Cross Epoch
¿Espiar? No, buscando información.
Una vez más en la nave sobre la órbita del planeta
Todo parecía estar en orden en el interior de la nave, por lo menos a primera vista, ya que no existía ningún tipo de signos de lucha. A parte de los sonidos inherentes a la propia nave espacial, los únicos que podían ser escuchados provenían del baño.
En el suelo se podía encontrar ropa tirada. Un camisón, top y minifalda, guantes, botas y calentadores, por supuesto un único par de ropa interior. Por lo que podía apreciarse en las piezas de ropa no hubo ningún tipo de lucha que las pudiera haber dañado. Lo que significaba que la sangre no había llegado al río.
En el interior de la bañera se encontraban las dos muchachas con aspecto agotado y dejándose llevar por la relajación que les ofrecía el baño de burbujas.
-Me encantan estas bañeras tan espaciosas en las que puedes tumbarte por completo-. Dijo Bulma mientras le hacía un masaje en el pie izquierdo a Nami que se encontraba tumbada frente a ella.
-Si continúo así podría volverme adicta a estos baños de burbujas-. Confesó con los ojos cerrados y dejándose llevar por las sensaciones que le daban aquel masaje.-No creo que sea recomendable tomarse dos baños en tan corto espacio de tiempo.
Nami abrió los ojos cuando sintió algo apoyándose sobre sus pechos.
-Oi, podías usar esa boquita-. Se quejó Nami al ver el pie de Bulma saludándola. Cogiéndolo en sus manos le empezó a propinar su propio masaje.-Además que ya te he dado uno antes, ¿se puede saber cuántos quieres que te dé?
-Nunca son suficientes viniendo de esas manos-. Le aseguró Bulma con aire ensoñador.-Y para qué quieres que use la boca, Namaiki-. Le preguntó con voz sensual.
Nami se rió cuando sintió los labios de Bulma haciéndole cosquillas en el pie.
-Hahahahaha… ¡Para, por favor!-. Nami soltó el pie de Bulma y recuperó el suyo que rápidamente ocultó bajo el agua mientras se lo frotaba.-La boca para pedir las cosas, chikan.
Bulma se estiró como gata desentumeciendo su cuerpo, y mostrando lo bien formado que lo tenía. Ciertamente Nami querría estar tan bien como ella a su edad, aunque, la verdad, era que no se llevaban más que unos pocos años, máximo cinco pero ninguna de ellas le gustaba hablar de edades.
-Lo único que quiero yo es dormir y descansar sin que nadie me moleste.
Y por el tono de voz que usaba, Nami estaba totalmente segura de que estaba diciendo la verdad. No podía creerlo.
-¡¿Cómo puedes decir eso?!-. Se quejó Nami sentándose, y vertiendo parte del agua a causa de su movimiento.-No sigas por ahí porque volveremos de nuevo a las broncas, shoujo.
Bulma lanzó un suspiro de agotamiento. La verdad era que no le apetecía nada el tener que volver a pelear, aunque fuera verbalmente, con Nami. La verdad era que, en estos momentos, no le apetecía hacer nada.
-¿Y qué se supone que quieres hacer?-. Preguntó con desgana.
Aquello ya era demasiado para Nami. No entendía como no era capaz de darse cuenta de lo que quería, de lo que debía hacerse.
-¡¡Quiero el takara que fuiste a robar!! ¡¡Quiero encontrar a quien se te adelantó y darle una lección para que no vuelva a inmiscuirse en nuestros asuntos!!-. Nami se puso en pie haciendo que el agua, y un montón de burbujas, se deslizasen por su cuerpo desnudo.-¡Qué reacciones de una maldita vez y veas que alguien te ha pasado por encima en un robo! Y, sobre todo, ¡¡¡QUIERO MI TAKARA!!!
Bulma sabía que cuando Nami se ponía en este plan no había manera humana o divina de hacerla cambiar de opinión, por lo que, únicamente, le quedaba una salida. Hacer lo que pedía su nakama.
