Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen, si no a su creador y mangaka Masami Kurumada, yo sólo los he utilizado para satisfacer mis ansias de imaginación. Esta historia es de género Shonen-ai, Aioria x Shaka, Shaka x Aioria.
Advertencias: Este capítulo tiene contenido lemon, pues trata de la convivencia como pareja de nuestros protagonistas, por ende la personalidad de los personajes puede estar un tanto distorcionada, así que me disculpo si quedaron demasiado occe.
Notas autora: Este fic fue concebido para la maratón de relatos del evento relatos de una pasión de la secta Shakaoriana de los foros miarroba, y como regalo para mi hermanita. He aquí el capítulo final de esta historia, si bien era cortita, espero que les haya gustado.
¡Nos estaremos leyendo nuevamente!
Muchas gracias a Oscurita xuxu, Kitty_Wolf y Devilhangel, quienes amablemente me dejaron comentarios apoyándome con la historia n_n.
Antología
..."Si la pasión, si la locura no pasaran alguna vez por las almas,…
...¿Qué valdría la vida?"...
-Jacinto Benavente-
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Acto VI: En tu interior
Las manos de Aioria me aprisionaron mi mentón, y su boca cayó desaforada sobre mis labios, tratando de robarse cada uno de mis posibles suspiros. Mi boca le respondía, disfrutando de nuestro contacto. Mi lengua navegaba con la suya, y escuchaba el hermoso palpitar de mi corazón retumbando en el interior de mi pecho. Mi cuerpo se movía tratando de alcanzar su velocidad.
La sangre de mí boca se mezclaba en nuestro beso, y nuestras lenguas danzaban a una temperatura descontrolada. Mis brazos se aferraban a su cuello, sintiendo su carne tibia. Su piel morena sudorosa, su cuerpo fornido sobre mío.
-Te necesito- su voz se colaba en el interior de mis oídos, sus palabras navegaban dentro de mi cerebro, y apenas podían ser digeridas por mis neuronas. Mi pecho se agitaba con el toque de su cuerpo, y sentía como se excitaba con cada beso estampado por su boca.
Mi león me llevó a su mando, y mis piernas se enredaron bajo las suyas. Mi miembro rozaba con su sexo, y sus caderas me golpeaban; jugando con mis sensaciones.
Sus colmillos se dejaban caer en mi enrojecida piel. Mi cabello se pegaba a mi frente debido a mi transpiración. Mis labios se mostraban hinchados, con mi carne temblando de puro placer.
-Te amo- murmuré, percibiendo su mano introducirse en mi cavidad. Grité, me arqueé, sentí el infierno en mi piel por culpa de aquel dedo intruso. Su uña, larga y afilada, me acarició de tal manera que me provocó heridas. Unas cicatrices que después se verían como pequeños arañazos. Me brindó de un último beso para distraerme del dolor que me invadiría. Sus ojos me contemplaron, y sus mejillas se encendieron.
-Sólo mírame…- su miembro ingresó en mi cavidad, y creí que me moriría por la embestida.
-Ahhh…- la sensación fue estremecedora. Mi espalda se arqueó en un reflejo involuntario, y mi cuerpo se iba excitando. Sus manos me acariciaban mi cintura; su miembro navegaba en mi cuerpo, aumentando lentamente su velocidad.
-Ahh…ahhh…- mi lengua se enredaba, y las palabras no podían fluir con claridad. La temperatura de mi cuerpo era escalofriante. Sus embestidas lentas, hasta volverse rápidas. El movimiento era turbulento, y mi cuerpo le respondía mágicamente. Mis ojos se cerraban, el dolor fue aumentando hasta que se mezcló con el pacer que se apoderó de mí.
-Mírame- Mis brazos trataban de afirmarse de su espalda. El pene de Aioria me penetraba seguidamente, y mi entrada le permitía todo lo que quisiera. Sentirlo dentro de mí, navegando conmigo, fue algo completamente maravilloso. Espeluznante, y placentero.
Su carne bailaba con mi carne, y mis huesos crujían debido a la fricción. Mis venas se hinchaban, mi corazón corría acelerado, tratando de controlar mis descontrolados latidos que se escapaban evidenciándose en mi boca.
Mis ojos se conectaron con los suyos, reflejándose en sus pupilas marinas.
Mis jadeos se escuchaban como eco en aquella pieza, y mi felino gimió, introduciéndose hasta un lugar que no conocía. Su miembro me penetró maquiavélicamente, hasta tal punto que creí que me devoraría, partiéndome por la mitad. El sufrimiento que recibí sólo pudo ser comparable con mi prolongada excitación.
El clímax nos invadió a ambos. Llegar al orgasmo fue como un sueño desquiciado. Casi comparable como cuando te tiras de un risco en un automóvil sobrepasando el límite de velocidad. Aioria gritó, gimiendo en el instante en que su miembro se relajaba, dejando salir su líquido viscoso. Mis piernas fueron invadidas por su semen, y mis pulmones no podían dejar de moverse. Golpeándose tratando de conseguir un poco de aire.
-Siénteme…- su boca se introdujo en mi cavidad, lamiendo de su propio semen. Mi miembro se hinchó, volviéndose rígido. Sus dientes me mordieron, provocando que mis gritos se apoderaran de mi cordura.
