HARRY POTTER Y LA REINA DE BELLEZA
Capítulo cinco: Campamento de miedo 1
Al día siguiente de la gala, las chicas fueron despertadas temprano, pues habría un anuncio importante y no debían perder detalle. La directora Maxine las esperaba ya en el Gran Salón, el cual estaba ya limpio y presentable.
— Queridas concursantes — inició la directora —, he sido enterada de los penosos acontecimientos acaecidos el día de ayer, y debo decirles que me ha sido solicitada, para bienestar de todas, la suspensión inmediata de este evento.
Una expresión de asombro y tristeza se generalizó entre las chicas, pero la directora no había terminado.
— Sin embargo queridas — continuó —, también debo decirles que aquel incidente fue contenido de inmediato, y he solicitado permiso para que el evento no sea suspendido, situación que está a punto de resolverse, por lo que podemos continuar con las actividades normales que se tienen planeadas fuera de los eventos especiales. Por lo tanto, me es muy grato anunciarles durante lo que resta de la semana, viajaremos a un campamento de belleza, donde habrá muchas actividades y se fomentará la convivencia entre todas nosotras, ¿no es fabuloso?
Los gritos de júbilo eran incontenibles. Todo el salón expresaba una gran alegría, pues podrían relajarse un poco de la tensión que generaba el prepararse para cada evento. Después del desayuno cada una fue a preparar lo que necesitara para el viaje, cuyo destino sería las inmediaciones del Bosque Prohibido, del lado más alejado de Hogwarts. Allí las estarían esperando los jurados, y se les dijo que podrían verlos y convivir con ellos durante el día, pero que no podrían tener el trato común y corriente con ellos, sino que tendrían que tratarlos con suma cortesía y amabilidad, como si acabaran de conocerlos.
En Hogwarts, Harry y Ron recibían la noticia, y estaban contentos de que pudiesen tener a sus novias tan cerca, durante una larga semana.
— ¡Aaahhh! Es como un sueño — decía Ron entusiasmado —. Ni parece que fuera cierto.
— Sí amigo — contestó Harry —. Al fin podremos tenerlas con nosotros, aunque sea discretamente. No debemos hacer algo que las comprometa.
— Créeme amigo, me portaré bien. Después de ver la sanción de Krum, no quiero nada de eso para nosotros.
— Sí, es cierto. Y dicen que lo tendrán vigilado para que no suceda nada de eso otra vez. En un campamento las tentaciones serán mayores.
— Y que lo digas Harry — dijo el pelirrojo, sacando las fotos de Lavender —. Aún no me quito esto de la cabeza.
— Deberías deshacerte de eso Ron. Te meterás en problemas con Hermione por esas fotos si te las descubre.
— No te preocupes, las tiraré en cuanto pueda, donde no las encuentren.
— Bueno, pero no lo olvides.
— De acuerdo… Hey, mira allí viene el profesor Lupin.
En eso, llegó a buscarlos otro de los jurados, el maestro Lupin, quien les traía noticias nuevas. El Comité Organizador había decidido la forma de que los jurados pudieran interactuar con las chicas, sin que se prestara a que ellas pudieran tener alguna influencia sobre ellos. Los chicos no daban crédito a lo que el profesor les comunicó, y no les quedó de otra que resignarse, y a Ron desear que Krum no tuviera la oportunidad de estar a solas con Hermione…
Al otro día, todo estaba listo para el viaje. Los carruajes voladores ya esperaban a las concursantes, quienes esperaban la señal para abordar. Ginny estaba con Padma, pero miraba de vez en cuando a Hermione y a Luna, como buscando la mirada de la castaña. Ésta había tenido tiempo de asimilar las cosas, y decidió darle otra oportunidad a su amiga, aunque aún no se lo había dicho. Por su parte, Ginny se debatía entre dejarlo todo así, o solidarizarse con su amiga de toda la vida, que era como sentía la amistad de Hermione. Ciertamente, el concurso la había cambiado, volviéndola ambiciosa, y empezaba a no sentir remordimiento por los heridos sentimientos de su amiga, lo que la hacía preguntarse si valía la pena perder una amistad a cambio de un trofeo. Tenía dudas, pero en ese momento; mientras veía a su mejor amiga conviviendo con Luna, llegó a pensar que la estaba perdiendo de verdad. La rubia se encargó de sacarla de sus pensamientos, pues las vio a ella y a Padma, y tomando a Hermione de la mano la llevó con ella hasta donde estaban.
— ¡Hola amigas! — saludó Luna efusivamente — ¿No les da emoción el que estemos juntas así? ¡Yo sí la tengo! Ya quiero llegar allá, se dice que haremos todo lo más parecido que se pueda a un campamento muggle, creo que será muy divertido.
