Hola. Como dije, aquí traigo la compensación por los fallos que he tenido de Internet y demás y haberme retrasado taaanto xD. Espero que os guste y que haga ilusión al menos el que publique tan pronto, y recordad que el miércoles vuelvo a traer otro capítulo, el que corresponde ya xD. No tengo más que decir, lo dije todo ayer xDDD Y como esta vez no tengo que contestar a esos reviews tan largos (eh, peque? xDDD) pues voy a terminar pronto. Espero que os guste y ya me diréis.

AVISO: capítulo fuerte, lemon laaargo (todo el capítulo, de hecho xD). Quien sea sensible o no lo quiera leer, que se lo salte, no afecta a la trama normal del fic.


12. LosBesos De La Luna En La Noche

Había entrado tantas veces en aquella habitación y nunca la había visto con aquel brillo, me había acostado infinidad de veces en esa cama mientras hablaba con mi amigo y éste miraba su ordenador y jamás la había sentido tan mullida. Estaba descubriendo un mundo nuevo en cualquier rincón que miraba para mantenerme sereno, y sin embargo era todo tan familiar; tan tremendamente conocido y monótono a como yo lo recordaba.

Entonces me paré a pensar que ahí, justamente en esa misma cama, mi amigo se habría acostado muchas veces con Sasori, el que había sido su novio durante tanto tiempo, y el miedo me invadió por dentro, paralizó mis sentidos y me impidió seguir adelante. Una cantidad indeterminada de imágenes nubló mi mente, todas ellas inventadas por mi imaginación, y en todas veía a Lee en brazos del pelirrojo, y los celos subían por mi pecho buscando la salida por mi boca, queriendo salir al exterior en una explosión irrefrenable de improperios.

Pero entonces recordé por qué estaba yo allí, qué estaba haciendo y con quién. Mi mente se apaciguó y los pensamientos retomaron la calma, y poco a poco esos celos que se expandían dentro de mí se fueron desvaneciendo igual de rápido que habían aparecido, dejando paso a otros sentimientos más urgentes y primitivos.

Lee me ayudó a volver a la realidad, mordiéndome el lóbulo de la oreja desde detrás de mí; me acariciaba los pectorales por encima de la camiseta, con una lentitud tan sensual que casi deseaba que no parase nunca. Yo, inmóvil sentado en el borde de la cama, a los pies, me limitaba a estirar el cuello echando la cabeza hacia atrás, permitiendo que él me besara y lamiera con deseo, encendiéndome cada vez más, si es que eso era posible. No hacía nada más, tan sólo me dejaba hacer, pero me resultaba tan placentero escucharlo a él resoplar en mi oído, igual de excitado mientras recorría mi torso con sus manos.

-¿Estás seguro de que quieres esto, Neji? –me preguntó en un susurro muy quedo, en mi oído, supongo que asustado de mis repentinas dudas, si bien no eran sino aquellos celos impertinentes de unos momentos antes, que habían conseguido sosegarme un poco, y para él no debió pasar desapercibido.

Asentí lentamente con la cabeza, una sola vez por la impaciencia de que siguiera, inclinando levemente la cabeza hacia el lado opuesto a la suya para tensar más los músculos del cuello y que él entendiera que me estaba gustando –y mucho- aquello que me hacía, y que deseaba que siguiera. Así lo entendió él, y volvió a sumergirse en el hueco de mi hombro con el cuello, besándome e incluso mordiéndome.

Alcé un brazo y sujeté su cabeza para que no la apartara; era mi primer paso para disfrutar de un momento como aquel con otro hombre, aunque intuía que no me iba a costar demasiado, porque para el poco rato que llevaba con él, ya me sentía mucho más excitado que con cualquier otra mujer.

