HARRY POTTER Y LA REINA DE BELLEZA

Capítulo ocho: Campamento de miedo 4

Al amanecer todas las chicas esperaban emocionadas el momento de entregar sus obsequios. Aunque varias no habían terminado aún sus trabajos, estaban contentas, esforzándose por terminar a tiempo. Luna estaba que no cabía en sí de la emoción, y miraba a cada minuto el paquete en que había convertido su obsequio, tal vez imaginando la cara que pondría su amiga secreta. La única que no demostraba mucha alegría era Fleur, quien andaba retraída y apesadumbrada desde la salida de Cho Chang.

— Oye Fleur — le dijo Hermione acercándose a ella —. No deberías estar así. Ya se acerca la hora de entregar nuestros obsequios, y hay que alegrarse de que este ejercicio nos reúna más.

— Sí Fleur, alégrate — le dijo Ginny —, no todos los días podemos hacer una nueva amistad sorpresa.

— Emmm… Sí, guacias chicas — dijo la rubia, confundida —, les estoy agadecida a todas pog sus atenciones, y… y…

Repentinamente, Fleur soltó el llanto abrazándose de la castaña. Padma y Parvati se acercaron a tratar de consolarla, y Ginny le palmeaba la espalda intentando tranquilizarla.

— ¡Fleur, Fleur, cálmate! — le decía Hermione, tratando de enderezarla — ¡¿Qué tienes Fleur, qué te pasa?!

— ¡BUUUAAAAAA! — lloraba la rubia sin control. Por más esfuerzos que hacían, Fleur parecía no querer detener el llanto, y su cara denotaba el sufrimiento de una culpa que hacía tiempo pugnaba por salir. Por fin, la rubia se controló un poco, y entre sollozos se explicó.

— Yo… yo…(snif) Yo no queguía hacegle daño…(snif) a… a Chang…(sob). Yo so-solo queguía que les diega un malestag pequeño…(snif) paga podeg ganagles… pe-pego solo le hice daño…(snif)… Y…y… ¡no queguía lastimaglas, yo sólo quegía ganag, pagdon mua!

Fleur comenzó a llorar de nuevo. La culpa fue demasiado para ella. Cuando por fin se calmó. Les dijo que, en efecto; había hechizado el agua para hacer que se marearan, y desistieran de competir, y que sólo les dio a Ginny y a Chang el agua embrujada, porque eran las chicas con más oportunidades de ganarle.

— Ya está bien Fleur, no pasa nada — dijo Ginny mirándola a los ojos, que la rubia tenía enrojecidos por el llanto.

Gacias Ginny — contestó Fleur —. Ahoga voy a veg a los jueces, paga enmendag mi egog. Voy a saligme de la competencia, ustedes meguecen ganag más que yo.

Al decir eso, se levantó y se dirigió decidida a la puerta, mientras se limpiaba las lágrimas de la cara. Hermione y Ginny se miraron significativamente, y antes de que la rubia pudiera abrir para salir, Hermione la tomó del brazo deteniéndola.

— Tú no vas a ninguna parte tontita — le dijo sonriendo, ante la mirada de sorpresa de Fleur —. Me parece chicas, que nuestra compañerita ha aprendido su lección, y no hará más trampas, ¿cierto Fleur?

Las otras asintieron con la cabeza, sonriendo también. Fleur no entendía nada, y las miraba sorprendida.

Pe-pego…pego…— balbuceó la rubia, tratando de entender — ¿Qué pasa, pog qué me detienes Hegmione? ¿Y pog qué me migan todas así?

— Pasa, queguida Fleggg — dijo Ginny, imitando el acento de Fleur en tono de broma —, que yo te perdono por haber hecho trampa. Lo confesaste, y aún quisiste dejar el concurso como prueba de arrepentimiento. Y aunque casi me mandas también al hospital, eso es más que suficiente para mí.

— Además Fleur — dijo Hermione —, nadie más lo sabe, aparte de nosotras. Y creo que podemos confiar en las Patil, ¿verdad Parvati, cierto Padma?

— Claro que sí, somos sus amigas — dijeron las hermanas a un tiempo.

Pego… pego… — decía Fleur, sin poder creer lo que oía — Pego yo… Chang está… pog mi culpa…

— No te preocupes — dijo Ginny —. Chang es atlética como yo, y creo que estará bien pronto. Hablaré con ella y veremos que dice, pero de todas formas te aconsejo que te disculpes en cuanto puedas.

— ¡Oh, oui, oui! — dijo la rubia, alegrándose por fin — cguéanme que lo hagué. Muchas gacias, Ginny, gacias a todas.

— Este concurso no sería lo mismo sin la reina de la moda — dijo Hermione, haciendo como si modelara —. Sin ti, creo que no habría competencia.

