HARRY POTTER Y LA REINA DE BELLEZA

Capítulo cuatro: Primer evento, La Gala 2

La fiesta ya había iniciado, y la música era agradable e invitaba a bailar. No bien se hubieron ubicado en su mesa, cuando un caballero enmascarado de elegante porte y finas maneras se acercó, dando un rodeo a la mesa se detuvo y le extendió su mano a Padma, invitándola a bailar. En ese momento, la orquesta iniciaba un swing alegre, y Padma se levantó sonriéndole al caballero, alcanzando a su hermana Parvati quien ya se encontraba en la pista de baile, acompañada por otro hombre que se veía exactamente igual al que estaba con ella.

Hermione y Ginny veían el ir y venir de las parejas, algunas se intercambiaban en la pista, otras en las mesas, y otras pasaban el tiempo charlando animadamente al lado de las ventanas, con sendas copas de un suave vino espumoso en las manos. Al cabo de un rato, las chicas se pusieron a conversar.

— ¿Crees que los chicos ya hayan llegado? — le soltó Ginny a su amiga —. Extraño mucho a mi Harry, no sé cómo voy a saber que es él.

— Yo creo que ellos nos lo harán saber Ginny — contestó la castaña —, de una forma o de otra.

Cuando la pelirroja iba a continuar la charla, sintió unas manos sobre los hombros llamar suavemente su atención. El caballero detrás de ella la invitó a bailar, y halaba la silla para que Ginny se levantara, cosa que la pelirroja agradeció con una sonrisa. Hermione veía a su amiga mientras acudía a la pista de baile con su acompañante, y se preguntaba si éste sería Harry.

Mientras, en un rincón algo apartado de las miradas curiosas, dos caballeros intercambiaban comentarios, sin dejar de mirar hacia la mesa donde la castaña estaba sola.

— ¿Pero por qué no ahora Harry? — le decía Ron a su amigo —. Mírala, está sola, se ve hermosísima, y me está esperando…

— Ya te lo dije varias veces Ron — le contestó el moreno —. Si vas ahora, no podremos intercambiar máscaras, para que tengamos cada uno un poco más de tiempo para estar con ellas. Debemos ser los últimos en estar con ellas Ron, por eso debemos vigilar a los otros jueces y ser cuidadosos de contar quiénes ya estuvieron con ellas y quiénes faltan.

— Pero amigo — suplicaba el pelirrojo, sin dejar de ver a su novia —, sólo mírala, está tan hermosa…

— Lo sé Ron, lo sé. Yo también quisiera estar ya con Ginny, pero hay que ser paciente. Por ahora sé que está en confianza, Lupin está bailando con ella.

Y en efecto, el educado caballero que bailaba con la pelirroja era Remus Lupin, uno de los jurados seleccionados para el concurso. La pieza musical terminó y quienes bailaban acompañaron a las señoritas a sus asientos.

— Muchas gracias por el baile caballero — dijo Ginny a su pareja, imaginando que era Harry. El caballero sólo asintió con la cabeza, pues las máscaras no permitían que su voz fuera escuchada por las concursantes, y haciendo una reverencia, se retiró.

— Veo que la pasaste muy bien — le dijo la castaña —, estabas como en ensoñación amiga.

— Ay, sí — contestó Ginny, mirando al caballero alejarse —, Solo lamento que no haya sido Harry.

— ¿Eh? — se extrañó Hermione — ¿Y cómo sabes que no era él?

— Por el tacto amiga — le dijo la pelirroja —. Harry tiene una manera muy especial de abrazarme, es algo; cómo decirlo, muy cálida… Tú deberías sentir lo mismo con Ron, ¿no es así?

La castaña asintió por compromiso, pero la realidad era que nunca se había percatado de ese detalle, puesto que nunca había bailado con su pelirrojo novio. Lo que sabía era que Ron era un poco más apasionado que Harry, y cuando la abrazaba podía sentir el roce de los músculos del pelirrojo rozando su piel a través de la ropa. Pero en esta ocasión no creía poder abrazarse así con cada caballero que se le acercara, para poder detectar la presencia de Ron.

