Capítulo 6: Pierre.

Cuando Afrodita despertó, estaba en una habitación de un elegante estilo rústico, tendido en una cómoda cama, con Shun a su lado. Parpadeó confuso mirando al peliverde.

-¿Shun?

Shun, quien estaba en un estado somnoliento, recostado en el cabezal de la cama, saltó al ver a Afrodita despierto y lo abrazó como un desesperado.

-¡¡Pensé que nunca despertaría!! ¡Dioses! ¡Llevas casi veinticuatro horas inconsciente!- dijo el peliverde, con alivio. Fue entonces que Afrodita recordó todo lo que había pasado.

-¡¡Maldito mal nacido!! Que mi Julius me perdone, pero a su hermano le voy a partir la cara.- masculló el peliazul molesto, antes de tomar la cara de su amigo entre las manos. -¿Estás bien, Shun? ¿El bebé...?

Shun lo detuvo, con una tierna sonrisa.

-Sí, ambos estamos bien.

-¿Qué pasó? ¿Dónde estamos?

-Verás, ese tipo, el tal Pierre, te puso una navaja en la garganta y me amenazó con matarte si hacía algo, así que tuve que subir a la limusina que nos llevó a un aeropuerto privado. Una vez que llegamos a este sitio, que presumo que es Italia, Sicilia, si estoy en lo correcto, nos metieron en otro auto y nos trajeron aquí. A ti te dejaron en la cama de esta habitación y me dejaron contigo.

-Shun no te lo tomes a mal, pero eres un jodido caballero de Atenea ¿Por qué no has usado la velocidad luz? Hubieses acabado con esos simples idiotas antes de que siquiera se dieran cuenta, con tus Cadenas de Andrómeda o con tu Tormenta Nebular.

Shun sonrió acariciando la mejilla del peliazul.

-Lo sé Afrodita, pero además del miedo de que te mataran, parece que eso de las ondas infernales es de familia, todos esos malditos, además de controlar la velocidad luz, tienen trucos tan pintorescos como nosotros. El mismo Pierre me hizo una linda demostración de sus ondas infernales contra un idiota que lo molestó y te puedo asegurar que es tan bueno como Máscara… y nos superan en número.

-Oh, no… esto no me puede estar pasando a mí. Bien Shun, pase lo que pase, no pongas en riesgo al bebé, yo los protegeré a ambos, a ti y a él.

-Gracias, Afrodita.- Shun sonrió con los ojos llorosos, conmovido por las palabras del precioso peliazul.

-Eres mi amigo, además mi vecino: 'Don cubito de hielo andante', me mataría si vuelvo al Santuario sin uno de sus dos soles en perfecto estado.- comentó Afrodita con una sonrisa, arrancándole otra divertida a Shun, por el comentario.

En ese momento, la puerta de la habitación se abrió y en el marco de la puerta apareció Pierre Di'Angelo, el hermano de Máscara de la Muerte, o de Julius Di'Angelo, para quien lo conocía bien, como era el caso de Afrodita.

Instintivamente, Afrodita cubrió a Shun con su cuerpo, poniéndose frente a él y sirviéndole de protección. Pierre se dio cuenta de ese gesto y sonrió de medio lado.

-No tienes nada que temer por tu amigo o por el bebé que espera.- Tanto el peliverde, como el Caballero de Oro quedaron desencajados por el comentario del moreno.- Sentí el cosmos del bebé.- explicó simplemente el otro.

-¿Qué quiere…? ¿Se puede saber por qué, en vez de hacer todo este escándalo, no se presentó en el Santuario solicitando hablar con Julius?- preguntó Afrodita, con el entrecejo fruncido.

-Oh, ya lo he hecho, he intentado por todos los medios hablar con mi hermano, pero él no quiere ni oír hablar de volver a la mansión de la familia y tomar el control de la mafia italiana, como le corresponde.

La confesión tan tranquila y natural de Pierre hizo atragantarse a Afrodita. ¿Mafia Italiana? Oh no, eso no estaba bien.

-Y antes de que intentes algo, debes saber que yo también fui un Caballero y la mayoría de los hombres que trabajan para mí. Aunque Caballero no es el término adecuado para mí, Caballeros los llaman a ustedes, los de Atenea. Yo soy, o mejor dicho, fui un hechicero de Hécate.

-Con razón estás tan podrido, porque hay que tener el alma negra para secuestrar y molestar a un embarazado como mi amigo de esta forma. A Julius no le va a hacer ni pizca de gracia lo que estás haciendo.- aseguró Afrodita, desafiante.

-Desafiante e impertinente, además de hermoso, ya veo por qué traes loco a mi hermano. Ven, tú y yo debemos de hablar en privado.

-No pienso dejar a mi amigo solo, para que cualquiera de ustedes se aproveche de él.

Pierre sonrió de medio lado.

-Soy muchas cosas, pero no lo suficientemente sádico como para lastimar a un embarazado, mientras tu amigo no haga nada impertinente, el angelito y su carga estarán bien.

-Como si te fuera a creer.- dijo Afrodita, sarcástico.

-Tienes mi palabra. Además, no es tu amigo el que me interesa, eres tú. Eres muy importante para mi hermano y eso te hace importante para mí. Ven y tu amigo estará bien, resístete y tendremos que pelear, y tu amigo no estará tan bien.

Afrodita y Shun se miraron a los ojos, Shun asintió y Afrodita suspiró.

-De acuerdo. Aunque no entiendo por qué no puedes hablar estando Shun presente.

-Porque tenemos que hablar en privado. Además, no serviría de mucho si quisiera romper la puerta, cosa que nadie hará, la habitación tiene traba por dentro, córrelo cuando salgamos.

