Cross Epoch
Si a la primera no, pues…
Si algo sabía Zoro era que, en ciudades tan grandes, como en la que se encontraba ahora mismo de Arabasta, debían existir un par de bares, mínimo, por calle. Era casi una regla no escrita y que se cumplía a rajatabla. Pero, si esto era siempre así, entonces…
-¿Dónde se supone que están los bares?-. Dijo entre dientes Zoro, molesto por llevar una media hora buscando un lugar en donde poder echarse un par de tragos pero incapaz de encontrar ni una miserable taberna a punto de caerse abajo.
Por supuesto que el no encontrar el bar no se debía a su, posible, falta de sentido de la orientación sino que su cabeza estaba aturullada por culpa de lo que le había dicho Baba. Aquellas visiones tan extrañas y confusas vistas en una bola de cristal. Aunque para Zoro todo eso eran sinsentidos y cosas a las que no debía darle ninguna importancia, y, a pesar de ello, aquí estaba su cabeza tratando de encontrarle algún sentido a algo que, claramente, carecía de ello.
-Estoy seguro que con un poco de alcohol en el cuerpo no estaría pensando en nada de esto-. Se decía Zoro tras pasar, sin darse cuenta, por delante de otro bar.-Toda la culpa la tiene ese kuso natto de Piccolo por haberse perdido.
Pero no solamente era el nulo sentido de la orientación de Piccolo o los desvaríos de una anciana sino que algo más parecía estar enturbiando el sentido a Zoro. Lo único bueno que podía sacar de estar dando vueltas por la ciudad era que no dejaba de escuchar varias noticias. Por supuesto que al no tener nada que ver con él pues no les terminaba de prestar toda la atención necesaria, aunque las dejaba en reserva por si acaso más tarde si pudiera necesitar esa información.
La verdad era que, a pesar de ser una ciudad desértica, Yuba era un verdadero oasis para los viajeros. No solamente se había convertido en un punto importante en los viajes por Arabasta sino que su fama había aumentado mucho más, como un destino turístico, gracias al "Balneario Ukkari".
Zoro se detuvo al instante.
De seguro que en el Balneario tengan algunos bares para los clientes, además de que no me vendría mal tras todo el largo viaje que me he tenido que tragar por culpa de la pésima señalización en este país.
Así que Zoro decidió ir hasta el Balneario para conseguir su descanso y su bebida. Pronto descubrió que, a pesar de ser un complejo gigantesco, no se daba acercado quedando, siempre, a kilómetros de distancia. Siempre lo veía en el horizonte como si se estuviera burlando de su inoperancia para poder llegar.
-Maldito desgraciado-. La idea de echar abajo el Balneario se le había pasado por la cabeza. ¿Lo malo? Es que seguía por ahí dentro tentándole a que lo hiciera.-¡¿Es qué no se puede conseguir un trago en esta dichosa ciudad?!
La gente que había por los alrededores trataba de ignorar al hombre que gritaba en plena calle. Sobre todo porque no pensaban llamarle la atención a alguien que portaba tres katana y se veía claramente enfadado.
Aunque siempre existen excepciones para todo.
-¿… bero gué… eztá guidando ezte…?
-… ez do gue baza… gon dos govenez…-, le respondió su compañero de borracheras.-… no dienen despedo bor dadie…
Zoro se había girado hacia aquellos dos dispuesto a descargar toda su frustración en ello, usando el reverso de su katana ya que no era ningún tipo de monstruo insensible, cuando vio de donde estaban saliendo.
Un bar… finalmente un bar.
-… dadie diene despedo…-, continuó hablando mientras se tambaleaban calle abajo.-… di ombes di bugiedes…
-…ezo es vegdá...-, le respondió su tomodachi.-… inodó a dodo eg mundo…
Quien si les ignoró fue Zoro que entró en el bar con paso firme y un único objetivo en mente. Llegar a la barra y, por fin, poder beber un poco… bueno, en verdad iba a beber bastante. Lo suficiente para volver su nivel de molesta confusión y estrés a cero.
El local no se diferenciaba de la inmensa mayoría de ellos. Mesas, sillas con sus clientes y una gran barra que era el objetivo de Zoro en estos momentos. No le pasó desapercibido el grupo reunido en la parte derecha de la barra y que llenaban las tres mesas cercanas a ella. Por suerte en la izquierda no había nadie para molestarle así que ignoró aquel grupo mientras ellos hicieran lo propio.
