HARRY POTTER Y LA REINA DE BELLEZA

Capítulo dieciséis: ¡Lo haremos otra vez!

La mañana estaba hermosa en Hogwarts. Así les pareció a las chicas, quienes despertaron sintiéndose extrañamente alegres y de muy buen humor. La noche anterior, Ginny había llegado al dormitorio que compartía con la castaña algún tiempo después de que ésta se durmiera, por lo que no hablaron hasta esa mañana de las experiencias que habían tenido con los chicos. Fue después de ducharse que comenzaron a charlar.

— ¡Ay Herms, amiga mía! — dijo Ginny emocionada —. Ya no me aguanto más las ganas de contarte cómo me fue con Harry… ¡Fue maravilloso!

— Pues yo no me quejo — contestó Hermione, haciendo un gesto romántico —. Ron me trató… como una reina… mmmhhh…

— ¡Herms! ¿Acaso escuché bien? ¿Tú diciendo esas cosas taaaan comprometedoras?

— Ay Ginny, mira que si continúas molestándome con eso, ya no te cuento nada…

— ¡No, no, estaba jugando! Perdóname amiga, ya no bromearé con eso. Anda, cuéntamelo todo.

— ¿Quieres saberlo TODO, amiga?

— ¡Wow! ¡Si, claro que sí, cuéntame TODO!

— Bueno. Pues, para empezar, fue tal y como me dijiste aquella vez. A Ron le encantó mi lencería. Puso cara de sorpresa cuando me vio, yo creí que se le saldrían los ojos.

— Te lo dije Herms, conozco muy bien a mi hermanito. Sabía que lo ibas a "hechizar" con ese atuendo.

— Sí, gracias amiga. Ahora te contaré lo que no conoces de tu hermanito.

— ¿Eh? ¿Te refieres a…?

— Sí Ginny. Él y yo… tuvimos intimidad, por vez primera. Y fue… maravilloso…

— ¿En serio? ¡Qué bien! Gracias amiga, por tenerme la confianza de contármelo. Te voy a corresponder ya mismo.

— ¿Sí, cómo?

— Pues con la misma noticia. Después de que me dejaste entrar al baño de prefectos, me preparé, me desnudé, comí un poco de braquialgas y me metí al agua a esperar a Harry. Él llegó como me había dicho Ron, puntual a su baño de relajación. Esperé a que entrara al agua, y me le presenté, así desnuda como estaba. Y entonces, Harry y yo… bueno, lo hicimos, ¡lo hicimos muchas veces!

— ¡Wow, Ginny! ¡Es maravilloso también! Yo ni supe cuántas veces lo hicimos, porque primero sentí un poquito de miedo, y creo que Ron lo notó, pues me comenzó a tocar con tanta delicadeza… ni siquiera me di cuenta en qué momento perdí… mi virginidad.

— Wow, eso sí que es sorprendente. Por fin te dejaste llevar por algo más que la fría lógica y el conocimiento. ¡Bien por ti amiga!

— Gracias. Y me alegro por ustedes también amiga mía. Ya ves cómo tuve razón cuando te dije que le encantabas a Harry tal y como eres.

— Sí, es verdad. Y gracias a ti, en adelante me voy a procurar un poco más, seré más femenina para mi Harry.

— Y yo me atreveré un poco más con Ron. Pero solamente cuando esté con él, ¿eh?

— ¡Ja, ja, ja, claro que sí amiga! Ahora, vamos a arreglarnos, que de seguro ellos ya nos esperan.

Hermione asintió, y la charla siguió en el mismo tenor, hasta que llegaron a la sala común, donde efectivamente, los chicos las esperaban ya, con sendos ramos de flores para cada una. Luego de poner las flores en agua, ambas parejas se encaminaron a sus clases normales, Ginny y Harry iban jugueteando por el pasillo, mientras Ron y Hermione caminaban más despacio, abrazados y sonrientes. Por el camino, se encontraron a la nueva pareja de Hogwarts, Lavender y Pansy; quienes andaban tomadas de la mano. Ellas habían decidido, si bien mostrarles a todos que se amaban, ser lo bastante discretas en su relación para que los morbosos no las molestaran.