-Está bien, está bien. Lo que sea para lograr que dejes de gritar-. Cedió Bulma pero ante la cara de satisfacción de Nami tuvo que recordarle algo importante.-No te alegres tanto porque si escuchaste las noticias debes saber quien es la principal sospechosa del robo.
Nefertari Vivi.
-¡Eso es ridículo y tú lo sabes, Bulma!-. Nami apartó esa idea de un manotazo al aire.-Ya la conoces y sabes que es incapaz de hacer algo semejante.
-Cierto pero-, el tono de Bulma descendió a uno más confabulador.-¿y si no tuviera más remedio?
Aquello ya estaba tomando aspecto de conspiración.
-¿Coacción?-. Preguntó Nami a lo que Bulma, simplemente, se encogió de hombros.-No importa, es tomodachi. Así que averiguaremos la verdad y recuperaremos mi takara.
-Será nuestro takara-. Le recordó Bulma con un brillo de amenaza en su mirada.
Nami se cruzó de brazos toda soberbia.
-Oh, vaya. Ahora ya nos empezamos a centrar en el asunto, ¿verdad?-. Se burló Nami sonriéndole de manera maliciosa.
-Tú necesitas que te den pronto un buen revolcón, akage-. Le dijo Bulma salpicándola con el pie.
-Por desgracia se necesita ser muy hombre para poner la mano sobre este chasis-. Le recordó Nami contoneando su cuerpo de manera provocativa.
-… o uno muy baka…-. Murmuró Bulma mientras le pasaba por la cabeza una imagen de Nami riéndose junto a cierto pelinegro.
-Levanta ese trasero antes de que se te arrugue y vamos a enseñarle que nadie se mete con las "BuruBerries ma Mikan"-. Le dijo mientras salía de la bañera.
-Me sigue pareciendo un nombre demasiado largo-. Le aseguró Bulma.
Nami le sacó la lengua mientras pasaba sus manos por su cuerpo y dejaba que el agua de la ducha le limpiase la espuma del baño.
-Tú si que necesitas un revolcón, nee-san.
__________
En la sala del trono del palacio de Alubarna
A pesar de que el día de hoy no trajo consigo a muchos de los súbditos del reino al castillo para pedir la intervención de su majestad, eso no quería decir que, en la aparente calma que podía sentirse en el salón del trono, se estuviera dando unos hechos de lo más peligrosos ante la vista, e ignorancia, de todos los presentes.
A varios metros de distancia de los escalones que llevaban hasta el trono, en donde se encontraba su Majestad, se encontraba un matrimonio que no debían de pasar de los 35 años, con sus cinco hijos, y que le estaban pidiendo una ampliación de los terrenos de su propiedad para poder aumentar el espacio de su casa pues esta ya era demasiado justa para ellos, además de que ella se encontraba esperando gemelos.
-P-Por supuesto que si, faltaría más-. Dijo su Majestad.-Mandaremos a unos técnicos para que estudien la mejor solución y el tamaño que vais a necesitar. Di-Digamos para un total de diez hijos.
El matrimonio casi se cae al suelo de la impresión.
-Pe-Pero no-nosotros sólo tenemos siete con los dos que están de camino, Majestad-. Entonces una ocurrencia se le cruzó por la cabeza.-¿Es un re-requisito los diez hi-hijos?
El sonido de la risa, que no pudo evitar, de su Majestad resonó en la sala, logrando detener, incluso, a los niños que estaban jugando.
-No, no. No es ningún requisito-. Negó con un gesto de la mano.-Más bien es por precaución viendo el resultado de vuestro amor.
La pareja se puso ruborizada al entender a lo que se estaba refiriendo.
Muchos pensaban que no tenía la edad suficiente para gobernar, siendo muy joven, o que había veces en que dejaba de atender sus deberes como gobernante por lo que muchos llamaban caprichos pero, a pesar de todo esto y de las opiniones de reinos vecinos, todos los súbditos del reino de Arabasta estaban agradecidos por tener a alguien como su Reina para gobernarles y ayudarles en sus momentos de necesidad.
