Capítulo 0005:
Sacrificio vano
00:46:51
Guiados por la somera lumbre de la luna, dos ponis sorteaban los árboles del bosque Everfree, el traje negro de los equinos los camuflaba con los oscuros arbustos del camino y sus perseguidores, los lobos de madera, no podían distinguirlos apropiadamente; pero era más fácil seguir a la yegua de crin y cola arcoíris y así se olvidaron del potro de cabellera negra, quien, al ver alejarse a los lobos de madera tras su compañera, contuvo su risa, el plan iba en marcha.
Cuando los xíleos caninos veían tener acorralada a la poni, ésta extendió sus alas y voló alto, luego cayó en picada sobre sus perseguidores. Los lobos de madera dieron media vuelta para escapar y se encontraron con el otro poni apuntándoles con una extraña y alargada arma gris, la pegaso tras ellos apuntó con un arma similar pero de cañón corto. Ambos equinos bajaron sus gatillos, una serie de luces blancas brotaron de los cañones de sus armas, y nada parecía haber ocurrido, de pronto, los lobos de madera estallaron en pedazos, uno por uno, hasta quedar reducidos a ramas y astillas.
—¡Pan comido! No queda ni uno en pie —dijo Rainbow Dash, aterrizando al lado de Last Survivor.
—Te equivocas —respondió él, mostrándole la pantalla bajo su pata derecha—, aún queda el jefe, ¿recuerdas?
—Pff… sólo es otro pedazo de madera.
El poni meneó la cabeza ante la soberbia de su acompañante. Ambos se distrajeron al ver las ramas moverse lentamente, juntándose con otros trozos de madera muerta del bosque.
—Creo que será mejor apurarnos —dijo Last Survivor y Rainbow Dash asintió.
Ambos partieron con moderada prisa.
00:38:29
—¿Cómo es que esas cosas se vuelven a armar? No tienen cerebro ni órganos, sólo son un montón de madera ¿Qué los mantiene vivos? —preguntó la pegaso, volando al ras del suelo. Last Survivor sonrió.
—Hay muchas teorías. Algunos cuentan que los lobos de madera son los espíritus de aquellos que han muerto perdidos en el bosque Everfree, otros dicen que fueron el desastroso resultado de los experimentos en xilomancia de un antiguo hechicero, y también se cree que son marionetas controladas por un árbol carnívoro y que sirven como sus perros de caza.
—Eso último es un poco tonto…
—Quizá, pero es el único cierto —dijo el poni terrestre deteniéndose tras salir de los arbustos y llegar a un área despoblada del bosque.
Rainbow Dash también paró, delante suyo vio un campo desierto, ni arbustos ni hierba alguna vivía sobre aquella tierra, sólo un gran árbol que imponía su sombra sobre el baldío. Nada raro se notaba en aquel, cuyas ramas veía ondeando con la brisa nocturna, entonces la pegaso notó que no corría ni el más suave viento aquella noche.
—¿Sigues creyendo que el mkodo será tan fácil de vencer como decías? —dijo Last Survivor.
—Gantz no mencionó que podía moverse… no creo que un par de risas le hagan algo —contestó la pegaso.
Al oír el choque de las zarpas de madera a lo lejos, abandonaron su plática y avanzaron indubitables hacia su objetivo, el cual se giró, dirigiendo hacia ello sus dos rasgadas cuencas brillantes con las que parecía mirarlos y un gran hoyo con sinfín de puntas como colmillos. El suelo tembló y una zanja se abrió, las raíces del mkodo brotaron latigueando el aire, pasando muy cerca de Rainbow Dash, quien logró esquivarlas a duras penas.
—¡Cuidado! —dijo Last Survivor.
—¡No te preocupes! ¡Sólo debo permanecer lejos del suelo! —aseveró la pegaso, ascendiendo por sobre la copa de la arboleda.
—Eso es fácil para ti… —murmuró el poni y pronto se vio atareado como el único blanco de las raíces del árbol carnívoro.