De repente, alguien la sacó de sus cavilaciones. Un caballero bastante más fornido que el que invitó a Ginny a la pista, le estaba tendiendo la mano para bailar con ella. Un poco turbada, la castaña se levantó y le sonrió al caballero, a pesar de que éste le apretaba la mano toscamente mientras la llevaba a la pista. Al llegar ahí, la pieza que se comenzó a escuchar era una balada romántica, la cual obligó a la pareja a bailar muy cerca el uno de la otra. Hermione podía sentir el rudo tacto del caballero sobre su espalda desnuda, por lo que intuyó que no se trataba de Ron, lo cual confirmó cuando, al dar un giro, pudo ver en una esquina a otros dos caballeros mirándola bailar, y mientras uno se tronaba los dedos crispando los puños, el otro lo tomaba por los hombros, tratando de contenerlo.

La castaña cerró los ojos mientras bailaba, pues tenía una corazonada sobre quién era su pareja en ese momento. De repente, la chica se separó con brusquedad de su pareja, y le propinó una fuerte bofetada que hizo que le doliera la mano, por la dureza de la máscara. El caballero trató de disculparse, pero no se escuchaba ni una palabra de su boca, gracias al poder de la máscara. Otros dos caballeros lo alcanzaron, y tomándolo por los brazos le hicieron señas con la cabeza de que abandonara la pista. Mientras uno de ellos lo retiraba, el otro se qued´+o con Hermione, y le hizo a la castaña un ademán de disculpas, acompañado de otro en el que le pedía continuar bailando. Hermione se negó educadamente, y el caballero asintió con la cabeza, y le ofreció su brazo para acompañarla a su mesa.

— ¿Viste eso Harry? — le dijo Ron a su amigo, crispando los puños — ¡Krum se atrevió a faltarle al respeto a Mione! Ese barbaján estúpido me las va a …

— ¡Cálmate Ron, tranquilo! — le dijo Harry a su amigo —. Ya pasó, y Krum tiene su castigo. Después habrá oportunidad de desquitarte, ahora piensa en Hermione.

Ron miró hacia donde la castaña estaba sentada, pero no la encontró ahí, sino en la barra de bebidas, charlando con las hermanas Patil y Luna, mientras Ginny bailaba ya su tercera pieza, con otro caballero idéntico a los demás.

La fiesta continuó sin más percances, y por fin, llegó el turno de los chicos para bailar con sus novias. Les pusieron una pieza alegre, como una polka, la cual duró muy poco tiempo a decir del pelirrojo. Dejándolas rápidamente en sus asientos, ambos chicos se retiraron, mientras los meseros les servían un par de copas de vino ligero, para que las chicas se refrescaran. No bien hubieron bebido sus copas, cuando dos caballeros se presentaron ante ellas con intenciones de bailar. Ginny ya estaba renuente, pero aceptó, y Hermione se sentía cansada, así que se negó educadamente, pero el caballero insistió, solo que no señalaba la pista, sino la salida a uno de los balcones. La castaña se extrañó, pero sintió curiosidad y se levantó, acompañando al caballero hasta la pequeña terraza que tenían enfrente.

Al salir, el caballero la acercó delicadamente hasta el barandal, y le señaló hacia arriba. Hermione volteó la mirada y vio un bellísimo espectáculo. La luna brillaba con gran intensidad, y se reflejaba en sus castaños ojos, y mientras la veía extasiado, el caballero acercó su mano y la puso sobre la de ella, sin dejar de mirarla. Al sentir el tacto de esa mano varonil, Hermione supo de inmediato de quien se trataba.

— Hoy no podemos — le dijo al enmascarado —, pero te prometo que te compensaré por estar alejada de ti. Nos veremos pronto mi amor…

Y al terminar de hablar, le agachó la cabeza al caballero, besando la frente de la máscara, para luego retirarse lentamente, mientras Ron se quedaba en la terraza, mirándola alejarse. Luego escuchó el sonido de otro beso, y giró la vista para encontrarse con que, en la terraza de junto, Ginny se despedía efusivamente de su acompañante abrazándolo, para luego echar a correr graciosamente hasta su mesa. El caballero, que no era otro que Harry; giró hacia donde estaba Ron, y le hizo una seña de aprobación con el pulgar hacia arriba, que Ron contestó en la misma forma.