— ¡Ja, ja, ja! — rió Fleur, viendo los ademanes exagerados de la castaña — Es ciegto, sin mí como su modelo a seguig, ¿de dónde iban a apguendeg a seg unas divas, así como yo? Y paga demostgagles que soy singcega, les enseñagué algo.

Fleur fue hasta sus valijas, y de una sustrajo una gruesa manta negra, que tenía atados varios hilos muy finos, casi transparentes.

— Pensaba asustaglas con esto — les explicó —, lo iba a moveg de tal fogma que pagueciega un lethifold, y decigles que ega la cguiatuga de la noche. Pego he decidido que no más tgampas, así que pog favog, guagdenla hasta que acabe el concugso.

Las chicas se alegraron de que Fleur ahora concursara limpiamente. Pero también pensaron que si ella, que era toda una belleza, que atraía a todos con sus encantos y que además era sofisticada y conocedora de moda, se había atrevido a llegar a esos extremos, pues quería decir que consideraba que podía perder ante cualquiera de ellas. Entonces se hicieron para sí mismas la promesa de dar lo máximo para ganar.

Por fin, llegó la hora. Los nervios afloraban, las emociones se encontraban, y todas estaban ansiosas por demostrar sus habilidades para las manualidades muggles. La directora Maxine les dio la bienvenida y les anunció que, después de la cena, se procedería a la entrega y al final se entregaría el premio a la ganadora. Las chicas se percataron de que el paquete que más llamaba la atención era el de Luna, no tanto por el tamaño como por la envoltura, consistente en trozos de muchos papeles de colores diferentes pegados entre sí con cinta adhesiva. Tenía el paquete una forma extraña, y nadie atinaba a saber qué era lo que Luna había envuelto bajo tanto papel.

La cena terminó, y Madame Maxine comenzó a llamar a las concursantes, para que ellas mismas anunciaran el nombre de su amiga secreta. Las nombradas subían al pequeño estrado para dar y recibir obsequios, algunos de ellos muy sencillos, otros más elaborados, pero todos en general cumplían su misión; el despertar en los corazones de las parejas de amigas un sentimiento de unión y fraternidad. Tocó su turno a Hermione, quien llamó a Parvati Patil y, cuando ésta subió al estrado, le entregó el pastel, en cuyo costado apareció mágicamente el nombre de Parvati escrito con merengue color rosa. Parvati le dio un abrazo a la castaña, y ahí mismo mordió el pastel, cosa que le valió que Hermione le diera un leve empujón, con lo que la cara de la obsequiada quedó llena de merengue, causando la risa general.

La siguiente fue Ginny, quien llamó a Fleur, y al descubrir su cuadro, en el cielo estrellado que había pintado se dibujó una constelación formada por letras, que decían "para mi nueva amiga, un recuerdo de su hogar". Fleur estaba fascinada, y abrazó con emoción a la pelirroja.

El regalo de Fleur, un hermoso poema escrito en francés (cuyo texto cambiaba mágicamente traduciéndose) con una magnífica caligrafía, y escrito sobre un bonito pergamino rosado, fue bien recibido por Padma, quien a su vez le entregó su obsequio a Ginny, quedando ésta encantada con el juego de collar y pulseras de pedrería con que Padma la obsequió.

Le llegó su turno a Pansy Parkinson, a quien por azares del destino le correspondió obsequiar a Lavender Brown. Ésta subió al estrado de forma altanera, como si quisiera humillar a las demás con su sola presencia. Pansy le entregó un pequeño bolso de mano tejido con gruesos hilos de algodón verde oscuro, con las letras "L" y "B" bordadas en color plata. Lavender lo miró, desdeñosa, y mirando a Pansy con soberbia le habló molesta.

— ¿Esperé hasta este momento para recibir esto? ¡Qué desperdicio! — dijo, y arrojó el regalo de Pansy al suelo, pisándolo al momento de bajar del estrado. Pansy lo recogió y, con lágrimas deslizándose por sus mejillas, le gritó a Lavender.

— ¡Suficiente, estoy harta de ti Lavender! — gritó la chica con todo el rencor guardado que tenía — ¡Ya no me voy a humillar ante ti, ya no te voy a aguantar tus desplantes, ya no voy a escucharte planear maldades y perversidades, no más! ¡Se acabó, ya no somos amigas, y no volveré a hablarte jamás!

Al terminar de hablar, Pansy bajó corriendo del estrado, pero cuando se iba retirando, al pasar junto a Luna ésta la tomó del brazo con suavidad, y le habló para detenerla.

— Este… Pansy… — dijo la rubia — Yo, no sé qué decir… no sé si esté bien decir algo… Solo quiero darte… tu regalo, esto es para ti.

