Ya es miércoles, así que hola de nuevo. Aquí traigo el capítulo 3, en el que ya empieza la cosa a desarrollarse un poco mejor, o eso creo y espero xDDD. Sé que no está teniendo nada de espectación este fic, pero espero que los que los seguís, continuéis haciéndolo, me gustaría muchísimo. Y gracias por ello, por supuesto. Hale, ahora a leer algo que interesa bastante más, no? Nos vemos en la despedida.
3. El Escorpión De La ArenaRoja
Cuánto calor hacía en aquel abarrotado lugar: metidos en un local con tanta gente, la temperatura se hacía notar más de lo debido. Si a eso le sumábamos las luces, podíamos decir que hacía el mismo calor que en verano a las tres de la tarde en plena calle. No era algo que me gustase, precisamente, pero no me quedaba más remedio que aguantar y tener paciencia. Al menos, tenía en mi mano un vaso de tubo que contrastaba enormemente con la temperatura del ambiente, tanto que mis dedos se empezaban a entumecer el excesivo frío que emanaba el cristal, a causa de los cubitos de hielo en su interior.
Las luces parpadeaban frenéticamente, cambiando de colores. Llegó un momento en que empezaron incluso a transmitirme texturas al reflejarse en las paredes, el techo de espejo y el suelo perfectamente pulido. Al menos, en aquellas partes que aún no se habían impregnado de bebida y otras sustancias irreconocibles, haciendo que se pusiese pegajoso y perdiendo así todo rastro de brillo que los empleados se habían esforzado por sacarle a aquel suelo oscuro.
Y si no era suficiente con eso, encima el ambiente estaba demasiado cargado. Había humo por cualquier rincón que se mirase, dificultando más aún la visión –si es que realmente interesaba ver algo- y provocando un angustioso escozor en los ojos. Éstos se resecaban a pasos agigantados, pero no eran los únicos afectados; a veces costaba realmente respirar, sobre todo para unos pulmones nada acostumbrados al humo del tabaco. Además había tanta gente allí. Uno podía saber a la perfección lo que significa "invasión del espacio personal". ¡Si es que ni siquiera se podía bailar!
En definitiva, tras el tiempo de margen esperando a que llegase todo el mundo, el rato para decidir y otro más para llegar hasta nuestro destino, nos vimos envueltos entre focos, música, humo y calor. Y estaba claro que a mí no me apetecía nada. Me sentía como en esas ocasiones en que sólo se ven las cosas mal porque, lo que realmente no está bien, es el estado de ánimo de uno mismo. Y mi estado anímico no era nada envidiable. Estaba desganado, agobiado, y para colmo me sentía, en cierta medida, obligado a permanecer allí. No entendía por qué no podía haberle dicho a Lee que no iba, y punto.
Una vez en la discoteca la gente iba un poco más a su rollo. Allí bailábamos, íbamos aquí y allí. Hablábamos entre nosotros y estábamos relativamente juntos, sí, pero ya no parecía tanta necesidad la de estar todos ahí. Era lo que menos me gustaba de salir, que después de tanto insistir para que yo fuera, luego no hubiese importado que en el fondo faltase.
-Hinata,. ¿dónde están todos? –le pregunté a mi prima gritando en su oído para que pudiera oírme, y aun así eso no fue posible, o me escuchó tan sólo a medias, porque me hizo que se lo repitiera. De pronto, me daba cuenta de que estábamos ahí los dos solos, y no había rastro de los demás.
-No lo sé –me contestó ella-. Ino ha ido al baño, creo –conforme me respondía, vi más lejos a Sai, pidiendo algo en la barra. Una jovencita parecía intentar ligar con él, y él no sabía exactamente cómo comportarse, por la cara de extrañeza que tenía. Pero a ella no parecía importarle, porque seguía insistiendo-. Naruto y Gaara se alejaron hace un rato, creo que están por allí hablando con dos chicas que pareció gustarles a Naruto –dijo señalándome con el dedo, disimuladamente. Incluso dentro de una discoteca con tanto bullicio y donde nadie se preocupaba por los demás, mi prima solía mostrarse igual de precavida.
