Capítulo 0004:

Vida nueva

Su cansancio no duró mucho, el sueño y el dolor se desvanecieron; sintiendo restauradas sus energías. Inmediatamente abrió los ojos y ante sí vio un techo blanco extendiéndose más allá de su visión, un blanco cuasi infinito. Girando la cabeza dio con la pared y junto a esta yacía la esfera negra, Gantz, y sentado a su lado estaba Last Survivor. El poni se giró y la vio ya despierta, una fugaz sonrisa iluminó su rostro, ella no entendió qué le hacía feliz.

—Es bueno que hayas despertado rápido —dijo Last Survivor.

—No sé si haya sido tan bueno para mí… Ahora estoy más confundida —dijo Rainbow Dash, incorporándose.

—Ya tendrás tiempo de ordenar tus pensamientos. Por ahora, acércate y mira el puntaje.

—¿¡Puntaje!? —exclamó extrañada, acercándose a la esfera negra tras el poni terrestre.

Ante sus ojos vio aparecer la puntación otorgada a los sobrevivientes de la misión.

LAST SURVIVOR

8 Puntos

Finalmente de veo con compañía.

20 puntos más y serás libre.

RAINBOW RUN AWAY

12 puntos

Me encanta tu crin.

88 puntos más y serás libre.

—¿¡Cuántas misiones más…!? —dijo la pegaso, anonadada.

—Depende. El objetivo es llegar a los cien puntos. A mí me faltan veinte puntos y esta es mi novena misión —le contestó el poni con calma.

¿Cuántas veces tendría ella que pasar por eso? Matar a los monstruos era lo fácil, no así proteger a sus compañeros. Aún no asimilaba el impacto de las muertes, inconscientemente lo mantenía distante en su memoria, como un viejo recuerdo o un borroso sueño, pero lo había vivido hace unos minutos ¿Podría pasar por lo mismo una y otra vez? Miró a Last Survivor ¿Alguna vez él se habría hecho esas preguntas? Se vio atrapada y esclavizada por aquella esfera, después de todo, ¿qué derecho tenía para regresarlos a la vida? Y por primera vez, consideró que hubiera sido mejor haber permanecido muerta.

—¡Esto es enfermizo! —dijo molesta y aterrada de sus propios pensamientos— ¡Es… es cruel!

—Mal que bien, nos ha dado una segunda oportunidad de vivir —dijo Last Survivor.

—¡Yo no le pedí nada! Preferiría… —pero no completó la frase, no se atrevía a decirlo.

—¿Segura? ¿No tienes ningún motivo para seguir viviendo?

Recordó a sus amigas nuevamente, recordó a la pequeña Scootaloo, recordó ese instante cuando deseó seguir viviendo. Su ira se disipó. No contestó al poni a su lado, pero era evidente en su rostro que se había arrepentido de sus palabras.

—Piensa en eso, haz de aquello que aprecias sea tu motivo para sobrevivir en el juego. En cualquier caso, si deseas morir sólo debes acercarte a cualquier poni y tratar de contarle sobre la existencia de Gantz, tu cabeza explotará inmediatamente.

—No podemos decir nada, entiendo… Gracias —dijo Rainbow Dash, sonriendo con optimismo.

Last Survivor también sonrió y se dirigió hacia la puerta.

—Bueno, ha sido una noche cansada. Nos vemos, chica arcoíris.

—¡Espera! No debemos perder el contacto. Si vamos a trabajar juntos lo mejor sería entrenar juntos. Así, para la siguiente misión no… no tenga que pasar lo que pasó con Sea Swirl y los demás.

Last Survivor se detuvo con la puerta abierta y habló sin voltearse a ver a la pegaso.

—Hasta ahora he luchado solo, Gantz no me dio este sobrenombre por nada —calló por un tiempo, parecía que no iba a decir nada más y tras suspirar continuó— Aunque es verdad que podríamos hacer un buen trabajo en equipo. Te espero pasado mañana en las afueras del Everfree.

