Capitulo 6- Un regalo inesperado

No pude dormir muy bien. Los sueños se me volvian en pesadillas que se repetian con cada vez más información, y cada vez más terrorifico... Era lo mismo. Corría, me rodeaban, y él me vigilaba.

No lograrás destronarme, pequeña futura loba... -decía aquel ser.- Tu padre era más débil de lo que me imaginaba, jajaja. Ahora que él no está, no tendrás a nadie quien te proteja...

Me desperté sobresaltada. Cada vez tenía más miedo de saber cómo seguía... ¿ Acaso era aquello que olvidé? Intenté no pensar en esa posibilidad y hacerme daño a mi subconsciente soportando aquel dolor... Me incorporé. Sasuke aún estaba durmiendo, así que no quise romper su momento más tierno. Di un pequeño salto al suelo sin hacer mucho ruido, y para mi sorpresa, sin quejarme de la pata. La nueva medicación me había hecho más efecto que el anterior. Me alegró saber que podía andar otra vez. Pero ¿y ella? Seguramente daría saltos de alegría con tan de que Sasuke me dejara de patitas en el bosque, sola, sin protección, presa fácil para aquellos lobos que buscaban venganza... Dejando ese tema a otro lado, investigué el cuarto que tanto me interesó. Estaba muy bien cuidada, o posiblemente restaurada. Los armarios eran de cedro fresco, con manillas de plata que brillaban con el sol que ya entraba por la ventana. Debajo de la misma, había un escritorio con dos cajones a los lados. Decidí subirme y ver el paisaje desde la ventana, aunque me costó un poco llegar al sillín. Lo demás era fácil de superar. Estaba precioso. Gracias a la altura del segundo piso, pude divisar el amanecer por encima del muro que rodeaba la aldea. El cielo tenía toda la gamma de colores, desde el negro azulado, hasta el rojo vivo que el sol tenía y daba al horizonte. Me vi tan hipnotizada, que se me olvidó no ver directamente a la estrella, y menos con aquella vista tan detallada. Miré a otro lado para descansar los ojos de tanta luz, encotrandome con que solo había jóvenes en las calles. Ninguno sobrepasaba de los 12. Me extrañó mucho que en una aldea, la gente mayor no saliera. Puede que fuera la nueva generación, o puede que, al igual que Zabuza, fueran sirvientes de ancianos. Con miedo de que pudieran divisarme, me metí otra vez en la habitación. Cuando me di la vuelta, Sasuke ya estaba despierto, y mirando a la ventana.

Buenos dias, Sakura.- Se estiró mientras bostezaba y se levantó. Pude ver que no llevaba su camiseta puesta, y con la brisa que entró de repente, me dio tan escalofrío que las patas se movieron varios centimetros de donde estaban y me resbalé con la esquina del escritorio.

¡Sakura! -Sasuke, con unos reflejos increibles, logró atraparme en el aire patas arriba. Fue muy rapido, tanto la caida como el rescate.- Vamos, te limpiaré con agua caliente- Me dejó encima de la cama y se puso la camiseta. Seguidamente, me volvió a coger en brazos, y me llevo a escondidas a la parte trasera de la casa. No eran unos baños muy grandes, pero eran perfectos para mí. Sasuke llenó un cubo de agua caliente y me metió dentro. Cogió un jabón artesano y me empezó a llenar de espuma. Era muy delicado en no hacerme daño. Cada pasada que había con la mano y con el peine, intentaba no estirar de los pocos nudos que tenía.

Es increible que seas una loba salvaje y te dejes limpiar por un humano como yo. Normalmente, los animales huyen de mí- Y no supe el porqué. Su olor me atraía mucho, aunque menos que un buen chuletón. Además, cuando me salvó, sí que pude ver que los lobos ya estaban aterrorizados antes de que actuara. Seria cosa mia. Cuando terminó, buscó la toalla, pero no lo encontraba.

¿ Dónde está... ?

¿ Buscabas esto?-Zabuza apareció con una toalla en la mano. No parecía enojado, ni mucho menos. Más bien, agradecido, como si adorara de que los huespedes lavaran allí a sus mascotas, o a sus animales abandonados. Después de que ambos me secaran sin decir nada, pues Sasuke estaba confuso y Zabuza dijo que hablarian dentro, entramos y se sentaron alrededor de una mesa con el desayuno ya preparado: Huevos y leche.