-Póngame un par de biiru-. Pidió Zoro al momento de sentarse.
Su atención se centró en su bebida, aunque su oído atendiera a lo que se decía en el otro extremo de la barra. No era por interés sino una actitud que tenía por su modo de vida. No podía dejarse coger por sorpresa.
-Vamos, preciosa. No seas así de fría con nosotros-. Hablaba uno de los hombres del grupo.-Incluso te queremos invitar a un trago-. Como única respuesta ella tomó un sorbo de su copa de vino.-A otros tragos.
-La verdad no sé para que tanta pose si se puede ver que tu novio te los está poniendo-. Dijo otro sacando un montón de risas de sus compañeros.-Así que, ¿por qué no te dejas de tanta historia y te vienes con nosotros?
-Si, seguro que así le crecerán a él unos mucho más grandes.
Una nueva ola de risas por parte de aquel grupo de hombres pero que no lograban sacarle ni el más mínimo gesto al objeto de sus deseos, muy bajos deseos, por supuesto. Ya llevaban varios minutos tratando de obtener algo de ella, los favores de su cuerpo, pero ni una palabra habían conseguido siquiera obtener de ella.
Y ahora iban a tener muchas menos posibilidades pues sus ojos habían captado algo o, más bien, alguien que si tenía totalmente su interés. No sabía qué podía estar haciendo por estas tierras aunque, por lo que sabía de él, estaba muy claro que no llegó por propio deseo y voluntad.
Desde que había escuchado como entraba alguien más al local echó un vistazo con su sistema de vigilancia y se encontró con él. La persona que menos esperaba llegar a encontrarse en Arabasta, en Yuba. Aunque ya era una increíble sorpresa que no hubiera ninguna noticia sobre un rastro de destrucción por la zona desde que había empezado sus vacaciones. Eso indicaba claramente que, sorprendentemente, había aceptado el que tuviera su periodo de descanso, bien merecido, aunque también estaba claro que no iba a dejar que se fuera a llevar la victoria y estaría preparando algo en su contra.
Por lo menos estaba segura de que su vida no correría ningún tipo de peligro. Era demasiado importante para él y no se arriesgaría a cometer una acción irreparable.
Sus ojos aguamarina se entrecerraron mientras observaba cada uno de los movimientos de Zoro. Estaba claro que se encontraba muy relajado y totalmente despreocupado por lo que pudiera estar sucediendo a su alrededor. Casi parecía que él también estuviera de vacaciones lo que, contando con la ausencia de su nakama, Piccolo, daba, precisamente, esa impresión.
Ella sabía la verdad… o una parte.
Aquella relajación, a pesar de ser auténtica, o precisamente por serlo, ocultaba el hecho de que su cuerpo estaba preparado para cualquier posible ataque. Sus movimientos no eran tan aleatorios e indiferentes como pudieran parecer a simple vista.
No había hecho ni un solo gesto que pudiera indicar que supiera de su presencia y, precisamente por ello, estaba segura de que Zoro sabía que ella se encontraba aquí. A pesar de ser él, era muy extraño que no hubiera echado, ni siquiera, un simple vistazo para ver el por qué de tanto revuelo en aquella parte de la barra.
Vale que estuviera de vacaciones pero eso, simplemente, era válido para con aquellos que veía todos los días en el trabajo. Sobre todo su jefe que era un mar de contradicciones viviente. Nunca parecía que pudiera a estar completamente satisfecho con lo que tuviera que hacer.
Esto la hizo suspirar de manera agotada con sólo haber pensado en su trabajo.
Además, ¿qué tipo de vacaciones son si las tienes que pasar a solas? Si la compañía es buena siempre serán mucho mejores.
-¿No saludas? Debes saber que es de mala educación el no hacerlo, kenshi-san.
Zoro, como única respuesta a sus palabras, y muestra de que las había escuchado, detuvo, de manera imperceptible, la biiru de camino a su boca. A cualquier ojo no entrenado, o vago, habría parecido que no se había dado cuenta de que le estaban hablando. Aunque, al no haber nombre por medio, tampoco es que estuviera muy claro si era a él con quien hablaba.
Aunque solamente sea ella quien me llama de esa manera.
Y él, por esa razón, ni siquiera le ponía ningún apodo cuando tenía que referirse a ella. Con un simple onna era suficiente. Algo que, para ella y debido al trato de su jefe, resultaba algo divertido pues la misma palabra viniendo de dos personas diferentes le provocaba sensaciones totalmente opuestas.