Confiada, la pegaso se acercó al mkodo y disparó contra este, las astillas saltaron de su tronco y se retorció con lastimeros crujidos de su ser. Rainbow Dash osó acercarse más al ver el éxito de su ataque y esa fue la oportunidad del árbol para contratacar, giró con tal velocidad que logró alcanzar a la poni con una de sus ramas y la elevó varios metros por los aires. Ella cayó de cara en la copa de un inofensivo roble.
Enfurecida, Rainbow Dash arremetió hacia el mkodo y dando giros a su alrededor formó un tornado, arrancando hojas y ramas del árbol carnívoro. Last Survivor vio impresionado esta técnica, sujetándose fuertemente del suelo para no ser arrastrado por el viento. Pero esto no bastó para detener al mkodo, el cual elevó una de sus raíces justo delante de la pegaso, quién trato de frenar para no chocar contra el apéndice del árbol y perdiendo la dirección dio a parar al suelo.
El mkodo envolvió a Rainbow Dash entre sus raíces, seguro de tener a su primera presa, pero sólo era una carnada. Se disponía a devorar a la pegaso cuando una explosión destrozó sus fauces, había olvidado cuidarse del otro poni, trató de reaccionar pero ya era tarde, Last Survivor había disparado una decena de veces sobre el árbol. Una tras otra las explosiones se sucedieron, el gigantesco tronco fue abatido, y cayó destrozado sobre la tierra yerta.
00:23:04
Los lobos de madera aparecieron en ese momento, sólo para aullar al árbol caído y deshacerse en restos de madera, los aullidos persistieron por varios segundos, se oyeron a lo largo del Everfree hasta perderse en las afueras donde un tranquilo Ponyville dormía en paz, ignorando la cacería ya concluida.
Habían pasado cinco días desde la primera misión de Rainbow Dash, durante los últimos tres días, ella y Last Survivor habían entrenado por las noches, su coordinación en equipo no había sido un problema, quizá lo más difícil para el potro había sido hacerle entender que no debía correr riesgos innecesarios. Viendo los resultados de su segunda misión, ambos se sentían reconfortados, su trabajo en conjunto había permitido sobrevivir a todos los participantes, claro que ellos dos eran los únicos que había aparecido en la habitación aquella noche, en un pueblo como Ponyville podían pasar varios días sin muerte alguna, gracias a no tener que cuidar de nadie más, los dos ponis habían podido desenvolverse a sus anchas.
LAST SURVIVOR
17 puntos
Debiste apuntar mejor a los lobos.
¡3 puntos más y serás libre!
RAINBOW RUN AWAY
8 puntos
Es bueno que no usaras tu plan original.
80 puntos más y serás libre.
—No te falta nada para los cien puntos —dijo Rainbow Dash a ver el puntaje de Last Survivor, mientras dejaba su arma acomodada en la esfera.
—Sí… Espero que la siguiente misión sea una fácil.
—¿Qué piensas hacer cuando estés fuera?
—Regresar a Manehattan…
—¿Eres de Manehattan?
—Sí, vine a probar fortuna, puedes imaginar que no me fue muy bien —dijo riendo—, no veo a mis padres desde entonces; ni a mi hermana, me pregunto cuánto habrá crecido.
La pegaso notó la nostalgia en las palabras del poni, quien ansiaba la libertad, pero, a sabiendas de que alguien permanecería en su lugar, su anhelo se oscurecía. Había hecho todo lo posible por ayudarla, enseñándole durante la última semana las distintas armas, sus funciones y cómo combinarlas, ella estaría bien sin importan lo traicionera de las misiones, así lo sentía. Pero había omitido decirle algo importante, a sabiendas de cómo lo tomaría ella si se lo revelase, no debía saberlo hasta entender que no eran más que sobrevivientes.
—¡Hey! ¡Mueve las grupas! Ya estoy con sueño… —dijo Rainbow Dash bostezando tras abrir la puerta.
Dejando de lado sus pensamientos, Last Survivor asintió y fue tras la pegaso. Juntos abandonaron la anónima casa y atravesaron las oscuras calles acompañados de un pesado silencio, interrumpido cada tanto por el maullido de un gato callejero o el ulular de una lechuza cazadora.
—¿Lees el periódico de Ponyville? —preguntó el poni mientras caminaban.
