Holaaa!! Ya estoy aquí de vuelta, a unas cuantas horas de coger el avión para Italia! Pero no me olvido del fic, así que aquí estoy publicando. El miércoles que viene es cuando vuelvo, así que si no publico por la noche, porque venga muy cansado o porque directamente se me olvide, lo haré el jueves, vale? No me lo tengáis en cuenta, al menos puedo publicar tranquilamente ambas semanas xDDD Espero que os guste este capítulo, sé que hay gente a la que no le parece bien las conversaciones o mi decisión de hablar siempre en tercera persona, peeero ... sé que sabéis ser comprensivos, eh? ejem, ejem ... xDDD Nos vemos pronto y ya me decís qué os parece este nuevo episodio. Chau!!


5. LoImportante De Verdad

Abrí los ojos lentamente, ya que el sol incidía directamente sobre mi ojo derecho. Era inevitable que tarde o temprano reaccionase ante aquella osadía. Sin embargo, antes de que pudiera despegar del todo los párpados, aún sintiéndome adormecido y sin ver con claridad, sentí en mi nariz un aliento cálido, intermitente. Me asusté tanto que abrí finalmente los ojos de sopetón, y ahí, tan cerca que podían besarme, estaban los labios de Lee, ligeramente abiertos.

Seguía dormido, mientras su brazo me rodeaba los hombros, casi en la misma postura en la que estaba cuando yo sucumbí al sueño. Y yo, por mi parte, había terminado por girarme durante la noche hacia él, acercándome mucho a su cuerpo y pasando mi brazo alrededor de su cintura. Me sentí tan incómodo y avergonzado, temeroso de que pudiera despertar y descubrirme así, que con suavidad pero presteza me fui desasiendo de su abrazo. Noté cómo su cuerpo reaccionaba, molesto, ante la falta de contacto, pero no me importó. Me levanté de la cama y miré el reloj. ¡Qué pronto era! Debía estar amaneciendo, o a lo sumo que acabase de amanecer. Me apetecía seguir durmiendo, así que bajé la persiana y me volví a tumbar en la cama, esta vez de espaldas a mi amigo y en el borde del colchón, tan al filo que podría caerme si hacía algún movimiento arriesgado.

---

Pasaron algunas horas, aunque para mi cansado cuerpo fueron tan sólo como algunos minutos. Sin embargo, el reloj no mentía. Podría hacerlo, pero,. ¿para qué engañarme? No, no mentía. Así que tenía que ponerme ya en pie, me costara lo que me costase, no me gustaba levantarme demasiado tarde.

Cuando me giré, con cuidado para no caerme, ya que había estado todo ese tiempo sin mover ni un músculo, de manera inconsciente, comprobé que la cama estaba vacía. Lee ya debía de estar levantado y seguramente desde hacía un buen rato. Normalmente solía levantarse pronto; al igual que a mí, no le gustaba dormir hasta muy tarde. Pero a mí, en esa ocasión, me venció el cansancio.

Fui al baño, restregándome los ojos y bostezando como si mi mandíbula estuviera desencajada y pudiera abrirse de manera excesiva, como las de las serpientes. De hecho, hasta sentí cierto dolorcillo que me hizo cerrarla de golpe. Me tambaleaba un poco al caminar, aún bajo los efectos del sueño. Por eso iba al baño, para echarme algo de agua bien fría en la cara y despejarme por completo. Mas yo no esperaba abrir la puerta del cuarto del baño y encontrarme lo que había allí. Bueno, al menos me despertó al fin del mismo modo que podría haberlo hecho el agua.

No me extrañó nada ver que Lee salía de la ducha, solía ducharse todas las mañanas cuando se quedaba a dormir en casa, e incluso en mi cuarto de baño había una toalla que era suya. Lo que sí me extrañó fue verlo completamente desnudo, frente a mí. Lo cierto es que fue una casualidad, ya que él salía de la ducha en el mismo momento en que yo abría la puerta. Y ésta estaba justamente enfrente de la placa de cerámica del baño. El encuentro fue inevitable.

Nos quedamos los dos mirándonos fijamente durante un momento, como si ninguno de los dos fuera capaz de reaccionar. Él para taparse o darse la vuelta, yo para salir de ahí y cerrar la puerta a mi espalda. No era la primera vez que nos veíamos desnudos, en las duchas del gimnasio solíamos vernos, y la noche anterior yo le abrí la puerta en las mismas condiciones. Pero aquella vez hubo algo distinto. Debió ser el cruce de miradas que nos heló a los dos, en medio de aquella situación tan extraña.