Mi cuerpo se quemó, fundiéndose bajo sus besos. Mis brazos se apoderaron de su rostro, logrando que su contacto fuera más profundo, y su lengua recorriera cada centímetro de mi entrada.
-Ámame…- me enterró los colmillos. Me dejé llevar por su cuerpo. Cerrando los ojos e imaginando la escena. En respuesta mi cuerpo se sintió sofocado, provocando que mi pene presentara otra erección, y mi felino jugó con mi carne, disfrutando todo de mí…
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Acto VII: Tu melodía
Los dedos de un joven de cabellos castaños se movían rápidamente sobre las teclas de marfil brillantes. Sus ojos cerrados para percibir mejor de aquella pieza que hace tiempo llevaba componiendo.
Las notas venían a un ritmo tranquilo y mágico. Sus labios se apretaban, contrayéndose bajo la presión de sus dientes.
Aquellas notas se mezclaban, subiendo, bajando; danzando en el mágico tiempo de blancas y redondas. Al llegar al máximo punto sus dedos se traban, y sus ojos se abren de manera precipitada sin lograr entender cómo había errado en aquella majestuosa parte, y lo que era peor, por tercera vez.
El caballero nacido bajo la constelación de leo contempla sus manos, estupefacto, y distingue como le tiemblan sus morenos dedos. Una gota de sudor baja por su frente, y desciende recorriéndole la piel de su rostro.
Suspira frustrado, flexionando su cuerpo para lograr relajarse.
Un escalofrío le recorre, penetrándole hasta el último hueso que compone su columna vertebral. En un momento inesperado unos labios se apoderan de su boca, y le aprisionan el mentón agresivamente. Siente como aquella mano le acaricia el cuello, y como la otra se va deslizando intrusa y descarada por el interior de su camisa. Su corazón le palpita violento, al tiempo que su lengua navega en la boca de su opresor, degustando de su saliva y mezclando sus sabores.
La lengua de aquel sujeto se enreda salvaje en el interior de la cavidad, y con sus dientes pequeños y filudos le muerden sádicamente la carne de sus labios. El sabor de la sangre en un beso es fundamental para él. Le envuelve en un mar turbulento, y le excita sin poder evitarlo.
-Debo…terminar mi composición- murmura Aioria separando un tanto sus labios de su compañero, evitando a toda costa de perder la cordura y caer en sus redes.
Shaka le acaricia más marcadamente la piel de su torso, hasta que sus dedos logran quitarle el primer botón de su vestimenta. El leo se ruboriza sintiendo aquellas yemas acercándose hasta una de sus tetillas.
-Yo soy tu mejor obra- murmura seductoramente en el oído de su felino, y volviendo a estamparle un beso como esos que a ambos les gusta. El virgo le desabrocha la camisa, corriéndola para lograr contemplar el cuerpo de su amante. Le sonríe, realizando algunos movimientos en aquella piel sensible, y provocando que el felino se excite por los roces. El virgo deja que su lengua caiga sobre la piel, y lame lujurioso. La temperatura de su cuerpo se va incrementando junto con el desaforado correr de sus latidos. Aioria siente sus mejillas ruborizándose y como el aire le va faltando a sus pulmones. Shaka fue subiendo hasta llegar a su pecho, y deja que su boca contenga aquella zona morena, pequeña y vulnerable.
-Mmmm- trata de evitar un gemido, y su cuerpo se arquea producto de un sin fin de sensaciones. Jadea percibiendo los dientes de su virgo clavándose en la carne de su tetilla, y siente el horrible y placentero calor proviniendo entre medio de sus piernas.
Su miembro yace tratando de controlarse, conteniéndose en el fondo de sus pantalones.
-Soy tu música…- su mano se posa en aquel sexo caliente, y le masajea jugando a su voluntad. El pianista grita, logrando que de su boca escurra un rastro de saliva, debido al movimiento descontrolado de su lengua. Escucha su ritmo cardiaco en su propio miembro, y percibe el mágico placer de su erección. – Y la música no se controla, se siente…- sus manos le bajan el cierre, dejando en evidencia el miembro hinchado. Su boca se apodera de él, llevándose al felino a un lugar sin retorno.
-Ahhh…ahhh…- lo muerde, lo disfruta. Lo saborea como sólo él puede hacerlo. Sus dientes recorren la carne provocándole punzadas terribles y atormentadoras, placenteras y diabólicas. Aioria cree que el corazón se le escapará por la boca, y su mundo se mueve rápido, estrepitoso y violento. El placer le invade hasta el interior de sus poros. – Se adentra en tu corazón, y a veces no te deja respirar-
Aioria se aferra del cuello del virgo, mordiendo sus labios en el instante en que el líquido blanquecino escapa desde su sexo. Shaka recibe el semen de su amante en toda su boca y lame degustando de aquel perfecto sabor. En su último beso se apodera de la otra boca, uniéndose agresivamente con el jadeante felino.
-Soy tu música…- el virgo le mira, el otro también. Aioria trata de calmar a su atolondrado corazón, y su cuerpo caliente completamente vulnerable bajo el toque del otro.
Por un segundo, casi efímero e inexplicable, pudo ver dentro de su mente las últimas notas que le faltaban a su partitura, y cómo mágicamente se grabaron en su pecho. Bajo la forma de unos labios pequeños, y carnosos…
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.-Fin-.
