Capitulo 2- Conociendo a mi salvador

Una voz sonaba de fondo. No conseguía sincronizar su sonido. Cuando mi cabeza me lo permitió, pues me daba vueltas, intenté incorporarme para poder al menos ver dónde me encontraba. Pude distinguir su voz cuando lo hice. Era fria y cortante. No parecía que le gustara mucho hablar.

- Mejor será que no te incorpores- dijo. Cuanta razón. En el preciso instante en que me preocupé de no pisar la manta que tenía encima, intenté sostenerme, mi pata herida me dio tal punzada que me afectó a todo el cuerpo, caí, y me quedé tumbada mirando al desconocido salvador. Solo estaba a un metro y medio de él, según mis calculos. Le miré, mientras él seguía alimentando el fuego que nos mantenía visibles. Era normal a simple vista, pero las sombras de las llamas le marcaban los músculos. Llevaba una capa azul por encima, y si no fuera porque no llevaba la capucha, no se si le hubiera conseguido distinguir como humano.


Era pelinegro, al igual que los ojos tan penetrantes que vi cuando giró su cabeza para verme por primera vez. Su piel era tensa, con un punto de palidez. Quizá fuera por el frio, pero no vi señal alguna de temblor en sus manos ni en su cuerpo. Entonces, me di cuenta de que le estaba viendo directamente a los ojos. La verdad, es que me intimidó un poco. Aunque no me extrañaría, tan solo pensar cómo se sentiría él siendo observado por una loba... Para disimular, agaché la cabeza y la apoyé en mis patas delanteras mirando al fuego. Tenía frio, más que aquella mañana en que corrí. Aunque, ahora que lo pienso, creo que ya estaba atardeciendo cuando fui atacada. Y eso no era lo peor. Mi estómago empezó a gruñir como si de mi se tratara. Incluso temí de que interpretara mal aquel desconocido mis ganas de comer. Derepente, sacó su mano de la capa, e hizo contacto con mi cabeza.

- ¿ Quieres comer algo, pequeñita? Ten- apartó su mano de mi cabeza y sacó algo de la bolsa que tenía delante.

- Se que no es mucho, pero si quieres más, tendrás que esperar.

En su mano se encontraba un trozo de carne. No olía mal, la verdad. Antes de estirar el hocico para olerlo mejor, le miré de nuevo. Su rostro había cambiado. Bueno, no exactamente, pero si que se había vuelto más tierno, como si así pudiera ganarse mi confianza. En ello no estaba equivocado. Miré otra vez aquella mancha roja de sus manos. Aunque no fuera muy grande, no me quejé ni por un momento. Abrí la mandibula y atrapé el trozo de carne, con cuidado de no coger sus ligeros dedos. Me sorprendió de que no lo soltara. ¿ qué había hecho mal?

- Este trozo es un poco grande para comerlo de un bocado, ¿no crees?

Acto seguido, sacó un cuchillo, y cortó el trozo en dos, con cuidado de no atrapar también mi hocico. Metí lo que tenía en la boca. Estaba tierna y jugosa. Me gustó mucho. Cuando lo conseguí masticar del todo y engullir, lo envié al estómago, me relamí, y le volví a mirar. Esta vez, había puesto la carne en el fuego con la mano.

- Toma, aquí tienes, A ver qué te parece así.

Me lo dio en la palma de su mano. Volví a abrir la mandibula y lo cogí. En el poco tiempo que estuve en contacto con su mano, la noté fria. ¿ Pero no acababa de ponerlo en el fuego? No le di mucha importancia, yo a lo mio.


La verdad, esque estaba mejor que antes. Aunque por fuera estuviera un poco hecho, por dentro estaba tierno, como si fuera como antes. Me volví a relamar, pero no más avidez. No tenía mucha hambre, pero quería más.

- Lo siento, pequeña, ya te he dicho que no hay más- dijo, cerrando su bolsa. La volvió a coger, y la situó cerca del caballo que tenía al lado. Era negro, con las crines blancas y largas. Me recordaba al humano.

- Este es Kurohaku. Me lo regaló mi padre antes de morir como herencia. Y ahora que lo pienso, a ti no te he puesto nombre, aunque no sabria cual ponerte...- Alzó la vista. Pensé que lo haría para encontrar alguna inspiración. Así por lo menos, no me sentiría anónima y desconocida para mi misma. Entonces, decidí también alzar la cabeza. Me fijé en una rama que estaba situada en el mismo lugar que la luna. Magicamente, una flor rosa nació de aquella rama.

- Mira- me dijo. Ambos lo vimos, y creo que ambos tuvimos la misma idea- te llamaré Sakura, en honor a la primera flor de la primavera.-Pues asi era. Esa flor marcó tanto el principio de una estación como mi nuevo nacimiento como Sakura.- Ahora podremos ser Sasuke y Sakura con tranquilidad- aclaró. Su rostro emanaba felicidad, como si ese fuera el nombre que siempre quisiera haber puesto a un animal domestico. O quizá por algo más... Oí unos pasos.

- Madre mia, Sasuke, gracias a dios que seguimos la señal. Si no fuera por tu fuego, creo que hubieramos tenido que buscar comida.