Título: La chaqueta. Capítulo 2 de 2. FINAL

Nota: Gracias por los comentarios! Espero que os guste!

Rating, mayores 18 años.

Interior del Luci&Fer

Emma se acercó lentamente a Regina, respirando por la boca, la mantenía entre abierta, deseosa de contacto; la notaba inhalar el poco aire que las separaba, agitadamente, como un imán; sonrió justo antes de posar por primera vez sus labios sobre los de la madre de su hijo, unos labios que desde siempre le imponían. Estaban cálidos, y los recogió entre los suyos sintiendo cómo se dejaba hacer, cómo hasta dejaba caer su cazadora roja al suelo. No sabía donde estaba el límite pero dejó navegar su lengua sobre sus comisuras haciendo que poco a poco sus labios se abrieran para darle paso a profundizarla en su boca. La estaba hipnotizando y le vibraba el vientre. Sólo le había pedido un beso, lo sabía, pero deseaba más. Forcejeó consigo misma para no tocarla y apretarla hacia su cuerpo. La notó corresponderla y eso la animó a tocarle la cintura con sus manos, éstas se cruzaron por su espalda. "No pases de esto o no habrá vuelta atrás", se decía con miedo. Pasaron unos intensos segundos, ella no quería hacerlo, pero lo debía, se separó de ella ruborizada después de ese momento tan íntimo pero "¿y si se ha molestado?".

-Lo siento, sé que te dije solo un beso y…-, se agachó a recoger su cazadora y se la entregó de nuevo sin mirarla a la cara, aunque sabía que ella sí la estaba observando.

-No pasa nada-, dijo la morena condescendiente y se puso la cazadora; hubo un silencio y cuando Emma se atrevió a mirarla ella tenía la vista a cuarenta y cinco grados a su derecha. –La veo, la chica de la chaqueta, ¡está ahí!- señaló. Y ambas emprendieron rumbo hacia la parte oeste del pub.

Esta vez la alcanzaron en uno de los pasillos y sin pretensión de saludos y preguntas la sheriff se abalanzó sobre ella. La chica se resistió asustada. Cuando Emma la inmovilizó contra la pared ella aun sentía los labios de Regina en su boca.

-¿Es la tuya verdad?-, le preguntó a la alcaldesa mientras obligaba a la chica a quitársela a la fuerza. La joven, de anillo en la nariz y labios negros las miró con rabia.

-¿Pero qué os pasa niñatas?

Regina y Emma se miraron con gesto de sorpresa pero altivas.

-Niñatas nosotras- Regina se rió manoseando su prenda. -¿De dónde has sacado esta chaqueta?-, preguntaba mientras registraba los bolsillos internos, encontró el mapa doblado tal cual lo dejó cuando se la robaron, pero el libro no estaba.

-Aquí había un libro pequeño de aspecto antiguo, ¿qué has hecho con él?

-Lo vendí.

-¿A quién?

-A la dueña del local, el libro tiene que estar en la tienda del club, es la habitación 212-, no relajó su rostro ni un segundo.

-¿Y ahora me vais a soltar joder?

Ambas se miraron y Emma la soltó.

-Gracias-, dijo con rintintín dándose la vuelta.

-Espera, aun no he acabado contigo-, la chica se puso en guardia para defenderse.

-No te voy a pegar-, la morena dulcificó su voz, -sólo quiero saber una cosa, ¿cómo se compran las cosas aquí?, ¿qué tipo de monedas se usa?.

-¿Monedas?, ¿en serio?-, la miró asqueada, -eso no sirve aquí, se paga con acciones.

Emma asintió incrédula -acciones..., ¡qué acciones?

-Depende del guarda que toque y de sus ánimos.

-Pero…

-Bye-, la chica ya les estaba dando la espalda saliendo hacia una terraza trasera, que era hacia donde se dirigía antes del asedio.

-Bien, tendremos que averiguarlo nosotras mismas.