No se porqué los jovenes teneis la manía de esconder a vuestros animales, por muy salvajes que sean. Si un humano lo ha acogido, es porque ha sido domado, ¿no es así?-miró al grupo que seguía desayunando sin mirar a otro lado que no fuera su plato.- Y veo que la medicina de familia ya ha hech su efecto- dijo mirandome. Desde el principio supo de mi existencia, y no lo mencionó en ningún momento. ¿ Porqué ahora?- Ayer no podía avisaros que bajarais a la loba... ¿ cómo se llama?

Sakura

A Sakura. Ya pudisteis ver que los soldados que custodian la aldea tienen muy en cuenta de la seguridad. Aunque, bueno, eso ya no importa. Ahora que debeis partir, tengo que daros vuestras provisiones, según lo acordado.-dijo mirando a Karin, quién asintió levemente.

¿ Cuánto has dado por las provisiones?- preguntó Suigetsu un poco mosqueado.

Tranquilo, fueron 200 rubianes. Me dijo que con ello nos cobraría a los 3 el hospedaje y la comida más las provisiones. Y me dijo que como teníamos una invitada " especial", que él pagaría todo lo demás, incluyendo al herrero.- Todos miraron primero a Karin y seguidamente a mí. Zabuza entró de nuevo con dos bolsas llenas de comida y bebida- Tomad. Son chapatas y varios quesos hechos en la casa. Espero que no seais alcoholicos, pues solo tenía agua. Haku, traeLA.

Si señor.- Haku salió del comedor corriendo. Sasuke observó cómo desaparecía, al igual que todos, menos Zabuza.- Es algo que me encontré hace pocos dias. Fue un trabajo encargado del herrero. Lo hizo con mucho gusto, pero hace tiempo que dejé el combate por la ayuda hospitalaria.- En todo momento en el que lo mencionó, no dejó de verme, buscando mis ojos, como si quisiera encontrar mi verdadera ideantidad, todavía anónima. Con una sonrisa, dejó de verme y recibió a Haku. Llevaba algo largo en sus manos, cubierto por una manta fina, un poco desgastada. Zabuza la quitó y dejó a la vista una espada envainada.

¿ Una espada?

Exacto, muchacho. Sé que no sois simples viajeros, como que algunos teneis fines y otros, diferentes. El destino os ha unido, como al igual que el destino os ha traido y entregado esta espada. –Lo cogió con ambas manos y se lo entregó a Sasuke. Se quedó perplejo. Él sacó la espada de la vaina y su reflejo se vio dislumbrado en el filo de la misma. Por la forma que lo cogió, no parecía pesada a mi vista, per quién era yo para criticar una espada...

Bueno, creo que ya no debo reteneros. Nos caballos están listos para partir.

Haku abrió la puerta mientras Zabuza se levantaba del asiento. Como había dicho, los caballos esperaban obedientes sin fui la última en pasar por el arco de la puerta. No pude evitar volverme para despedirme de Zabuza aunque fuera simplemente con la mirada. Gracias a él, o a su poción, o a lo que hubiera sido, me había curado.

No ha sido nada, pequeña. Ha sido todo un honor servirla-hizo una pequeña reverencia después de ver que nadie le miraba- Y espero haberle sido de ayuda en su pedido.- No le entendí muy bien lo que quiso decirme, pero para cuando me di cuenta, Zabuza ya se había incorporado, y Sasuke me había cogido y situado en las crines del caballo. Ahora era él quien estaba encima del caballo, y no yo, o por lo menos, en la silla.

Gracias, Zabuza, por sus servicios.- Los 5 saludaron y los caballos empezaron a andar a la salida. Los niños que merodeaban observaron con atención a los forasteros. Pero yo creo que lo que más les entusiasmaron, era verme a mí. Muchos me señalaron, pero les ignoré. Ahora no estaban los guardias, así que no tuvimos que soportar otra revisión de salida.

Llegamos a un rio abundante que reflejaba con facilidad el cielo. Suigetsu propuso de coger varios peces del arroyo, y Karin contribuyó. Sasuke, en cambio, se fue a un lugar aislado y entrenó con su nueva espada. Yo simplemente, perseguí a varias mariposas que volaban por allí. Por la noche, cenamos cada uno un pescado y varios trozos de queso. Finalmente, nos dormimos delante del fuego, y yo, como siempre, al lado de mi salvador y mi caricia.