HARRY POTTER Y LA REINA DE BELLEZA
Capítulo tres: Primer Evento, La Gala 1
Luego de la frugal comida, las chicas se retiraron a conocer sus habitaciones, y acomodaron sus pertenencias. Hermione les sonrió a sus nuevas compañeras de habitación, a lo que Pansy respondió con fingida cortesía, mientras que Luna estaba feliz de tener a la castaña de compañera.
— ¡Qué bueno que nos tocó juntas Herms. Vamos a compartir y a hacer muchas cosas que no hacíamos juntas en Hogwarts, todo por pertenecer a diferentes casas. Ya verás, te va a gustar saber cosas de mí y yo de ti — le decía la rubia, para luego dirigirse a Pansy —. Ah, y eso va para ti también Pansy, vas a ver qué bien la pasamos aquí.
— ¡Ash! — dijo Pansy con fastidio —. Miren niñitas insulsas; ya es suficiente con tener que soportarlas en las clases, así que háganse un favor y no me molesten, porque yo solamente me concentraré en ganar.
— De acuerdo Pansy — dijo la castaña —, ojalá y Lavender te perdone por ganarle "su" concurso.
Pansy se molestó por el comentario, pero como no tenía la mordacidad de Lavender para contestar, optó por ir a encerrarse al cuarto de baño.
— Y no tardes mucho, también queremos entrar — le dijo la castaña desde fuera, para molestarla más. Luna observaba la discusión y sonreía, pues pensaba que eso era parte de la convivencia. Pansy salió del baño y, mirando a las otras con odio enconado, fue a sentarse en la cama que le correspondía, a continuar desempacando.
Mientras tanto, en la habitación de al lado; Ginny no la pasaba tampoco muy bien que digamos. Lavender se dedicaba a provocarlas a ella y a Padma, tratando de humillarlas lo suficiente para lograr que se retiraran del concurso. Ginny estaba a punto de darle una lección, mientras que Padma se mantenía como en un mundo aparte, como si su cuerpo y su mente se hubieran separado.
—… Y óiganme bien, ninguna de ustedes va a ser competencia para mí. ¿Oíste, leona cabeza de fósforo? ¿Y tú, nativa?
Padma se mantenía impasible, como si Lavender no existiera, pero Ginny sentía que estaba a punto de estallar. Por fin, dando un gran respiro, hizo un esfuerzo por responderle a Lavender tan serenamente como pudo.
— Mira Lavender, todas estamos aquí por la misma meta que es ganar, y te recuerdo que yo no soy la única competidora. Así que, aunque me ganes a mí o a Hermione, tienes otro ciento de opciones por las cuales preocuparte. ¿No sería mejor para ti que te enfocaras en dar una buena competencia? Así sabríamos de una vez por todas quién es la mejor.
Increíblemente, Lavender se quedó callada, pensando en lo que había dicho Ginny. Esta vez la pelirroja tenía mucha razón, ella quería el título por sobre todo, y no solamente humillar a las leonas.
— Está bien Weasley — le dijo al fin —. Te demostraré a ti y a todas que puedo ser la mejor, sin trampas y sin otra cosa que no sea mi belleza y mis cualidades. Pero exijo lo mismo de ti y de la nativa, así que ninguna se mete con ninguna, hasta que haya una ganadora, ¿es un trato?
— Es un trato — dijo la pelirroja —, y eso va por Padma también.
— Bien — contestó Lavender levantándose para salir —. Bueno, me voy a conocer la escuela, y a checar a mi competencia. ¡Adiosito, perdedoras!
Cuando Lavender salió, Ginny tomó una almohada y se la puso sobre la cara, para soltar un grito de desahogo a su furia contenida, pues sabía que Lavender no mantendría su parte del trato por mucho tiempo. Luego de calmarse, se dirigió a Padma, quien parecía no haberse enterado de nada, y seguía desempacando.
— Oye Padma, ¿cómo le hiciste para aguantar tanto insulto de esa lombriz? Tienes que enseñarme tu método de relajación, te funciona muy bien. Padma… Padma, ¿me oíste…? ¡PADMA!
Padma reaccionó por fin, y sacándose los tapones para oídos que traía, le contestó a Ginny.
— ¡Ay! Perdón Ginny, ¿me decías algo?
