Muchas gracias a emihiromi, Chie Abi, NollasBlack, Azul D Cullen, Karina Natsumi, Goshi, Baby, damalunaely, Alba, Nanaccs, Queen of the shadows, Yela01, Akary Yami, sessmily, PelusitaBlack93, Alcalime, Sophia06, hitoki-chan, Sei-San, Gabita, kmilitachan, Naoko Nayamira, Rerry, dmrapr-cma-Anti-muerta, por haber seguido esta historia. Espero que el final les guste.

Muchas gracias, Selkis

Yo mate a Kagome: El final

Kaede, Miroku, Sango, Shippou, Myouga y hasta el mismo Toutousai no salían de su asombro. Como pudieron se acercaron hasta Kagome y a Sesshoumaru, ambos heridos pero sin riego de perder sus vidas.

El pequeño Kitsune con ojos llorosos no pudo contenerse y sin más, sobre Kagome se abalanzo, sobre ella salto y en sus brazos se quedo.

_ ¿Están todos bien? Pregunto la hermosa sacerdotisa convertida en jukai.

_ No hay nada que unas hierbas y un buen descanso no puedan curar. Menciono la anciana miko.

_ Y ¿ustedes... como están? La taiyi pregunto recogiendo su hirakotsu.

_ Como dijo Kaede, nada que unas hierbas y descanso no puedan curar. Le contesto su amiga.

Shippou se había aferrado a Kagome como si de ello dependiera su existencia y ni siquiera se atrevía a abrir sus ojos temiendo que ello no fuera realidad.

_ ¿Por qué no vienen con nosotros a la aldea a curar sus heridas? Kaede agrego.

_ Será mejor que nos vayamos, Kagome. El señor de las tierras oeste aconsejo. En cuanto termino de hablar el pequeño zorrito a los brazos de su amada Kagome salto.

_ Shippou, debes quedarte... intento decir Kagome mientras intentaba que el pequeño kitsune se soltara de ella.

_ ¡NO! No quiero. ¡Quiero quedarme contigo!

_ Pe... Pero... decía la joven jukai muy angustiada por su querido amigo y por la reacción de Sesshoumaru.

_ Déjalo que venga, a Rin le vendrá bien su compañía. Frio como de costumbre Sesshoumaru respondió a la actitud del pequeño zorro.

Todos los demás se quedaron asombrados al ver el cambio del jukai.

_ ¡Y yo que creía haber visto todo! Suspiro el viejo Toutousai sentándose en el suelo.

_ ¡Amo Sesshoumaru...! agrego a su vez la vieja pulga Myouga saltando al cuello del inu.

_ No tientes a la suerte anciano Myouga, no todavía... el único hijo vivo del Comandante respondió.

El gran lord hecho una mirada al grupo de humanos y sin más hacia el tranquilo y pacifico Ah Un se dirigió, dejando atrás a Kagome, con sus amigos.

_ Denle un poco más de tiempo, ya verán. Les menciono a todos los presentes con una sonrisa en su rostro cansado.

_ Señorita Kagome, ¿y usted? El monje pervertido se atrevió a preguntar, aun conociendo la respuesta.

_ Como decirlo... estoy, estaremos en el Palacio de las Nubes... le respondió a su amigo con cierto rubor en sus mejillas.

_ ¡Ese era el castillo el Comandante! Feliz la pulga grito saltando sobre el lomo de Kirara

_ ¡Kagome! Su compañero y amo grito.

_ No se preocupen, volveremos a vernos.

_ Kagome chan... Sango susurro entre feliz y triste a la vez.

_ Además, todos tenemos alguien a quien proteger, hasta tu, Sango., le dijo Kagome a Sango guiñándole uno de sus ojos dorados.

_ ¿Se refiere a mí, no es así? Miroku pregunto inocentemente rascándose la cabeza.

Una sonrisa cómplice surgió en el rostro de Kagome para luego alejarse con rumbo a su Señor llevándose al pequeño Kitsune consigo. En tanto, Sango, su rostro mostraba signos de rubor al entender las palabras de su querida amiga. A pesar de su cambio, siempre serian las mismas, mas ahora, con esas palabras que solo a ella le había dirigido.

_ Veo que el tonto de mi hermano te sigue cuidando a su manera. Menciono Sesshoumaru echándole una mirada a Tessaiga que ahora descansaba en la cintura de Kagome

_ Eso... ¿te ofende? Menciono tomándole la mano a Sesshoumaru.