El poni se despidió con un movimiento de su casco, luego se fue y cerró la puerta tras él. Rainbow Dash avanzó rápidamente, abrió la puerta para alcanzarlo pero ya no había rastro de él, parecía simplemente haber desaparecido. Decidió que también debía marcharse, dejó la x-gun en la esfera y salió de la pequeña casa. Oculta en la oscuridad, nadie la vio volar hasta su hogar. El camino desde la puerta hasta su cama fue marcado por las piezas del negro traje que había llevado, cayó rendida en un sueño profundo, su cuerpo no estaba cansado, mas, sí su espíritu.


Despertó a la mañana siguiente con la luz del sol golpeando sus parpados, no recordaba haber soñado aquella noche, pero por el desorden de sus sábanas sabía que se había movido mucho mientras había dormido. Se levantó, rascándose la cabeza por encima de su despeinada crin, sus ojos se detuvieron en las piezas del traje negro regadas por el suelo, habría dado un ala, incluso las dos, por olvidar lo ocurrido anoche, pero rápidamente apartó esos pensamientos, había algo más importante por hacer; debía encontrar a sus amigas y hacerles saber que estaba bien. Se desperezó inmediatamente, se lavó, se alistó para salir, dio de comer a su tortuga Tank, tomó un rápido desayuno y se fue de su imponente casa hecha de nubes, dejando a su mascota a cargo de cuidarla.

Pensarlo había sido sencillo, pero no se le había ocurrido como tratar con sus amigas ¿Cómo decirles que lo que habían visto era mentira? Si a fin de cuentas era verdad. Además, era mala mintiendo, especialmente a ellas. Por ello volaba bajo y extraviada sobre Ponyville, maquinando alguna falsedad y girando bruscamente al verse próxima a alguna de las casas de sus cercanas amigas. Se distrajo viendo los puestos del mercado mientras sobrevolaba el lugar y de pronto, escuchó una bolsa cayendo al suelo cerca de ella, algunos tomates despedazándose y manzanas rodando por la rúa, la pegaso se dio media vuelta y se encontró con una unicornio blanca de glamorosos cabellos púrpura y largas pestañas negras, mirándola con humedecidos ojos.

—¿Rainbow… Dash? —dijo incrédula la poni blanca.

—Eh… ¿Tan pronto te olvidas de mí? —contestó la aludida, fingiendo ingenuidad ante su amiga, Rarity, esperando que ella desconociera los hechos de la tarde del día anterior.

—¡Oh querida! —dijo Rarity secándose los ojos con un pañuelo— ¡Si superas lo preocupada que estaban las demás! ¿Qué fue lo que te ocurrió anoche?

—¿Anoche? —dijo, tratando de esquivar el tema.

—Sí, me contaron que te enfrentaste tú sola con una hidra y habías… muerto.

—¿Eh? ¿Por- por qué pensarían eso? —preguntó sin saber cómo sostener su mentira.

—Ellas vieron cuando la hidra te aplastó, pero habías desparecido cuando intentaron rescatarte. Supusieron que la hidra te había comido de algún modo.

—Bueno, no… terminé… inconsciente… Quizá la presión sobre el aire por la velocidad de la caída y mi aceleración… sí, eso.

—¿Cómo dices, querida?

—No sé muy bien, Twilight podría explicarlo mejor.

—Vaya coincidencia entonces. Justo iba a pasar a verla en la biblioteca. Resulta que tu… desaparición, la hizo enfurecer bastante. Terminó lanzando a la hidra hasta quién sabe que parte de Everfree, la pobre se desmayó luego de usar tanta magia.

—Vaya… —al parecer sus amigas habían reaccionado peor de lo que esperaba— y… ¿cómo están las demás?

—Fluttershy se desmayó casi al instante de verte aplastada y siguió durmiendo hasta entrada la noche, pensaba ir a verla luego de ir a la biblioteca. Pinkie Pie se encerró en su habitación y no han querido salir hasta ahora y Applejack… se culpa por lo ocurrido, creo que ella es quien lo está pasando peor, pasé temprano a verla y no quiso recibirme, Apple Bloom me dijo que había destrozado un par de manzanos y que Big Macintosh tuvo que detenerla para que no destruyera la granja, la pequeña también estaba muy triste por lo que vieron ayer, al igual que mi Sweetie Belle, pero ya sabes cuál pequeña está más mortificada.