Después de lo que había hablado con Sakura, no pude evitar pensar que mi amigo era homosexual, algo que a veces se me olvidaba. Y sin darme cuenta, mis ojos recorrieron vertiginosamente cada músculo del cuerpo de mi amigo, parándose un momento en aquella parte que más de una vez me había dejado –para qué negarlo- impresionado. Y creo que fue en ese mismo instante en el que mi cerebro quiso retomar el control de mi cuerpo, imponiendo la cordura y el sentido común. Avergonzado, y colorado hasta la raíz del cabello, bajé la mirada al suelo mientras salía de ahí, susurrando un imperceptible "lo siento" justo cuando cerraba la puerta.

Entonces escuché, al otro lado de la puerta, una leve carcajada nerviosa, pero divertida, y supuse que a Lee le había hecho gracia la situación. Realmente, no dejaba de ser gracioso. Sonreí. En fin, para qué darle más importancia de la que podía tener, que no era más que eso, un momento casualmente incómodo.

---

Comimos tranquilamente al mediodía, demasiado en silencio para lo que solíamos hablar los dos. Y más teniendo en cuenta que tenía intención de hablar con él sobre Sasori, para saber qué había ocurrido finalmente. No obstante, me sentía algo incómodo después del incidente de la ducha, y él tampoco estaba muy hablador ese día, que digamos. A lo mejor intuía de lo que yo quería hablar, y temía que si comenzaba una conversación yo me sentiría con algo más de valor como para sacarle ese tema. Pero, sean cuales fueren sus motivos, él hablaba lo justo y necesario, y no más. Dentro de lo extraño que podía ser eso en él, no dejaba de entenderlo, ya que en el fondo debía haber sido una decisión muy dura la que tuvo que tomar para dejar a Sasori. Por mucho que fuese lo que yo tanto esperaba, después de mucho tiempo.

Terminamos y nos pusimos a recoger la mesa. Ya Lee me había preguntado si podía quedarse toda la tarde allí conmigo, quizá temeroso de volver a casa y verla solitaria y vacía, lo que le haría ponerse a pensar. Le dije que sí sin pensar, y la verdad es que encima me beneficiaba para sonsacarle información. Así que, los dos contentos.

-Oye, Lee –titubeé mientras dejaba los platos en el fregadero, y él debió presentir lo que venía después, porque se puso un poco tenso-,. ¿qué pasó con Sasori?

Parecía paralizado, porque no se movía. Pero tampoco mostraba un aspecto demasiado abatido. Creo que tan sólo estaba un poco incómodo por tener que hablar de aquello que, quizá, le era un poco desagradable. Sobre todo si tenía que recordar alguna discusión o algún mal momento con Sasori, porque la verdad es que dudaba de que su ruptura hubiese sido fácil.

-Pues pasó que ya no pude aguantar más, Neji –me dijo, con una voz cansada. No parecía él, siempre tan despreocupado, tan alegre, tan seguro de sí mismo y persistente con todo. Se le veía distinto, vencido y resignado-. Discutimos por una tontería, como siempre. Pero no aguanté que siguiera culpándome, que me tratara tan mal pensando que tiene derecho. Al final me rebelé, me puse a gritar como un energúmeno y casi nos faltó llegar a las manos. De hecho, le di un puñetazo, pero después de eso pude controlarme bien, y él no me siguió ese juego, por suerte.

Yo lo escuchaba un tanto impresionado. Sabía que mi amigo, de indefenso, no tenía nada. Y que tenía bastante fuerza, por lo que imaginé que a Sasori le debió doler el puñetazo, físicamente hablando. Pero nunca había imaginado que Lee pudiese perder el control hasta el punto de pegar a otra persona. En ese mismo momento sentí lástima de Sasori, porque él debía conocer al que era su novio tan bien como lo conocía yo, y el haber provocado esa situación debió ser un duro golpe para él, más que el puñetazo.

Pero fue sólo un instante, y seguramente por la conmoción de lo que acababa de oír. Por quien verdaderamente sentí pena fue por Lee, ya que yo diría que en algún momento llegó a querer realmente al pelirrojo, aunque la noche anterior me hubiese dicho que no sabía cómo podía haber aguantado con alguien a quien no quería. Ver que la relación que un día empezó con emoción se resquebrajaba tuvo que ser doloroso para él, y más aún cuando se rompió definitivamente y hasta no fue capaz de controlar un puñetazo contra esa persona.