— Sí. Muy divertido — dijo Ginny con desgano. Sintió que no podía ver a Hermione a los ojos, luego de haberla herido así. Pero la castaña se encargó de animarla, dando el primer paso.
— Estaremos bien Ginny, vas a ver cómo la pasamos de lo mejor, sin que esas serpientes nos estorben — le dijo Hermione mirándola a los ojos. La pelirroja sonrió, y se abrazó a su amiga pidiéndole perdón por haberla lastimado.
— No te preocupes Ginny — le dijo Hermione sonriendo —. Nuestra amistad es más fuerte que eso. Ahora, abordemos, que ya están llamando para subir a los carruajes.
Durante el viaje, Ginny y Hermione hablaron bastante, y dejaron en claro que se apoyarían, y que seguirían siendo las mejores amigas sin importar quién ganara.
— Pues yo creo que fue Lavender — decía la pelirroja —. Esa víbora es capaz de todo con tal de ganar, sobre todo si es a nosotras.
— O tal vez Pansy — comentaba la castaña —. Se está volviendo un dolor de cabeza igual que su amiga. Y la creo capaz incluso hasta de traicionarla.
— Pero si son tan amigas — dijo Luna —, no creo que se traicionen una a la otra, ¿o sí?
— No las conoces como nosotras — observó Padma —. Ellas son demasiado ególatras Luna, no deberías confiar tanto en ellas.
— Y hablando de confianza — apuntó Ginny —, tu hermana parece que últimamente le tiene mucha a Fleur, ¿verdad Padma?
— Pues sí — respondió la aludida —, dado que Lavender no deja de molestarla, se ha unido mucho a Fleur, me lo ha comentado varias veces. Fleur le ha dicho que la apoya, y que tenga la confianza de contarle todo lo que le pase.
— Ah, vaya — dijo Hermione, pensativa. Algo de lo que dijo Padma despertó una leve sospecha en la castaña.
Por fin, llegaron a su destino. Un bellísimo valle las recibió bajo la luz matinal, y las chicas miraban todo con admiración. Las barracas de las regaderas y el comedor estaban un poco alejadas del centro del campamento, mientras que las de los dormitorios se ubicaban en semicírculo alrededor de donde más tarde ardería la fogata. U poco más atrás del comedor, había un pequeño estanque, donde se podía nadar y remar. Cuando bajaron de los carruajes, las recibieron los jurados, y pudieron ver al fin de quiénes se trataban. Ahí estaban Tonks, Lupin, Snape, Dumbledore, McGonagall, Karkarov el director de Durmstang, tres profesoras de Beaubaxtons, Viktor Krum y por supuesto Harry y Ron. Ginny estuvo a punto de correr a los brazos de Harry, pero Hermione la detuvo. Había notado algo raro en los chicos, con tan sólo mirarlos; el gesto de Ron estaba fruncido, y miraba a todos con franco desdén, el de Harry estaba serio, pero con una enigmática sonrisa. Cuando voltearon a ver a Lupin y a Snape, ambos les sonrieron discretamente, y Snape hasta le mandó un pequeño saludo con la mano a Hermione. Eso fue muy extraño.
— Bueno queridas concursantes — dijo la directora Maxine —, el día de hoy lo tendrán libre para que conozcan el campamento, y se ubiquen en sus barracas junto con sus pertenencias. Mañana comenzaremos con los juegos y eventos de convivencia, y habrá premios para quienes los cumplan mejor. Como verán, las barracas que les corresponden tienen una insignia, que es igual a la insignia que se les entregó antes de subir a los carruajes. Con ellas ubicarán perfectamente cuál cabaña les corresponde, y serán seis personas por cada una. Bienvenidas y ¡suerte!
Hermione y Ginny se sintieron aliviadas cuando vieron que sus insignias eran iguales. No les importaba quiénes les tocaran de compañeras, siempre que estuvieran juntas. Para su sorpresa, estarían compartiendo la barraca junto a Fleur, las hermanas Patil y Cho Chang, mientras que a Luna le tocaron de compañeras a Lavender, Pansy y tres chicas de Beaubaxtons, que se veían pedantes y altaneras. Las amigas sintieron pena por Luna, pero a ella no parecía importarle, y se abrazaba de Pansy y Lavender como si fueran las mejores amigas, mientras ellas hacían gestos de repulsión nada discretos y las de Beaubaxtons giraban los ojos con fastidio.