Mucho peor. La pegaso tragó saliva, sabiendo que debía remediar la situación lo antes posible.

—Rarity, ya que vas a ver a Twilight y a Fluttershy ¿Podrías decirles que estoy bien?

—¿Oh querida! ¡Por supuesto! No tenías que preguntar siquiera…

—¡Bien! Voy a ver a las demás —dijo Rainbow Dash alzando vuelo.

—¡No te olvides de ver a Scootaloo! —dijo la unicornio, alzando la voz.

—¡No me olvido! —respondió la pegaso y se perdió en el cielo.

Rarity permaneció observando como su amiga se reducía a un punto borroso en el cielo y luego se perdía entre las nubes y agradeció verla sana y salva. Dio un paso y con sorpresa escuchó algo jugoso deshaciéndose, sacudió asqueada su casco sucio de tomate, rápidamente levantó el resto de sus víveres con su magia y tras guardarlos en su bolsa siguió su camino, arrastrando cada pocos metros la pierna sucia contra la tierra.


Cuando Rainbow Dash ingresó en Sugar Cube Corner, escuchó estridentes llantos de infantes y pasos de ponis adultos, yendo y viniendo. Se acercó al mostrador, esperando que alguien se acercara a atenderla, apreció una larguirucha figura color amarillo de cabellos naranjas llevando un delantal, era el señor Cake con paso veloz y agitado, de soslayo vio a la pegaso.

—Lo siento, estamos muy ocupados —dijo el poni, marcando su paso apresurado sin moverse de su sitio—, no podemos atender por hoy.

El señor Cake siguió corriendo, tropezando con su esposa, una llena poni azul de crin fucsia, quien salía de la cocina con un par de biberones, y cayó al suelo, justo cuando los llantos callaban. La señora Cake iba a seguir su camino, pero se detuvo bruscamente al ver a la poni de crin arcoíris.

—¿Rainbow Dash?

—¡Rainbow Dash! —exclamó el señor Cake, alzando la cabeza sobre el mostrador.

—Sí… supongo que Pinkie les habrá contado algo que pasó ayer… —dijo la poni sonriendo incómoda y sobando su cabellera.

—¡Por Celestia! Pinkie ha estado incontrolable —prorrumpió la señora Cake— Está metida en su habitación llorando por ratos diciendo que tú…

—¡Sí, sí! Lo sé. Si me permiten, voy a hablar con ella.

—Pasa, por favor, a ver si así se calma, ¿verdad, querido?

—Sí, no hemos podido ingresar a su habitación y no escucha lo que le decimos… ni siquiera recuerdo que esa habitación tuviera cerrojos.

La pareja Cake señalaron el camino a Rainbow Dash, quien subió las escaleras volando suavemente. Sin darles tiempo de pensar en la situación, los nenes reanudaron su gimoteo, el señor Cake fue en búsqueda de los juguetes de sus hijos, la señora Cake recogió los biberones y salió apurada hacia la habitación de los bebés.

Al llegar a la puerta de la habitación de Pinkie Pie, Rainbow Dash se detuvo, tomó aire y exhaló, ya tranquila se acercó y tocó la puerta tres veces y dijo:

—Abre, Pinkie. Soy yo, Rainbow Dash.

Hubo silencio por unos segundos hasta que una afligida voz se animó a contestar.

—Tontita, no puedes ser Dashie, porque Dashie está… ella.

De pronto, el llanto de su amiga hizo retumbar Sugar Cube Corner, aplacando el llanto de los infantes Cake.

—¡Abre, Pinkie! ¡Por el amor a los Wonderbolt, abre!