— ¡Amigos, qué gusto verlos, buenos días! — dijo Lavender al llegar con ellos — ¿Qué tal el viaje de regreso? Qué bueno que llegamos más pronto de lo esperado, nos dio tiempo de… bueno, de muchas cosas.

— Ron amigo — dijo Harry —, acompáñame, vamos a adelantarnos al comedor por el desayuno, creo que en plática de mujeres, salimos sobrando.

— ¿Cómo? — dijo el pelirrojo, algo confuso — ¡Ah, claro, sí, vamos Harry, hasta pronto chicas! Nos vemos en un rato, Mione adorada.

Ciao, pequeña Gin — le dijo Harry a su novia, besándola con amor, igual que hizo Ron con la castaña. Mientras se alejaban, las chicas comenzaron a charlar.

— ¿y qué tal las recibieron sus novios amigas? — preguntó Pansy con curiosidad — ¿Se portaron amorosos con ustedes?

— No tienen idea — contestó Ginny por ambas —. Ni se imaginan cuánto.

— Yo sí — dijo Lavender, mirando a Pansy con coquetería —. Tanto como yo adoro a esta chica tan hermosa.

— ¡Ay Lav! — dijo Pansy sonrojándose —. Yo también te adoro, bella dama. Y más después de lo de anoche… ¡Ups!

— ¡Pansy! — dijo Lavender con reproche — ¡Mira, arruinaste la sorpresa! ¡Quedamos en que se los contaríamos juntas!

— Perdón Lav, lo siento. Es que estoy emocionada…

— Pero bueno, por Dios ¡Alguna de las dos cuéntelo ya! — las apremió Ginny, a quien ya le había picado la curiosidad.

— ¡Ginny! — reclamó Hermione — ¡Déjalas ya! ¿Qué no ves que se trata de sus intimidades? Porque se trata de sus intimidades, ¿verdad?

Lavender y Pansy asintieron entre risitas de complicidad, y mientras caminaban hacia el comedor, aprovecharon para contar su historia, diciéndoles a las leonas que al llegar a Hogwarts quisieron darse una ducha para luego irse a descansar, pero al verse desnudas ya no resistieron la tentación, e hicieron el amor en la cama de Pansy, para terminar dormidas juntas en la de Lavender. Al despertar y verse juntas, sintieron una alegría tan intensa, que decidieron que su amor estaba ahora formalmente consumado, y que ya no importaba que todo Hogwarts lo supiese, ellas se tendrían la una a la otra por siempre.

— Pues felicidades amigas — les dijo Hermione abrazándolas —. Que bello que encontraron el amor. Ahora cuídense, porque ya saben que a un amor como el de ustedes no todo el mundo lo mira con buenos ojos.

— Lo sabemos — afirmó Pansy —, por eso hemos decidido hacerlo del conocimiento de nuestros padres. Si ellos nos apoyan, entonces podremos con todo.

— Y aunque no lo hicieran — completó Lavender —, de todas maneras nos tenemos la una a la otra, y para mí eso es suficiente. Pero estoy segura de que lo harán.

— Y yo también — dijo Pansy resuelta, abrazando a Lavender.

— Pues nosotras también tenemos qué presumirles, ¿verdad Herms? — dijo Ginny sonriendo. Hermione asintió, y les contaron a las serpientes con detalle todo lo acontecido la noche anterior.

— ¡Wow, vaya si estuvieron ocupadas! — dijo Lavender asombrada —. Pero me intriga algo. Ginny, ¿no hubiera sido más fácil pedirle las braquialgas a Neville? Él te las hubiera conseguido sin que hubieras ido a Herbología.

— Pues eso pensé también — contestó la pelirroja —, pero resulta que nunca lo encontré. Quién sabe a dónde se habrá metido.

— ¿Quién se metió en dónde? — dijo de repente Luna, apareciendo detrás del grupo. La rubia vestía ropa de calle muy bonita, y una bellísima diadema adornaba su cabeza.