Vale, ya estaban todos localizados, excepto uno de ellos. El culpable de que yo me encontrase allí. Ahora se había esfumado y no se sabía dónde estaba. Con lo meticuloso que yo era, intentando siempre que todo estuviese bajo control, me esforcé por buscarlo, pero era casi imposible verlo en medio de la multitud.
-¿Y dónde está Lee?
-No lo sé –repitió algo avergonzada, como si hubiese sido culpa suya y me estuviese pidiendo disculpas por ello. Pero ni tenía por qué pedirme perdón ni yo se lo estaba exigiendo. Tan sólo le había preguntado a ella porque a mí, sin darme cuenta, se me habían escapado todos, y quizá mi prima hubiese estado más atenta que yo.
Después de un buen rato mirando para todos lados, aunque intentando disfrutar yo también, y durante el cual ya habían vuelto a nuestro lado Ino y Sai, conseguí encontrar a Lee. Estaba bastante alejado, pero lo suficientemente cerca como para reconocer que era él. Además, su corte de pelo destacaba bastante entre tantas melenas de mujer y pelos encrespados de hombre.
Lee estaba hablando con una chica, bastante atractiva. Ella vestía minifalda, o eso creí ver, pero en ningún momento se me ocurriría poner la mano en el fuego para asegurarlo, con la cantidad de gente que había. Lo que sí pude ver, mientras ella se movía provocativamente, era el escote tan pronunciado que llevaba. Ya imaginaba adónde debía estar mirando Lee en esos momentos, mientras hablaban. Y no sería precisamente a sus ojos.
Él sonreía, y mucho. Demasiado, incluso, para estar hablando. La verdad es que mi amigo tenía cara de un pervertido con suerte que no llega a creerse del todo que una chica despampanante lo hubiera parado a él para ligar. Pero lo estaba aprovechando muy bien, porque se dejaba rozar por ella sin problemas, y él, con una mal disimulada timidez, le rozaba la cara, los hombros, y una vez incluso un pecho. Yo esperaba que estuviese borracho para haber llegado tan lejos, pero el caso es que estaba tocándola todo lo que quería, y más. Y a ella no le importaba lo más mínimo.
Sin darme cuenta, me sorprendí a mí mismo mirándolos fijamente, centrando en ellos toda mi atención, y no sabía qué era lo que tanto me atraía para no poder dejar de mirar. Quizá eran celos, pero,. ¿por qué? Y, sobre todo,. ¿hacia quién? Sin duda, también me hubiera gustado a mí estar tocando a esa chica, aunque en el fondo no era mi estilo. Pero tenía que ser eso, de cualquier modo.
Lo que sí pude reconocer a la primera fue la sensación de enfado que inundó mi pecho. Y el enfado estaba completamente centrado en mi amigo. Me estaba sentando muy mal que me hubiera insistido tanto, que hubiera tenido que ceder ante sus súplicas para salir y que luego se olvidase de todos nosotros –de mí- por un par de tetas. Me estaba fastidiando bastante, así que me dirigí al cuarto de baño para al menos despejarme un rato. No era una buena noche, el humo y el calor estaban trastornándome demasiado, y eso no era normal en mí.
No me había dado cuenta, hasta que era demasiado tarde, de que para ir al cuarto de baño tenía que pasar a una distancia de Lee y su "amiga" lo bastante cerca como para que me pudiesen ver. Y, de hecho, lo hicieron. Los dos. Se me quedaron mirando un momento, le dirigí un breve saludo con la cabeza a Lee, con los labios fruncidos aunque intentando disimular, y no me detuve ni un momento.