La habitación 212 estaba tal y cual le habían dicho, delimitada por una guarda, alta y fuerte, con las cara llena de tatuajes y un largo cabello recogido en una trenza. Al acercarse a ella la mujer las miró directamente.

-Buenas noches-, dijo Emma con voz dulce –nos interesaría comprar algo.

Se sintieron analizadas por la mirada de la guarda que les dio un repaso a cada una de arriba abajo y de abajo a arriba, pero sin decir nada abrió la puerta dejándolas pasar y siguiéndolas. La habitación tenía el mismo tamaño que una habitación normal de hotel pero plagada de percheros, estanterías y arcas antiguas agrietadas. Botellas de alcohol con letras extrañas, sombreros y hasta pelucas. Emma revisó las perchas y encontró la ropa de su padre, mientras Regina buscaba en las estanterías; en una de ellas, casi escondido en la sombra apareció el libro.

-¡Aquí está!

Se giró feliz observando a Emma con una pila de ropa colgada en su brazo. –Esto es lo de mi padre, y éste si no me equivoco es tu abrigo.

-Así es-, lo cogió y lo observó feliz.

-Lo hemos conseguido- Regina sonrió a Emma que parecía bastante orgullosa de cómo había salido el plan. Su cabello aun peinado hacia un lado y su camiseta…, sabía que tenía un asunto pendiente con ella.

Un carraspeo de garganta procedente de la guarda interrumpió ese momento.

-¿No os querréis llevar todo eso sin darme nada a cambio?

Ambas se miraron totalmente sorprendidas, se les había olvidado ese temita.

-De acuerdo, ¿qué es lo que quiere?-, le dijo la morena plantándose delante de ella. La robusta mujer hizo un gesto pensativo.

-¿Sois pareja?

Por instinto se miraron, como si tuviesen que pensárselo. "A veces me gustaría", se le pasó a Emma por su mente.

-¿Por qué lo preguntas?

-Porque quiero que me beses, y no quiero crear una crisis matrimonial.

Tan sorprendida la rubia como la morena se quedaron ante tal proposición pero Emma tenía que confesar que era una situación bastante divertida, claro que eso sucedía porque ella no iba a tener que besar a nadie. Regina se arrepintió de mirar a Emma, -Swan, como te rías el pago lo vas a hacer tú, ¿te enteras?.

La rubia se giró para que no la viese reír.

-Vale, de acuerdo-, le contestó.

El gesto serio y opaco de la mujer se iluminó como si la apuntaran con una linterna.

-¿Lo dices en serio?, siempre propongo este trato y me acaban dando su ropa antes que hacerlo.

El gesto de Emma pasó de risa a pena por la chica.

-¿Se te puede pagar con ropa?

Y volvió a cambiar el gesto de la rubia a sorpresa.

-Sí, está estipulado en los estatutos del bar, ¿por qué crees que hay tanta gente con poca ropa ahí fuera?.

No lo dudó, Regina le dio a la rubia su abrigo negro, y se quitó la cazadora roja, Swan se asustó pero pasó de susto a cosquilleo cuando lo que se quitó fue el sujetador, a través de la camiseta negra que llevaba debajo y se lo mostró en alto a la guarda.

-¿Esto te vale?-, Emma no pudo evitar ver marcados en la camiseta de ella sus pezones, excitada de nuevo, ¿por qué?, se sentía débil ante ella.

La guarda cogió el sostén algo tímida y miró lo que llevaba Emma en la mano, ropa y un libro.

-¿De qué es el libro?

-Cuentos de miedo antiguos-, respondió Emma mirando el libro disimulando.

-De acuerdo, anda, fuera de aquí ya antes de que cambie de opinión.

Una pequeña lluvia de gracias al salir por la puerta y Emma trató de alcanzar a Regina que ya andaba hacia la sala central. Consiguió ponerse al lado suya.

-Emma, ésta te la guardo.

La rubia no pudo evitar tomárselo con humor.

-Vamos, Regina, ha sido divertido.

