Capítulo 0003:
Más allá de la muerte
01:13:12
Tantas quimeras salían de sus escondites que Royal Riff y Sea Swirl ya habían dejado de contarlas. Ambos, con el corazón en la garganta, aguardaban mientras las bestias caminaban en círculo a su alrededor, exhalaron llamaradas de sus hocicos de cabra contra los ponis, quienes reaccionaron rápidamente, rodaron por el suelo y, tan pronto como pudieron, dispararon contra cuanta quimera apuntasen. El fuego cesó y una a una fueron cayendo varias bestias con algunas partes de sus cuerpos mutiladas, matando a varias. Las sobrevivientes rugían de dolor, mientras sus compañeras aún ilesas saltaron hacia los ponis, embistiéndolos con fuerza; gracias a su traje no recibieron daño.
Royal Riff, tras estrellarse contra una roca, se levantó y disparó dos veces a la quimera que corría hacia él, la cual se detuvo, pasó instante y su cuerpo se despedazó. El poni suspiró aliviado, pero dos quimeras más saltaron sobre los restos de la bestia recién abatida, paralizado por la sorpresa, no pudo centrar un blanco y sólo atinó a cubrirse. Se escuchó una serie de zumbidos, aquel zumbido que hacían aquellas extrañas armas al disparar, alzó la mirada y vio como se dispersaban los miembros de las quimeras, a tal velocidad que casi le salpican los restos, Sea Swirl apareciendo tras los cadáveres, era la primera vez que se sentía tan feliz de verla; la unicornio fue acelerando su paso y pronto estuvo a su lado, agitada y nerviosa.
—Vienen más —dijo ella, respirando irregularmente.
—Lo sé, lo sé. Hay que estar juntos. Dispara al suelo para mantenerlos al margen y si atacan espera a tenerlos cerca.
Sea Swirl le sonrió, una sonrisa que traslucía miedo y aprensión. Los dos ponis se irguieron y apoyándose espalda contra espalda dispararon mientras las quimeras se acercaban con cautela, retrocediendo ante las hendiduras apareciendo en el suelo, pero avanzando continuamente y volviendo a envolver a los ponis en un cerco sin salida.
01:10:42
Rainbow Dash, sin noción del tiempo que había pasado, seguía corriendo mientras las quimeras le perseguían insistentemente, con el ala chamuscada le era imposible escapar volando y cada metro que avanzaba parecía sumergirla cada vez más en la densidad del bosque, hasta que vio el camino en su delante terminando en un barranco, con una caída tan profunda que ni podía ver el otro lado. "¿Siquiera hay otro lado?", se preguntó la pegaso, sabiendo que con su ala en mal estado le sería imposible amenguar la velocidad de la caída.
Pero si lograba aquel salto podría deshacerse de las quimeras, podría volver con Royal Riff y Sea Swirl, quizá Last Survivor ya hubiese llegado a ayudarles, pero de todas formas ella se angustia por saber sobre sus compañeros. No podía titubear, debía regresar y no podía darse el lujo de dudar. Cuando llegó al borde del precipicio, bajo el cual corría un turbulento río, saltó con todas sus fuerzas. Para su asombro, había saltado con un impulso mucho mayor del calculado, casi pensaba estar volando a pesar de no mover las alas, fue cayendo lentamente y llegó sin problemas hasta la otra orilla del río. Al aterrizar, observó que su traje parecía inflado, pero rápidamente volvió a su estado normal.
Feliz, celebró su hazaña; meneando la grupa se burló de las quimeras detenidas al borde de la caída, sin atreverse a dar tal brinco, pero una que tomó impulso y saltó rugiendo estruendosamente. La pegaso, sorprendida, disparó a la quimera en plena caída, pero la palanca no se movió; había olvidado quitarle el seguro a su arma. Rodando a un lado, esquivó a la bestia, la cual cayó, chocando estrepitosamente contra unos árboles cercanos y derribándolos, casi de inmediato se puso de pie, mirando a la poni con claro enojo. Rainbow Dash trataba de preparar su arma con cierta torpeza y logró quitar el seguro a tiempo, cuando la quimera ya saltaba hacia ella con sus garras extendidas, y disparó sucesivamente. La criatura cayó a su costado y permaneció inmóvil un instante, luego su cuerpo se hinchó y voló en pedazos, la pegaso se asqueó al ver la escena, diciéndose a sí misma que era lo que había tenido que hacer para sobrevivir. Recuperándose, alzó la mirada para cerciorarse que otra quimera no decidiera saltar también, para su alegría todas se habían marchado.