-Estoy muy caliente, Lee –solté sin poderlo evitar, con un lenguaje poco común en mí pero que mi amigo conseguía despertar sin dificultades. Estaba resultando ser todo tan extraño e irreal, pero al mismo tiempo tan anhelado y esperado, que no me daba tiempo ni a asustarme o alarmarme por lo que estaba haciendo con mi amigo, aquél al que había amado durante mucho tiempo en un silencio tan profundo que ni yo mismo había sido capaz de darme cuenta y, las pequeñas muestras que notaba, las sepultaba en reproches.

-A ver cuánto es "muy" –dijo él burlonamente, descendiendo una de sus manos, dedicadas a acariciarme el pecho, y llegó hasta mi entrepierna, sin haber olvidado ni una sola parte de mi torso escondido. Me rozó la bragueta abultada de los vaqueros con cierta lascivia, y no una vez ni dos. Se quedó deleitándose allí durante un rato hasta que volvió a subir y se entretuvo jugueteando con uno de mis pezones, pellizcándolo con suavidad-. Vaya, es cierto. Estás muy caliente.

Me reí como un niño pequeño, o como un tonto que ha estado años queriendo perder la virginidad sin conseguirlo, que no llama nunca la atención entre la gente y por fin alguien le insinúa que puede lograr su sueño, aunque no le dé esa certeza. Y es que me parecía tan absurdo lo que estaba haciendo, que me estaba gustando más incluso de lo que yo podía llegar a imaginar.

Me giré levemente, como si quisiera ponerme de frente a Lee, y subí una de mis piernas en la cama para estar más cómodo, pero seguí sentado casi en la misma posición. De repente me habían entrado unas ganas horrorosas de besarlo, de probar su sabor y comprobar qué sentía yo. Me apetecía besarlo de verdad, a conciencia, con pasión y con deseo. Junté mis labios a los suyos con insólita iniciativa que él recibió complacido. Jugamos un rato con nuestros labios, nos dimos mordisquitos mientras tonteábamos y nos reíamos, y de vez en cuando sacábamos alguno la lengua para acariciar con la punta la boca del otro. Hasta que llegó el beso pasional propiamente dicho, y bebimos del otro durante todo el tiempo que nuestras respiraciones nos dejaron.

Al separarnos, nuestros latidos se acompasaron por un momento, el mismo en que nos miramos fijamente a los ojos y no pudimos mover ni un solo músculo, hipnotizados y encandilados.

Lee pasó su mano por detrás de mi nuca y acercó mi cabeza a la suya, ávido de más besos como ése, y me besó con fiereza y desesperación, como si pensara que era todo un sueño y yo me pudiese desvanecer de entre sus brazos. Lo abracé con fuerza, no sé bien si para tranquilizarlo de algo que no podía saber a ciencia cierta o porque necesitaba tocarlo y acariciarlo con mis propias manos.

Me vino a la memoria aquel instante en la ducha de mi casa en que decidí por primera vez no controlarme y dar rienda suelta a mi deseo pensando en mi amigo. Bien, ahora lo tenía ahí, a punto de caramelo, y todo iba a llegar mucho más lejos de lo que había llegado en mi ducha, ya incluso en mi imaginación. ¿Quería que llegase a más?

Mi amigo, con cierta ventaja por no tener que luchar como yo contra ese impulso falsamente impuesto de luchar contra mis deseos homosexuales, me agarró la camiseta con violencia y tiró de ella hacia arriba hasta arrebatármela y quitarse después la suya, del mismo modo desesperado y casi con ansia de quedarse desnudo. Me miró durante un rato el torso, pasando por todos los músculos de mi cuerpo, y entonces me di cuenta, ahora que no tenía que disimular, de que le gustaba más de lo que creía. Eché una rápida mirada a su entrepierna y me asombré de verla tan abultada bajo la presión de los pantalones.