_ No. Ya no. Tomo entre sus brazos a Kagome, la sentó sobre el lomo de su dragón y como bola de luz el mononoke desapareció, siendo seguido por el dragón volador con Kagome y Shippou sobre su montura.

Los meses transcurrieron con rapidez. Rin y Shippou se habían convertido en los mejores amigos. Myouga y Toutousai no podían de felicidad, había un nuevo Señor de las Tierras Occidentales, aunque conservaba su gélida mirada se había vuelto más noble, amable hasta con el mismo Jaken y con gusto le sirvieron como a su padre mucho tiempo atrás. Kagome había tenido una camada de cachorros idénticos a su padre, un niño y una niña. Sango y Miroku debieron casarse aunque a ella todavía le faltaban algunos meses más para dar a luz. La aldea de Kaede había retornado a la normalidad y la paz reinaba una vez más. La anciana sacerdotisa tenía ahora una ayudante, Yune, que todavía se aterraba cada vez que Kagome visitaba a sus amigos. Ella no comprendía que hasta los jukais son más parecidos a los humanos que lo que creía.

_ ¿Cómo se van a llamar los niños? Pregunto Rin observando detenidamente a los cachorros que dormían plácidamente sobre el regazo de su poderoso y orgulloso padre junto Shippou.

Kagome todavía estaba algo débil por esfuerzo de dar gemelos pero estaba más que feliz con su familia.

_ La pequeña se llamara Keiko, que significa adorada... la madre primerariza agrego.

_ ¿Y su hermano?, el kitsune agrego olfateando al pequeño.

_ Inu Yasha... su padre contesto.

_ ¿Cómo has dicho, Sesshoumaru?

_ Inu Yasha. Quiero que se llame Inu Yasha. No puedo negar el hecho que fue mi hermano y que nunca... lo soporte. Pero cuando te conocí, comprendí todo lo que mi padre siempre intento enseñarme. Es la forma de estar en paz con ambos.

Sesshoumaru se sentó junto a su mujer y sobre su pecho Kagome se recostó.

_ Además, él al igual que yo, siempre te protegeré. Le menciono a su esposa dejándole un tierno beso en sus labios.

_ ¿Aun estas enfadado porque yo tengo a Tessaiga?

_ Solo un corazón humano pudo y puede portarla.

_ Sesshoumaru...

_ ¿Si?

_ ¡Te amo!

Los pequeños se miraron de manera cómplice cuando sus padres, ya que en eso Kagome y Sesshoumaru se convirtieron para la pequeña Rin y el kitsune Shippou, al verlos besarse con pasión.

El tiempo en paz transcurrió. El mundo de los jukais lentamente fue desapareciendo. Su sangre inexorablemente con la humana se fue mezclando más y más, hasta que sus vidas, logros y fracasos en tan solo cuentos y leyendas se transformaron.

Aunque detrás de cada leyenda, historia, un verdadero suceso oculto, encubierto siempre habrá.

Osaka, 1 de Marzo de 2009

Mí querida Maemi Hirugashi:

Si estás leyendo esta carta, es porque mi terrible enfermedad me ha vencido. Siento muchísimo la desaparición de tu amada Kagome y como madre, apelo a tus buenos sentimientos, a tu corazón. Eres la única familia que me quedaba, por ello, te pido, te imploro que cuides de mi Kumiko. Sé que no podrá llenar el espacio vació de tu hija pero al menos mitigara tu dolor como así tu el de ella por mi eminente perdida.

Sin más que a la espera de tu bondad, tú prima Eriko

La señora Hirugashi termino de leer la carta de su prima. La doblo. La guardo. Pensó en silencio por unos instantes y a la hija de su prima abrazo.

_ Bienvenida a tu hogar, Kumiko. La señora Hirugashi a su sobrina anuncio.

_ Muchas gracias, señora. Sonrojada la jovencita de unos quince años respondió.

_ No me llames así, por mi nombre estará bien.

_ Gracias, Maemi

_ Ya conoces a Souta, al abuelo y por supuesto, a Buyo...

_ ¡Por supuesto! Respondió la jovencita de cabello negro y ojos dorados.

_ ¿se va a quedar con nosotros, mamá? El pequeño Souta agrego.

_ Si, así es. Vivirá con nosotros de ahora en adelante. Mañana mismo iré a la escuela de Ka... a la escuela para inscribirla.

_ ¿Y se quedara en el cuarto de...?
_ SI, usaras el cuarto que era de mi hija.

_ Pues... yo no... La jovencita algo incomoda por toda la situación agrego.

_ No te preocupes, se que a ella no le molestaría.