Se sintió aliviada, pero de inmediato recordó que la misión no había acabado, debía volver con los demás, lo que le pareció difícil de lograr, ya que ni sabía hacia dónde ir. Le sería más fácil guiarse si pudiese ver el bosque desde el cielo, quizá si volvía a saltar tan alto como antes podría trazarse un camino, pero ¿cómo había logrado tal hazaña? Last Survivor había dicho que los trajes reaccionaban a estímulos únicos, quizá el suyo lo había hecho cuando pensó en sus compañeros, le pareció lógico, no por nada era el Elemento de la Lealtad. Concentró sus pensamientos en regresar con sus compañeros para completar la misión y así volver con sus amigas, nuevamente se sintió fuerte y ligera, tomó impulso y saltó tan alto como pudo, logrando ver gran parte del bosque Everfree, pese a las tinieblas, creyó reconocer el camino que había tomado, lo que la puso nerviosa; cerca de donde creía haberse separado del grupo, distinguió la silueta de la hidra. Cayó suavemente al suelo y corrió buscando un camino para cruzar el río.
01:06:31
Habían sobrevivido. Royal Riff se levantó adolorido, sin saber cuántos zarpazos había recibido, mas el traje había resistido a pesar de todo. A sólo unos pasos delante de sí pudo distinguir a Sea Swirl, quien respiraba agitadamente con la mirada perdida en el vacío. El poni se acercó a ella con cuidado, procurando no pisar los restos de quimera que yacían regados en el rojizo suelo, la halló aturdida, pensando que aún podría ser atacada en cualquier momento, así, al ser tocada en el hombro, reaccionó; se alejó rápidamente, tropezando y arrastrándose en el suelo, logró darse la vuelta y apuntó con sus armas, pero sólo vio a Royal Riff, bajó los cascos y su respiración fue volviéndose cada vez más pausada.
—Está bien. Ya acabó. —dijo él, extendiendo su casco para ayudarla a levantarse.
—¿Estamos… vivos? —dijo ella, poniéndose en pie con la ayuda del poni gris, quien asintió.
Sea Swirl lo miró incrédula e inmediatamente lo abrazó; él se sorprendió de este repentino gesto y, colorado, sólo atinó a golpear suavemente su espalda para ayudarla a calmarse. La unicornio contenía sus lágrimas, productos de shock, con los ojos cerrados fuertemente. Al separar los parpados se encontró con los cadáveres despedazados de las quimeras y se sintió invadida por las náuseas; se separó del poni inmediatamente y corrió hacia un árbol cercano, esperando vomitar, no lo hizo, sintiendo el estómago vacío, y le tomó unos segundos asimilar lo que había visto.
—Eso… ¿Eso… les hicimos? —Preguntó ella, respirando entrecortadamente.
—Eran ellos o nosotros, no teníamos elección —dijo Royal Riff con tristeza.
—Y se supone que es la primera de muchas —dijo la poni, suspirando— Por Celestia, ya quiero que esto acabe.
Sintieron de pronto un temblor bajo sus pezuñas, un temblor que poco a poco se iba haciendo más intenso y no tardaron en escuchar los monumentales pasos. Temieron lo peor y sus miedos fueron confirmados al voltearse y ver a la hidra aparecer de entre los árboles.
