Hola de nuevooo!! Que no, que no he dejado el fic como aquella semana blanca, sólo vengo por la tarde, nada más xDDD (Seguro que no tiene mucha importancia). Bueno, pues aquí traigo el capítulo 8, y tengo que decir que éste me gusta más que otros, no voy a decir lo de siempre de "no me convence" xDDD Hoy no. De hecho, estoy orgulloso del final de este capítulo, espero que os guste tanto como a mí, o al menos que os guste un poquito. Creo que es el primero desde que comenzó el relato de Neji en que no se ha explicado nada de la relación de Lee, y es que ya puedo ver en mi mente el final del fic, así que hay que ir terminando con la historia de Lee para luego ponerle fin a la de Neji, así que ... Lee tiene que ir perdiendo poco a poco su protagonismo xDDD No sé, a ver qué opináis al respecto.
8. Amor Que Fluye Como Agua
Sakura se fue.
Habíamos hablado un poco más tras contarle aquel suceso tan importante en la historia de Lee, y con el que se había escandalizado. Tanto que nos dedicamos a compartir impresiones al respecto y a opinar sobre lo que nuestro amigo debía haber hecho o no, como si en ese momento nos creyésemos más inteligentes como para saber de qué manera actuar o no, sin pararnos a pensar que para Lee no debió ser un momento nada fácil y que, por tanto, sus decisiones tampoco lo serían.
Después de eso, me estuvo contando cosas algo más banales, sobre su relación con Sasuke, lo bien que estaba todo entre ellos y algunas cosas que habían estado haciendo. Después de todo, no venía mal que habláramos de algo un poco más alegre, y que tampoco fuese yo quien lo contaba. Me sentía muy raro hablando tanto y siendo casi el único en hacerlo.
Ya estaba próxima la hora de la comida. Me metí en la cocina a prepararme cualquier cosa sencilla, muy convencido en comer rápido y volver a la cama para recuperar todo el sueño que había perdido durante la noche anterior. No me importaba no comer del todo bien ese día. Pero cuando estaba preparándolo, volvieron a llamar a la puerta, y supuse que Sakura había olvidado algo. Miré por el sofá o la mesa, y no vi nada que pudiera pertenecerle. Tal vez lo que había olvidado, pues, era decirme alguna cosa importante.
Al abrir la puerta, con quien me encontré fue con Lee, algo más animado y sonriente. Tenía ojeras, como debía tenerlas yo, pero parecía haber dormido. Claro que tan sólo fue mi impresión, no podía saber si había sido así en realidad.
-Hola –me saludó, sin sacar las manos de los bolsillos del pantalón que, por si no le quedaba ya lo suficientemente ajustado a la altura de la entrepierna y el trasero, sus manos sólo podían ayudar a que se notara más aún al estirar la tela-, me he encontrado con Sakura en la escalera y nos hemos parado a hablar un momento –sonrió.
¿Por qué mis vecinos dejaban la puerta del portal abierta siempre? Así se podía colar dentro cualquiera. No es que considerase a mis amigos como "cualquiera", ni que me disgustasen sus visitas –visitas que, por mi parte, no recibían tan a menudo-, pero si se viesen obligados a llamar al telefonillo al encontrar la puerta cerrada, yo estaría algo más sobre aviso mientras subían las escaleras, en lugar de encontrármelos de frente justo en la puerta de mi casa. Como me acababa de ocurrir con Lee, y no pude evitar sentirme sorprendido y abrumado, mientras las últimas imágenes de la noche anterior volvían a mi cabeza sin orden ni concierto, y sacándome los colores en la cara.
-¿Neji?. ¿Puedo pasar? –me preguntó, devolviéndome a la realidad-. Oye, comprendo que estés molesto conmigo, lo mejor será que me marche…
-No, espera –lo sujeté precipitadamente del brazo conforme se estaba dando la vuelta para irse. No había sido mi intención mostrarme enfadado con él y sin hablarle, es que no pude evitar recordar todo aquello y quedarme paralizado de la impresión-. Hola.
Lee se rió a carcajadas, algo aliviado. Lo invité a pasar e incluso le dije que si deseaba quedarse a comer conmigo, aunque no fuese a ser un gran banquete con manjares exquisitos.