Luna le extendió su paquete a Pansy, y ella dejó de llorar por un momento para mirar a Luna con extrañeza. Luego, a insistencia de Luna, abrió lentamente su regalo, y se quedó maravillada por lo que vio. Giró para mostrárselo a todas las demás, quienes se maravillaron también. Se trataba de un busto tallado en un tronco, casi a tamaño natural, de la cabeza de Pansy, con un parecido extraordinario con el modelo original. Luna lo había tallado con el rostro sonriente, y había imitado a la perfección la forma de su cara y su gesto, incluso su manera de peinarse. Pansy estaba feliz, y otra vez las lágrimas brotaron de sus ojos, pero esta vez eran de alegría, pues nadie, ni Lavender, había tenido nunca un detalle para con ella, mucho menos de ese tamaño.

— ¿Te gusta Pansy? — dijo la rubia con modestia —. Perdona que no se parezca mucho a ti, es que casi no te veía, y yo…

No pudo seguir hablando. Pansy se había arrojado a sus brazos, y la abrazaba fuertemente mientras lloraba emocionada. Al separarse, Pansy le tomó las manos a Luna, quien se quejó un poquito, y entonces fue que Pansy se percató de las banditas que cubrían los cortes que la rubia se había hecho en los dedos, lo que hizo que valorara más el regalo de Luna.

— G-gracias Luna — dijo Pansy al fin —. Gracias… de verdad amiga…

— Oh, de nada — dijo la rubia, restándole importancia —. Ah, y mira, tiene un pequeño espacio para tus joyas.

Luna abrió un pequeño cajoncillo en la parte baja del busto, cuyo interior estaba forrado de terciopelo, para que las joyas que se guardaran ahí no se maltrataran. Pansy no sabía qué hacer para agradecerle a Luna, hasta que se le ocurrió una idea.

— Luna, ya sé que no es lo que se planeó — le dijo entregándole el bolso que Lavender despreció —, pero es lo mejor que puedo hacer para darte las gracias. Toma, es para ti.

Luna puso cara de asombro, y extendió la mano para recibir el bolso pisado, y en cuanto lo tocó las letras bordadas cambiaron, pasando a ser "L" y "L". La rubia estaba feliz, como una niña con juguete nuevo, y ahora ella se abrazó de Pansy en agradecimiento.

— Yo sé que no nos hemos llevado muy bien — le dijo Pansy —, pero eso va a cambiar desde ahora. Quiero que me consideres tu amiga Luna, para siempre.

— Ya lo eras desde antes Pansy — dijo la rubia sonriendo, y mirando a Ginny y a Hermione agregó — igual que ustedes amigas. Tomen, esto es para ustedes.

La sorpresa fue mayúscula. Luna se había tomado tiempo (no se sabe cómo) para terminar las rosas que les prometió a sus amigas, lo que quizá le había valido unas cuantas banditas más en sus dedos. Y en verdad, al mirar su exquisito trabajo, no quedaba duda de que la rubia tenía un talento extraordinario, y lo más importante, un gran corazón.

— ¡Ay, qué lindura! — dijo Lavender con sorna, casi gritándolo para llamar la atención — Pues, ya que estamos en esto, le doy mi regalo a Granger, aquí está.

Lavender se acercó a la castaña, y le entregó un arreglo de flores muy bonito que había aprendido a hacer, más por fuerza que por otra cosa. Hermione dio las gracias por educación, pero cuando iba a tomar el arreglo, Pansy lo tiró al suelo de un manotazo.

— ¡No! — gritó Pansy, mientras su piel comenzaba a cambiar de color. Lavender le había puesto un polvo especial, con el que pretendía que la castaña no pudiera estar en el siguiente evento. Pansy lo sabía, y en un principio estaba de acuerdo, pero ahora le había nacido el deseo de proteger a sus nuevas amigas.

Al ver lo que el regalo de Lavender había hecho en la piel de Pansy, aquélla corrió tratando de huir, pero fue detenida por un hechizo de la directora Maxine, quien la llamó a su presencia.

— Mucho me temo señorita — la reprendió la directora —, que su conducta ha sido deleznable, impropia, grosera y, definitivamente; peligrosa para todas las presentes. Asi pues, en mi carácter de directora de nuestro honorable colegio sede, y organizadora en jefe de este maravilloso concurso, le pido, no, le exijo que tome sus pertenencias y se retire inmediatamente de este evento. Queda usted descalificada.

Lavender no dijo nada, pero iba visiblemente furiosa, pues su plan no había salido como esperaba, y ahora tenía una ex amiga con piel que cambiaba de color. Pero la directora no había terminado aún.

— Dado que el carruaje que solicitaré para que parta llegará aquí por la mañana, tendrá que quedarse a pasar la noche en el campamento. Designaré a alguien que la vigile de cerca, por si acaso…

—Disculpe profesora — interrumpió Hermione —, si usted lo permite, nosotras podemos vigilarla si se queda en nuestra barraca, nos dará oportunidad de hablar con ella y saber qué la movió a hacer esto.