Esa noche, ya instaladas en su barraca; Hermione, Ginny y sus compañeras hacían comentarios respecto a lo que serían las actividades del día siguiente. La barraca que le tocó a Luna estaba cercana a la de ellas, y podían ver desde una de las ventanas el movimiento que allí se hacía. Veían a Luna ir y venir varias veces, cargando diferentes cosas y ropa. Finalmente, vieron que se dirigía a la puerta de salida, vestida con una larga bata de franela a cuadros, pantuflas de peluche rosadas y un gorrito rayado muy gracioso, y armada con un cepillo de dientes y un tubo de dentífrico, por lo que dedujeron que se dirigiría a la barraca de las regaderas para asearse e ir a dormir.
— Esa Luna, siempre con cosas raras — decía Hermione, mientras veía a la rubia salir. De repente, se quedó mirando con atención a la ventana, pues vio a Lavender y a Pansy haciendo algo sospechoso. Llamó con discreción a Ginny, mientras las Patil charlaban con Fleur y Cho.
— Ven Ginny, mira aquello — le dijo la castaña señalándole la ventana. Desde allí vieron a Pansy vigilando la puerta, mientras Lavender vaciaba un frasco pequeño entre las sábanas de la cama de Luna. Ginny sacó de su maleta unos gemelos pequeños, regalo de su padre, los ajustó y miró a través de ellos, para darse cuenta de que lo que vaciaba Lavender eran hormigas negras.
— ¡Esas malditas serpientes! — dijo la pelirroja, pero fue acallada por la castaña, señalándole con discreción a Fleur. Luego le hizo señas de que le siguiera la corriente, para salir y advertirle a Luna. Enseguida, Hermione fingió un dolor de estómago, y Ginny se ofreció a acompañarla al baño.
— Bueno queguidas — dijo Fleur —, pego no tagden mucho, ya saben que las gueglas pgohiben andag pog ahí solas. Pueden encontgagse a "la cguiatuga de la noche".
Sin hacer mucho caso a la rubia, ambas salieron con rumbo a las regaderas, mas cuando estaban a punto de llegar, se toparon con el profesor Snape. Las chicas se asustaron tanto, que estuvieron a punto de gritar.
— ¡Chicas! — dijo Snape — ¿A dónde van solas ustedes dos?
— Eh… Esteee… — vaciló Hermione — Ah sí, es que a Ginny le duele el estómago muy fuerte profesor, y la llevaba al baño.
— Ah bueno — dijo Snape. Hermione notó algo diferente en su tono de voz, no era el de costumbre —, entonces, qué bueno que me tocó esta ronda de vigilancia a mí. Vayan, pero no tarden y regresen con cuidado a su barraca. Que tengan buenas noches y que te alivies Gi… ¡CAJUM, CAJUM! Perdonen, que se mejore señorita Weasley.
Así diciendo, Snape se alejó para seguir la vigilancia. Ambas chicas se quedaron boquiabiertas, ese definitivamente no era el Snape que conocían. Algo muy raro estaba pasando, y no sabían qué era. De pronto, recordaron para qué había salido, y se dirigieron hacia las regaderas, para llevarse la sorpresa de que Luna ya no estaba allí. Corriendo, iban buscando a la rubia con la mirada, sin encontrarla. Decidieron entonces volver a su barraca, con cautela para no volver a encontrarse con Snape, o cualquier otro jurado, y fue entonces cuando pudieron ver a Luna, quien iba entrando a su propia barraca. No pudieron alcanzarla, para advertirle de la trampa de Lavender, y desearon que no le ocurriera nada malo mientras regresaban a acostarse.
Al día siguiente, fueron despertadas por los gritos de Fleur, quien les anunció que la prinera competencia del campamento se llevaría a cabo en el estanque; pues era una competencia de natación. Cuando estuvieron listas, Fleur disimulaba con esfuerzo la envidia que sintió al ver las generosas formas de Hermione, quien se veía escultural a pesar de que su traje de baño la cubría bastante, mientras Ginny y las Patil eligieron trajes escotados de la espalda, y el de la pelirroja tenía muy altas las aberturas de las piernas, dejando ver sus bien formados muslos.
Al llegar al estanque, vieron que los carriles estaban ya dispuestos para la competencia, pues ahora se iba a juzgar el espíritu deportivo de todas. Se sortearon los grupos, y tocó en suerte a Ginny competir antes que a Hermione. La pelirroja miró a los lados del estanque mientras se alistaba, y vio con sorpresa al profesor Lupin desearle suerte a señas, mientras al otro extremo recibía un saludo por parte del profesor Snape. En el extremo de llegada, Harry y Ron se encontraban en el centro, y Tonks y McGonagall en los extremos. Ginny competiría contra dos chicas de Beaubaxtons, Fleur, Cho Chang y Pansy Parkinson. Cuando todas estuvieron listas, Ginny se concentró en la meta… y Lupin dio la salida.