Ninguno de los dos movió la cabeza en la dirección del otro, Zoro, ni siquiera, la miró por el espejo como había hecho ella. Pero quienes si se dieron cuenta de la presencia de Zoro fueron todos aquellos que estaban alrededor de ella. Y no parecía que les gustase la atención que tenía Zoro para ella.
-Vamos, nena. Olvídate de ese baka. Una preciosidad como tú no debe verse mezclada con gentuza como esa-. Y entonces cometió su mayor error por encima de haberla estado molestando todo el rato con su intrascendente charla. La cogió por el hombro.
Ni beberse una biiru en paz se puede.
Varios brazos surgieron del cuerpo de aquel hombre. Unos agarraron por la muñeca a la mano que la había tocado, apretándosela con fuerza y doblándosela hacia atrás mientras otros hicieron lo propio con la cabeza agarrándole del pelo. Entonces un par de brazos surgieron de la mismísima barra y, cogiéndole por la cabeza se la golpearon con fuerza contra ella.
El hombre cayó inconsciente al suelo mientras los demás se apartaron de ella. Por supuesto que no iban a dejar la situación como estaba. No. Los muy baka tenían que empeorar su situación que ya se encontraba de por si bastante mal.
-¡¡Maldita Akuma!!
-Ahora verás lo qué te va a pasar por no haber querido estar con nosotros.
-Primero te usaremos y luego sacaremos una buena cantidad por ti.
-Oi-. Llamó Zoro pero no recibió respuesta.-OI… ¡¡OI!!-. Ahora si que le habían escuchado.
-Será mejor que no te metas, baka. A no ser que tengas deseos de morir.
Zoro le ignoró por completo.
-Oi, póngame otro par de biiru.
Si la cara del barman era de estupefacción, mucho peor se habían quedado aquellos que amenazaran a Zoro pensando que trataba de ayudarla en su contra. Ni más lejos de la verdad. Zoro no tenía pensado mover ni un dedo en esa dirección. Sabía que ella no la necesitaba y, si así fuera, pues ya le diría algo al respecto… o él mismo sabría elegir el momento preciso para hacerlo.
El silencio que se formó por culpa de la intervención, sorprendente intervención, de Zoro fue roto por el sonido de la risa de ella que no podía evitar encontrar muy divertido las acciones que solía tomar Zoro. Por supuesto que los demás no apreciaban su sentido del humor y pensaban que era de ellos de quienes se estaba riendo.
-¡¡Urusai!!
Tras ese grito la intención era atraparla y darle una lección pero fue ella quien se encargó de esa parte a la vista de que no tenía pensado que sus vacaciones pudieran llegar a su fin de una manera tan absurda como esta.
-'Sesenta fleur clutch'
Lo que vino a continuación fue una hornada de gritos y lamentos cuando a cada uno de aquellos, que habían tratado de conseguir algo de ella por medio de falsas apariencias y palabras malsanas, sintieron como sus cuerpos eran retorcidos hasta el límite de resistencia de sus huesos.
Los gritos cesaron cuando un sonido más espeluznante sonó en el bar. El sonido de varias decenas de huesos quebrándose como simples ramitas ante el paso delicado de una frágil grulla.
La poca gente que no había tomado parte en los hechos decidió que este era el mejor momento para salir del bar e irse a cualquier otro lugar; incluso a sus casas por mucho que no tuvieran ganas de estar en ellas por el motivo que fuera.
Zoro observaba las tres biiru que se habia bebido al lado de la única que le restaba por tomar. No tenía la intención de ver para ella pero, a fin de cuentas sus ojos aún podían ver sin problemas, y así llegó a captar fugazmente como se levantó de su lugar y, pasando por encima, algunos literalmente, de sus molestos acosadores, se acercó hasta donde él se encontraba llevando en la mano su copa de vino.
-¿Puedo sentarme aquí, kenshi-san?-. La pregunta no era necesaria pues Zoro no tenía el derecho para negarle aquel asiento pero por educación, o ganas de hacerle pensar en ella, se la hizo. Tal vez para obligarle a que la mirase. En parte funcionó porque levantó la vista de la biiru y la llegó a mirar de reojo. Suficiente para servir como permiso.-Arigatou.
Sentándose en su nuevo lugar, al lado de Zoro, dejó su copa enfrente suya al lado de la biiru de Zoro. Estaba claro por todos estos minutos compartidos que ambos seguían igual que la última vez que se habían visto. Pero que eso sea algo bueno o malo aún estaba por decidirse.
