HARRY POTTER Y LA REINA DE BELLEZA

Capítulo siete: Campamento de miedo 3

A la mañana siguiente, mientras las chicas se arreglaban, la directora Maxine en persona se presentó en su barraca, para darles una mala noticia.

— Queridas chicas — les dijo con pesadumbre —, he venido a enterarlas de que la señorita Chang se recuperó un poco de su padecimiento, pero desafortunadamente aún se encuentra delicada, y tendrá que salir del concurso para ir a su casa a recuperar la salud. He corrido la voz de que la señorita Chang se retira por motivos ajenos a ella, que requieren su presencia en su hogar, y ustedes chicas son las únicas que saben la verdad. Lo he hecho así para evitar el pánico entre las demás concursantes, espero tener tanto su comprensión como su discreción.

Todas asintieron, y mientras las demás le enviaban saludos de aliento a Chang por intercesión de la directora, Fleur comenzó a sentirse entre nerviosa y asustada, según dejaban verlo sus ademanes y su cara. No volteó a ver a nadie a los ojos, dio media vuelta y se sentó en su camastro.

— Oh Fleur querida — dijo la maestra Maxine percatándose de todo —, no pensé que esta noticia te afectara tanto. Le diré a la señorita Chang lo preocupada que estás por su salud en cuanto pueda hablar.

Eso último hizo que a Fleur le diera un estremecimiento, del cual sólo se percataron Ginny y Hermione. Ellas habían decidido no acusarla, pues no tenían pruebas y podrían expulsarlas por calumnias, pero no habían previsto lo que la culpa estaba haciendo en los sentimientos de Fleur. Cuando la directora se fue, la castaña se acercó a la rubia, y abrazándola por los hombros le habló con suavidad.

— Tranquila Fleur, a nosotras también nos afectó lo de Chang, espero que no nos pase lo mismo a ninguna.

— Sí Fleur, calma, nada nos va a pasar — dijo Ginny, siguiendo la corriente —. Si quieres, puedes desahogarte con nosotras.

Las Patil se acercaron también, en silencio cerraron el círculo alrededor de la rubia, quien al verse rodeada de gente sintió que estallaría.

— Eh… gacias amigas, pego estoy bien — dijo levantándose, visiblemente nerviosa —, solo necesito estag sola un momento. Discúlpenme, pog favog.

Diciendo y haciendo, Fleur se levantó y salió casi corriendo de la barraca, ante la sorpresa de las Patil y la sonrisa de satisfacción de la castaña y la pelirroja.

— Pobre Fleur — dijo Hermione en voz baja —. No debimos torturarla así.

— Se lo merece por tramposa — contestó Ginny —. Imagínate, si me hubiera tomado toda el agua, ahora mismo yo también estaría en cama.

— Lo sé — dijo la castaña, asomándose a la ventana —, pero de todas maneras, creo que ya tuvo suficiente. Mírala.

Desde la ventana podían ver a la rubia sentada en un tronco ante el espacio designado para las fogatas. Parecía que lloraba, pero no podían precisarlo.

El día siguió su curso, y las chicas recibieron clases de manualidades diferentes, las cuales les daban puntos extras entre menos magia utilizaran para hacerlas. Les habían dicho que al día siguiente las utilizarían, pero que era una sorpresa que se revelaría pronto. Algunas otras maestras de Beaubaxtons fueron las encargadas de impartir las clases, las cuales tenían más o menos popularidad. Ginny eligió pintura, mientras su castaña amiga tomaba lecciones de cocina. La única clase que estaba casi vacía era la de tallado y escultura en madera, pues la única alumna era, por supuesto, Luna Lovegood; quien al caer la tarde era dueña de varias figuritas de animales, y un montón de banditas enredadas en sus dedos.

A la hora de la comida Hermione y Ginny se sentaron junto con Luna, y vieron con asombro el lamentable estado de las manos de la rubia. Pero ella, lejos de quejarse, estaba feliz con lo que había logrado en una mañana de aprendizaje.

— La maestra me felicitó por mi esfuerzo — les decía Luna entre bocados —. Dijo que tengo facilidad para esto, pero que solo debo ser más cuidadosa.

— Toma el consejo Luna — le dijo Hermione —, si no eres cuidadosa, te puedes lastimar seriamente.

— Lo haré amiga — respondió Luna —, aunque no me importa astillarme un poco. ¿Quieren ver lo que he hecho?

Antes de que las otras contestaran, Luna vació en la mesa una pequeña bolsa de cuero, de la cual salieron un sin fin de trozos de madera a medio tallar.