Al día siguiente, durante el desayuno las chicas comentaban sus experiencias de la gala, siendo Hermione el tema principal de la mayoría de las conversaciones.

— Entonces, ¿eso fue lo que pasó? — preguntaba Luna a la castaña, mientras mordía un bocado de ensalada — ¡Cómo pudo ser tan atrevido! ¡Mira que bajar la mano para meterla en tu vestido, y tocarte…!

— Ya Luna, no me avergüences más — le dijo Hermione a la rubia —. Ya me siento bastante mal por haber reaccionado como lo hice. Ahora no sé si me vayan a descalificar.

— ¡Oh queguida, cuánto lo siento! — le dijo Fleur a la castaña, acercándose a la mesa —. No pude evitag escuchagte, es una pena que te vayas así de la competencia. Pego cgueo que hiciste bien. ¡Ese tipo de patanes no deben estag aquí! Miga que faltagte al guespeto de esa manega… Bueno queguida, segá paga otga ocasión, quizá el año entgante. ¡Adieu!

Cuando Fleur se retiró, Hermione se quedó pensativa, ¿cómo supo que le habían faltado al respeto, si cuando se lo contó a Luna solo estaban ellas dos? En eso estaban cuando Ginny llegó a su mesa.

— Hola Mione, ¿estás bien? — le preguntó la pelirroja, saludándola con un beso en la mejilla —. Por todas partes se comenta lo que pasó ayer en la gala. No te pasó nada, ¿verdad amiga?

A Hermione le parecía que su amiga estaba siendo sincera, y le pidió que tomara asiento, pero cuando iba a empezar a contarle lo que pasó, llegaron Lavender y Pansy, quienes comenzaron a molestarlas.

— ¡Vaya Granger! — dijo Lavender — ¿Qué se siente ser el blanco de todas las miradas? De seguro tú provocaste todo para acaparar los favores de los jurados, ¿no es cierto? Debes estar orgullosa, pues con ese cuerpo de mujerzuela, no esperaba otra cosa de ti.

— ¡Cállate serpiente! — le gritó la castaña levantándose — ¡Deja de decir estupideces o no respondo de mí!

— Claro — dijo Pansy —, es la típica reacción de la culpabilidad. Pero ni comportándote como una cualquiera vas a poder vencernos Granger.

Al decir esto, se dieron media vuelta y se alejaron riendo, dejando a Hermione a punto de soltar las lágrimas de coraje que había tenido que aguantar.

— Cálmate Hermione — le dijo Ginny —. Ésas dos no merecen que nos rebajemos a su nivel, son unas rastreras.

— Sí Hermione — le dijo Luna —. Pobrecitas, a lo mejor no tienen otra forma de llamar la atención, quizá solo quieran que las aceptemos.

Ginny y Hermione se le quedaron viendo a la rubia. Definitivamente, o tenía muy buen corazón, o era demasiado inocente.

— Bueno — le dijo la pelirroja a Hermione—, ahora puedes contarnos lo que realmente pasó. No te creo capaz de hacer algo tan bajo como lo que dice Lavender. ¿O sí?

Ahora fue Hermione quien se le quedó mirando con duda a Ginny. Su amiga estaba dudando de su reputación, su mejor amiga le decía que era una cualquiera.

— ¿Tú también piensas eso de mí Ginevra? — dijo la castaña, casi a punto de llorar de decepción —. Y-yo n-nunca te cre-creí ca-capaz de… de…discúlpenme…

Hermione se levantó rápidamente, y salió casi corriendo del comedor con rumbo a su habitación. Su propia amiga dudaba de ella, era algo que no podía soportar. Entró en su habitación y se arrojó en la cama llorando amargamente. Comenzó a pensar seriamente que el concurso era ya demasiado para ella, y que no tenía ninguna necesidad de sufrir tanta humillación. Pero luego pensó en Ron, y así como llegó, la decepción se fue para dar paso al amor que sentía por el pelirrojo. Él sí creería en ella, y no necesitaba más nada, se lo había demostrado infinidad de veces, y ahora ella estaba allí, para demostrarle a él lo que valía como mujer. Sí, ella continuaría, y lo haría con más fuerza y entereza, con más espíritu, y no se dejaría humillar de nuevo. Comenzó a secarse las lágrimas, cuando Luna tocó la puerta.