El baño estaba hecho un asco. Prefería no mirar a ningún lado, y mejor será que tampoco dé demasiados detalles. Simplemente me dirigí a uno de los urinarios de la pared. Justo un momento después de que me bajara la cremallera de la bragueta se colocó a mi lado Lee, que al parecer había venido detrás de mí. No pude evitar que se me escapara una mirada hacia aquella dirección, pero la desvié rápidamente de nuevo a la pared.
---
-¿Neji?
-¿Qué? –le pregunté a la chica, que me miraba con los ojos muy abiertos y el labio inferior ligeramente caído. Yo sabía por qué me estaba haciendo aquella pregunta silenciosa, tan sólo con la mirada, pero no la iba a responder tan fácilmente. Yo reconocía cosas con poca facilidad, aunque lo hacía. Pero se lo tenían que ganar para poder presenciarlo.
-¿Cómo que se te escapó una mirada?. ¿A… a su…?
-Sí,. ¿qué pasa?
-¿No me has dicho hace un momento que no iba a pasar nunca nada con él?. ¿Por qué me estás diciendo esto, en vez de callártelo?. ¿Qué es lo que pasa?. ¿Cómo te lo has callado tanto tiempo?
-Huy, demasiadas preguntas –protesté, algo molesto por el bombardeo. No pensaba responder a ninguna pregunta-. Y no va a pasar nada,. ¿eh? –bueno, sólo a la que me interesaba.
---
-Interesante chica con la que hablabas –le dije, en un tono de voz bastante neutro e inexpresivo, en contraposición a lo que intentaba expresar con esas palabras que me sonaron a mí mismo como si no significaran nada.
-¿A que sí? –me respondió muy ilusionado y con una amplia sonrisa, mirándome de pronto fijamente. Yo me sentí incómodo con aquella mirada tan penetrante, teniendo en cuenta lo que ambos teníamos en ese momento en sendas manos-. Está muy bien,. ¿eh?
-Sí –me limité a decir lacónicamente.
Lee estaba tan entusiasmado que ni se paró a pensar en lo que acarreaban mis palabras, y mucho menos en lo que significaba mi rostro de circunstancias. Yo sabía por qué me sentaba tan mal, y no era nada más y nada menos, que el hecho de que él hubiera olvidado de repente que estaba con todos nosotros y se hubiera dejado llevar por las insinuaciones y los contoneos de una bruja, a la que parecía prestarle más atención que a sus propios amigos. Estaba celoso, sí, pero por falta de atención. Y yo estaba ahí simplemente porque a él parecía apetecerle.
-Bueno, y no te vas a imaginar lo que me ha dicho cuando ha visto que nos conocemos y nos hemos saludado.
-Sorpréndeme –dije, desinteresado.
-Le has gustado muchísimo –me dijo sonriendo, algo que no comprendí del todo-, y dice que quiere que hagamos un trío –claro, por eso estaba tan feliz.
La verdad es que el sentimiento no era mutuo. No me gustó lo más mínimo esa idea, la verdad. Para empezar, yo no había ido para ligar con ninguna chica, sino que fue simplemente para que Lee se callara. Bueno, en segundo lugar, ya que estaba, para pasármelo bien. Mejor eso que estar amargado. Pero además, no me parecía buena idea lo de acostarme con esa desconocida porque también estaría ahí Lee, y eso me ponía nervioso. Sería muy incómodo, y no era precisamente mi ilusión compartir ese momento con mi amigo. Ni entonces, ni nunca. ¿Cómo mirarlo después a la cara?
-¿Qué? –dije fingiendo estar escandalizado. Lo miré fijamente, aunque esto sí fue un impulso. Me abroché la bragueta y fui a lavarme las manos. No me gustaba que aquella chica hubiera propuesto aquello, y más que Lee estuviera tan encantado, pero tampoco es que me pareciera muy descabellado. La verdad es que no era la primera mujer que conocía que resultaba ser un poco… ¿cómo decirlo? Digamos, liberal. Y lo cierto es que con sólo verla ya imaginé qué tipo de chica sería. Y si podía permitírselo, perfecto para ella, me parecía bien. Pero que no me intentase meter a mí en todo eso.