Ambos estaban en silencio sin apartar la vista del espejo que tenían frente a ellos. Y así estuvieron cierto tiempo hasta que Zoro soltó un gruñido mientras negaba con la cabeza. Ella simplemente le sonrió con gran dulzura.
La verdad es que esto se veía venir tras lo que ha sucedido desde que Piccolo se perdió. Ahora solamente tengo que decidir que es lo que tengo que hacer con esta onna.
Con total tranquilidad cogió la copa de vino mientras ella hacía lo propio con la biiru de Zoro. El sonido de los cristales entrechocando levemente trajo algo de música, o lo más parecido que hubo en este lugar desde que ella había decidido deleitarles con el dulce sonido de su risa, y sus voces sonaron en un brindis.
-¡Kanpai!
Kanpai, onna.
Kanpai, kenshi-san.
De los dos el que parecía menos satisfecho con el cambio de bebida parecía ser Zoro, pues el vino no era su primera elección como bebida, a diferencia de ella que parecía disfrutar de la biiru con total complacencia. La verdad era que no estaba así por el vino sino por ella. Concretamente por su presencia en la misma ciudad de Arabasta y en el mismo continente, diablos, incluso en el mismo planeta en el que se encontraba él.
-Muy bien-, Zoro dejó la copa sobre la mesa y, por primera vez desde la última vez que habían estado juntos en un mismo lugar, se volvió para mirarla a la cara. Hermosa cara y preciosos ojos que habían, en su opinión, ganado en intensidad y brillo.-¿Qué te trae por aquí, Robin?
Si, había dicho su nombre y no por error. Como se dijo, ya habían estado antes en un mismo lugar. Ellos dos… y nadie más.
-Estoy de vacaciones-. Respondió con total calma. Algo habitual en ella y que le producía a Zoro, en algunas ocasiones, una irritabilidad que había aprendido a controlar.
-¿Vacaciones?-. No la respuesta que había esperado escuchar.-¿Es qué el gran hombre se ha muerto y aprovechasteis su funeral para salir?
Robin se cubrió la boca al reírse. Un gesto que a Zoro le parecía delicado y, a pesar de lo visto hace unos minutos, que le sentaba muy bien a Robin.
-No, no lo hizo. Me aproveché de que siempre tiene la cabeza en muchas partes para cogerle en un comentario desafortunado… para él porque para mí ha significado unas vacaciones-. Le comentó antes de tomar otro trago de biiru, para molestia de Zoro.
-Puedo entenderlo, con semejante cabeza es normal que la tenga en muchas partes al mismo tiempo-. Se burló mientras le daba vueltas a su vino.
-No está bien burlarse de alguien que no puede defenderse, en persona-. Le reprochó Robin, aunque después de dejar de reírse por el comentario.-Y no vuelvas a meterte con su altura.
Zoro puso cara seria que rompía con la que tenía apenas un segundo antes.
-Y cuándo me metí con la altura del chiquitín-. Dijo Zoro antes de encogerse de hombros.-Es él quien siempre anda diciendo que es el más grande de todos.
Robin le miró directamente a los ojos.
-Deberías saber que no se trata de una muy buena idea el burlarse de alguien que puede llegar a atomizarte de enterarse, kenshi-san-. Le recordó Robin.
La cara de extrañeza de Zoro no tenía precio antes gruñir molesto por aquellas palabras. Ella sabía la fuerza que poseía y, a pesar de ello, se atrevía a insinuar algo así.
-No me extraña nada viniendo de alguien que se llama Vegeta pero, ni sueñes, de que pueda llegar a convertirme en un kuso tomate-. La seriedad del rostro de Zoro no hacía sino más graciosas sus palabras.-Que lo intente y seré yo quien acabe con él de una manera menos agrícola.
Aquello ya fue demasiado para Robin; por muy seria que pudiera llegar a ser, o comportarse, Zoro siempre era capaz de hacerla perder la compostura y que se riera a gusto. Y lo mejor era que Zoro lo hacía sin pretenderlo porque cuando así fuese su intención, ni siquiera la propia Robin era capaz de reconocerse.
-¿Y ahora qué he dicho?