—La verdad es que no. Rara vez sacan algo interesante —respondió la pegaso— ¿Por qué?
—Bueno… hay una historia que se publica ahí cada cierto tiempo y… como es de aventura y acción, pensé que podría gustarte.
—¿¡Así como Daring Do!? —exclamó emocionada.
—No creo que así de buena… pero te gustará.
—Está bien, revisaré el próximo número… ¿Por qué comentas esto ahora?
—Nada en especial… es que a mí me gusta, sí. Y quería comentarla con alguien antes de volver a Manehattan.
—Aún te faltan tres puntos. Si no ganas nada en la siguiente misión puede que sigas aquí —dijo Rainbow Dash con sorna.
—¡No digas eso, por favor! —dijo Last Survivor, había olvidado tener esa posibilidad en cuenta.
La pegaso se rio de la expresión aturdida del equino, él sonrió al verla de tan buen humor y esperó a que se calmara.
—Ya veremos en la próxima misión —dijo el poni.
—Por cierto, ¿Cuándo volvemos a entrenar? —preguntó Rainbow Dash.
—Mmm… Podría ser pasado mañana. Estate atenta esa noche.
La poni asintió, agitó sus alas, despegó y sacudió su pezuña en señal de despedida. Se sentía fatigada mentalmente, similar a cómo se sintió tras su primera noche como gantzer, al menos la reconfortaba el saber que nadie había muerto esta vez. Voló imaginando la sensación de su almohada bajo su cabeza y la de su edredón abrigándola, apurándose cada vez más para volver realidad sus fantasías.
A la mañana siguiente, Rainbow Dash se despertó tarde, casi al mediodía. Decidió salir a volar tras un rápido desayuno, Tank quedó a cargo de la casa de nuevo.
Se dejó llevar por el viento, sin un rumbo fijo, sobrevoló la ciudad, deteniéndose cada tanto para golpear alguna nube, iba tan absorta en su vuelo que ni miraba hacia abajo ni lograba escuchar el saludo de algunos ponis, entre ellos estaba Scootaloo. La potrilla hizo su mejor esfuerzo por seguirla con su monopatín, evitando en su camino un sinfín de puestos ambulantes y peatones; muchos enojándose a su paso, algunos se maravillaban de sus piruetas, sin embargo, nada de ello valió para alcanzar a la distraída Rainbow Dash y poco a poco Scootaloo fue quedándose relegada.
La pegaso se había aislado del mundo, eran sólo ella y el cielo y las nubes, nada parecía que la detendría, hasta que fue cegada de pronto. No entendió qué había pasado, se desesperó, voló en círculos y perdió el sentido de la dirección, al ver que sólo se trataba de un papel en su rostro, se sintió como una gran tonta. Se lo quitó a tiempo, iba rumbo al suelo y sólo le faltaban un par de metros, recuperó su dirección y aterrizó con ligereza. Miró el papel causante de sus males, era un fotografía del Everfree, podía reconocer la desordenada naturaleza del bosque, entre la arboleda se asomaba una figura alta de ojos rojos, no lograba reconocer la silueta de aquella criatura y antes de ponerse a reflexionar sobre la identidad de aquel ser, fue interrumpida por la dueña y autora de la foto.
—¡Rainbow Dash! ¡Gracias por cogerla! —gritó la unicornio de pelaje verde claro y crin casi blanca— Es la mejor que he tomado, no quiero ni pensar en que casi la pierdo.
—No hay de qué, pero… ¿Qué se supone que es? —dijo la pegaso entregándole la imagen.
—¡Lyra! No corras tan aprisa… —las distrajo una poni terrestre de color crema y llamativa cabellera bicolor, azul y rosado.
—Lo siento, lo siento —se disculpó la aludida y se volvió hacia Rainbow Dash nuevamente— Bien, sobre la foto. La tomamos hace unos días en la entrada del Everfree, por su altura y la forma como se movía parecía una criatura bípeda, mira sus hombros, sus piernas tendrían que ser muy largas para llegar al suelo desde ahí.
Rainbow Dash se esforzó en diferenciar algún hombro pero la oscuridad de los árboles se confundía con la silueta. La pegaso rio y suspiró.