— Eh… no, no, no es nada, no te apures… — dijo Ginny, aguantándose la risa.
Mientras tanto, en Hogwarts; Harry y Ron repasaban las reglas de calificación y las participaciones que debían hacer las concursantes el día de la gran final. El pelirrojo estaba ilusionado, ansioso por ver la competencia en trajes de baño, y no dejaba de imaginarse a "su" castaña mostrándole sus encantos en un brevísimo bikini.
— Oye Ron — lo despertó Harry —. Deja de soñar despierto amigo. Ya sabes que Hermione es bastante recatada, quién sabe qué les harán usar el día de la final.
Ron salió de su ensoñación, pues de inmediato se imaginó a Hermione vistiendo un traje de baño de la época victoriana, y le dio una sensación de horror y desencanto. A Harry no le costaba trabajo imaginarse a Ginny, pues en más de una ocasión la pelirroja se le insinuó mostrándole su escote, pero él no necesitaba de esas cosas para amarla, pues estaba más interesado en sus sentimientos que en su físico, aunque, a decir verdad, el cuerpo de la pelirroja se estaba volviendo una dulce tentación para el moreno.
— Mira Harry — le dijo Ron sacándolo de sus pensamientos —, aquí dice que deberán demostrar algún talento o habilidad especial que tengan, y obtendrán mayores puntajes quienes usen la magia en menor medida. ¿Crees que las chicas puedan hacer algo así?
— Mmm… yo pienso que sí — dijo el moreno —. Ginny ha obtenido mucha destreza física y agilidad al jugar quidditch, y Hermione es buena para… eh… para…
— Para leer y aprender cosas — terminó de decir Ron con resignación —. Seamos realistas Harry, Mione no nació para otra cosa que no sea aprender o enseñar.
— Bueno, quizá se le ocurra algo para entonces — dijo Harry, tratando de animar a su amigo —. Si para algo es buena, es para improvisar.
— Sí, siempre que no le dé pánico escénico. Le dan unos nervios… Recuerdo cuando la presenté en casa como mi novia, estaba casi temblando, y más colorada que mi cabello.
— Lo hará bien Ron, ya lo verás. Y aunque ninguna gane, de todas formas las amaremos igual.
— En eso tienes razón Harry, la verdad es que ya quisiera estar allá con ella, es lo único que me impor… ¡Hey! ¿Qué es esto?
Ron había encontrado un sobre amarillo pequeño entre los pergaminos del reglamento, que tenía escrito "para que te orientes un poco Ronnie". Al leer esto, a Ron le dieron escalofríos, pues reconoció de inmediato la letra de Lavender Brown, y así se lo dijo a Harry.
— ¿Qué hago Harry, lo abro o no? — le preguntó el pelirrojo a su amigo.
— Bueno, no creo que nos vaya a saltar encima si lo abres — bromeó Harry. Tras decirle "muy gracioso" a su amigo, Ron abrió el sobre, y vació su contenido en la mesita de la sala común donde se encontraban, y ambos chicos se quedaron boquiabiertos, ante ellos estaban varias fotografías de Lavender, donde aparecía de cuerpo entero, es sugerentes poses y con muy poca ropa, la cual de hecho no dejaba casi nada a la imaginación. Todas las fotos tenían atrevidas dedicatorias para Ron, quien no se explicaba cómo se enteraría Lavender que él era jurado.
— Vaya… — dijo Harry recuperándose de la sorpresa —, de verdad esa Lavender es capaz de todo por ganar.
— Sí — comentó Ron —, pero lo peor es que me quiere a mí como premio. Mira esto.
Harry leyó la dedicatoria de la foto más atrevida, y hasta se puso nervioso con lo que leyó. En verdad, Lavender era capaz de TODO, por ganar. Pero no era la única, como descubrió Harry un minuto después. Al seguir hojeando su reglamento, el moreno encontró algunos pergaminos anexados, con fotos del mismo tipo pero diferente persona; esta vez se trataba de Cho Chang, quien le escribió atrás de las fotos provocativas invitaciones y promesas a Harry.
— Vaya, pues tiene algunas ventajas ser jurado de bellezas — dijo Ron riéndose de la situación y guardándose las fotos de Lavender.
— Tal vez, pero creo que no debemos aprovecharnos de esto Ron — contestó Harry —. Podemos meternos en serios problemas, y no solamente lo digo por el concurso.