-Tranquilo, estoy acostumbrado a que tus comidas no sean banquetes deliciosos –me dijo con una gran sonrisa en la cara. Yo fruncí el ceño, fingiendo que me había sentado mal, pero en realidad me gustó ver que bromeaba conmigo como de costumbre. Me ayudó a poner la mesa y a preparar algo más de comida, y ninguno daba muestra alguna de lo que sucedió la noche anterior, hasta que se atrevió a sacar el tema de conversación, ya cuando comenzamos a comer. Entonces, lo recordaba.
-¿Sabes? He querido venir a pedirte disculpas. No tenía pensado quedarme a comer. Pero…pero lo que hice anoche…no sé cómo pudo pasar. No debí haber bebido, hice cosas que no tenían que haber pasado.
-No te preocupes, no pasa nada, está todo olvidado –mentí yo. ¿Cómo olvidarlo? O, mejor dicho,. ¿cómo poder olvidarlo? No era capaz y, lo peor de todo y que ahora se sumaba a aquella sensación que, seguramente, me impediría dormir también la siesta, era que, de alguna manera que no conseguía definir, me había molestado el hecho de que se arrepintiese de haberme besado. Pero,. ¿por qué?
-Gracias –me respondió-, pero quería que supieras que lo siento mucho. No era mi intención causarte ninguna molestia ni que nuestra amistad cambiase de ninguna manera.
Cambiar de alguna manera…
Sonreí para tranquilizarlo, aunque por una parte tuvo que ser una sonrisa algo forzada, como si de no haberlo hecho, no hubiera sido realmente una sonrisa para que no se preocupara al cien por cien.
-Por cierto, tienes mala cara,. ¿no has dormido bien?
-Pues no del todo –intenté no dejar que me notara mucho más o podría adivinar el motivo-. Pero ahora voy a echarme la siesta. Si te quieres unir…
Lee se rió ante la broma, sin decir nada. Lo que yo no sabía muy bien es si lo había dicho de broma o quería que fuese de verdad, ya que cuando recogimos todo lo de la comida, al terminar, de alguna manera que no puedo recordar, acabé convenciendo a Lee, y acabamos los dos tumbados en mi cama para dormir. Y, misteriosa y contradictoriamente, su presencia me ayudaba a dormir mejor de lo que lo habían hecho sus recuerdos. Así que cuando ya me estaba quedando profundamente dormido, en ese estado en que los sentidos se adormecen y no presientes las cosas del todo bien, juraría que me acurruqué a su lado, pasando un brazo por su pecho mientras él colocaba una de sus piernas sobre las mías, como si las quisiera entrelazar, en un gesto y una intención similares a los que yo había demostrado.
---
Cuando Lee y yo nos despertamos unas horas más tarde, con la cabeza embotada y bastante desorientados, decidimos salir a la calle para dar un paseo y despejarnos. Así al menos podríamos despertar nuestros sentidos al igual que acabábamos de hacer nosotros de aquella larga siesta.
Íbamos por la calle despacio, con tranquilidad y hablando sosegadamente, tanto que a veces se producían silencios tan normales que llegaban a ser incluso cómodos. No era muy común en nosotros dos el ir a pasear, preferíamos quedarnos tranquilamente en casa y hablar, bajo la comodidad de un lugar fresco en verano y cálido en invierno, con sillones confortables a los que recurrir si nos vencía la vaguedad. Pero no nos hacía ningún daño salir a estirar las piernas, no sólo para bailar los fines de semana o para ir a clase. Y allí estábamos los dos, con una conversación banal que, en vez de ser aburrida, era relajante para ambos.
Me fijé en que de vez en cuando él miraba a algún muchacho. A unos los miraba de pasada, ligeramente y casi sin prestarles atención, continuando con nuestra conversación como si fuese la cosa más importante del mundo. A otros, en cambio, parecía atender con mayor ahínco, pues los observaba con más cuidado, siempre sin rallar la vulgaridad y sin girar la cabeza; lo cierto es que Lee era bastante discreto, ninguna de esas víctimas visuales pareció darse cuenta de que mi amigo se mostraba interesado, con algunos tanto que hasta parecía que quería aprenderse sus formas y no podía dejar de mirar.
Yo hacía algo parecido con las chicas de la calle. Alguna de ellas iba de la mano o junto a los chicos en que Lee se fijaba. Y yo me asusté realmente porque, cuando las muchachas iban solas o sin ningún varón en el grupo, para mí era fácil prestarles atención como siempre había hecho. Pero en los casos en que iban acompañadas de estos chicos, mi interés se tornaba en ellos, olvidando tenuemente a las féminas como si no fueran más que adornos de la calle a los que uno mira una vez y los deja en su lugar. Y eran ellos los que entonces captaban mis sentidos, comido por la curiosidad. Era cuando me venían miles de preguntas.