Pero no hubo otra respuesta, sólo el chillante lloriqueo de la poni rosada que amenazaba con dejar sorda a la pegaso, quien hacía su mejor esfuerzo por pensar en una solución, vio la ventana a su diestra y la idea tomó forma; salió volando por la ventana, esperando que su amiga tuviera la de su habitación abierta, era un día caluroso después de todo; su suposición fue correcta. Entró en la habitación de Pinkie Pie, halló a su amiga tendida boca abajo en su cama, abrazando su almohada, con los colores de su pelaje apagados y su cabello liso, perdida en su estruendoso lloriqueo.

—¡Vamos, ya basta Pinkie! Soy Rainbow Dash, estoy bien. Sólo mírame —dijo la pegaso amablemente.

La poni pelirosada se incorporó y vio a su amiga volando, la cual se sintió aliviada ahora que todo debía estar aclarado. Rainbow Dash esperaba recibir un abrazo y en su lugar obtuvo un repentino y agudo grito que la dejó aturdida.

—¡FANTASMA! —chilló Pinkie Pie, corriendo a la puerta y quitando en un instante los más de diez cerrojos que la habían mantenido aislada.

Cuando la pegaso salió de su confusión, su amiga yacía en la calle, corriendo y gritando. Sin perder un segundo, Rainbow Dash salió por la ventana y le dio alcance tras unos minutos de persecución, esquivando boquiabiertos equinos y un par de vacas.

—¡Soy yo! ¡Pinkie, mírame bien! —dijo la pegaso volando al lado de su amiga.

—¡Te veo bien! Eres el fantasma de mi amiga que viene a jalarme los cascos mientras duermo ¿¡Cómo entraste a mi habitación sino!?

—Oh vamos —dijo Rainbow Dash exasperada— ¡Entré volando por la ventana!

—¿¡Y cómo puedes volar, ah!? ¡Es porque eres un fantasma!

—¡Pinkie! Soy una pegaso ¡Todos los pegasos podemos hacerlo!

La poni pelirosada paró en seco.

—¡Oh cierto! —dijo, recuperando sus colores brillantes y su cabello esponjoso.

Rainbow Dash pasó de largo, sin poder frenar a tiempo y se estrelló contra la pared de una casa, quedando pegada a ella. Pinkie se acercó, saltando alegremente, y despegó a su amiga de un tirón, la sacudió, la colocó en el suelo, mareada y aturdida, y la abrazó fuertemente.

—¡Dashie!

—¡Me… asfixias! —dijo la pegaso mientras su cara se tornaba púrpura.

—Lo siento —dijo Pinkie Pie, soltando a su amiga, quien recuperó su color natural—, es que estoy super-duper-feliz de que estés viva, Dashie.

—Lo noto.

—¡Oh, oh! Hay que celebrar con una fiesta, la llamaré 'Que bueno que ya no te haremos velorio', mmm… eso no suena muy fiestero…

—Quizá más tarde, Pinkie. Ahora debo ir a ver a Applejack.

—¡Uh! Sí, ella se lo tomó muy mal. Digo, verte morir fue chocante y todo, pero ella exageró un poquitín.

Rainbow Dash la miró seria, conteniendo sus palabras ante la 'nada exagerada' Pinkie Pie. Decidió irse, pensando que su amiga sólo estaba siendo ella misma.

—'Fiesta de resurrección', no, ella no murió. 'Fiesta porque estás vivita y coleando', podría ser. 'Parranda: no estaba muerta', muy directa…

De camino a Sugar Cube Corner, Pinkie Pie continuó murmurando nombres para la fiesta de Rainbow Dash, sin poder decidirse por ninguno.


Manzanos, era todo lo que alcanzaba a ver con sus ojos sonrosados; manzanos y tras estos un cielo con delgadas nubes. Trataba de no pensar, pero las nubes la hacían recordarla. Colocó su sombrero sobre su rostro para aislar su visión, la oscuridad sentaba de maravilla en aquel momento. Sí, que aquel instante dure por siempre, deseaba, era un vacío feliz que la ayudaba a olvidar, entre otras cosas, que aún no podía perdonarse.

—¿Cómo estás, AJ?