La reina de Arabasta debía de tener unos veinte años y, a parte de joven, poseía una gran belleza por lo que todos sus súbditos estaban preguntándose quien sería capaz de conquistarla, y esperaban que no fuera a causa de ningún tema político y casamiento de conveniencia ya que todos deseaban su felicidad.
Tenía una larga melena azabache cuyo brillo la hacía parecer de pura seda. Su piel tenía un ligero moreno a causa del clima de Arabasta pero no muy pronunciado. Sus ojos eran negros y preciosos como las noches de Arabasta, pómulos pronunciados y finos labios. Era de estatura media y cuerpo esbelto. Largas piernas y, a pesar de ser discreta por la posición que ocupa, un pecho generoso.
Hoy llevaba un elegante vestido blanco de gasa, ajustado a la cintura con una cinta, que hacía un contraste con su color de piel. Sujeto al cuello por unas cintas que dejaban, de esta manera, su espalda al descubierto igual que sus brazos y hombros. Su cabello recogido en un tocado que formaba una tiara con su propio pelo mientras parte quedaba suelto en una, ahora, más corta melena. Esta vez no llevaba ninguna joya pero eso sólo hacía aumentar su belleza natural pues no tenía nada que apartara la atención de ella.
-Estad tran-tranquilos que esta semana ya tendréis to…-, sintió el aviso recorrerle todo su cuerpo. No le quedaba mucho tiempo. Debía haberlo sospechado pues, de ahí su tartamudeo.-Dis-Disculpadme unos mo-momentos.
-¡¿Majestad?!
Pero ella ya se había puesto en movimiento en dirección a la puerta que la llevaba fuera del salón, por unos pasillos por donde nadie más podía ir, a no ser que algo malo le pudiera estar pasando. Tal y como así lo parecía.
-Vo-Voy un mo-momento al to-tocador-. Explicó mientras corría con todas sus fuerzas hasta el baño real más próximo. Sabía muy bien el alboroto que podría montarse de no llegar a tiempo.
Siempre me está metiendo en problemas.
No se había dado de cuenta pero estaba aguantando la respiración desde que había abandonado el trono. Más para hacer fuerza que por nervios.
Al llegar al baño cerró la puerta con llave y se dirigió al espejo más cercano. No fue una gran sorpresa el encontrarse que su piel había adquirido un tono azulado y, sólo, esperaba que nadie se hubiera percatado de esto.
El tiempo se acabó justo cuando llamaron a la puerta.
-¿Majestad? ¿Se encuentra bien? ¿Quiere que llamemos al doctor?
Ciertamente se encontraba en un problema.
-¿Majestad?-. Sabía que si no les respondía no dudarían de llamar a alguna soldado o criada para que echara un vistazo.-¡¿Yamcha oujosama?!
No era su fuerte pero trató de hacerlo lo mejor posible.
-Estoy bien-. Fingió la voz de Yamcha.-¿Es qué una no puede tener un poco de privacidad en el… tocador?
Podía sentirse como aquellos se ruborizaban al otro lado de la puerta.
-Oh, si, por supuesto. ¡¡Gomennasai, oujosama!!-. Sentidas disculpas. Vergonzantes disculpas.-Estaremos en el salón del trono.
-Muy bien, muy bien.
Al escuchar como se quedaba solo se sentó apoyado contra el espejo. Por muy poco no llegó a perder el control sobre su transformación y sabía que la culpa era de los nervios por tener que suplantar a Yamcha mientras esta se encontraba en su sala secreta, seguramente, espiando a…
-¿Oujosama?-. Preguntó alguien tras llamar a la puerta.-Me han dicho que se encuentra mal y he venido para llevarla a examinarla.
Puar se quedó blanco al oír la voz de la doctora. No podía dejar que le examinasen porque, no tenía ninguna duda de que, perdería el control sobre su transformación y descubriría las acciones de Yamcha.
-No hace falta. Ya me encuentro mejor-. Trató de disuadirla.
Un silencio que no auguraba nada bueno.