¿Por qué me fijaba en ellos?. ¿Qué era lo que veía tan interesante?. ¿Cómo serían sus cuerpos?. ¿Por qué me preocupaban sus cuerpos?. ¿Y qué hacía mirando sus labios como si fuera una fruta jugosa?. ¿Cómo sería acostarse con uno de aquellos muchachos que parecían ávidos de sexo?. ¿Y qué hacía yo pensando en eso si a mí lo que me gustaba era acostarme con mujeres?. ¿Dolería…?. ¿Y qué más daba?
Intenté apartar todos aquellos pensamientos de mi mente y seguir hablando con Lee con tranquilidad, especialmente para no dejar que se percatase de nada. Si me tenía que alarmar por lo que me estaba pasando, que fuese mejor en casa, en mi apacible soledad, si es que no venía nadie más de visita.
-Neji, te estoy hablando,. ¿qué te pasa?
-¿Qué?
-Que qué te pasa.
-Nada… -respondí un poco incómodo. ¡Vaya, al final se había dado cuenta de que estaba raro! Claro, si no contestaba, no era difícil-, no me pasa nada, tranquilo.
-¿Seguro?
-Sí, sí, seguro.
Me reí divertido, como si se tratase de algo muy gracioso para deshacer sus sospechas y que no siguiera preguntando sobre eso. Si cambiaba de tema, todo estaría mejor. No preguntaría más y yo me concentraría en la nueva conversación para no dejar volar mi mente ni mi imaginación, y me serviría de ayuda.
De reojo vi que Lee me miraba con el ceño fruncido, como si estuviera preocupado por algo, pero no volvió a insistir más. Debió resignarse con mis evasivas como para ser perfectamente consciente de que no tenía mucha intención de contarle lo que me pasaba. ¡No era nada! Todo era un malentendido, un fallo de mi cabeza seguramente debido a los últimos acontecimientos con mi amigo. No tenía que darle más vueltas, al día siguiente todo volvería a la normalidad y no habría que inquietarse más por todo aquello. En este caso, ni siquiera Lee podía hacer nada, aunque él fuese quizá la mejor persona para escucharme y entenderme.
De repente nos sorprendió una figura en la lejanía que movía la mano enérgicamente a modo de saludo, mientras otra a su lado se encogía de pudor por estar llamando la atención en plena calle. Lee y yo nos reímos ante el espectáculo, cuando Ino hacía bambolear su larga coleta rubia al aire mientras intentaba captar nuestra atención, y mi prima, Hinata, trataba de esconderse para que la gente no las mirase al pasar junto a ellas.
Nos acercamos hasta donde se encontraban, aún sonriendo divertidos, y nos saludamos mutuamente calurosamente.
-¿Qué hacéis por aquí? Especialmente tú, Neji, el señor de la gruta –se burló Ino abiertamente.
-¡Oye!. ¿Qué insinúas?
-No insinúo, lo digo claramente.
Nos reímos a carcajadas. Era tan clara y tan directa que eso me gustaba. Sus bromas a veces no eran lo que se suele decir políticamente correctas, pero por lo general solían ser bastante divertidas, y conseguía arrebatarnos a todos una sonrisa cuanto menos. Ino era tan alegre que contagiaba a los de su alrededor.
-Nosotras estábamos dando un paseo –intervino mi prima, como si quisiera traer la paz entre nosotros.
-Algo así hacíamos nosotros también –dijo Lee.
-¿Algo así?
-Bueno, ya sabéis cómo es Neji… lo de pasear no es lo suyo, ya sabéis.
-¿Tú también?
Al final acabamos los cuatro juntos, continuando nuestro paseo por la zona de playa, disfrutando de la humedad del mar, de aquel olor a sal tan característico que bañaba la ciudad todos los días del año. Observábamos a la gente sobre sus toallas, bajo sombrillas o simplemente bebiendo de aquel sol de un verano que acababa de comenzar.