Pasó sus manos por mis pectorales y jugó con mis pezones. Parecía querer aprenderse todos los rincones de mi cuerpo con sus manos, porque no dejaba de tocarme y acariciarme, pero a mí en lugar de resultarme pesado o molesto, me encantaba, sus manos eran suaves y expertas, me gustaban al tacto con mi piel. Así que le imité, sin dejar de mirar ese cuerpo que tantas veces había visto sin prestarle la atención que tanto merecía. Me gustaba. ¡Me gustaba mucho! Sí que quería llegar más lejos de lo que pensé en la ducha.

Volvimos a besarnos y, sin darme cuenta, me sentí más cómodo, más a gusto con Lee, más relajado. Me dejé caer sobre él mientras lo besaba ahora más frenéticamente, como impacientado por la necesidad de mis partes bajas. Lee se rió por lo bajo, y me hizo reír a mí, pero eso no enfrió nuestros sentimientos ni la urgencia que teníamos de poseer al otro.

Me empujó con suavidad y me tumbó boca arriba en la cama, cuan largo era y, colocando una pierna a cada lado de mi cintura, se sentó en mi barriga mientras me besaba por todas partes haciéndome enloquecer. Sus labios y sus besos bajaron poco a poco, chupó y mordió mis pezones, que parecían haberle gustado bastante, y continuó el camino hasta mi ombligo. Me hizo cosquillas, pero mis risas no le hicieron parar, simplemente abandonó aquella zona cuando quiso.

Mordió el botón del pantalón y, con un movimiento brusco pero habilidoso, me lo desabrochó. Yo no pude dejar de sentirme impresionado, era la primera vez que me hacían algo así, y me pareció tan sumamente sexy que sentí una palpitación más fuerte en mi bajo vientre. Lee esbozó media sonrisa, satisfecho de haberme dejado con la boca abierta. Sujetó mis pantalones y los deslizó hacia abajo, tirándolos al suelo sin importarle dónde fuesen a parar.

Nos miramos.

Me miró allá donde yo más lo necesitaba.

Dio besos suaves por toda la zona que ayudaba a mantener mis boxers tensos y tirantes. Lo acarició e incluso comenzó a agarrarlo ya con los dedos, como si la tela no fuese ningún impedimento. Me gustaba todo aquello, no me lo habían hecho nunca. No pude evitar pensar que él sí sabía complacerme, que me tenía realmente a sus pies y podía ser un perfecto compañero de cama para mí.

Entonces tiró de la prenda hacia abajo, hasta que encontraron el mismo final que los pantalones. Lee agarró mi miembro con la mano y la movió con suavidad, arrancándome algunos resoplidos más fuertes de lo normal e incluso algún que otro gemido de placer. Y, sin previo aviso, lo besó y lo lamió con la lengua, justo antes de metérselo en la boca lenta y lujuriosamente.

A mí aquello me estaba volviendo loco, sobre todo con esos movimientos tan expertos que me encendían hasta tal punto que parecía que iba a explotar por dentro. Se notaba que no era la primera vez que Lee hacía aquello, pero prefería no pararme a pensarlo justamente en ese momento; era mejor disfrutarlo.

-¿Quieres probar tú? –me preguntó con una sonrisa maliciosa. Sin ser consciente de mis actos, asentí con la cabeza algo embobado, como si me hubiera propuesto lo más maravilloso del mundo.

Y ciertamente lo era. Cuando se despojó del resto de su ropa y volvió a sentarse sobre mí, esta vez en mi pecho, e introdujo aquel enorme –era muy grande- miembro en mi boca, creí que iba a enloquecer aún más de lo que llevaba haciéndolo en todo ese tiempo. Mis movimientos eran torpes y muy lentos, y al final optó por mover él sus caderas mientras yo me limitaba a sentir la fricción con mis labios, el sabor tan extraño y desconocido para mí y que, sin embargo, me gustaba demasiado.

Lee ponía los ojos en blanco y echaba la cabeza para atrás, y a mí me encantaba comprobar lo que estaba disfrutando aunque fuese él quien se movía y quien estaba sujetando las riendas en ese momento.