-Pues su voz no suena tan bien, oujosama -. Por supuesto que no sonaba bien porque Puar no sabía imitar las voces con algo más de afinidad sin estar transformado.-Voy a entrar.
Aquello asustó a Puar porque, aunque en un principio recordó que había cerrado la puerta con llave, un clic anunció que había sido abierta. Puar empezó a revolotear por el baño tratando de encontrar algún lugar en donde esconderse y que no pareciera nada sospechoso. Algo sumamente imposible dada la situación.
Cuando la puerta se abrió Puar se encontraba detrás de una columna y pudo escuchar los pasos de la doctora entrando en el baño. A continuación la puerta fue cerrada con llave nuevamente.
-¿Oujosama?
Puar se quedó paralizado totalmente atónito al reconocer aquella voz que semejaba estar aguantando las risas. Con mucha precaución se asomó tras la columna y ante él vio a Yamcha que se estaba tapando la boca mientras su cuerpo temblaba de risa.
-¡¡¡Yamcha!!!-. Gritó Puar saliendo al encuentro de su mejor amiga.-¡Casi me matas del susto! Eres muy mala.
Pero entonces Yamcha le sonrió maliciosamente.
-Yo creo que quien es malo por aquí eres tú, Puar.
¿?
No comprendía lo que estaba pasando hasta que, de pronto, una explosión de humo dio lugar y, cuando se esfumó, dejó ante él a la persona que menos le apetecía ver en estos momentos.
-¡¿¡Oolong!?!
Su, bueno, amigo le estaba lanzando una mueca victoriosa.
-Sabía que no podía ser Yamcha porque no parecía estar más que interesada en lo que le estaban contando la gente y, aunque siempre trata de ayudar, todos sabemos en donde tiene su cabeza la mayor parte del tiempo-. Oolong redujo la distancia que le separaba de Puar acorralándolo contra la columna.-¿Dónde se encuentra, Yamcha?
-No pienso decírtelo-. Le aseguró Puar.
Oolong se encogió de hombros dándose la vuelta hacia la puerta.
-De acuerdo-. Le miró por encima de su hombro.-Pues iré a sustituirla al salón del trono.
Aquello, en comparación, era peor que decirle en donde se encontraba Yamcha así que Puar no veía otra salida. Ya se encargaría la propia Yamcha luego de castigar a Oolong por sus acciones y amenazas.
-Está bien-. Puar bajó la cabeza avergonzado.-Se encuentra en su sala secreta.
Oolong se emocionó al instante.
-¡¿No me digas que ya lo consiguió?!-. Oolong movía la cabeza por todas partes buscando una salida en particular.-¡¡No puedo creerme que no me dijera nada esa pervertida!!
Puar vio como Oolong se transformó en, bueno, más bien le salieron un par de alas de murciélago por lo que ahora era un cerdo volador de lo más raro; y ascendió hasta el techo para meterse por el conducto de ventilación.
-¿Adónde te crees que vas?-. Le preguntó Puar.-¡¡Y no le digas pervertida a Yamcha!!
Oolong bufó molesto por la absurdez de aquella pregunta.
-Somos como somos y tú no te pongas nervioso y vuelve a seguir suplantando a Yamcha antes de que manden a la verdadera doctora a examinarte-. Dijo colocando de nuevo la trampilla.-Yo veré que tal está Yamcha y le diré que se apure.
Y con esto Puar se quedó más nervioso de lo que ya lo estaba.
-… esto no puede ir a peor…
Entonces alguien llamó a la puerta.
-¿Oujosama? Soy la doctora.
¡¡Kuso!!
Ajeno a los nuevos problemas de Puar, Oolong apuraba el paso, por los estrechos conductos en dirección a la sala secreta de Yamcha, no tan secreta por lo que podía verse, dispuesta a ver si, realmente, había logrado su objetivo. Por desgracia, para Oolong, iba tan rápido que, en el descenso que se encontró, perdió el equilibrio y se deslizó hasta la sala entrando bruscamente y aterrizando de cabeza.