La morena se detuvo de repente, la miró seria y enfadada y le tiró su cazadora bruscamente. Más que enfadada estaba molesta y esa energía que tenía dentro la necesitaba descargar y prefería estar sola o lo iba a descargar con ella, o en ella, según se mire.

La morena frenó en seco antes de salir al hall porque vio de frente a alguien de su pasado, un don nadie a quien había mandando a otro mundo en sus tiempos de Evil queen.

Para evitarle abrió la primera puerta que tenía a su izquierda y se topó con dos hombres musculosos dándose amor sobre una cama redonda. Emma se asomó y cerró la puerta rápidamente.

-No sabía que te iba esto Regina.

-Estás muy graciosa tú-, le mandó una mirada mortal.

-Vamos-, Emma sonrió, -¿o es que quieres seguir mirando habitaciones?.

Regina ahora parecía pensativa.

-¿Quieres ver el libro?, ¿o has venido a rescatarlo y no tienes ni pizca de curiosidad?.

La rubia no pudo evitar mirar sus pechos y Regina lo notó, sabía que era mujer de seducción pero no pensaba hasta que punto funcionaba con Emma.

-¿Y…, me lo dices aquí dentro por alguna razón?, ¿no estabas huyendo como una despavorida de mí y de tu novia la guarda?.

-¿Sabes qué?, olvídalo- se giró molesta, miró que no estuviese ese hombre del que huía y comenzó a andar.

-Espera, espera-, la rubia detuvo agarrándola con sus brazos, tirando la ropa al suelo y rodeándola por la cintura inmovilizada, fue un instinto, no conocía el por qué lo había hecho, pero lo había hecho. Y ella no dijo nada. No sabía si eso era bueno o malo y así que la soltó, recogió la ropa del suelo y dio un par de pasos hasta verle la cara, sus ojos brillaban y un proyecto de sonrisa se marcaba en su boca, al contrario de lo que esperaba, que era una buena reprimenda, Regina la ayudó y le quitó parte de la ropa que llevaba en las manos.

-Quiero ver el libro-, le dijo la rubia mirándola a los ojos.

-Vale, tenemos que buscar un lugar privado, cuanta menos gente lo vea mejor.

-¿Quieres que salgamos fuera?-, el gesto de Regina mostró una disimulada desilusión, pero Emma lo comprendió. -¿O prefieres que busquemos por aquí… una… habitación?.

La morena alzó una ceja.

-Una habitación-, asintió desconfiada.

-Más discreto que eso, .., pero con pestillo-, la rubia se rió recordando lo que acababan de ver.

Esa risa derrumbó esa fachada de mala leche de Regina que sonrió también.

Emma la cogió de la mano, la llevó pasillo adentro y entró en la última estancia, una habitación más grande y limpia.

-¿Como sabias...?

-La gente es muy perezosa y no va a recorrerse tantos metros para…, ya sabes.

La morena sonrió para sí misma, Emma la dejó pasar primero, y cerró la puerta –Con pestillo-, se escuchó un clack. No habían adivinado que ambas iban a ponerse nerviosas solo por compartir habitación.

Regina se sentó en la cama y cogió el libro del abrigo que dejó Emma sobre el edredón. Se estaban poniendo excusas y peleas fingidas con tal de no hablar de lo que de verdad las estaba matando por dentro, querían hacer cosas que sabían que luego revivirían sus remordimientos. Todo era una excusa, querían alargarlo, no sabían si serían capaces, estaban siendo infieles a alguien que francamente no las llenaba todo lo que quisieran, en definitiva, complicaciones.

La sheriff se sentó al lado de ella, que se había quitado los zapatos y tenía las piernas recogidas. –Mira, ésta es la introducción, en este libro se encuentran todas las vidas que han pasado por aquí, sus fechas de muerte y si han ascendido o siguen aquí.

La rubia se asomó al libro y su cabello cayó sobre el brazo de Regina. Mientras ella reía leyendo algunos nombres la morena le miraba el hombro y la espalda.

-¿Y por qué es tan importante el libro para ti?.