-¿Qué pasa?. ¿No quieres? –se acercó él también a los lavabos para lavarse las manos, mirándome a los ojos, que se reflejaban en los amplios espejos de la pared. Parecía desconcertado y confuso.
-Pues no, Lee, no quiero –le dije secamente-. Tú haz lo que quieras y con quien quieras, pero conmigo no cuentes.
-¿Pero es que no quieres tirarte a esa tía? –me preguntó, entre extrañado y decepcionado, como si hubiese esperado todo ese tiempo que yo me iba a ilusionar tanto como él y aceptaría sin pensármelo dos veces.
Me quedé un rato pensando, en silencio, mientras sacudía las manos para salpicar las gotas de agua y que se secasen al aire. Entonces, levanté la cabeza y lo miré a los ojos, también a través del espejo.
-Pues mira, sí que quiero –le contesté, y él esbozó media sonrisa, como si creyese que me lo había pensado. Pero la realidad era bien distinta, y supongo que no se lo esperaba, como mi primera negativa-, pero no contigo.
-¿Qué?
-A ver, no me malinterpretes –me apresuré a explicar. De pronto se esfumó mi malestar y mi enfado, en cuanto vi que mi amigo parecía ofendido por lo que le había dicho-. Lo que quiero decir es que no me gustan mucho esas cosas. Y, si encima le sumas que somos muy buenos amigos, pues… me sentiré muy incómodo, Lee. Más que disfrutar, lo pasaré mal, seguramente, y paso.
-Lo entiendo –dijo él, calmado, aunque parecía algo desilusionado-. ¡Más para mí, pues!
Finalmente, salimos del cuarto de baño, y poco a poco volvían a invadir nuestros oídos esos ruidos tan atroces que hacían llamarse música y que, a fin de cuentas, a nosotros nos gustaban. Y de nuevo parecía que nuestros ojos sólo funcionaban a intervalos, como si se abriesen y cerrasen frenéticamente sin orden ni concierto. Y tan sólo era cosa de los focos, que cambian de colores, se apagaban y se encendían al son de la música.
Teníamos que pasar cerca de donde momentos antes habían estado Lee y su presa. Yo seguiría adelante, como hice en el camino de ida, pero él se quedaría ahí, con la chica, que supuestamente se había quedado en el mismo sitio, esperándonos, mientras Lee se ausentaba un momento para seguirme y transmitirme sus planes. Iba a ser tan poco rato, que ella debía seguir en el mismo lugar, bailando con la música. Y digo, supuestamente, porque vimos que ella había desaparecido por completo, no había rastro de ella. La discoteca era grande, y había mucha gente. Seguramente estuviese en medio de aquella multitud en otra zona del local, pero yo no me molesté ni en buscarla. Seguí con mi dirección y me separé de Lee, tal y como estaba previsto, pero esta vez para que él fuese a su encuentro. Que yo me hubiese negado a pasar un buen rato con ambos, no quería decir que él tuviese que hacer el mismo sacrificio.
---
Al final, resultaba que nos lo estábamos pasando bien. Estábamos bailando al son de la música, o al menos de la música en nuestra cabeza, porque a veces nos volvíamos un poco locos y simplemente nos movíamos sin más. Hablábamos poco por el tremendo ruido de la discoteca, pero sí nos reíamos mucho viendo cómo otra gente hacía verdaderas estupideces al estar borrachos. Nosotros mismos fingíamos estarlo o imitábamos sus absurdos movimientos, provocando las risas del resto de nuestro grupo.