Se paró de golpe, respirando entrecortadamente y con violencia. Pero no parecía dispuesto a terminar con ello tan pronto. Se dio la vuelta y se acercó a mi entrepierna de nuevo, dejando la suya a mi alcance. De hecho, allí tumbado boca abajo y sin más escapatoria que la que me daba Lee cuando levantaba sus caderas, sentí en alguna ocasión que me iba a atragantar. Sabía que mi miembro era mayor de lo normal –no me gustaba presumir pero era consciente-, pero él me superaba con creces. Y es que yo nunca lo había visto con aquellas dimensiones, en la ducha no había podido imaginármelo.

Llegó un momento en que noté que parecía pararse y no se coordinaba bien. Por muy experto que fuera haciendo aquello, yo sabía que no era tan sencillo coordinar el movimiento de la cabeza para darme placer a mí con el de las caderas y dárselo a él con mis labios, quitándome a mí la responsabilidad de hacerlo, tan torpe como era.

Así que empecé a mover yo mis caderas, igual que hacía él, para facilitarle algo el trabajo; después de todo, aquel movimiento me era más familiar y, sobre todo, más sencillo.

Estuvimos un rato así, dejando que el tiempo pasara con lentitud mientras nos dedicábamos a disfrutar el momento, a regocijarnos con el cuerpo del otro y sentir un placer tan grande que, al menos yo, no había sentido nunca con ninguna mujer. Y tenía que reconocer que me estaba gustando más de lo que yo jamás hubiera podido imaginar, y casi me arrepentía de no haber tomado esa decisión mucho antes.

Y, al final, Lee se levantó y volvió a acercarse a mí para besarme y acariciarme, con una pasión insólita, algo exagerada para lo que yo estaba acostumbrado. Por primera vez en todo ese momento con él noté, además de la urgencia de satisfacer sus instintos, que estaba depositando en sus gestos algo más. Era algo más profundo e íntimo entre los dos, algo que traspasaba mi piel y se acoplaba con arraigo en mi ser. Tan cálido y placentero que creí que había alcanzado el punto máximo aquella noche, sin llegar a ser consciente de lo que vendría después.

Me agarró las dos piernas y me las subió hacia arriba, separándolas con suavidad ante mi mirada atónita. No era difícil imaginar lo que pretendía, pero no podía creer que se sintiese tan lanzado como para ese extremo. Entonces, sin previo aviso, hundió su rostro en aquella zona sexualmente inexplorada por nadie, ni siquiera por mí. La verdad es que siempre había sido tabú, por eso no sabía lo que el roce de una lengua y la humedad podían provocar en mí; mis ojos se pusieron en blanco, mis labios se abrieron y dejaron salir gemidos que nunca me había oído, mis manos se crisparon arrugando las sábanas, hasta que sujetaron su cabeza para que no se le ocurriera apartarla de ahí, en un impulso egoísta que sólo me dejaba querer disfrutar yo y nadie más.

No obstante, pese a mis gemidos de protesta, él acabó por separarse de mí y sonreír maliciosamente, acompañando el gesto con una mirada de profundo entendimiento, como si supiera de buena mano lo que se podía sentir. Y, cuando me quise dar cuenta, tenía su pelvis pegada a esa misma parte de mi cuerpo, con mis piernas aún separadas y levantadas. Me asusté, más por el temor al dolor y a lo extraño que me iba a sentir que por el hecho en sí de lo que ello implicaba.

-¿Qué haces?

-Vamos, Neji,. ¿no te gustaría saber qué se siente? Seguro que al menos tienes curiosidad,. ¿verdad?

Mis ojos brillaron entre aterrados e ilusionados por poder contestar a aquella pregunta que me hiciera un día de si dolería o no. Quizá, después de todo, me gustaba pese a los prejuicios que tenía sobre ello. Pero no lo podía saber, y el miedo seguía siendo mucho más intenso.