-El caso es que ya le he dejado bien claro que no quiero volver a saber nada de él –continuó hablando-. Tengo miedo de que si lo veo de nuevo, o si hablamos, no pueda resistir el decir que sí cuando me suplique volver conmigo, como ha ocurrido siempre. Y no quiero saber de él porque lo que realmente me da miedo es seguir con esa situación casi de sumisión por mi parte.

Silencio.

-Quiero decir –titubeó, pensando las palabras con las que quería rectificar-, tú sabes bien cómo soy, sabes que no me sometería a nadie. Pero a veces era como si yo cediese, como si le permitiese cosas y me reprimiese en algunos sentidos, por él… y no estuviese recibiendo el mismo trato.

Asentí, entendiendo a la perfección. Me imaginaba lo que me estaba contando, y cómo había sido su relación. Y sabía que, para Lee, no había debido ser muy agradable. Teniendo en cuenta que Lee solía dar sin recibir, preocuparse por el de al lado y no por él, y no solía exigir nada a cambio, escucharlo ahora hablar así era bastante amargo. Porque seguramente había tenido que ser todo más complejo y más duro de lo que parecía con aquellas simples palabras.

-Así que no pude soportarlo más. Algo me empujó a dar ese gran paso que nunca había sido capaz de dar de forma definitiva, como ahora –dijo, mirándome a los ojos con una media sonrisa, entre cansado, triste y aliviado-. Y no me arrepiento. Sé que no volveré a caer en ese precipicio nunca más, no será como todas las demás veces en que lo dejaba y a la semana volvía con él. Ya no.

Algo en sus palabras me demostró que estaba completamente seguro, y que no iba a cambiar de opinión. Me alegró saberlo, y no era por ninguna razón salvo por la de saber que, así, Lee dejaría de sufrir. Confiaba en que volviese a ser el mismo de siempre, que nos dedicase tiempo a nosotros y no a él, que de buenas a primeras nos convenciese –me convenciese- para salir entre semana en época de exámenes. Había llegado incluso a echar de menos esas facetas de mi amigo que, si seguían estando ahí, sólo las podía apreciar Sasori.

-Me alegro entonces, Lee –le dije con una gran sonrisa que intentaba infundirle calor y comprensión. Creía haber visto en sus ojos que me estaba pidiendo algo, algún tipo de sentimiento para con él. Esperaba que fuese algo de eso, y quizá sí, porque sonrió agradecido-. Me alegro mucho –repetí una vez más, aproximándome a él y abriendo ligeramente los brazos, ofreciéndole un abrazo disimulado. Si le apetecía o lo necesitaba, lo notaría y vendría a mí a recibirlo; sino, quizá no se diese cuenta siquiera de mi invitación. Pero al instante estaba dentro de mis brazos, y yo lo rodeaba cariñosamente como un padre que abraza a su hijo pequeño para quitarle los miedos por la noche.

---

Pasaron unos cuantos días desde entonces. Lee ya había vuelto a su casa, y por lo que me contó un día por teléfono, se había desecho de los recuerdos de Sasori. Como me dijo, no los había tirado. Simplemente estaban guardados en el fondo de un armario, bien escondidos, donde los pudiese olvidar y no los viese en el día a día. Tan sólo con el tiempo, cuando se hubiese repuesto del todo, y un día haciendo limpieza casualmente los encontrase, ya decidiría qué hacer con ellos.

Todos seguimos tranquilamente, descansando de las clases y los exámenes, y soportando el calor como buenamente podíamos. De vez en cuando quedábamos; alguna tarde suelta en que nos reuníamos todos en casa de otro, para hablar y reírnos un poco, sin tener que estar en el sofocante ambiente de la calle.

Mas no había vuelto a hablar con Lee en profundidad sobre el tema. Nunca estábamos a solas y no se nos ocurría quedar nosotros dos sin el resto. Y por teléfono no es que hablásemos demasiado, la verdad. De hecho, casi nunca lo hacíamos. Estábamos más acostumbrados a vernos cara a cara y tratar así cualquier tema. De todos modos, las veces en que estábamos juntos, yo no veía a Lee que se muriese de ganas por volver a tocar ese asunto, así que no me preocupé demasiado al ver que los días pasaban y no volvíamos a hablar de ello.