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En un lugar oscuro donde sólo sobrevivía un ligero fulgor azulado
La verdad era que no le había resultado tan difícil el conseguir recuperar, no le gustaba la palabra que aquellos habían definido para sus acciones, robar, aquel objeto. Lo que dejaba totalmente claro que nadie de todos ellos conocía el verdadero valor, y poder, que tenían.
Esto era algo bueno para sus planes porque significaba que no buscarían por los lugares en los que deberían hacerlo si querían recuperarlo. Lo malo, siempre existe esta parte, seguramente por algo de mantener el equilibrio de la realidad, es que no todo el mundo era igual de ignorante, porque no era cierto. Y esto significaba que la próxima vez no le resultaría ni la novena parte de fácil que esta vez.
Sus labios formaron una amplia sonrisa. Fina y calculada.
-Pero lo hará mucho más divertido y nunca se debe olvidar la parte divertida de las cosas… aunque estas signifiquen el Fin del Mundo.
Su risa se extendió por la oscuridad acompañada por fuertes aplausos que se estaba ofreciendo por el trabajo bien hecho y por un futuro…
¿Qué futuro?
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En los pasillos de cierta nave kaizoku
Si algo debían saber de Vegeta era que no se trataba de alguien muy paciente y por ello, tras un par de días desde que les había encargado el buscar a una sustituta para Robin, necesita el ver algún avance. Cualquier cosa que se dirija en la dirección que busca y que lleve a Robin a lamentarse por haberle sacado estas vacaciones de una manera tan rastrera y miserable.
-Lo que te molesta es que lo haya hecho y no te enteraste de ello hasta que ella misma te lo dijo-. Vegeta necesitaba buenas noticias o algo más desestresante.-Será mejor que tengan algo o los entregaré para que los encierren en Impel Down…-, aquello, que a simple vista parecía una buena idea, no le terminó por convencer a Vegeta. Sería un final demasiado benévolo para esos dos.-Los mato directamente con mis propias manos.
El único sonido que se podía escuchar en la nave era la de los encargados de mantenimiento y la provocada por el funcionamiento de la propia nave. Esto no se sabía se era algo bueno o algo malo.
Cuando Vegeta abrió la puerta de la sala en donde se realizaban las entrevistas para el puesto de Robin, supo cual de las dos posibilidades era la correcta en esta ocasión.
Era algo malo… para Usopp y Trunks.
-¡¿¡QUÉ DIABLOS SIGNIFICA TODO ESTO!?!
Las tres personas que había en la sala se quedaron paralizadas por puro terror a causa de, no el grito en si mismo sino por, el tono frío y, mortalmente, letal de su voz.
La verdad era que había una explicación lógica a esta escena pero, cuando delante tuya tienes a Vegeta más allá de su tolerables cólera y furia naturales, no se te pasa nada por la cabeza que no fuera con que tipo de chiste iban a empezar el panegírico en tu funeral.
Por ello se debe ser comprensible con la frase dicha por Usopp.
-¡¡Es-Esto no e-es lo qu-que pa-parece, Ve-Vegeta-sama!!
Por supuesto que no lo sería pero, ahora, míralo desde el otro lado y pregúntate a ti mismo:
¿Qué es lo que harías si al entrar en la sala en donde se supone que se están realizando las entrevistas para el puesto de ayudante-investigadora-secretaria-soldado, vas y te encuentras a los dos entrevistadores sentados en sus sillas mientras, sobre sus regazos, de espaldas, se encuentra la entrevistada, en este caso una jovencita de muy buen ver de cabellos morados, llevando, únicamente, su ropa interior, a juego con el color de su cabello, mientras le estaba acariciando la mejilla a uno de ellos mientras al otro lo hacía con una de sus piernas?
Pues eso mismo.
Estamos atomizados.
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Cuarto capítulo de este fic. Bueno, la verdad es que nadie se esperaría el que Zoro y Robin pudieran llegar a encontrarse con tanta facilidad pero, hay que tener en cuenta, de que se podría haber eternizado con el sentido, falta, de orientación de Zoro.
Aunque los tipos del bar recibieron lo suyo, me temo que los peores parados son Trunks y Usopp… por lo menos ahora que Vegeta entró en escena.
REVIEWS.
REVIEWS.
Muchas gracias por las suyas a:
Gabe Logan.
Dragonazul.
Esperando por más lectores que se animen a dejar alguna palabra de apoyo al fic. Ya sabéis que se deben cuidar porque sino pasa lo que pasa con ellos sin cuidados.
Hasta el próximo capítulo.
Nos leemos.^^