Rugiendo, las cuatro cabezas se abalanzaron contra los ponis, quienes las esquivaron rápidamente y corrieron a buscar escondite. Para su mala suerte, Royal Riff tropezó en su huida con una lánguida pata, parte de una quimera que él mismo había liquidado. Se recuperó inmediatamente, pero fue suficiente para que una de las fauces del enorme reptil le diera alcance; gracias a su traje, el poni siguió vivo, sintiendo como los filosos dientes trataban de atravesarle. Al ver esto, Sea Swirl regresó para ayudarle, trató de pensar en alguna forma de liberarlo, concluyó que debía trepar a lo más alto de un árbol y desde ahí decapitar a la bestia a punta de disparos.
La hidra siguió avanzando, con el poni atrapado en una de sus bocas. La unicornio había subido velozmente a lo alto de un pino y tenía al colosal monstruo a sólo unos metros de alcance. En ese momento, Royal Riff vio brotar de los redondeles de su traje un líquido espeso y de color azulino, inmediatamente sintió los enormes dientes del reptil penetrando su carne y lanzó un alarido de dolor. Asustada, Sea Swirl disparó al escuchar el grito y la bestia, rugiendo angustiada, retrocedió poco después; mientras el cuello de la cabeza que sostenía a Royal Riff iba despedazándose.
Liberado, pero seriamente herido, el poni sujetó las fauces de la hidra y se dejó caer, rodando por el cuerpo del animal que no dejaba de gemir con sus cabezas sobrantes. Logró llegar al suelo, pero no podía ponerse de pie y respirar se volvía dificultoso.
Cuando la cabeza de la hidra hubo caído, Sea Swirl bajó del árbol apresurada y corrió hacia donde yacía el poni gris para socorrerle. Dejó de oír los rugidos de la bestia, alzó la mirada y vio como del sanguinolento cuello mutilado brotaban dos nuevas cabezas. Entonces, la hidra giró bruscamente y con su cola golpeó a la poni, alzándola por los aires, derribando varios árboles hasta chocar contra una dura roca, rajándola con el impacto. Adolorida, la unicornio se puso de pie y observó como de su traje brotaba la misma sustancia que había brotado del traje de Royal Riff, entendió que estaba arruinado y que lo mejor era huir del lugar, pero eso también significaría dejar a Royal Riff a merced de la hidra. Con la esperanza de salvarlo, la poni corrió decidida hacia él y en su camino pisó la cola de una quimera, la serpiente reaccionó y alzándose mordió la pata de la unicornio, quien sintió como el veneno era inyectado en su torrente sanguíneo.
Sólo unos pasos después sintió su cuerpo tambalearse, su vista se volvía borrosa; con esfuerzo, centrándose en el poni malherido en su delante, puso un casco delante con torpeza, pese a saber que ambos volverían a morir. Un extraño impulso la hacía seguir. Confusa, pensó que si el tren no se hubiese chocado no hubiesen vuelto a cruzar palabras ¿Algo bueno había salido de ello? Rio para sí misma. Quizá, si hubiese una oportunidad de volver a empezar y llevarse bien, quizá hubiese otra habitación, o quizá otra vida… Era ridículo, ahora se le habían contagiado esas tontas ideas, y por más ridículo que fuese, en ese momento quería pensar que era posible. Trastabillando, cayó a unos metros de él. Era lo más cerca que podía llegar, pensó resignada. Alzó la vista y lo vio moverse, arrastrándose para tratar de alcanzarla.
Cuando la vio caer, supo que ella también moriría, deseó entonces que no hubiese vuelto por él, pero ya nada podía ser revertido; si ambos iban a morir ahí, al menos debía hacerle saber que no estaba sola. Con las pocas fuerzas que le restaban, avanzó, a pesar del dolor en sus costados y la sangre escurriendo por sus heridas; ya no importaba, era el fin de todo, no podía abandonarla. No supo si reír o golpearse a sí mismo entonces, no hizo ninguno porque no tenía energía para ello ¿Comenzaba acaso a pensar como ella? ¿Dónde habían quedado sus lecturas y su fe? No podía aferrarse a ellas en su último momento, ya no tenían valor, su fe yacía delante, moribunda, y debía hacerle compañía. Sólo tenía que estirar el casco y así logró poner su pezuña sobre la de ella.