Hablábamos animadamente, sobre todo lo hacían Lee e Ino, emocionados y a veces con aspavientos, felices de estar con otro con el mismo entusiasmo para hablar, para contar cosas nuevas y que no le importase cambiar de tema a aquella velocidad tan exasperante que a mí podía incluso desconcertarme. Y supongo que a mi prima también, porque ella mostraba el mismo rostro que tenía yo.
-¿Cómo podías estar a solas con ella, con lo poco que sueles hablar? –le pregunté a Hinata con una sonrisa en los labios, intentando gastar una broma sólo para nosotros dos.
-¿Cómo podías estar tú a solas con él? –contraatacó ella con un ligero movimiento de cabeza para señalar a Lee. Sin embargo a mí me pilló por sorpresa aquella pregunta, aunque podía ser incluso muy predecible, y comenzaron a venir muchas respuestas a la cabeza que me hicieron sonrojar tan rápido que no podía ser ni normal.
Porque era mi amigo desde hacía muchos años, porque solíamos compartir muchas cosas, porque nos pasábamos tanto tiempo juntos que se contagiaba de mi tranquilidad o yo de su hiperactividad, porque teníamos mucha confianza entre ambos, porque no me importaba en absoluto que cogiese carrerilla y le costase parar de hablar, porque en realidad me gustaba que fuese así, porque en el fondo tampoco hablaba tanto salvo cuando se emocionaba o estaba con alguien que fuese como él, porque… porque a lo mejor lo quería más de lo que imaginaba…
Se hizo el silencio en mi mente. Demasiados pensamientos y demasiado frenéticos como para ser capaz de controlarlos todos. Fue un desliz, un vago y ligero desliz que no entendía. No era cierto, no podía serlo. Sería del calor o la caminata, de las ganas de volver a casa para descansar.
-¿Te ocurre algo, Neji?
-No, no te preocupes, no es nada –sonreí para tranquilizarla.
-Pero es que –insistió-, te pusiste muy rojo, y de pronto tu cara cambió de color y se puso blanca. No estarás enfermando,. ¿no?
-No lo creo, no.
Así era, no creía que fuese ésa la razón, aunque me hubiese gustado y hasta hubiese preferido que así fuera. Al menos me hubiera sentido mejor y no habría tenido remordimientos de mis propios pensamientos, algo de lo que no debía arrepentirme en ningún momento.
Estuvimos un rato más todos juntos, compartiendo cosas y algunas risas. No le di más vueltas a nada y dejé de pensar en eso, para centrarme en mis amigos y en el rato de paz y tranquilidad que estábamos compartiendo. Nos lo merecíamos, después del curso tan estresante que habíamos tenido.
Finalmente, decidimos volver a nuestras respectivas casas. Primero se fue Hinata, que decía estar un poco cansada y le apetecía volver ya, y al rato fue Ino. De pronto yo me sentí violento a solas con Lee: por un lado estaba el recuerdo del beso que creía ya olvidado, y por otro aquel pensamiento fugaz que me había asustado sin saber hasta qué punto. De manera que nos despedimos nosotros también y regresamos cada uno por su lado.
Ya en casa me fui hacia el cuarto de baño para despejarme en la ducha. No me vendría mal una ducha para hacer frente al calor, para desprender de mí esa sensación de humedad y sal que se me había pegado al cuerpo paseando por la calle, para meterme en mí mismo y dejar aparcado todo lo demás. En resumidas cuentas, me hacía falta una ducha, por los motivos que fuesen, más de lo que podía parecer.
Me desnudé con lentitud, con la mente en blanco y sin prestar atención a mis propios movimientos. Entré en la ducha y abrí el grifo del agua fría, dejando que saliese ligeramente el agua caliente para no helarme, pero de manera que siguiese más bien fría. Y me duché con tranquilidad pero sin demora.
Aquellos dos días habían sido de lo más raros; la escapada al pub en el que Lee se había emborrachado, la conversación con Sasuke que parecía dar a entender más cosas de las que quería, el momento en que acompañé a Lee y la conversación en la puerta de su casa, la noche dando vueltas sin dormir y pensando en tonterías, la mañana durmiendo más bien poco y la llegada de Sakura casi sin motivo aparente, la visita posterior de mi amigo y la sensación de incomodidad entre los dos, la siesta abrazados como si fuera lo más normal del mundo, el paseo y aquellos pensamientos que inundaron mi mente para responder a la pregunta de mi prima.