Misteriosamente, habíamos aguantado todos reunidos, a diferencia de otras veces en que cada uno se desperdigaba por ahí. Había ocasiones en que yo realmente me preguntaba si mis amigos salían para divertirse o para ligar. Naruto había intentado acercarse a una muchacha, pero como de costumbre, lo habían dejado plantado, así que optó por quedarse con nosotros. Después de todo, se lo pasaba igual de bien. Y, al rato, vio a esa misma chica que flirteaba con Gaara. Por lo visto, a ella le parecía bastante mono, a pesar de su timidez o precisamente por esto, aunque él la intentaba rechazar. Ése fue el momento en el que Naruto volvió a atacar, pero ella, al ver que eran amigos, huyó de nuevo, dejándolos ahora a los dos plantados. Y, a partir de ahí, ya no hubo más contratiempos. Todos seguimos tranquilamente, sin preocuparnos por nadie.
Pero me fijé en que Lee seguía sin volver. La verdad era que hasta entonces no me había dado cuenta de lo bien que me lo estaba pasando al final. Pero él seguía ausente. Pensé que debía haber encontrado a su ligue, y seguirían haciendo el tonto ahí en medio de la discoteca, a la vista de todos. O, simplemente, ya se habían ido a dar rienda suelta a sus instintos más básicos.
Yo era un poco perverso si me lo proponía. O si me provocaban. Y lo cierto es que me sentía provocado, dolido y traicionado. Tenía que reconocerlo, no me había sentado nada bien que él se fuese tan pronto. Creo que hubiera reaccionado mejor si hubiera traído a esa chica hasta nosotros, aunque no la conociésemos de nada, para poder estar todos juntos, él incluido. Pero, en lugar de eso, había desaparecido como si le molestase nuestra compañía y hubiese estado esperando poder perderse de vista.
-Hey,. ¿dónde se ha metido Lee? –vociferó de pronto Naruto, casi sin hacer mucho caso de su propia pregunta, ensimismado por bailar, moverse y disfrutar como seguía haciendo, mientras intentaba sacar algún movimiento de cadera del pelirrojo, que parecía pinchado al suelo, estático, con su vaso en la mano.
Me sentí como si me hubieran leído la mente, pero no di muestras de ello. Al contrario, fingí no haberme acordado de él hasta ese mismo momento en que el rubio lo había mencionado. Miré en varias direcciones, como si lo estuviese buscando, pero en realidad sólo movía la cabeza sin mucho entusiasmo. Sabía que no lo encontraría por ningún lado, así que no merecía la pena perder el tiempo intentando dar con él cuando, seguramente, había desaparecido por completo.
No obstante, sin quererlo siquiera, lo vi. A lo lejos, apartado de mucha gente, como si se escondiera, en un rincón. Pero lo cierto era que lo había visto. De repente dejé de moverme y me centré en él, completamente desconcertado al verlo con un chico, no con la muchacha que había estado antes con él. Era un chico alto y delgado, con el pelo pelirrojo, pero no con tanta intensidad como el de Gaara. Su piel era blanca, y vestía con gusto. La verdad era que tenía que reconocer que aquel muchacho, quizá algo más grande que nosotros, era bastante atractivo.
Entonces vi, no sin asombro, que el tipo pasaba su mano por la mejilla de Lee, despreocupadamente y con su actitud masculina siempre latente, pero en un gesto delicado y como si quisiera estar transmitiendo con los dedos más que con sus palabras; palabras que, sin saber yo cuáles eran, parecían gustarle a mi amigo, porque sonreía alegre, y hasta en algunos momentos se reía a carcajadas, bastante divertido.
Yo veía a Lee bastante tranquilo y desenvuelto. Lo cierto es que parecía incluso más cómodo que con la muchacha de antes. Quizá se debiera a que con ese tipo no tenía que ser amable ni pensar dos veces antes de hablar –para no meter la pata-, porque no tenía que conseguir llevárselo a la cama que, a fin de cuentas, debía ser ésa la intención última que había tenido con la chica despampanante. Si no hubiera conocido a mi amigo, hubiera dicho que estaba disfrutando con lo que, a primera vista, era un claro acercamiento por parte del otro para tirarle los tejos. Yo sabía que a Lee le gustaban las mujeres, así que por eso, en aquel momento, ni siquiera se me ocurrió pensar en que estuviera sucumbiendo a los "encantos" de aquel pelirrojo que penetraba la ropa de Lee con la mirada.