_ Souta, ¿por qué no la acompañas y la ayudas a instalarse?

_ ¡Si! ¡Vamos! Feliz respondió tomando a su prima de la mano y arrastrándola muy entusiasmado a Kumiko a su nueva habitación. Todo en ella estaba tal cual Kagome la había dejado.

_ Su misma edad, su mismo color de cabello, mismo rostro, a pesar de ser parientes lejanos se parecen tanto que si no lo supiera, diría que son hermanas... el anciano sollozando agrego.

_ Si... son casi idénticas, salvo por los ojos color miel de la pequeña la señora Hirugashi exclamo con lágrimas en los ojos.

_ ¿A quién me hacen recordar...? ah! No lo sé pero cuando lo recuerde... el viejo sacerdote intentaba recordar.

Kumiko estaba guardando toda su ropa cuando Souta noto in extraño paquete en su poder, el cual le llamo poderosamente la atención.

_ ¿Qué guarda allí, Kumiko? Curioso Souta agrego mirando un gran paquete que la joven poseía en su poder.

_ ¿He?

_ ¡eso! Indicando el paquete

_ ¡Ah, eso! Esas son tres espadas, herencia de la familia de mi padre.

_ ¿Puedo verlas? Con ojitos de cachorro Souta pregunto.

_ ¡Por supuesto!

La muchacha desenvolvió el paquete y la primera espada que emergió fue una en cuyo mango una bola de seda roja estaba amarrada a su empuñadura.

Kumiko_ Sabes... le leyenda dice que estas espadas le pertenecieron a un muy poderoso jukai, que sería mi ancestro, el cual desposo a una humana. Esta es Toukijin...

Los ojos de Souta se abrieron como platos al escuchar esa historia, recién allí comenzaba a notar el parecido de Kumiko con su hermana, pero el color de sus ojos...

_ Y estas son Tenseiga y Tessaiga, los Colmillos Sagrado y de Acero…

_ Colmillo de Acero... ¡Orejas de perro! Grito el pequeño, grito más que feliz.

Y sin dudarlo salió corriendo de la habitación gritando como loco, llamando a su madre.

_ ¿Y a este que bicho le pico? ¿Orejas de perro? Si darle mayor importancia, Kumiko a Souta y sus gritos, tranquilamente siguió guardando todas sus cosas, pero a sus espadas, su herencia, con cuidado, las acomodo sobre un soporte, juntas, desconociendo su verdadera historia. Cansada, una vez terminada la faena de acomodarse en su nueva habitación, sin más en la cama se recostó y dormida se quedo.

Amaneció sobre Tokio una vez más, Kumiko ya se había acostumbrado a su nueva vida salvo al hecho de levantarse temprano, como siempre, al colegio una vez mas tarde llegaría.

_ ¡Buenos días a todos! ¡Que tarde se me hizo, no voy a llegar...! muy agitada menciono Kumiko.

_ ¡Cálmate Kumiko! Al menos desayuna algo... su tía le reclamo.

_ Si lo hago no llegare a tiempo a clases, menciono tomando una tostada y un simple jugo de naranja.

_ ¡Adiós! Y salió corriendo de la casa

_ Te lo dije y te lo digo mamá, esta chica desciende de Kagome y de orejas de perro... es igual de tonta...

_ ¡Souta! Como dices esas cosas... además, sino te vas tú también, llegaras tarde a clases.

_ ¡Pero qué ideas...! agrego el anciano Hirugashi dejando sobre la mesa su porción de arroz.

En cercanías del templo, Kumiko corría para no llegar retrasada a clases, sin darse cuenta que estaba a punto de cruzar la calle con luz verde, pero para los automóviles. Pero una mano, de la nada, la detuvo justo a tiempo.

_ ¡Espera! ¿O quieres que un auto te mate? Una voz masculina le llamo la atención.

_ ¿He? Una distraída Kumiko respondió.

_ La luz esta verde, pero para los automovilistas, niñita distraída…

_ ¿Quién rayos te crees, para llamarme niñita!

Increpando descaradamente a un joven de cabellos largos y ojos grises, con una curiosa vestimenta roja.

_ Soy Iki Tamamuro. Gusto en conocerla, Señorita...

_ Taji, Kumiko Taji...

Y sus ojos y sus almas se encontraron nuevamente para no separarse nunca más.

_ ¿Acaso no te conozco de otro lugar?

_ Más bien... diría que de otro tiempo, nada mas...

Y las almas de Inu Yasha y de Kagome una vez más se volvieron a encontrar.

Fin