Ambos se miraron temerosos, pero viéndose uno frente al otro se sintieron más calmados y, cerrando los ojos, fenecieron.
00:51:27
Viendo los cuerpos de Sea Swirl y Royal Riff, la hidra avanzó dispuesta a devorarlos, pero un poni amarillo que pasó corriendo distrajo su atención. Cosmic seguía avanzando a toda velocidad, a pesar de haberse topado con Last Survivor en el camino, a pesar de los dos cadáveres que veía y a pesar de la hidra que se acerca, sólo quería escapar de esa pesadilla. Ensimismado, no entendió por qué de pronto estaba volando, no había sentido a la hidra tomándolo de la cola y lanzándolo para engullir al confundido equino en el aire.
Rainbow Dash llegó cuando Cosmic se perdía, pedazo a pedazo, entre los colmillos del enorme reptil. Cerca, vio a Royal Riff y Sea Swirl que yacían muertos uno frente al otro, sus ojos se humedecieron y lanzando un grito que parecía más un rugido, llamó la atención de la hidra. A pesar de no poder volar, corrió hacia la bestia, pasando a través de sus patas, se deslizó, quitó el seguro de su arma y apuntó a las macizas extremidades del reptil, pero no le hizo más que pequeñas heridas. Aun así, la hidra se tambaleó, trató de golpear a la pegaso con la cola, pero ella era demasiado rápida. Girándose, quiso alcanzarla con sus cinco fauces, la poni esquivó los cuatro primeros ataques, pero el quinto la tomó por sorpresa, no se había percatado de la nueva testa del animal. Sin embargo, cuando estaba por atraparla, la cabeza explotó, salpicando sus restos a lo largo y ancho; Rainbow Dash se cubrió para evitar ser golpeada por algún fragmento de hueso. Alzando la mirada, vio a Last Survivor agazapado en la cima de un árbol y se alegró al ver que al menos él seguía con vida.
El cuello sin cabeza de la hidra se fue alargando y dos nuevos cráneos fueron surgiendo para sorpresa de ambos ponis.
—¡No, ya tenemos suficientes cabezas por hoy! —dijo Last Survivor en la lejana copa, disparó rápidamente con la x-shotgun, volando todas la cabezas, pero siguieron regenerándose.
El poni observó a Rainbow Dash, quien retrocedía ¿Escapaba? No, estaba tomando impulso. La pegaso disparó a la parte alta del vientre de la hidra, pero las heridas no eran muy grandes. Comprendiendo el plan de la poni, Last Survivor disparó al vientre de la bestia, dejando una herida grande como un caballo e inmediatamente disparó a las doce cabezas que crecían.
—¡Ahora! —gritó el poni, Rainbow Dash asintió.
Si las cabezas eran invencibles, quizá no el cuerpo, era lo que había pensado la pegaso, tenía que atacar el corazón. Lista para avanzar, volvió a concentrarse en sus amigas, debía hacerles saber que estaba bien, que no se sintieran culpables. Su traje aumentó su volumen y arrancó el pasto en su partida, dio unos veloces pasos, saltó y penetró en el interior de la bestia. Last Survivor observó al reptil cercenado retorcerse, aquella pegaso había sido una sorpresa, ningún otro poni había activado su traje en su primera misión. De pronto, las cabezas dejaron de crecer y el enorme cuerpo escamoso cayó inerte sobre la arboleda. Habían ganado.
00:43:27
El equino sonrió aliviado, pero se preocupó al no ver salir a la poni, podía haberse quedado atrapada en el interior de la hidra y haber muerto asfixiada. Sólo fueron unos segundos de inseguridad, la pegaso surgió torpemente de la herida, cubierta en su totalidad de un color rojo oscuro, respirando agitadamente. "Estará bien", pensó Last Survivor, mientras desaparecía desde la cabeza.
Mirando las estrellas, Rainbow Dash recordó lo larga que había sido esa noche, deseando con ansias volver a casa, volver con sus amigas y descansar por algunos días; sería lo mejor. Cerrando los ojos, cansada, no oyó sino el silencio.
Continúa…