—¿Aún sigues con eso, Lyra? —dijo.
—Ríete si quieres, pero no he sido la única que los ha visto, tengo testimonios de muchos ponis, incluyendo a tu amiga Fluttershy, y Bon Bon aquí la vio conmigo. De hecho, vamos a intentar capturarlo.
—Bien, vas a ir sin importar qué, ¿no? —la unicornio asintió— Entonces será mejor que vayas con cuidado, el Everfree puede ser muy peligroso, lo digo por experiencia… Sería buena idea que vayan junto a alguien que conozca el lugar —Lyra sonrió y antes que hablara, Rainbow Dash se adelantó a responder, sabiendo lo que iba a decir— No, no voy a acompañarles.
—¡Heno! —maldijo la unicornio.
—Bueno, podemos atrasar un poco la expedición —dijo su amiga y recibió una agria mirada por respuesta.
—Cuídense, ya me volvió el hambre —dijo la pegaso, despegando acompañada del rugido de su estómago y fue despedida por Lyra con un casco alzado agresivamente.
Rainbow Dash no era la única escéptica en Ponyville, para Lyra Heartstrings cada poni que dudaba la hacía perder sus propias esperanzas, a pesar de todo, su amiga Sweetie Drops, a quien afectuosamente llamaban Bon Bon —por los tres dulces impresos en su flanco—, solía respaldarla, a regañadientes y sin entusiasmo, pero era el mejor apoyo que había tenido en todos esos años. Su amistad se remontaba a su infancia, cuando sus padres se hicieron amigos y solían visitarse mutuamente, aun cuando la familia de Lyra vivía en Canterlot y la de Bon Bon en Ponyville, las potrillas se acostumbraron a jugar juntas y su compañerismo les ayudó a afrontar las pérdidas que estaban por vivir. Años más tarde, cuando la unicornio ya había obtenido la lira de su flanco, su madre, arqueóloga de profesión, descubrió restos de artefactos y herramientas que demostraban que seres bípedos inteligentes habían habitado Equestria mucho antes que los equinos o cualquier otro ser, descubrimientos que sin embargo fueron vilipendiados por la opinión popular. Decidió entonces emprender la búsqueda de la evidencia definitiva, una construcción en el bosque Everfree cuya existencia sólo se registraba en mitos. Partió junto a su equipo y nunca se volvió a saber de ellos.
Lyra se crió bajo la tutela de su padre, de quien aprendió todo lo que sabía de música, su vida habría seguido otro rumbo si no hubiese sido por el accidente ocurrido pocos años atrás, su padre y los padres de Bon Bon viajaban en tren a Manehattan, sus hijas habían decidido quedarse por motivo de estudios, un alud sepultó parte del tren, incluyendo el vagón donde ellos viajaban. Lyra dejó su hogar en Canterlot y se mudó a Ponyville, desde entonces ambas vivieron juntas y su compañía menguó sus penas. Cuando comenzaron los rumores sobre la criatura bípeda en el Everfree, Lyra se obsesionó con la idea de limpiar el nombre de su madre y demostrar no sólo que dicha criatura había existido, sino que seguía existiendo. Pese a los problemas que ocasionaba la unicornio, Bon Bon seguía a su lado, contradiciendo sus decisiones y a veces hasta tratando de hacerla desistir, pero nunca abandonándola.
—Lyra, creo que debemos hacerle caso y no ir solas —dijo Bon Bon.
—Lo sé, lo sé. Pero no es tan fácil hallar un poni que nos guíe —dijo la unicornio renegando.
Entonces vieron aparecer a Scootaloo en su scooter y Lyra pensó que la potrilla podría saber sobre alguien que conociera el bosque, después de todo, conocía a las amigas de Rainbow Dash y, más especial aún, a Zecora.
—¡Hey! ¡Hey, Scootaloo! —la llamó.
—¡Ah! Hola —dijo la pegaso frenando su monopatín.
—¿Sabes dónde podemos encontrar a Twilight, Applejack o cualquiera que conozca bien el Everfree?
—De hecho… Yo conozco el bosque.
Lyra y Bon Bon se miraron extrañadas. La unicornio continuó la conversación.