-Si quieres, lo dejo –me dijo muy serio, como si hubiera temido que yo estuviese horrorizado de lo que me proponía o simplemente me hubiera decepcionado con aquella iniciativa suya. Pero, sin saber cómo ni porqué, mis manos sujetaron su trasero –bien duro y redondo- con rapidez para que no se apartara, dándole permiso sutilmente a que continuara. Me sonrió tímidamente y, simplemente, prosiguió.

Acercó su miembro a mí y, muy lentamente, lo fue introduciendo. Sentí una presión algo extraña, pero muy desagradable. Era una especie de dolor muy agudo aunque leve que subía por mi columna a una velocidad tan enorme que no pude contener un grito.

-Neji, cielo, lo siento. Perdóname –se disculpó rápidamente, y a pesar de todo, sólo pude fijarme en la forma que había usado para referirse a mí, instintivamente-. Tienes que relajarte. Te prometo que luego no dolerá,. ¿me crees? –se hizo el silencio, durante el cual yo no dije ni contesté nada, simplemente lo miré como un niño asustado-. Si quieres, lo dejamos…

-Te creo –atiné a decir, por fin.

Él sonrió enternecido, seguramente por la repentina vulnerabilidad que yo mostraba, y me besó y acarició como si en el fondo todo eso fuese bastante, como si no hiciera falta nada más. Y volvió a intentarlo: fue una sensación muy rara, una invasión en un primer momento molesta que enseguida fue pasando a una calidez y una suavidad tan agradable que cerré los ojos y traté de ver en mi mente aquella parte donde se estaba desarrollando toda la acción, a una velocidad exasperante. De pronto todo era distinto, una vez que ya estaba dentro; el roce era perfecto, los empujones maravillosos, y aunque era la primera vez en que no era yo quien tenía que hacer el esfuerzo, me sentí igual de pletórico que en aquellos momentos.

Lee gemía suavemente y resoplaba mientras su pelvis se movía habilidosamente y con un gran acierto, a una velocidad y una intensidad casi ensayada, y hasta los cambios que producía en su ritmo me parecían perfectos, como si pudiera leerme la mente para saber cuándo acelerar o frenar.

Cambiamos de postura alguna que otra vez, y en todas ellas me hizo sentir cosas nuevas y estupendas, me hizo poner la mente en blanco y llegar a un nivel de excitación tan alto que casi no podía ser consciente del momento en el que me encontraba. Todo era una gran e informe nebulosa de sentimientos y emociones, sumados a las sensaciones físicas del sexo apasionado y frenético.

Los gritos y los gemidos se mezclaban en el aire con el sonido de los besos rápidos y robados, nuestras miradas se cruzaban en numerosas ocasiones para transmitirnos todo aquello con lo que ambos estábamos disfrutando, el sudor era entonces lo más maravilloso del mundo. Yo acariciaba la espalda y las nalgas de Lee mientras él seguía regalándome sus embestidas, las mismas que me hacían regocijarme en mi decisión cada vez que acertaba allí al fondo, como si fuera a romperme por dentro y, no obstante, tan sólo conseguía acercarme a pasos agigantados hacia el orgasmo. Él aceleró aún más, si es que eso podía ser posible, y comenzó a gemir y gritar con más violencia, hasta que en una de esas embestidas pareció paralizarse en una mueca del placer personificado, y yo supe, no sólo por verle sino por lo que estaba percibiendo, que mi amigo –aquella noche amante- acababa de explotar para esparcir su ser dentro de mí.

En cambio, como si nuevamente me hubiera leído la mente y supiera que a mí también me faltaba poco, se paró; mi cuerpo protestó y lanzó un rugido de furia por dentro que sólo yo pude notar en lo más hondo de mi pecho. Miré a Lee a los ojos, interrogante, pero éste sonreía maliciosamente mientras intentaba recuperar el aliento con dificultad.

-No me mires así, Neji –me dijo-. Quería terminar yo primero, estoy más acostumbrado que tú.