-Todos queremos saber quien ha pasado y con quien nos podemos encontrar, o si hemos perdido a alguien-, le dijo en voz baja.

Emma subió su mirada aun inclinada sobre el libro y la observó.

-¿Es por Daniel?

Regina negó inmediatamente, -es por él y es por todos, tus padres también querían consultarlo.

Emma se irguió y se puso un mechón de cabello tras la oreja.

-Emma-, la rubia la miró cohibida.

-¿No hay nada más que desees pedirme?-, le dijo sugerente. La rubia jamás se había esperado esa proposición.

-Si te dijera lo que pasa por mi mente te daría miedo.

-Bueno, si vamos a hacer aplicar la regla de "lo que pase en el Luci&Fer se queda en el Luci&Fer"…- Regina hizo una pausa -puedes hacer lo que quieras conmigo.

Swan tuvo que pestañear repetidas veces para asimilarlo, ella, Regina, le había dado carta blanca, no podía creérselo, así porque así.

No pudo más que asentir y pensar cómo romper el hielo.

"Sólo es sexo, nada más, conciénciate y pruébalo", se animó.

La morena estaba pasando de estar nerviosa a impaciente, excitada y segura."Sexo con Emma, vas a acostarte con la sheriff a la que tanta caña has dado estos años, bien, ¿cuándo empezamos?"

Emma quitó la ropa y el libro de la cama, destapó el edredón aun con Regina encima, la morena se aguantó la risa y ayudó a que la pudiese quitar, a continuación se puso de rodillas en la cama y tiró de Emma hacia sí, ésta se subió a la cama y se acercó al cuello de ella, lo olía mientras le daba pequeños besitos, sintió sus manos rozándole sus glúteos firmes, primero en círculos y luego apretándolos. Su mano se deslizó por su pierna, ascendiendo hacia la cadera y de ahí al vientre, ahí le metió dentro de la camiseta y recordó que no llevaba sujetador, le salió un gemido. Regina sonrió y agarrándola de la cintura le quitó el pantalón, la giró para colocarla ahora abajo y estando sobre ella le comenzó a mordisquear el cuello, la rubia sí llevaba sujetador pero ella misma se lo quitó por debajo de la camiseta deseando ser mordida. Y los deseos fueron cumplidos cuando la morena empezó a morder con cautela sus pezones, Emma no aguantó los gemidos y eso hacía que ella gimiese también.

Le agarró los brazos y los obligó a estirarse hacia atrás, pegados al cabezal, estirándose sobre ella, buscó el lugar donde reposar su pubis y empezó a frotarlo sobre ella.

-Por dios-, salió de la boca de la "rehén".

Ahora la mano de Regina se sumergió al interior de sus braguitas y jugueteó con lo que encontró."Es increíble", pensó sintiendo lo que estaba tocando, su piel tersa, suave, dura, todo un manjar que deseaba pero no se atrevía a degustar, no tan pronto. Era perfecta.

La rubia se dejó hacer pero sentía cerca el final y la hizo detenerse, ahora era ella la que quería sentirla e intercambiando posiciones empezó a cabalgarla y penetró con sus dedos a la morena que sintió el techo caer, el sudor y sus curvas era todo un espectáculo, y con su movimiento de caderas y sus dedos en su interior acrecentaba el placer de ambas. "Es deliciosa, toda una diosa.. No, no pienses, disfrútala, porque quizás sea la única vez que lo hagas".

La besó con fuerza, cual animal que posee a su presa, sus labios estaban hinchados y enrojecidos y su respiración cálida. Aligerando el movimiento y la fricción se hicieron gemir mutuamente hasta llegar al clímax y notar que sus manos estaban más cálidas y húmedas. Suspiraron casi a la vez. –Esto de acabar a la vez solo lo había visto en las películas-, soltó Emma natural y sincera.

Regina sonrió colocándose el cabello en su sitio.

Se quedaron un minuto tumbadas una al lado de la otra observando el techo, y de reojo, a ellas mismas.

