo intento tú te das la vuelta y me ignoras, ¿Estás jugando conmigo? —El gato se quedó mudo ante tal declaración, lo meditó unos segundos.

—¿Por qué ahora? —preguntó secamente.

—¿Qué? —la peli negra estaba sorprendida.

—Todos los días desde que te conozco ha sido lo mismo y, justo ahora, cuando decido olvidarte y seguir adelante, ¡¿Vienes a decirme que quieres intentar algo conmigo?! —Ambos estaban hablando sin reflexionar lo que decían, solamente externando sus pensamientos tal y cómo llegaban a sus mentes. —Yo pensé que si mi amada Ladybug jamás iba a verme más que como un compañero, era mejor dar vuelta a la página. En mi clase hay una chica, una linda, divertida, dulce y encantadora chica que, según Plagg, está enamorada de mí y pensé, "¡Claro! ¿Por qué no me doy una oportunidad de salir con ella? Marinette es hermosa y tan agradable, ¡Marinette es perfecta!" —Ella estaba en completo shock.

—¿Di-ji... Ma-Marinette? —Fue lo único que pudo pronunciar, entonces el gato se dio cuenta de que había hablado de más.

—¿Marinette? ¿Qué Marinette? Yo no dije Marinette, no conozco a ninguna Marinette, ¿Por qué? ¿Tú sí? —Una mano en su mejilla lo calló abruptamente, sentir el suave tacto de su Lady, aún con el guante puesto, para él era asombroso y tranquilizante, sintió su rostro arder.

—¿Quién eres? —preguntó perdida en aquellos orbes color esmeralda mientras seguía acariciándole con el pulgar, posó su otra mano en él, acomodando su flequillo de diferente forma. —¿Adrien? —susurró. Sus corazones iban a mil por hora.

—Marinette —Un pitido salió de ambos miraculous, al parecer llevaban sonando una eternidad, pero ninguno de ellos se había percatado. Ni siquiera se inmutaron, permanecieron en la misma posición hasta que sus sospechas fueron confirmadas cuando sus transformaciones se desvanecieron por completo.

—Siempre fuiste tú —la joven comenzó a reír. —todo el tiempo, fuimos nosotros, quisimos cambiarnos por nosotros mismos —la risa de Marinette estaba llena de desesperación, al parecer no podía asimilar las cosas.

—¿Estás bien? —preguntó el rubio tratando de tranquilizarla.

—¡No puedo creerlo! ¡Esto debe de ser una broma! —golpeó con su puño en el metal.

—¡Hey! —Adrien tomó sus manos para evitar que se lastimara, ¿De verdad odiaba tanto que él fuera Chat-noir? —Marinette, ¿De qué estás hablando? —ambos se miraron directo a los ojos, ella cesó su risa.

—Te amo —soltó ruborizando a su compañero. —Siempre te amé como Adrien, pero creí que tú no lo harías y pensé en intentar con Chat.

—Tú... —ella cubrió su boca.

—Estuve tratando de olvidarme de ti, de olvidarme de Adrien, pero al final fue como caminar en círculos, el destino me condujo a ti, de nuevo. —había un seguridad extraña en ella, era como ver a Ladybug, pero con las palabras que sólo Marinette diría. —Dime, ¿Tienes una tercera personalidad de la que me deba enamorar? —preguntó con una pequeña sonrisa.

—¿Eso quiere decir que te enamoraste de Adrien y de Chat-noir? —sus verdes orbes se iluminaron llenos de esperanza, esperando ansiosos aquella respuesta.

—No lo sé. —la respuesta lo decepcionó. —En este momento no sé si te amo a ti, si lo amo a él. No sé quién eres, Adrien, pero quiero aprender a amar todo de ti. —lo miró con dulzura.

—Yo ya amo todo de ti, MY Lady. —Susurró mientras plantaba un suave beso en su nariz.

Así permanecieron un rato más, disfrutando de la compañía del otro y compartiendo algunas anécdotas con sus kwamis.

—Creo que es algo tarde. —Dijo la chica.

—Lo siento, Marinette, aún estoy muy cansada. En cuanto me des algunas galletas tendré la energía suficiente para regresar —Dijo la pequeña Tikki con una sonrisa.

—Claro —la adolescente buscó entre sus cosas. —Oh, no —Suspiró.

—¿Pasa algo malo? —preguntó su compañero.

—Olvidé las galletas en el escritorio. —suspiró ella.

—No hay problema, Plagg y yo las llevaremos, ¡Plagg, transformé-moi! —gritó, pero sólo consiguió que un pitido saliera de su anillo. —¿Qué sucede? —preguntó

—¿No es obvio, genio? No tengo energía suficiente, dame queso. —reclamó el pequeño felino.

—Eres imposible. —giró los ojos y buscó en su bolsillo. —Espera, ¿No te comiste el último pedazo antes de venir aquí? —preguntó alarmado.

—¡¿Qué?! ¡¿Olvidaste mi queso?! —los ojos de todos se abrieron como platos. —¡Oh no! ¡Moriré de hambre! —chilló.

—Más importante que eso, ¿Cómo se supone que bajemos de aquí?

Fin.

¡Al fin! Al fin terminé una historia *shora de emoción*

Quiero agradecer a todos lo que se tomaron la molestia de haber leído hasta este punto. Muchas gracias, gente. Los quiero UuU

PD: Probablemente haya una continuación. Además, tengo otro fic que les dejaré por aquí próximamente.

Cuack, patos!