Tampoco con Sakura había vuelto a hablar. La situación era similar: no estábamos nunca a solas para seguir narrándole lo que había pasado en ese tiempo con Lee. No había prisa, de cualquier modo. Era un período de tiempo que no se iba a ir a ninguna parte, y tampoco podría alargarse porque ella ahora estaba viviendo como el resto el presente, especialmente desde que yo la puse sobre aviso.

Sin embargo, llegó un fin de semana en el que dijimos de salir. Fue nuevamente Lee el que tuvo la idea y el que se encargó de convencernos a todos para quedar. Pero iba a ser algo más tranquilo, no íbamos a ir a ninguna discoteca. Era un local que no llevaba mucho tiempo abierto, por lo que normalmente no solía llenarse de gente. Era como un pub, con sillones alrededor de mesitas, como si quisieran separar rincones para dar algo más de intimidad. La música era tranquila, y no estaba permitido fumar, por lo que no habría humos indeseados. Lo lamentaba por Sasuke, que había adquirido ese mal hábito. Pero incluso él había estado encantado de ir. Los únicos que faltaban, en esta ocasión, eran mi prima y Sai, que habían dicho no tener ganas de salir.

Una vez allí nos sentamos en los mullidos sillones, algunos individuales y otros para más de una persona, y nos pusimos un poco en corro a charlar y reírnos. La música era suave, podíamos oírnos perfectamente. Además, también había espacio para bailar quien lo desease, y no me cabía la menor duda de que Ino estaría ahí enseguida, al igual que Naruto, que iría a ligar con quien pudiese arrastrando tras de sí a Gaara.

Efectivamente, mis sospechas se cumplieron pronto. De buenas a primeras, los tres se encaminaban, vaso en mano, hacia la pista de baile, aunque el pelirrojo iba con su cara de malas pulgas de siempre y, cómo no, con la desgana pintada en sus ojos verdes. Pero Naruto no le daba tregua.

De manera que, finalmente, nos habíamos quedado Sakura, Sasuke, Lee y yo solos, sentados, viendo cómo los demás bailaban y riéndonos de vez en cuando ante las tonterías que hacían para pasárselo bien, especialmente Naruto.

De buenas a primeras, Lee se levantó y dijo que se iba a unir a ellos, que estaba cansado de estar ahí sentado, con la cara larga y tenía ganas de despejarse y pasárselo bien. Yo me reí ante tal ocurrencia, sin saber bien por qué. Y entonces, de pronto, me vi a solas con Sakura. Vale, estaba Sasuke también, pero él podía ser de confianza, todo nuestro grupo. Si no hablaba con todos de Lee, era porque tampoco me parecía correcto difundir su historia con todo lujo de detalles entre tantas personas. Pero Sasuke hablaba muy poco, y no solía meterse en la vida de nadie si no le daban permiso. Así que se limitaría a escuchar y nada más. De hecho, ahí sentado, con su brazo alrededor de la cintura de la chica, parecía más bien un adorno.

Ella me miró insistentemente, fijándose en lo mismo que yo: ahora era un buen momento para continuar el relato. No había estado planeado, y seguramente de haber sido así, no habría salido tan bien como en estos momentos. De manera que le resumí a Sasuke brevemente, sin detalles, lo que le conté a Sakura la otra noche –él tampoco vino cuando conocimos a Sasori-, y procedí a seguir.

---

Un día, unas semanas después de aquella escapada a la discoteca, cuando por fin habían terminado los exámenes y teníamos unos pocos días de descanso antes de que empezaran nuevamente las clases, Lee vino a verme a casa.

Le abrí la puerta y vi que estaba exultante, feliz y contento, más de lo que solía estarlo normalmente. Me sentí contagiado enseguida de esas emociones, y mi sonrisa se amplió de manera insospechada. Me gustaba verlo así, tan radiante.

Nos sentamos en el sofá, uno al lado del otro, como hacíamos muchas veces en que venía a visitarme. Por general, hablábamos y reíamos, nos contábamos algunas cosas o simplemente pasábamos el rato viendo el tiempo pasar. Pero esta vez, él venía para contarme algo importante. Lo supe incluso sin que él me lo dijera, nada más verlo en la puerta. Se le notaba en la mirada, tan brillante…Lo invité a tomar algo, pero lo rechazó. Me dijo que no iba a estar mucho rato, que había quedado, que sólo quería compartir algo conmigo antes que con nadie.

-¿De qué se trata? –pregunté, algo nervioso e intrigado ya por el misterio con el que había impregnado sus palabras y sus gestos.