Yo lo miré sin entender a qué se estaba refiriendo, y sus palabras me desconcertaron tanto que por un breve momento me desplazaron de todo lo que estaba experimentado esa noche tan fantásticamente mágica.

Lee se chupó dos dedos y se los llevó a su entrada, sin dejar de mirarme con una sonrisa pintada en el rostro. Imagino que intentaba decirme lo que se proponía, pero yo seguía algo perplejo. Entonces, aún tumbado boca arriba como estaba yo –postura a la que habíamos acabado por volver-, vi que él empezaba a sentarse sobre mi miembro, dejándome anonadado. Se acercó a mi oído y, mientras sentí que gracias a sus movimientos yo estaba entrando en él, me susurró al oído sensualmente:

-Quería que tú también fueses activo esta noche, Neji. Muchas veces, cuando una persona se corre, suele sentir molestias de pasivo, y como no sé si lo ibas a poder aguantar, preferí acabar antes que tú. Sé que yo sí puedo –y me besó apasionadamente mientras iniciaba un movimiento arriba y abajo más familiar para mí pero igual de placentero que el anterior.

No aguanté mucho rato dejando que él llevase las riendas. Mi cuerpo estaba más acostumbrado a aquello, y pronto sujeté sus caderas y me puse a mover yo las mías, a más velocidad, con más frenesí. Aquél era un movimiento que yo controlaba mejor, y me sentí orgulloso de que así fuera, porque por mucho que me hubiera gustado, me sentí inexperto y torpe antes con él, pero ahora podía demostrar todo lo que sabía.

A pesar de haber terminado momentos antes, Lee no dejó de gemir y resoplar, sus ojos se pusieron en blanco como antes no se habían puesto y hasta echó la cabeza atrás mientras apoyaba las manos en mi pecho. Me volvió loco ver que seguía disfrutando gracias a mí incluso entonces, y aceleré aún más el ritmo, impulsado por una energía que se había desatado en mí y que ya no podía detener.

Mis movimientos adquirieron fuerza y velocidad, y hasta no pude evitar agarrar su cuerpo entero y levantarlo con mis propios brazos mientras él enroscaba las piernas en mi cintura para facilitarme la tarea. Me alejé de la cama y apoyé su espalda en la pared, y continué haciéndole gemir en volandas. Yo gemía y resoplaba tan entrecortadamente como él, en cierta medida por el esfuerzo que me suponía seguir con mis movimientos mientras sujetaba su peso sobre los brazos, pero estaba poseído por el placer y el deseo que provocaba en mí y no quise parar.

De repente, noté algo cálido en mi pecho y mi cuello, y me di cuenta de que había hecho que Lee tuviese su segundo orgasmo con mis empellones. Eso me encendió tanto que, haciendo un último esfuerzo, lo acompañé por ese camino de regocijo y sentí que lo llenaba por dentro.

Lo abracé fuertemente mientras lo llevaba de nuevo a la cama y lo dejaba delicadamente boca arriba. Yo caí sobre su pecho, agotado, y él me abrazó con cariño y las mismas huellas de ese cansancio que arrastraba yo. Nos miramos fijamente, sonreímos, nos besamos con ternura y pasión, a intervalos, y así, desnudos y abrazados, decidimos cerrar los ojos y permitir que el sueño se apoderara de nosotros, una vez más juntos, pero por primera vez amándonos.


Pues hale, eso es todo. Es un pequeño receso de la historia normal, en plan relleno pero para descansar de tanto lío y tanto follón xD. Además, ¡Neji ya es oficilamente gay! Aceptado por él mismo, quiero decir xDDD Y bueno, este capítulo me gusta bastante, a diferencia de los demás, pero no por lo que se dice, eh? Es que aquí no se tienen que mantener tanto las personalidades de los personajes (bueno, a veces uno cambia en esos momentos xD), y me siento más cómodo con el resultado, no decepcionado conmigo mismo por haber permitido que se me fuesen de las manos xD. ¿Qué opináis vosotros? Hasta la próxima!!