—Necesitamos un guía. Que te hayas perdido un par de veces en el bosque no significa que lo conozcas bien.
—¡De veras lo conozco! He estado ahí muchas veces y sé cómo encontrar la salida, Zecora me lo enseñó.
—¿Zecora te enseñó? ¡Bien! No se diga más —dijo Lyra sacando la cámara fotográfica de su bolsa con su magia— ¡Serás la guía de nuestra expedición!
—¿¡Eh!? ¿No crees que alguien más adulto sería mejor? —trató de disuadirla Bon Bon.
—¡Ya puedo cuidarme sola! —reclamó la pegaso— Además, no es tan peligroso hasta que anochece.
—Bueno, pero al menos deberíamos decirle a tus padres —replicó la poni terrestre.
—Mi casa está al otro lado del pueblo… —dijo Scootaloo.
—Bon Bon, si hacemos eso llegaremos al bosque cuando esté anocheciendo. Sería demasiado arriesgado entrar con o sin guía. Lo mejor es ir ahora mismo ¿verdad? —dijo Lyra y su amiga refunfuñó entre dientes pero no replicó más— Bien ¡Guíanos, pequeña!
La potrilla fue delante, zumbando sus alas para impulsar su scooter, seguida de una feliz unicornio y una dudosa poni terrestre.
Había pasado un tarde agradable: un delicioso almuerzo, un divertido paseo con sus cinco amigas y aún le quedaba tiempo para practicar un par de acrobacias mientras el sol se ponía. No habría hecho más que un par de volteretas cuando escuchó el pito en sus oídos, era la segunda vez que experimentaba eso, la primera ocurrió anoche, antes de ser llevada a la habitación de la esfera negra por segunda vez. Sabía lo que vendría, su cuerpo se paralizó y comenzó a caer, no le dio importancia, poco a poco fue despareciendo en caída libre y lamentó no poder ver el ocaso. El brillante disco estelar ante sus ojos fue remplazado progresivamente por una oscura circunferencia; por un segundo, sol y esfera fueron uno. Era irónico, se decía, que supiera más sobre el sol que sobre Gantz.
Cuando terminó de ser transportada, se volteó y encontró a Last Survivor llevando el traje puesto como siempre, se preguntó si alguna vez se lo quitaba, debía hacerlo en algún momento, ¿verdad?
—¡El traje! —recordó alarmada Rainbow Dash.
—Te dejaste el traje… —dijo el poni— Supuse que pasaría a pesar de haberte dicho que siempre lo llevaras contigo.
—No… No pensé que fuera haber una nueva misión de un día para otro.
—Me pasó una vez, quizá no debí darle tantas vueltas… Bueno, no importa. Podemos arreglárnosla —dijo con ánimos.
Rainbow Dash se tranquilizó al verlo apoyándola, no podía concebirse pasando esas misiones por su cuenta, odiaba admitirlo para sí misma, pero temblaba ante la idea de luchar por su vida. Miró la ventana, la noche aún no se había impuesto. Pensó en lo felices que era con sus amigas, así como lo eran Apple Bloom, Sweetie Belle y Scootaloo, en especial esta última que la admiraba en demasía. Si a cambio de mantener esa felicidad debía seguir adelante con esas misiones, ella lo haría todo el tiempo que fuese necesario.
—Parece que seremos tú y yo de nuevo —dijo la pegaso fijando su mirada en el equino.
Last Survivor iba a asentir, pero entonces algo tras la pegaso llamó su atención.
—Rainbow… No estamos solos —dijo él.
La poni se volvió, tres haces de luz multicolor brotaban de la esfera, formando poco a poco tres cuerpos. Al principio, Rainbow Dash vio el proceso con curiosidad, pero el horror caló en su espíritu al reconocer a las ponis, especialmente a la potrilla de pelaje naranja. Al terminar de aparecer, tendidas en el suelo, las tres ponis se veían unas a otras confundidas. Rainbow Dash avanzó, ignorando a Lyra y a Bon Bon, miró turbada a la pequeña pegaso y esta la miró extrañada con sus grandes ojos.
—¿Rainbow Dash? —dijo Scootaloo, a cambio recibió una bofetada.
Continúa…