— Tienes razón. Entonces, tan sólo disfrutemos el momento, luego ya veremos…
En eso, por la ventana entró una lechuza mensajera, que les entregó un pergamino a cada uno, en donde les avisaban de Beaubaxtons que esa noche asistirían a la cena de gala de bienvenida a las concursantes, y donde se comenzaría a calificar y eliminar a las chicas según su desenvoltura y comportamiento durante el evento. Los chicos se alegraron mucho, al fin podrían estar cerca de sus novias, aunque fuera por un rato.
— Espera Ron — dijo Harry —. aquí dice que para proteger la identidad de los jurados, el evento será una mascarada, donde únicamente las concursantes dejarán a la vista sus identidades, con el fin de que no se enteren de quiénes son los jurados de entre todos los invitados, y así tendrán que tratarlos a todos con suma cortesía, aunque sí podrán denunciar cualquier tipo de abuso u ofensa que los invitados intenten hacerles. Y los invitados estaremos obligados a tratarlas con la misma cortesía que ellas nos tengan, y calificarlas justa y adecuadamente al trato que nos den.
— ¡Ja, ja, ja, eso es una locura! — dijo Ron — ¿Cómo pueden estar seguros de que no nos reconocerán usando una mascarita? Mi cabello es sumamente conocido en todo Hogwarts.
— Aquí dice que las máscaras que se utilizarán son mágicas, y disimularán la apariencia de todos los invitados haciéndonos parecer iguales a los ojos de las chicas, mas no así a nuestros ojos. Nosotros sí que podremos distinguir a los demás jueces, pero no podemos revelar sus identidades, ni ellos las nuestras.
— Bien, pues ya está. Tan solo no me despegaré de Hermione durante toda la noche, y así sabrá que soy yo.
— No podrás hacer eso Ron. Aquí dice que los jurados estamos obligados a conversar y convivir con todas las concursantes, aunque sea por unos minutos, para poder juzgarlas a todas.
— ¡Pero eso llevará toda la noche! ¿Cómo voy a estar con Mione si me la paso cambiando de pareja cada dos minutos?
— Lo siento Ron, esas son las reglas. Pero alégrate, eso significa que Krum tampoco tendrá oportunidad de estar cerca de Hermione mucho tiempo.
— Ese Krum… Ya ni me recuerdes, que se me revuelve el estómago de coraje. Mejor ayúdame a pensar en algo, para poder estar cerca de las chicas por más tiempo.
— Mmm… tal vez sí se pueda…
Regresando a Beaubaxtons, Hermione la pasaba bastante mal tratando de elegir un atuendo apropiado para la ocasión. Desafortunadamente, nada de lo que traía parecía ser lo suficientemente elegante para un evento nocturno, y la castaña se estaba dando por vencida. Pansy ya se había ido, y Luna estaba terminando de arreglarse en el baño de la habitación, desde donde se le escuchaba canturrear tonadillas inventadas por ella, como era su costumbre. Cuando salió se encontró con una Hermione desesperada, descalza y cubierta por una bata de noche.
— ¿Pero qué pasa amiga, por qué no estás arreglada? — le preguntó con inocencia Luna.
— Ay Luna — le dijo la castaña sin mirarla —, es que no me preparé bien para esto, y no creo que me vea muy bien en la gala vestida con pantalón y saco corto.
— Si quieres, te presto algo de lo mío — le contestó la rubia solícita —, ya verás, te elegiré algo lindo, para que te veas tan hermosa como yo.
Hermione esbozó una sonrisa sarcástica, y volteó para agradecerle a Luna sus intenciones, pero al hacerlo se quedó de una pieza. Luna se veía realmente fantástica, luciendo un bellísimo vestido de seda y satín, estampado en varios tonos de azul, el cual complementaba con accesorios plateados y zapatillas abiertas color turquesa. Remataba el arreglo con un abrigo ligero de cuello afelpado, de color azul oscuro, y llevaba el cabello suelto, adornado por un broche con una pequeña flor plateada muy discreta y elegante. Lo que más llamaba la atención era el porte con que lucía ese atuendo, no se parecía en nada a la Luna que conocía de siempre, incluso su cuerpo, aunque más esbelto que el de Hermione; se veía equilibradamente estético y atractivo. La castaña se dio cuenta entonces de que Luna sí podría darle batalla durante el concurso. Mientras Hermione la veía, Luna estaba ocupada revisando su enorme bolsa de viaje, hasta que dio con lo que buscaba y se lo mostró a su amiga.