-Tenemos que volver, van a pensar que nos ha pasado algo-, dijo Regina ya de espaldas vistiéndose.

-Tienes razón-, le contestó ella triste desde la cama, con los codos apoyados a cada lado de su torso desnudo.

Regina le había dado la cazadora a Emma y se había puesto su chaqueta y su abrigo. Cruzaron el hall, esta vez sin darse la mano y salieron, lloviznaba y hacía un viento frío que les despejó. Emma se recogió el cabello y se puso su cazadora. "Y aquí no ha pasado nada", se tranquilizó.

El camino fue algo incómodo y la lluvia al contrario de amainarse estaba cegándolas con su fuerza.

-¿Vas bien?-, le dijo a Emma sin mirarla por la fuerza del viento.

-No te preocupes por mí-, oyó a sus espaldas.

Esa voz, dulce, pequeña, a veces le daba ternura, si fuese por ella se giraba y la abrazaba, la cobijaba de ese mal tiempo infernal y la llevaba a casa, pero ¿a qué casa?, y sobretodo, ¿la de quién?. Tenía que volver a la realidad en la que ambas tenían novio.

Al otro lado de la calle se veía en Granni`s, ahí el tiempo estaba mejor.

-Emma, recuerda la regla- le susurró Regina colocando su mano en la puerta acristalada del loca.

-No la voy a olvidar, créeme, le contestó seria.

-¡Regina!- Robin corrió hacia ella. El momento fue incómodo para ambas. –Emma, love, ¿cómo estás?-, le dijo Killian besándola al mismo tiempo en que Robin besaba a Regina, sin embargo ambas había dejado los ojos abiertos y se habían mirado.

-¿Cómo ha ido todo?, pensábamos que os había pasado algo, ¿ha salido todo bien?-, les preguntó Margaret aproximándose.

-Una hora más y nos plantamos allí sea como sea-, aclaró Hood.

-Todo está bien, tranquilos- se apresuró a decir Regina, -ha sido demasiado fácil, omitiendo al gorila de la entrada y los trolls a los que por cierto les he tenido que comprar tu ropa- miró a Charming- a cambio de…, bueno da igual, lo importante es que ya podemos salir de aquí-, enseñó el mapa y suspiró.

Emma le entregó la ropa a su padre y éste lo agradeció encarecidamente.

En Storybrooke. Un mes más tarde

Había pasado un tiempo desde que volvieron y todo debía haber retomado la normalidad, porque aunque lo intentaban, Emma y Regina no podían evitar coincidir y tener que hablar, sobretodo por Henry, lo estaban pasando mal pues a pesar de desear verse se sentían más cómodas si no lo hacían.

De vez en cuando se recordaban la una a la otra que aun no se habían olvidado de lo que sucedió. Regina a veces al pasar por detrás de Emma en el Granni`s le rozaba su espalda con su mano, Emma le había entregado en dos ocasiones el cuaderno de deberes de Henry que había olvidado y se rozaban los dedos. Gestos que antes no hacían ya lo habían tomado como rutina las pocas veces que se veían, pocas porque de algún modo les dolía ver cómo la otra estaba compartiendo con otros lo que podía hacer con ella. Robin empezó a caerle mal a Emma, y Killian, bueno, Hook siempre le cayó mal a Regina, así que lo tenía más fácil el odiarle.

San Valentín, un día lluvioso

Supuestamente era el día del amor, de las parejas que van de la mano por la calle y que se regalan flores y bombones. Ese día Regina había tratado de evitar ver a Robin, sentía que cada vez le veía sus defectos le eran más inaguantables y tenía menos paciencia, él le insistió una semana entera que quería celebrar San valentín porque nunca lo había hecho, planes, más planes, futuro. Y de fondo veía a Emma pasar con su escarabajo y algo dentro le dolía, y se miraban y ella seguía conduciendo.

-No puedo Robin, no puedo ni quiero, me estás agobiando.

Había sido parte de la última conversación que tuvo con él.