— ¡Luna, amiga! — gritaron todas, abrazándola — ¿Qué rayos haces aquí? Te hacíamos de viaje, en la gira del reinado. Con eso de que nos ganaste a todas y eres la Reina de Belleza del Mundo Mágico, creímos que nos ibas a abandonar.

— ¡Ja, ja, ja, nada de eso! — dijo Luna riendo —. Yo nunca me olvidaría de mis mejores amigas, y menos ahora que voy a viajar. Vine a arreglar algunas cosas para mi viaje de reinado, como permisos de faltar a clases, y la forma de recuperarlas. Pero ya tengo una parte resuelta, mis ayudantes me van a apoyar.

— ¿Ayudantes? — preguntó Hermione — ¿Acaso te asignaron gente de apoyo para tus compromisos?

— Así es — dijo la rubia —, y estarán conmigo casi todo el tiempo, pendientes de todo lo que necesite y… ¡Ah, miren, allá vienen ya!

Al voltear hacia donde indicaba Luna, se llevaron una gran sorpresa. Quienes venían por el pasillo, cargadas de papeles y las cosas personales de la rubia eran ni más ni menos que las hermanas Patil, pues tal había sido su castigo impuesto por el jurado por sus malas acciones. Las chicas estaban al borde de un ataque de risa, pero se contuvieron cuando las hermanas llegaron ante ellas, cansadas y jadeando por el esfuerzo.

— Ay chicas — les dijo la rubia —. No me digan que ya se cansaron. Si solamente traje un par de mis trabajos de tallado, para pasar el tiempo durante el viaje.

— Sí Luna — dijo Parvati —, pero es que ahora te dedicas a tallar mármol, y pesa mucho…

— Y tus papeles — dijo a su vez Padma —, son demasiados Luna. Sé que son documentaciones, fechas y compromisos por escrito, pero…

— ¡Ay, detalles sin importancia! — dijo Luna, al más puro estilo de Fleur —. Yo sé que pueden. Anden, adelántense a la oficina de Dumbledore, ya las alcanzo.

Las Patil pusieron cara de resignación, y tomando sus cargamentos se retiraron. Las demás chicas no pudieron aguantar más, y estallaron en carcajadas.

— ¡Ja, ja, ja, Luna, pero cómo las maltratas! — dijo Ginny entre risas.

— ¡Sí, ahora sí que tuvieron su merecido! — dijo Pansy, limpiándose las lagrimitas de tanto reír.

— ¡Ay amigas, cómo me dicen eso! — les espetó Luna — Pero si las trato bien, hasta les dejo cargar mis cosas, y miren que soy muy especial con ellas.

— Lo sabemos Luna, lo sabemos bien — le dijo Hermione —. Pero bueno, tú no solamente viniste a ver a Dumbledore, ¿verdad? Sabes que él te resolverá todo en unos minutos.

— Bueno, la verdad… — balbuceó Luna, poniéndose colorada —. Pueeeesss… vine además a pasar una linda tarde con mi novio.

— ¡¿QUIÉEEEENNN?! — dijeron todas, abriendo los ojos con asombro.

— Con mi novio chicas. ¿Se acuerdan que en el evento final alguien me mandó flores? Bueno pues fue alguien a quien yo siempre he querido de lejos. No sé por qué, pero me encanta, y vine por él para… ¡Ah, qué bien, ahí viene ya!

Al voltear hacia donde Luna indicaba, la sorpresa fue aún mayor que con lasPatil. Quien llegaba en ese momento era Neville Logbottom, pero se veía extrañamente diferente. Estaba arreglado impecablemente, con traje y corbata, cabello peinado a la moda y muy pulcro. Se veía realmente como alguien distinto al Neville de siempre. Al llegar las saludó a todas con un educado beso en la mano, y al llegar con Luna la abrazó con suavidad y la besó en los labios.

— Hola caramelo — le dijo a Luna cariñosamente.

— Hola leoncito — contestó la rubia melosa.