— Mira Hermione, ¿te gusta? Era de mi madre, al igual que el que traigo puesto — le dijo la rubia, extendiéndole otro hermoso vestido, confeccionado en seda y gasa, de colores cafés, ocres y dorados que iban muy bien con su tono de piel, escotado por la espalda y con ruedo desigual, y un poco más corto que el de Luna. En la otra mano la rubia le mostraba un par de zapatillas abiertas, en dorado oscuro, muy a tono con el vestido; y unn peuqeño bolso de mano que le hacía juego a las zapatillas.
— L-Luna, es-es bellísimo — dijo Hermione, saliendo de la impresión —. Pe-pero si me lo pongo yo, ¿qué usarás después tú?
— Ay amiga — contestó la rubia sonriente —, eso no importa ahora, lo que importa es que nos veamos lindas, ya veremos después. A ver, póntelo para ver cómo te queda.
La castaña obedeció, y notó que le quedaba bastante bien, dadas sus generosas curvas. Luna la revisó de arriba abajo, dándole su aprobación.
— ¡Qué bien te queda! — le dijo a la castaña —. Yo tuve que ajustar un poquito el mío, pues mi mamá era… eh… tenía un cuerpo más o menos como tú. Bueno, ahora, a maquillarnos, que ya casi es hora de salir.
— Luna — dijo Hermione abrazando a la rubia con sinceridad —, muchas gracias por esto, no sé cómo pagarte el favor…
— No te preocupes — le contestó Luna —, yo tampoco sé cómo cobrártelo. Anda, al maquillaje.
Cuando estuvieron listas, las amigas salieron de su habitación y se encontraron con Ginny y Padma, quienes venían por el pasillo a paso rápido, tanto como los tacones se los permitían. Ambas también se habían esmerado con su arreglo, y se quedaron viendo unas a otras con admiración. El vestido de Padma era estilo oriental, en tonalidades verdes con detalles en oro y escotado en V por el frente y llevaba sandalias de pedrería; mientras que el de Ginny era rojo sangre con detalles negros, escotado por el frente y atrás, aterciopelado, y llevaba zapatillas de raso en los mismos tonos. Se notaba a leguas que la pelirroja se había encargado del maquillaje de ambas, pues lucían espectaculares.
— Hola chicas — saludó Ginny —, qué bien se ven. ¿Están listas?
— ¡Claro que sí! — contestó Luna entusiasmada — ¡Vamos amigas, vámonos ya que no me quiero perder de nada!
Y diciendo y haciendo, tomó a Padma de la mano y se la llevó casi a rastras por el pasillo. Ginny y Hermione las vieron alejarse, y comenzaron a caminar juntas en silencio. Se miraban de reojo, sintiendo un poco de envidia mutua que ninguna se atrevía a confesar.
— Bonito vestido — dijo la pelirroja al fin —. No te lo conocía.
— Es de Luna — contestó Hermione nerviosa —. Me lo prestó por esta noche.
— Ah. Te ves muy linda, te queda muy bien.
— Gracias. Tú también te ves muy bella Ginny.
— Gracias.
No se dijeron nada más hasta llegar al salón. En realidad, Ginny se convencía cada vez más de que iba a ser muy difícil superar a su amiga en cuanto a porte y belleza, y eso la estaba haciendo sentirse corroída por la envidia, mientras que la castaña sentía que estaba muy lejos de que le calificaran con buena puntuación, pues no tenía ni una leve idea de cómo comportarse en una fiesta así,y le envidió a Ginny el hecho de que, haciendo fiestas tan seguido en su casa; ella sí supiera cómo comportarse en un evento de esta magnitud. Era la primera vez que asistía a una gala, y se sentía cohibida, nerviosa y asustada, y lo sintió aún más cuando comenzó a ser el blanco de las miradas masculinas, pues aunque por el frente se veía muy sobria y elegante, por atrás el escote la hacía verse muy sensual y, a su juicio, muy atrevida. Haciendo un gesto de resignación, ambas entraron al salón y se dirigieron a su mesa.