Emma se dejaba abrazar por el pirata porque Regina estaba lejos, hacía con él lo que soñaba sin quererlo, hacer con ella. Era de algún modo, el sustituto, pero cuando él le sugirió dar un paso más en su relación e irse a vivir juntos ella se alejó como un resorte.

Estaba anocheciendo y Emma no podía más, sus miedos y sus excusas tenían que terminar, si estaban destinadas a estar juntas, si era correspondida, tenía que saberlo, así que se dirigió a la mansión Mills, el agua caía a raudales y todo era más blanco.

Llamó al timbre de la verja y no abrió nadie, se asomó entre los barrotes y no vislumbró luz alguna dentro así que le mandó un mensaje al móvil, el primero por cierto: Regina, ¿dónde estás?, soy Emma.

La alcaldesa le contestó enseguida, inesperadamente: En tu casa.

Emma le respondió, con el móvil tapado como podía para evitar que se mojara: ¿En mi casa?, genial, y yo en la tuya. ¿Por qué has ido a mi casa?.

-Porque quería hablar contigo-, Regina le contestó en persona dejando atrás una nube morada donde se había transportado. Sus ojos estaban enrojecidos.

-¿Qué te pasa?-, Emma se acercó y se detuvo, no quería tocarla, no aun, dependía de lo que ella le dijera.

-He roto con Robin Hood.

Emma alzó las cejas incrédula, -¿En serio?

La morena inclinó la cabeza y la miró con ternura –Sí, Emma.

-Interesante, porque yo acabo de dejar a Killian.

-¿Has dejado al pirata?, ¿en San Valentín?, que cruel- le dijo casi riéndose entre lágrimas.

-Somos lo peor-, confesó Emma. -Bonito día del amor-, miró hacia arriba con los ojos cerrados dejando impregnarse de lluvia.

-Aun no ha terminado el día-, le dijo Regina.

Se miraron a los ojos de una manera muy especial, de la manera en que lo hacían los verdaderamente enamorados, y entonces supieron que ése era su momento.

-No podía dejar de pensar en ti Regina-, Emma se puso a andar por la acera nerviosa, llevaba su gorro de lana y su chaqueta.

-Desde lo que pasó en aquel club yo…

-Lo se, yo estoy igual que tú, créeme-, una lágrima brotó de su ojo izquierdo siendo invisible ante la lluvia –Emma, contigo todo es distinto, haces que las cosas sean más fáciles, escuchas y sabes lo que quieres, sé que te tengo ahí y eso me llena por dentro-, tomó una pausa. -Eres todo lo que necesito.

Sus palabras le calaron más que la lluvia e impaciente se acercó a ella y la abrazó con fuerza rodeándola por el cuello. Regina le cubrió la espalda con sus brazos y la acunó. A de la lluvia ahora se sentían en casa, se habían extrañado a morir, y sabían que después de ese día no se repetiría ese sentimiento. Se separaron y Emma la besó dulcemente. –Te quiero-, le susurró al oído regalándole un cosquilleo. La alcaldesa jamás había imaginado que un día escucharía esas palabras de la boca de la sheriff dirigidas a ella. –Yo también-, las palabras flotaron entre ellas que se abrazaron de nuevo.

-Ahora lo entiendo todo…- dijo una voz de hombre al otro lado de la carretera, en la sombra, tras un camión.

-No podemos pelear contra dos madres que se quieren-, afirmó otra más aguda a su lado.

-¿Crees que algún día podré ser feliz?- le pregunto Robin al pirata.

-Puede que lo lleguemos a ser ambos…- Killian, con gesto nervioso le agarró la mano y entrelazaron sus dedos. Robin lo miró nervioso y recibió un beso en su mejilla de barba de tres días.

-Tiempo al tiempo querido. Tiempo al tiempo.

FIN

Valeee, era una locura, algo extraño que guardaba en mi cabecita loca, pero espero que os hayáis divertido con el fic. ¡Se agradecen comentarios que hace mucho que no escribía!