-¿Te acuerdas de Sasori? –me preguntó él, sin responder a mi pregunta. Aquello debía ser más importante para tratarlo primero. La verdad es que sí me acordaba, aunque ya no lo hubiese vuelto a ver. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que lo conocimos en la discoteca, dos semanas, dos semana y media, quién sabe. Pero me acordaba, sí, y así se lo dije-. Bueno, tengo que reconocer que no nos conocimos en la discoteca.

Lo miré, impresionado. ¡Eso sí que no me lo esperaba! Todos habíamos creído a pies juntillas que, al igual que nosotros, Lee había conocido al pelirrojo esa misma noche. Pero, por mucho que me sorprendiera la noticia, tampoco me extrañó. Se comportaban de una forma peculiar para acabarse de conocer. Y el beso…

-Nos habíamos conocido unos días antes, por casualidad. Desde el primer momento supe que él era gay, y no lo desmintió. Al contrario, me dijo que estaba interesado en mí. Debo reconocer que su franqueza me pilló por sorpresa –dijo. ¡¿Y a quién no?! Pero yo guardaba silencio, le dejé que siguiera hablando-. Nos vimos un par de veces, y me dijo que me esperaría en la discoteca el fin de semana.

¡Claro! Por eso insistió en salir en época de exámenes, y no a un lugar tranquilo, precisamente, sino a una discoteca. Pero, si Lee había acudido a la cita, sólo podía significar una cosa, y es que también se sentía atraído por él, de la forma que fuese.

-Al principio me negué, pero dijo que me esperaría. En el fondo, yo quería ir, pero no solo. Por eso hice que vinierais vosotros también, para no sentirme solo y desprotegido. Sabía que sería raro para vosotros, pero había algo que me importaba más en esos momentos, y no sabría decir qué. Sólo sé que sus ojos…

-Lee… -lo interrumpí, algo incómodo por lo que iba a decir.

-No, no, déjame seguir –me dijo él, poniéndome un dedo cálido y suave en los labios-. El caso es que yo no quería encontrármelo, o sí, no lo sé. Quiero decir, fui por él, pero empecé a ligar con chicas porque tenía miedo. Miedo de que me gustase un hombre. Si superaba la prueba, si no lo veía ni lo buscaba, si ligaba con chicas, estaría a salvo de ese miedo –dijo, riéndose-. Pero al final me encontró, y pasó todo lo que después ya sabes.

Silencio.

-¿Por qué me cuentas esto, Lee? –le pregunté yo, sin comprender la razón de que me estuviese dando aquellas explicaciones, como si intentase justificarse por algo que yo aún no había descubierto.

-Porque eres mi mejor amigo –dijo llanamente-. Porque me apetece contárselo a alguien y creo que tú eres el más indicado para eso.

Me emocioné profundamente al escucharlo, orgulloso de que me hubiera elegido a mí y no a nadie más para compartir aquellas impresiones. Éramos muchos, y él se llevaba bien con todos, como Naruto. Con este último, por ejemplo, tenía una relación muy estrecha, o incluso con Sakura, pero me eligió a mí.

---

-Neji, que estamos aquí delante, tío –me interrumpió Sasuke al oírme mencionar a la muchacha, como si no comprendiese por qué la mencionaba en tercera persona. Sakura se rió y le explicó por qué yo hablaba así. Él se encogió de hombros, poniendo los ojos en blanco, y no dijo nada más. Me reí para mí mismo ante aquella reacción, pero continué relatando.

---

-Después de ese día, nos vimos algo más a menudo. Bueno, nos vimos casi todos los días, y no pocas horas, la verdad. Nos sentíamos muy unidos.

¡Ya está!, pensé. Ya sabía cómo iba a terminar todo aquello, aunque me pareciese completamente irreal. Pero tenía que reconocer que Lee se veía maravillado con sus palabras, y a mí… a mí me bastaba con eso.

-El caso, Neji, es que ayer mismo empezamos a salir –dijo, con un ligero temblor de manos y los mofletes un poco colorados. Guardó silencio, supongo que a la espera de si yo le decía algo, pero no dije nada, por lo que añadió, quizá por si yo no lo había entendido-: Como pareja, quiero decir.

-Te había entendido –parpadeé un poco anonadado. ¿El Lee que yo conocía, saliendo con un hombre? Bueno, cosas más raras se habían visto-. Pero,. ¿no te parece que es un poco pronto?