— A ver — comenzó a describir la rubia, mostrando los trozos más feos —. Éste es un perrito, bueno, lo será pronto. Éste otro es un león, lo hice pensando en ustedes. Y éste es el escudo de Hogwarts, y éste…

Las chicas estaban aguantándose la risa en cada descripción, peor de pronto Ginny llamó discretamente la atención de Hermione dentro de la bolsita de cuero, y ambas se asombraron ante lo que vieron.

— Eh, Luna — preguntó la pelirroja — ¿Y eso qué es?

— Ah, eso — dijo la rubia restándole importancia —. Pues es una rosa, fue el primer grabado que hice, pero no me salió muy bien. Miren.

Luna sacó el pedazo de corteza, para que las otras lo vieran por completo. En efecto, sobre la superficie lijada estaba grabada en relieve la rosa más hermosa que hubieran visto. De no haber sido por el color, cualquiera juraría que era real. Pero Luna tenía razón, la flor no estaba completamente terminada, aunque sólo le faltaban pequeños detalles. Hermione y Ginny estaban anonadadas ante la belleza y finura de la obra de Luna.

— Yo quería hacerla con todo y maceta — explicó Luna, con gesto desganado —, pero mi maestra se empeña en que la deje así. Y ahora no sé si terminarla o…

— ¡Ay Luna, termínala, por favor, hazlo! — dijeron las otras dos, con tanto entusiasmo que asustaron a Luna.

— ¡Hey, bueno, está bien! — dijo la rubia con sorpresa —. Terminaré ésta, y luego haré otra para que cada una tenga la suya, ¿está bien?

— ¡Gracias amiga! — dijeron abrazándola — ¡Nos gustarán mucho!

No cabía duda de que Luna poseía muchos talentos desconocidos, aunque su sentido de la estética era un poco raro. Pero lo que importaba era que tenía muy buen corazón, lo cual quedaría comprobado ante lo que sucedería después.

Antes de que la comida terminara, la directora Maxine se levantó para hacer un anuncio.

— ¡Queridas concursantes! — dijo, llamando la atención de todo el mundo —. Tengo el gusto de anunciarles que, el día de mañana, se hará una premiación especial. Se elegirá de entre ustedes a la chica con más simpatía de este evento, la que tenga la mayor demostración de aprecio hacia otra persona, será la ganadora. Para ello, se sortearán parejas, pero no se revelarán entre ustedes a su respectiva pareja, sino que será como jugar al "amigo secreto". Siendo así, su amiga secreta no sabrá quién es cada una de ustedes y viceversa. Con lo que aprendieron hoy, le harán a su amiga secreta un regalo de amistad, y mañana por la noche se revelarán las parejas al entregarse sus regalos. Ganará el regalo que represente mejor la amistad entre la pareja, y se hará a creedora a varios puntos a su favor en la final, mas ésta medalla.

Las chicas se alegraron por tener algo en mente, así se olvidarían por un día de lo que pasó con Chang. Solo les preocupaba adivinar a quién tendrían que regalarle, pues tendrían que usar mucha imaginación para que su obsequio fuera de buen gusto. Ginny estaba indecisa entre hacer un retrato o un paisaje a gusto de quien le tocara, mientras Hermione se había decidido por la confección de un pastel. Fue entonces cuando la directora las fue llamando una a una, para que sacaran una esfera con un nombre escrito, que solo podía ser leído por quien tomara la esfera. Las amigas tardaron un poco en tocarles su turno, y cuando pasaron se sorprendieron bastante. A Hermione le correspondía dar su regalo a Parvati Patil, a Ginny le tocó en suerte Fleur Delacour, y por más que lo intentaron no pudieron sacarle a Luna ni un solo indicio de quién le tocó a ella.

— Será una sorpresa para todas — dijo la rubia entre risitas —, y sé que a esta personita le gustará mucho mi regalo…

Y así, durante lo que restaba del día y la mañana del siguiente, las chicas se ocuparían en trabajar sus regalos, por lo que casi no se hablaron en todo el tiempo. Luna se había enclaustrado en su barraca, a la cual Hermione y Ginny no se acercaban para evitar tener problemas con Lavender y Pansy, pero a esta última la veían bastante triste últimamente. Para evitar ser vista, Luna trabajó su regalo con las manos y el material metido en su enorme bolso, por lo que solo se escuchaba uno que otro quejido de la rubia, seguramente producto de no ver bien lo que estaba haciendo. Lavender y Pansy, por su parte, habían ya desistido de molestar a la rubia, al darse cuenta de que entre más maldades le hacían, más afecto les demostraba Luna.

Los jurados, por su parte, estaban al pendiente de que ninguna de las chicas planeara algún sabotaje o intentara averiguar quién le daría su obsequio. Al director Karkarov le correspondió supervisar la cocina, en donde las chicas que habían tomado dicho taller se afanaban en completar sus obsequios. Con la vista localizó rápidamente la cabellera castaña de Hermione, y se dirigió con paso seguro hacia ella.