— O-oigan — tartamudeó Lavender — ¿C-cómo es que ustedes…?

— ¿Nos hicimos novios? — completó Luna, abrazando a Neville —. Pues verán, luego de la premiación, y la fiesta que siguió, y bla, bla, bla; me di a la tarea de buscarlo. Sabía que estaba ahí no sé por qué, tenía esa corazonada después de recibir las flores y ver su nombre en la tarjeta. Lo encontré mucho después, a la salida de la fiesta de premiación. Le di las gracias por las flores y le pregunté por qué no había ido a felicitarme. Me dijo que se sentía incómodo adentro, y que prefería verme de lejos y esperar la oportunidad de hablar conmigo. Yo le dije que si no era ahora sería muy difícil después, porque estaría demasiado ocupada. Y entonces, sin más ni más, me tomó en sus brazos y… me besó.

— ¿En serio? — dijo Ginny sin dar crédito — ¿Tú hiciste eso Neville?

— Pues sí — dijo Neville con modestia —. Yo siempre había visto a Luna con mucho cariño, pero se me hacía que estaba demasiado lejos para mí. Me sentía poca cosa para ella. Hasta que entró en el concurso, y comencé a ir a verla a todos los eventos. Me preparé con multijugos para pasar inadvertido, y solo Luna supo que estaba ahí. Me armé de valor y, luego de besarla, le dije que la amaba. Y afortunadamente, ella me correspondió.

— ¡Sí! — dijo Luna entusiasmada — Y no me arrepiento de haberlo hecho. Con Neville pasé una noche… Mmm… Inolvidable…

— ¿C-cómo? — dijo Hermione — E- eso signif-fica que us-ustedes se-se… U-ustedes lo hi-hici…?

— Sí amiga — dijo Luna satisfecha —, lo hicimos. Nuestra primera vez, ¿verdad amor?

Neville solo sonrió, y se abrazó de Luna. Las demás tardaron un poco en procesar la noticia, pero finalmente felicitaron a la pareja con abrazos y hurras.

— Afortunadamente vienen ya las vacaciones — dijo Luna —. Podrás alcanzarme en mis viajes, y estaremos juntitos Neville leoncito.

— Así será — dijo Neville —, pero mientras, vámonos a pasear. El tiempo vuela y si no lo aprovechamos se nos pasa, amor mío.

— Ay sí cielo. Vámonos ya.

— ¡Oh, Luna, Luna queguida, qué bueno que te alcancé! — dijo Fleur Delacour, frenando su carrera ante el grupo —. ¡Puf, puf, Hola queguidas amigas! Les tgaigo noticias. EL año entgante habgá un nuevo concugso de belleza, y esta vez ¡segá aquí, en Hogwagts!

— ¿De verdad? — dijeron todas encantadas — ¡Fantástico!

— Oye Fleur — dijo Lavender — ¿No crees que hubiera sido más fácil mandar una lechuza que perder el aliento por correr así?

Oui, oui — dijo la rubia —, pego de todas fogmas tenía que alcanzag a Luna, yo también viajagué como embajadoga paga invitag a otgos colegios de todo el mundo mágico.

— ¡Pues qué buenas noticias Fleur! — dijo Ginny con entusiasmo —¡Por supuesto que cuentas conmigo!

— También conmigo — dijo Hermione resuelta —. Ya verán que ahora sí ganaré.

— Pues deberás vencernos primero amiga — dijeron a un tiempo Pansy y Lavender.

— ¡Qué bien, yo también quiero entrar! — dijo luna saltando de alegría —. Al cabo que el nuevo reglamento permite que las reinas puedan concursar de nuevo.

— ¡Ah, pego no se olviden de mua! — dijo Fleur — Yo también estagué ahí, no lo olviden.

Así, mientras discutían, Harry y Ron las miraban desde lejos, mientras comían sus tostadas.

— ¿De qué hablarán ahora Harry? — preguntó Ron a su amigo.

— No lo sé Ron — dijo el moreno —, pero presiento que pronto nos vamos a enterar…

FIN