-Sí, lo sé –se borró su sonrisa, aunque no el brillo de sus ojos. Creo que no era ésa la respuesta que esperaba por mi parte, pero no sabía qué decirle. De hecho, me había quedado en blanco, sin palabras, y tenía que estrujarme la cabeza para poder sacar unas cuantas y decirle algo-. Pero es extraño, siento que quiero estar con él…No, no estoy enamorado, no me mires así –me dijo, aunque yo no pensé nada de eso.

-Lo suponía, pero,. ¿crees que podrás estarlo?

-Sí, creo que sí.

-Pero es un hombre…–¡Vaya ocurrencia la mía! Como si no se hubiera dado ya cuenta él de sobra. De hecho, entornó los ojos, algo decepcionado por mis palabras, como si le hubieran dolido-. No te enfades, entiende lo que quiero decir –me apresuré a aclarar-. A ti siempre te han gustado, y mucho, la mujeres. Es normal que quiera estar seguro de que sabes lo que dices,. ¿no?

-Sí, supongo que sí –dijo, apenado-. Pero sé que eso no me importa. Hace algún tiempo que noto algo extraño…que noto que mis gustos cambian.

-Entonces –dije ampliando mi sonrisa, y era sincera-, eso es lo que importa de verdad. Me alegro mucho por vosotros. Me alegro mucho por ti, Lee.

Él me devolvió la sonrisa, nuevamente radiante de felicidad. Esto sí era lo que quería oír, o lo que esperaba que yo le fuese a decir. Pero se lo dije porque lo sentía, no porque me sintiese obligado. Me dijo que había quedado con él y que por eso se tenía que marchar ya, de modo que nos despedimos y se fue. Lo vi marcharse lleno de alegría, dispuesto a arriesgarse en su nueva vida. Y yo, sentado en mi sofá, me quedé pensando si hacía lo correcto o no, si me gustaba todo aquello o no, si estaba sintiendo que Lee se alejaba de mí o no. Pero, como le dije a mi amigo, lo que importaba era lo que él sintiese. No importaba nada más, ni nadie más; ni siquiera, yo.


Hala, pues eso es todo. Hoy no me quedo mucho rato aquí contanto nada sin importancia, así que paso directamente a los reviews que tengo algo de prisa, vale? Espero que os haya gustado y que sigáis leyendo. Y, sobre todo, comentando. Hasta la semana que viene, cuidaos mucho!!

Kotoko Hyuuga: una cosa, antes de nada ... tú no tardas media hora, eh? Que muchas cosas me has explicado ya y me ha dado tiempo de sobra de ir a hacer otras cosas hasta que terminases de explicarlo para no interrumpirte xDDD Y si intentamos hacer una historia, pues tendrá que tener juego. Algo que dure media página, pierde toda emoción. Igual que las conversaciones en tercera persona!! Hasta que no lo aceptes, no voy a parar, y si no lo aceptas (que ya imagino lo que estás pensando xD) me sentiré muy ofendido xDDD Lo de los ojos ya te lo expliqué, no lo usé para describirlo a él, pero bueno. Además, muchos errores de ese tipo se ven en obras importantes, no me vengas ahora con las quejas a mí xDDD Que yo tengo que aguantar cada cosa sobre China ... xDDD A lo de Gaara ... bueno, no tengo intención de momento de darle ningún tipo de protagonismo porque ya le di todo el que quería y más en el otro fic, así que ... bueno, ya sé que se te cortó el review a la mitad, como no hay más ... espero que sigas leyendo y ya nos vemos. Nunca mejor dicho, ya hablamos para quedar el día 20, muchos besos!!

Kike: hola! No es bueno tener una vida tan estresante, eh? Relájateee!! xD Me alegra que te guste la historia y que te parezca una pareja con morbo, aunque sea un poco típica xDDD Nunca viene mal que alguien piense así xD ¿Asco a Sasori? Bueno, es la idea que intento dar, ya verás más adelante cuando siga con las suyas, ya ... vas a querer vomitarle encima xDDD Y sí, le gusta embaucar a Lee y manipularlo, qué se le va a hacer, hay de todo en esta vida xDDD Y oye, ya has visto en este capítulo que Lee no ha cambiado de acera tan rápido, eh? xDDD El pobre ya sentía cosas raras antes xD. Muchas gracias por todo lo que dices, me alegra leerlo, sinceramente. Cuídate mucho y muchos besos para ti también, chau!!