Hubo algo en aquellas miradas, aquellos roces, aquel acercamiento, que no me gustó. No sabría decir exactamente qué era ni porqué, pero lo cierto es que cuando me quise dar cuenta, tenía los labios apretados y el ceño fruncido. Si lo pienso ahora, sé que cualquiera que me hubiese visto habría pensado que estaba celoso, pero yo me decanto por pensar que era, simplemente, que ese tipo me daba mala espina y no me gustaba del todo su actitud para con mi amigo.
---
-¿Seguro que no eran celos? –me volvió a interrumpir Sakura, una vez más. A decir verdad, casi me estaba acostumbrando a sus intervenciones, y tenía que reconocer que era completamente normal, ya que yo le estaba contando algo. Era inevitable que se fuera formando una conversación donde quien más hablaba era yo.
-No, no eran celos –dije, malhumorado-,. ¿qué te hace pensar eso?
-No sé, por tu forma de hablar, diría que…
-¿Qué?. ¿Qué dirías? –espeté yo, algo nervioso. No me daba cuenta de que ella tenía que estar formándose una idea sobre mí que yo, en ese momento, no podía adivinar.
-Nada, nada.
-Bien, de acuerdo –concluí.
A decir verdad, no podría decir por aquel entonces si yo me estaba creando la misma imagen o no, pero si era así, no pensaba aceptarla, por nada del mundo. Tan sólo estaba contando algo desde mi punto de vista. Mas lo quisiera o no, por muy objetivo que estuviera intentando ser, lo cierto era que lo que menos destilaba mi relato de todo lo que había pasado en aquel año y medio, era precisamente objetividad. Cuando me di cuenta de ello, no quise hacer ningún comentario, tan sólo me limité a continuar.
---
De pronto, vi cómo los dos chicos parecían moverse. Lee se mostraba perezoso y reacio a abandonar aquel apartado lugar, pero el otro era muy insistente y tenía claro que iba a convencer a mi amigo. Entonces entendí, cuando los vi dirigir la mirada hacia aquí –aunque no nos viesen realmente-, que el pelirrojo proponía reunirse con nosotros y, por alguna razón, a Lee no le terminaba de gustar.
Mis sospechas se confirmaron cuando se pusieron a caminar en esta dirección, completamente en línea recta hacia nosotros. Tan sólo se desviaron un par de veces unos cuantos pasos para poder esquivar al gentío que se interponía entre nosotros. Y, cuando finalmente llegaron hasta su objetivo, todos nos quedamos mirando al nuevo invitado que había traído Lee. Él tenía la mirada gacha, como si se avergonzara por algo, y no sabíamos porqué.
-Bueno,. ¿no nos vas a presentar, tío? –le dijo Naruto, sonriendo. Parecía estar encantado de que alguien más se uniese a nuestro grupo.
-Eso mismo me estaba preguntando yo, pero parece algo avergonzado –dijo el chico que había venido con mi amigo. Y, por alguna razón, no me gustó ni un pelo que dijera aquellas últimas palabras. ¿De qué debería avergonzarse Lee?-. En fin, me llamo Sasori, Akasuna no Sasori.
Bueno, se acabó ya por esta vez. ¿Qué os ha parecido? Creo que ya empieza algo más de emoción, no? Ya ha salido Sasori en escena, así que... Bueno, espero que no se os vayan las ganas de seguir leyendo y saber lo que ocurrirá después. Como siempre, el miércoles que viene estaré aquí con el capítulo 4, deseando que os guste y que me dejéis reviews xDDD Muchas gracias por vuestras lecturas, cuidaos mucho. Chau!!