Shun asintió, Afrodita se volteó hacia su peliverde amigo e invocando una rosa piraña entre sus manos, se la entregó.

-Si alguno de estos bastardos se atreve a tumbar la puerta y entrar en la habitación, entiérrale la rosa en el corazón sin piedad.- ordenó el peliazul. Shun asintió, tomando la rosa entre sus manos, con cuidado. Ambos se miraron a los ojos y se abrazaron.

-Ten cuidado.- rogó Shun en un susurro al oído a Afrodita.

-Lo tendré.- aseguró el peliazul.

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Nada más entrar a aquella elegante y hermosa habitación, decorada con un exquisito gusto italiano, Afrodita supo que era la habitación de Pierre, pues era acorde con el hombre.

El pisciano se cruzó de brazos y miró a Pierre desafiante.

-¿Te preguntas por qué te traje aquí, verdad?

-¿Lo dedujiste tú solito o te ayudó alguien?- preguntó Afrodita con sarcasmo. Sarcasmo que, de momento, Pierre ignoró.

-Verás, será mejor que empiece por el principio… Julius y yo éramos hermanos inseparables, pero un día, cuando aún éramos niños, nuestros padres nos separaron: a mí me enviaron a entrenar con Hécate y a Julius con Atenea. como era la tradición de la familia. Las reglas eran claras y ambos las aceptamos. Cuando nuestro entrenamiento terminara, volveríamos para hacernos cargo de la familia y de la mafia, la cual, en una larga tradición, siempre ha controlado mi familia. Es Julius el heredero de todo esto, se supone que yo solo soy su mano derecha, el segundo al mando. Pero Julius no quiere volver, le gusta su vida, pero sobre todo… le gustas tú.

-¿Yo? ¿Qué tengo que ver yo con todo esto?

-Que mi hermano no quiere volver aquí por ti. Porque está enamorado de ti y se quiere quedar en el Santuario contigo.

-Yo también amo a Julius, y si él no quiere volver, tú no lo puedes obligar.

-Cada vez que hablas veo con más claridad por qué Julius te ama como lo hace. Eres el ser más bello de esta tierra… estoy seguro. Y tu lengua tan impertinente y desafiante es una tentación.

Afrodita se sonrojó ante esas palabras, pero aún mantuvo su mirada desafiante fija en el otro hombre.

-Verás, yo sólo quiero que mi hermano regrese, Afrodita, que se convierta en el cabeza de familia como corresponde. Y estás aquí para que él venga como cabeza de familia a reclamarte y arrebatarte de mis brazos.

-¿Pero qué demonios...? ¡Yo no soy un objeto, para que tú o él me tengan!- chilló Afrodita, indignado.

-Eres orgulloso y hermoso, pero aquí sólo eres un objeto más, un objeto de los Di'Angelo. Mi hermano rechazó su herencia por ti, ahora la tendrá que aceptar por ti. Mi hermoso Afrodita, las cosas son realmente sencillas, tú serás el amante del líder de los Di'Angelo. El día que mi hermano vuelva y acepte su puesto de líder, te podrá tener sin ningún problema como su amante. Pero mientras él no vuelva, yo soy el líder, y mientras yo sea el líder… serás mi amante. Ah, y claro, a mi hermano sólo le tocará adivinar dónde estás, aunque si tanto te ama, lo descubrirá.

-¿Tu amante…?

-Sí, así es, y no cabe duda de que tendré el amante más hermoso de todos.

-Tú estás demente si crees que seré tu amante y me acostaré contigo. Sólo me he acostado con Julius, jamás seré de otro hombre. Tendrás que violarme, después de que me hayas matado, para hacerme tuyo.- juró Afrodita.

Pierre sonrió con malicia, una sonrisa como la de Julius, capaz de helarle la sangre al más valiente, pero a Afrodita, al fin y al cabo acostumbrado a verla en los labios de Julius, ya ni le afectaba.

-Bueno hermosura, si tú te resistes, mis hombres se divertirán con tu embarazado amiguito. Y en su condición podría hasta perder al bebé que espera, lo que sería una desgracia.

-¡No serías capaz!- preguntó incrédulo.- ¡Él es inocente, no tiene nada que ver en esto y su bebé menos! Es más, yo mismo no tengo nada que ver con esto, yo no soy responsable de las decisiones de Julius.

-Lo sé, y tienes razón, pero lo quieras o no, estás envuelto ya en este juego, así que te toca jugar. Obedece y tu amiguito estará bien, desobedece y tu amiguito seguramente perderá a su bebé, mientras mis hombres lo violan. Míralo de este modo, sólo te tendrás que acostar conmigo y te puedes imaginar que soy Julius, o puedes ver como todos mis hombres violan a tu amigo, porque te aseguro que te obligaré a verlo. Eres inocente y tu amigo también, como dices, por eso si obedeces, a tu amigo no le haré nada y a ti te trataré bien, después de todo, los Di'Angelo siempre tratamos bien a nuestros amantes.

Afrodita pudo ver la verdad siendo gritada por esos ojos, a la vez que las palabras eran dichas: o él o Shun. Cerró los ojos con impotencia sin hacer nada, ni retroceder ni reaccionar, mientras Pierre se acercaba a él y con firmeza atrapaba sus labios en un apasionado beso.

Apretó sus puños laxos en sus costados, con rabia e impotencia dejándose hacer.

-Julius, ven por mí.- rogó su mente en un desesperado grito.

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Mientras, en el Santuario, ya se habían percatado de la desaparición de Afrodita y Shun, y unos desesperados e inquietos Camus, MM e Ikki no paraban de moverse, tratando de localizar a los otros dos, con ayuda de todos sus compañeros.

Continuará...

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