-¡¡AAAHHH!!-. Grito Oolong agarrándose la cabeza.-Menudo golpe más baka. Casi me la parto.
-Tendrías lo que te mereces, buta-. Dijo alguien a espaldas de Oolong. Antes de que pudiera volverse sintió como un pie lo aplastaba contra el suelo pisándole la cabeza.
-¡¡AAAHHH!! Me vas a romper la cabeza-. Pero el dolor era más por la continuación del dolor del golpe pues el pie no hacía mucha fuerza.-¡¡Y no me llames cerdo!!
La voz tomó un tono burlón.
-Somos lo que somos, buta-. Y con esto le quitó el pie de encima.-¿Quién te ha dado permiso para venir aquí? Porque yo creo que no te lo he dado y ya van un par de ocasiones que te coja aquí dentro.
Alzando la mirada se encontró con una, verdaderamente, molesta Yamcha que estaba cruzada de brazos asesinándole con la mirada. Pero, tras pasar por alto el rostro de ella se fijó en el conjunto que estaba llevando. No se diferenciaba mucho del que había estado llevando Puar con su forma salvo porque aquí, el vestido, era una minifalda que dejaba a la vista las morenas y torneadas piernas de Yamcha. Sus pies calzaban unas sandalias cuyas tiras le subían hasta el gemelo.
Yamcha puso los ojos en blanco al ver el rostro lascivo que estaba poniendo Oolong viendo para ella. Algunas cosas, estaba segura, nunca podrían llegar a cambiar.
-Me parece que te mandaré al calabozo durante lo que resta de semana-. Le amenazó Yamcha como si tal cosa, logrando que Oolong reaccionase.
-¡¿Nanii?!-. O tal vez fuera por otro motivo.-¡¿Esas imágenes son del "Balneario Ukkari"?!-. Oolong saltó sobre los paneles de control sin apartar la vista de las pantallas en las que aparecían un montón de jovencitas dispuestas a pasar el día en las aguas termales.
Yamcha le cogió por una oreja y lo lanzó a la silla más cercana.
-¡Ten cuidado! No babees sobre el panel de control-. Le lanzó una dura mirada a Oolong que consiguió que se viera arrepentido. Por lo menos hasta que alzó la vista y volvió a ver las pantallas y a quienes aparecían en ellas. Cuando Yamcha puso su atención en las pantallas, su rostro también adquirió un tono más libidinoso.-Como me estropees la vista te encierro de por vida.
-Está bien, está bien-. Decía Oolong sin atender a sus palabras.-Pero ahora pon las imágenes de los baños.
Aquí la cara de Yamcha se le entristeció.
-No las tengo-. Admitió con pena.
-¡¿Nani?!-. Oolong no podía creerlo.-¿Y por qué no?
Yamcha se sentó en una silla y se deslizó hasta los controles haciendo zoom para captar los pechos de un grupo de chicas que estaban hablando ante la entrada.
-Parece ser que ni siquiera con una orden real se puede conseguir poner cámaras en los baños-. Yamcha suspiró soñadoramente.-Ni en los vestuarios.
Aquella noticia había hecho explotar la burbuja de felicidad de Oolong pero, antes de que pudiera exponer su malestar, vio algo en la pantalla que captó su atención.
-Oi, oi, Yamcha-. Llamó a la oujosama.-¿Eses dos no son…?
Yamcha miró para la pantalla que le señalaba Oolong y se encontró con una pareja que charlaba mientras caminaban hacia el "Balneario Ukkari".
-¡¿Zoro y Robin?!
Los ojos de Oolong seguían el movimiento del trasero de Robin.
-No sabía que volvían a salir juntos-. Se dijo Yamcha mientras veía como aquellos dos estornudaban al mismo tiempo.-Caray, menuda compenetración tienen. Me pregunto cuanto tiempo lograran durar juntos esta vez antes de volver a separarse.
-Yo digo que ni una semana-. Habló Oolong sin apartar su mirada, que se movía al compás de las caderas de Robin, de la pantalla.-Cinco días.