— Sí directora, no se preocupe — la apoyó Ginny —, el pertenecer al mismo colegio nos ha hecho conocerla bastante bien.

— Eh… Bueno, está bien — aceptó Madame Maxine —, pero por las dudas, me entregará su varita y todos los objetos mágicos que obren en su poder. Los recuperará al momento de su partida.

— ¡Ash! Está bien — dijo Lavender con resignación. No aceptaba la idea de ser vigilada por sus dos rivales, y no se reprimía para demostrarlo. Pansy fue llevada a la pequeña enfermería del campamento, para ver si se podía hacer algo por ella.

Terminada la entrega de regalos, en donde se declaró un empate entre Pansy y Luna; todo el mundo se retiró a descansar. Ron y Harry, con sus formas normales, comentaban charlando desde sus camastros los acontecimientos del día.

— Vaya — decía el pelirrojo —. No sabía que esto de los concursos fuera tan complicado.

— A lo mejor para los muggles no — dijo Harry —, pero recuerda que este concurso es muy especial.

— Así es — dijo Ron —, pero, aunque sea mágico, los deseos de todas por ganar están a flor de piel, y eso se ve hasta en los concursos muggles.

— Sí, es verdad. Mira a Lavender, hasta dónde fue a llegar para…

Harry calló de repente. Había escuchado un ruido como de alboroto fuera de la barraca. Rápidamente se asomó por la ventana, y vió a Pansy dando voces afuera del dormitorio que ocupaban Snape, Lupin y Dumbledore, quienes momentos después salieron, escucharon a Pansy y salieron corriendo hacia las barracas de las concursantes. A señas le dijo a Ron que salieran a ver qué pasaba, y tomando la capa invisible (que siempre los acompañaba en sus viajes) siguieron los pasos de Pansy y los maestros. Por el camino escucharon el romper de vidrios, y apuraron el paso.

Al llegar, vieron que la conmoción se generaba en la barraca de sus novias, pero al parecer estaba ya todo controlado. Se acercaron con cautela y se asomaron por una ventana de un costado, la cual tenía los vidrios rotos. Al asomarse vieron a todas despiertas, Lavender tenía cara de espanto y lloraba abrazando a Pansy, las Patil estaban abrazadas una de la otra, Fleur trataba de hablar con Lupin de lo ocurrido, pero los nervios no le dejaban articular bien, y Ginny veía con sorpresa a Hermione, quien estaba abrazada de Snape; quien le daba la espalda a la ventana desde donde los chicos se asomaban. La sorpresa hizo que los chicos tardaran en reaccionar. Por fin, Harry quitó una parte de la capa dejando descubiertas sus cabezas, y haciendo señas llamó la atención de la castaña y le dio a entender que ése no era Ron. Hermione se dio cuenta de lo que estaba haciendo y soltó de inmediato al profesor.

— ¡Ay, pe- perdone profesor — dijo sonrojada —. E-es que, ya sabe, está oscuro, y nos asustamos, y yo… yo…

— Mejor déjelo así Granger — contestó secamente el Snape de siempre —, no sea que los dos acabemos expulsados. Ahora haga favor de volver a la cama junto con sus compañeras.

— Estoy de acuerdo — dijo Lupin acercándose, también era el de siempre —. Vayan a dormir chicas, nosotros nos encargaremos.

— M-maestro — le dijo Pansy a Lupin —, ¿puedo quedarme aquí a pasar la noche? Lavender está muy asustada, y quisiera acompañarla.

Ambos maestros miraron a Lavender, quien no dejaba de temblar. Conocían perfectamente a sus alumnos, y sabían cuando alguno mentía, así que asintieron. Cuando salieron, Harry y Ron aprovecharon para entrar, pero sólo dejaron ver sus cabezas.

— ¿Llegamos tarde? — dijo Harry — ¿Están bien, qué les pasó?

— Y lo más importante — dijo Ron — ¡¿Qué hacías abrazada de Snape, Hermione?!

— L-lo siento Ron — confesó la castaña —. E-es que lo c-confundí contigo…

— ¡¿CÓMO?! — respondió el pelirrojo — ¿Tú creíste que yo…?

— Ya Ron — dijo Harry — deja que se expliquen.

— Miren chicos — dijo Ginny interviniendo —, todo empezó cuando el lethifold atacó a Lavender, entonces…

— ¡¿Cómo dices?! — dijo Harry sorprendido. Ron aplacó su enojo al escucharla — ¿Un lethifold, aquí en el campamento?

— No uno, sino dos — dijeron Parvati y Padma, ya más tranquilas —, miren, todo pasó así…