Aquella voz la sacó de transe, se incorporó violentamente, dejando que su sombrero rodara por el campo. Giró a un lado y la vio.

—¡Ra… Rainbow Dash!

—La única —contestó la pegaso aterrizando cerca de un árbol.

Para su sorpresa, Applejack corrió hacia ella y la abrazó en medio de un silencioso sollozo. Nunca la había visto actuar así y eso le dificultaba mantenerse impasible.

—¡Está bien, AJ! Estoy… bien —dijo y no recibió respuesta, la poni vaquera la siguió abrazando y sus lagrimas siguieron brotando— Vamos… si sigues así… si sigues así…

Rainbow Dash no pudo añadir más, su voz quebrada se lo impedía y los ojos se le humedecieron. Entendió por qué lloraba Applejack, la pegaso también estaba feliz de estar viva y poder volver con sus amigas. Le devolvió el abrazo y lloraron en silencio.

—Pero… ¿Cómo? —preguntó Applejack, separándose de su amiga y limpiando los restos de lágrimas de su rostro— Todas vimos cómo te aplastó la hidra.

—Ah… No sé —dijo la pegaso, recobrando la compostura, y recordó a tiempo la mentira que había improvisado con Rarity— parece que la presión del aire bajo la hidra me sacó volando de ahí… quizá cayó en el ángulo indicado… su velocidad de caída…

—¿Disculpa?

—No sé, quizá Twilight pueda explicarlo. La cosa es que estoy aquí.

—Je, supongo que fue en vano la escenita que monté anoche —dijo la poni vaquera con rubor en sus mejillas.

—¿Escenita?

—Pues… comencé a derribar árboles con la cabeza…

—¿Tú qué? —dijo Rainbow Dash sorprendida, Applejack alzó su flequillo y le mostró el moretón en su frente.

—Big Macintosh tuvo que contenerme mientras gritaba como cabra loca, diciendo que era una asesina. No me calmé hasta que la abuela Smith me abofeteó, fue la primera vez que me puso la pezuña encima, y vaya si tiene duros los cascos a pesar de sus años.

Rainbow Dash empezó a reír ante el comentario de Applejack, quien ya relajada se aunó a su amiga con sus carcajadas. De pronto, la pegaso paró y añadió seriamente:

—Aunque la verdad es que casi me matas.

Applejack la miró anonada y despabiló cuando recibió un golpe en la espalda de su amiga.

—Sólo bromeo —dijo y siguió riendo— debiste ver tu cara…

La poni terrestre demoró en unirse a las risas de su amiga esta vez. Cuando toda jocosidad se hubo disipado, pasaron varios minutos en silencio, viendo el sol viajando en el cielo, hasta que su soledad se vio interrumpida por tres pequeñas potrillas.

—¡Rainbow Dash! —dijo Scootaloo, colgándose de la espalda de la pegaso.

—Hoy he escuchado muchas veces mi nombre, me gusta eso —dijo, bajando con cuidado a la pequeña de pelaje naranja.

—¡Sabía que estabas bien! ¡Esa hidra jamás podría contigo! —afirmó Scootaloo entusiasmada.

Apple Bloom y Sweetie Belle se miraron cómplices, recordando cómo hace unos minutos su amiga estaba desconsolada, pensando que su 'hermana' había muerto.

—Descuida, hay Rainbow Dash para rato —respondió la pegaso.

—Bueno, ¿qué tal si vamos a casa para tomar algo? —dijo Applejack a las cuatro presentes— Luego podemos reunirnos con las demás, estoy segura que Pinkie Pie querrá hacer una fiesta.

—Sí, la dejé pensando el nombre.

Las cinco ponis trotaron rumbo a la casa de la familia Apple, Rainbow Dash iba de última, agradecida por aquellos momentos de felicidad, no podía permitir que nada deshiciera eso y se prometió sobrevivir a toda costa a lo que vendría. Por un instante, los cien puntos no parecieron tan lejanos, dejó de pensar en ello al ver la ventaja que las demás le llevaban y voló apurada a alcanzarlas.

Continúa…