-Bueno, contando que ya se conocen eso puede ser un punto tanto a favor como en contra, así que, en mi opinión, durarán unos diez días.
Ambos observaban como Zoro había dicho algo y Robin se tapaba la boca mientras se reía.
-Ciertamente se conocen muy bien.
__________
Flashback en cierto bar de Yuba
El trato se había sellado con un beso pero nadie había especificado cuanto tiempo podría llegar a durar dicho beso, y ya llevaban sus buenos minutos disfrutando de aquellos labios tan conocidos y que se echaban de menos.
Cuando sus labios se separaron, finalmente, ambos podían observar en el rostro del otro el deseo porque no hubiera habido un final para el beso o, en su lugar, que hubieran unos cuantos más, como mínimo, para empezar sin contar el poder tener algo más por parte del otro.
Robin tomó un trago de la biiru que se mantenía fresca y que le ayudaba a rebajar la temperatura que aquel beso había logrado inflamar en su cuerpo.
-Entonces quedamos así, kenshi-san-. Dijo Robin.-A no ser que seas tú quien ponga sobre la mesa un tema sobre arqueología, yo no hablaré ni trataré sobre nada arqueológico o que se le acerque lo más mínimo.
-Muy bien, entonces ahora a dónde te apetece ir-. Le preguntó Zoro terminándose su bebida.
Robin le miró apreciadamente mientras se colocaba un mechón de pelo tras la oreja, no podía evitar la sonrisa en su rostro. Ambos sabían a dónde iban a ir pero le gustaba que Zoro le pidiera que lo decidiese ella.
-Vamos al "Balneario Ukkari", ¿está bien así, kenshi-san?
Zoro había decidido dejarse llevar y olvidarse de cómo los demás podrían verle o pensar sobre él por como se comporta cuando está junto a Robin así que este iba a ser el primer paso.
-Tú mandas, Robin-. Dijo Zoro poniéndose en pie y ciñendo sus katana a su haramaki. Entonces su atención se dirigió al barman que se encontraba tras la barra.-Oi, estoy seguro que alguno de que a ninguno de esos tipos les importará pagar nuestra cuenta por las molestias causadas.
-¡Oh, por supuesto que no, señor! No tienen que preocuparse de nada… es más, su cuenta va a cargo de la casa-. La verdad es que tras lo que había visto no le apetecía meterse en problemas con la pareja.-Domou Arigatou por haber elegido mi local, señores.
-Arigatou, suitou-san-. Se despidió Robin dedicándole una de sus afables sonrisas que hizo que el hombre se olvidara de todo problema.
Robin siguió a Zoro al exterior y, para su sorpresa, él se había detenido para esperarla cuando lo más habitual habría sido que se pusiera a caminar hacia la dirección que él pensara que le llevaría hasta su destino.
-¿Sucede algo, kenshi-san?-. Preguntó con total calma.
-Como he dicho, tú mandas, Robin. Así que indica por dónde quieres que nos movamos-. Le dijo Zoro apoyado sobre sus katana.
-Pues, entonces, sígueme, kenshi-san-. Robin se puso en movimiento pasando al lado de Zoro al que le pasó la mano sobre su brazo izquierdo acariciándoselo.
Lo normal habría sido que Zoro se hubiera ruborizado, puesto tenso o lanzado un gruñido en su dirección pero, esta vez, Zoro le devolvió una sonrisa y se puso a caminar a su lado; sorprendiendo, de esta manera, a Robin.
Tal vez en esta ocasión todo sea diferente, para mejor, en nuestro futuro.
Ese pensamiento le hacía mantener una sonrisa de felicidad en su rostro y dirigió sus pasos sin ningún tipo de retraso hacia el "Balneario Ukkari" pero, justo cuando parecía que iban a llegar sin ningún tipo de complicaciones.
Ambos estornudaron al mismo tiempo.
Robin y Zoro se miraron algo sorprendidos por aquello.
-Supongo que alguien debe estar hablando de nosotros pero…-. Robin no estaba muy segura de quien podría ser.