— ¿Hola? ¿Herms, puedo pasar? — dijo la rubia, asomando la cabeza dentro del dormitorio —. Vine a ver si necesitabas algo. Ginny no sabe cómo disculparse contigo, se quedó en el comedor vigilando a Lavender y a Pansy, pero dice que te verá más tarde, si se lo permites.

— Pasa Luna — dijo Hermione, arreglándose un poco —. Gracias por venir, estoy bien.

— Ah, qué bueno, me estabas preocupando — contestó Luna con sinceridad —. No tengo idea de qué te haya pasado, pero lo que importa es que estés bien, y que no te haya pasado nada malo. Ojalá y quieras seguir adelante amiga, nada es igual si no estamos todas juntas.

Las palabras de Luna reconfortaron a la castaña, haciéndola sonreír. Ya hablaría con Ginny después, por ahora, necesitaba estar con alguien que no tuviera morbo por lo que le pasó, y nadie mejor que su rubia compañera de habitación.

— Bueno, si necesitas algo me avisas — dijo Luna levantándose de la cama —, yo voy a…

— Luna, por favor, ¿podrías quedarte un momento? — le pidió la castaña, y Luna regresó a su lugar —. Creo… Creo que necesito un poco de compañía… por favor…

— No tienes que pedirlo, aquí me quedaré — dijo resuelta la rubia. Y sin más palabras, se dieron un abrazo.

Mientras tanto en Hogwarts, los chicos comentaban el mismo incidente, pero desde otro punto de vista.

— ¡Ves Harry, te lo dije! — gritaba Ron, exasperado — ¡Te dije que ese tipejo lleno de músculos de Krum le haría algo a Hermione en cuanto la tuviera cerca! ¡Ese maldito…!

— Cálmate Ron — le pedía Harry a su amigo —. Ya oíste la versión de Krum, que él no tuvo ninguna intención de hacer nada, solo cumplía con su trabajo de juez. Además, dijo que sintió algo así como un hechizo de bajo nivel, que fue el que le movió la mano hasta… bueno, hasta más abajo de la espalda de Mione.

— ¡Sí claro, y el diablo que se lo crea! — contestó el pelirrojo —. Si eso fuera cierto, entonces ¿por qué no quitó las manos cuando sintió el hechizo? ¡Yo te lo diré, porque estaba ocupado coqueteándole a Mione, a "mi" Mione!

— No seas tonto Ron. En primer lugar, las máscaras no permitían que se escuchara ni una palabra que dijéramos a los oídos de las chicas, en segundo lugar, Hermione no tenía ni idea de quién era quién con las máscaras puestas, y en tercer lugar, Krum sólo la tuvo enfrente durante menos de un minuto. Fue cuando los otros jueces fueron a por él, después de que Mione lo golpeara.

Ron pareció calmarse un poco, al recordar el golpe propinado por su novia.

— Pues merecido se lo tiene por meterse con mi chica — dijo Ron, molesto —Ojalá y el jurado lo saque de una vez del concurso.

— No lo creo Ron. Recuerda que las reglas dicen que a la primera falta, se llevará un llamado de atención verbal, y solo si se reincide, será aplicada la expulsión del evento, mas las sanciones que los directores de los colegios dictaminen.

— ¡Bah, pues qué jurado tan blando le tocó! Yo ya lo hubiera hasta expulsado de su colegio.

— Calma Ron. Al parecer, gracias a esto las chicas podrán conocer a los jueces de una vez, y no hasta la final. Escuché que en el siguiente evento en que convivamos juntos ellas podrán vernos, pero no sé cómo harán para que no haya alguna influencia de ellas hacia nosotros.

— Bueno, lo que sea es mejor que estar enmascarados. Aún así, te agradezco tu idea de que intercambiáramos las máscaras, así pudimos estar dos turnos con ellas, sin que se dieran cuenta. Ahora, a esperar el siguiente evento.