— Buenas tarrrrdes, señorrrita Grrrrangerrr — dijo el director —. Está haciendo un grrran trrrabajo aquí. Me parrrece que usted nació parrra la cocina.

— Eh… G-gracias señor — dijo Hermione algo cohibida —, hago lo mejor que puedo.

— Estoy segurrro de que su cocina conquistarrría a cualquierrr chico — insistió Karkarov acercándose más —, incluso a ese chico pelirrrojo amigo suyo que…

— Espere, espere señor — le espetó la castaña extrañada — ¿Cómo se enteró de que Ron y yo…?

— Eesteee… ya es horrra de irrrme, gusto en verrrla señorrrita — dijo el director, alejándose rápidamente.

La castaña se quedó estupefacta ante la actitud de Karkarov, si no fuera porque era bien conocida su conducta para con los que él llamaba "sangre-sucia", hubiera jurado que le estaba coqueteando, tal y como lo hubiera hecho Krum…

Mientras tanto, cerca de su barraca Ginny se encontraba terminando su pintura, que era un lindo paisaje de París al atardecer. La pelirroja había aprendido bien a usar los claroscuros, y no necesitó mucha magia para que quedase a su gusto. Tan concentrada estaba en su trabajo, que no se dio cuenta cuando el profesor Lupin se le acercó por detrás, haciéndole una caricia algo comprometedora en la parte baja de la espalda. Ginny gritó del susto, y estuvo a punto de tirar su cuadro.

— ¡Maestro Lupin! —le dijo enojada — Oiga, lo del beso fue una cosa, pero esto ya es…

— ¡SSSSSHHHHHH! Por favor, no grites pequeña Gin — le dijo Lupin mirando a todas partes —. Solo he podido venir por un momento, porque quería estar contigo. No aguanto un minuto más sin tus labios.

— P-pero profesor, yo n-no… ¡MMMMPPFFFF…! — dijo la pelirroja, atrapada entre los brazos del maestro, comenzó a sentir cierta familiaridad en el apasionado beso que éste le daba, dejando poco a poco de oponer resistencia. De repente, recordó con quién estaba, y se separó bruscamente, blandiendo su varita por reflejo.

— N-no se m-me acerque m-más, p-profesor — le dijo temblorosa —, o-o le j-juro q-que lo em-embrujaré…

— Gin, espera — dijo Lupin, tratando de calmarla —, al menos déjame explicarte.

— E-está bien, p-pero n-no se me a-acerque.

— Gin, estoy arriesgándome mucho por lo que vas a ver — dijo Lupin serenamente — pero vale la pena. Por favor, comprende que tuvimos que seguir las reglas, pero mi amor por ti es demasiado. Te lo contaré todo en cuanto pueda, pero por ahora, compréndeme y perdóname.

Mientras hablaba, el cuerpo del profesor comenzó a cambiar de forma. Ginny creyó que tendría que vérselas con su forma de lobo, pero cuando la transformación se completó, la pelirroja comprendió todo, y cambió de inmediato su cara de sorpresa por una gran sonrisa de alegría.

Por fin, llegó la hora de dormir. Todas las concursantes estaban bastante cansadas, pero la mayoría satisfechas con el esfuerzo realizado y el regalo terminado. Hermione llegó a la barraca con una caja de regular tamaño, y pidió ayuda a Ginny y a las Patil para pasarla por la puerta.

A hermone le dio mucho gusto que las chicas le halagasen el pastel, diciendo que seguramente estaría delicioso. Hermione agradeció los cumplidos, y se sonrojó.

— Oye amiga —, le dijo Parvati — tu pastel está incompleto, le falta el nombre.

— Ese se lo pondré con magia — dijo Hermione —, en el momento de entregarlo aparecerá el nombre.

— Igual que mi lienzo — dijo Ginny muy contenta —, lo dedicaré mágicamente, espero que cause buena impresión.

Todas estaban contentas por su trabajo, y haciendo miles de comentarios más, se retiraron a dormir.

— Oye amiga — le dijo Hermione a Ginny — ¿Podemos hablar un minuto a solas? Tengo que decirte algo importante.

— Yo estaba a punto de pedírtelo — dijo la pelirroja —. Ven, vamos a las regaderas.

Por el camino, Hermione le contó a Ginny lo que le había pasado con Karkarov en la cocina, que no tenía ni idea del por qué. Ginny sonrió, antes de comenzar a explicarle a la castaña lo sucedido con Lupin. Hermione no salía de su asombro, y de lo que dijo Ginny pudo sacar sus propias conclusiones. Ahora podía tener la seguridad de saber quién era su pelirrojo adorado, y esta vez no lo iba a desaprovechar…