-En tu caso seguro que el chiquitín seguirá quejándose porque te hubieras tomado estas vacaciones pero…-, Zoro se rascó la cabeza.-no creo que se moleste en pensar en mí ya que no le agrado en absoluto… creo que no le gustó que entre Luffy y yo nos bebiéramos y comiéramos toda su parte la última vez que estuvimos casi todos reunidos.
Robin se cubrió la boca al reírse de una manera en que a Zoro siempre le parecía muy adorable. Ciertamente su vida no podía ser más complicada sin estar cerca de Robin y, estándolo, todo adquiría un sentido de lo más confuso porque le hacía luchar contra si mismo y sus deseos y ambiciones.
-Me alegro que te parezca tan gracioso-. Y la verdad es que así era. Le gustaba que Robin estuviera contenta porque lo ponía enfermo verla triste. Más cuando no podía consolarla al estar junto a conocidos pero, ahora, eso ya no sería ningún impedimento.-Pero no viniste hasta aquí para quedarte en la entrada.
Zoro observó el vestuario de Robin. Seguía llevando un dragón impreso en su ropa pero, esta vez, no se trataba de un vestido sino de una minifalda y una torera vaquera que cubría un top ajustado. Unas botas altas y una gorra de aspecto militar para protegerse del Sol, especial debido a sus cuernos. Su cuerpo oculto bajo un largo abrigo rojizo a tono con el resto de su ropa.
No existe onna igual a esta en todo este Mundo.
-Nos veremos aquí dentro de una hora, kenshi-san-. Se despidió Robin yéndose hacia lo zona para las onna. Entonces se detuvo y le miró por encima de su hombro con un brillo divertido en su mirada.-¿O necesitarás más tiempo para encontrar la salida?
Primero Zoro la miró sorprendido por sus palabras para, al momento, aparentar enfado y volviéndose se alejó de allí murmurando para si mismo.
-… maldita oroka onna… pero cómo se atreve a asegurar que…
-¡¿¡Kenshi-san!?!
Le llamó algo sorprendida Robin haciendo que se detuviera, a pesar de que no le apetecía para nada el hacerlo pues prefería el dejarla allí con la palabra en la boca.
-¿Nani?
La voz de Zoro seca para dejar claro su estado de ánimo; pero Robin lo ignoró por completo y siguió con lo que tenía planeado decirle.
-¿Ya te vas?
¿Eh?
Zoro se fijó que se estaba alejando del balneario así que, con la cabeza medio agachada volvió sobre sus pasos y, sin mirar ni una sola vez a Robin se dirigió por la dirección correcta, esta vez.
-Nos vemos en hora y media, kenshi-san.
Robin vio como Zoro se detuvo durante un segundo antes de ponerse en marcha otra vez, seguro que maldiciendo por lo bajo y, sin ningún lugar a duda, a ella como primer objetivo de sus maldiciones… ¿o sería a si mismo?
Hora y media… si será…
__________
______________________________
Fin del sexto capítulo. Espero que, a pesar de lo lento que esto se mueve, la historia esté siendo de su agrado. Procuraré que todo tenga cierto sentido aunque, viniendo de los mangas que vienen, eso sería mucha presunción.
GLOSARIO:
Namaiki: Descarada, fresca, pícara.
Chikan: Pervertida.
Shoujo: Niñita.
Takara: Tesoro.
Tomodachi: amigo.
BuruBerries ma Mikan: Las Mandarinas genuinas Berries azules. (o algo así)
Oujosama: Princesa.
Buta: Cerdo.
Suitou: Barman. (o algo así)
REVIEWS.
REVIEWS.
Agradecer las REVIEWS enviadas por:
Gabe Logan.
Dragonazul.
Lady Hilda.
Nemo Robin.
A los demás lectores darles las gracias por leer y pedirles un esfuerzo para dejar algunas palabras de apoyo al fic. REVIEWS no cuestan nada y se agradecen siempre.
Muchas Gracias a todos.
Nos leemos.^^