¡Demasiadas cosas! No, si estaba allí en la ducha era precisamente para evadirme de la realidad y no hacer caso a todas esas cosas que parecían querer torturarme sin que yo les hubiese hecho nada. Era mi momento, sólo mío y de nadie más.
Me deleité en mi cuerpo, enjabonándolo y acariciándomelo inconscientemente mientras el agua caía sobre mí, en un espectáculo sensual incluso para mí, cuando los regueros de agua limpia me regalaban caricias por todos los músculos de mi cuerpo e insinuaban formas en las que no me había fijado nunca. Al menos, no de aquella manera en que las estaba mirando en ese momento.
Miré mi cuerpo desde arriba, empapado y con mi largo cabello negro pegado en algunas zonas como el pecho, pensando de repente en si a Lee le gustaría verme tal y como yo me estaba viendo justo entonces. Me sentí atractivo y sexy al imaginar a mi amigo junto a mí, mirándome con deseo y un apetito sexual que había visto infinidad de veces en los ojos de las chicas, sin ser consciente del porqué.
Ahora lo era, por alguna razón lo era. Me gustaba mi cuerpo, me di cuenta de que era hermoso, a su manera. Y los músculos del gimnasio me hacían sentirme orgulloso, tanto que no pude evitar rozarlos con las yemas de los dedos con suavidad.
No sabía por qué me estaba planteando si a mi amigo le gustaría o no, pero lo cierto es que estaba disfrutando con aquella sensación de incertidumbre, intentando adivinar si sería así o no y qué zonas de mi cuerpo preferiría más que otras. Nunca habíamos hablado de eso, en cierta medida por mis reticencias, y seguramente Lee tampoco quería incomodarme al hablar tan abiertamente sobre mi cuerpo. Por eso no sabía lo que pensaba él de mí, lo que opinaba desde su punto de vista sobre mí como hombre, no como amigo.
Y recordé que el cuerpo de Lee era también así, tantas veces como lo había visto desnudo en las duchas y, especialmente, sin camiseta. Él también lo trabajaba y lo forjaba como yo, quizá se sintiese también orgulloso de sus músculos y de su cuerpo, lo exploraría y lo cuidaría con mimo. Muchas veces íbamos juntos al gimnasio, hacíamos casi los mismos ejercicios, el mismo tiempo. Pero nuestros cuerpos se habían desarrollado de maneras diferentes, y cada uno tenía su encanto.
Sabía que él se había fijado en mi cuerpo en las duchas, que me había mirado de reojo en más de una ocasión, y yo nunca me había sentido ofendido, sino todo lo contrario, sumamente halagado de que mi cuerpo no le produjera rechazo como para no mirarme. Yo, por mi parte, también lo había mirado alguna que otra vez, tímido y avergonzado de que me pudiera descubrir. No sabía por qué lo hacía, no entendía qué me motivaba a observarlo. Ahora sí: era esa especie de placer inofensivo de contemplar otro cuerpo desnudo que no es el propio, ese sentimiento de deseo que las hormonas son incapaces de controlar, sino que lo fomentan, esa atracción innata que siente el hombre al comprobar que puede desatar sus instintos más básicos en cualquier momento si no antepone su racionalidad. A pesar de que Lee era un hombre, como yo, tenía que reconocer que a veces había sentido ese impulso, aunque lo había controlado y me lo había reprochado luego a mí mismo. ¿Quería decir eso que yo era más abierto de mente que otros hombre heterosexuales, que jamás pensarían de ese modo?
Esa vez no me controlé. Fue una imagen tan bella, pero a la vez tan provocativa que, sin pararme a pensar hasta que ya era demasiado tarde, comencé a masturbarme dentro de la ducha, apoyado en la pared y empapado por el agua que caía sobre mi cabeza, con los ojos cerrados y con la imagen imborrable de Lee en mi mente, dejando volar mi imaginación y, sobre todo, ese deseo escondido que palpitaba muy dentro, al fondo de mi ser, queriendo escapar de su jaula.
Bueno, y esto es todo. Qué os parece el momento ducha? No sé, es lo que más me gusta del capítulo, lo otro parece un poco de relleno, no? O ésa es la sensación que me da a mí, y eso que soy quien lo ha escrito. No tengo remedio xDDD Bueno, espero reviews y así me decís lo que os parece este capítulo. Nos vemos la semana que viene, y recordad que el final ya está cerca (aún no, quedan unos meses por lo menos xDDD). Cuidaos mucho!!
