Cap. 5 . Contratos y otros inconvenientes similares.
Narcisa y Andrómeda se sorprendieron muchísimo cuando les vieron aparecer de la mano en el comedor la noche de la llegada de esta última, pero ambas estaban encantadas con los progresos de la relación entre ambos muchachos. La tirantez y los recelos habían desaparecido por completo, borrados por la confianza que se había instalado repentinamente entre ellos. La conversación se prolongo esa noche hasta altas horas de la madrugada, primero todos juntos en un saloncito, más tarde, los dos a solas en el dormitorio de Draco, tras depositar a un dormido Teddy en su cama, en un cuarto comunicado con el de su abuela.
Habían hablado de todo y de nada esa noche, evitando temas relacionados con su futuro matrimonio, e intercambiado opiniones y risas con fluidez. En un momento dado, Draco hizo un comentario sobre los nacidos de muggles, y Harry se tensó visiblemente, poniéndose repentinamente serio.
Yo podría ser catalogado casi como tal, Draco. A efectos prácticos, me educaron totalmente como a un muggle.
El rubio bajó los ojos y se quedó callado un momento. Se mordió nerviosamente el labio y murmuró:
Lo siento, no quería ofenderte.
El moreno permaneció en silencio y Draco suspiró apesadumbrado:
Odio meter la pata contigo, de veras, pero creí que lo entenderías…
Alzó los ojos de nuevo, buscando los de Harry y balbució:
¿No te sentías perdido, aturdido, cuando llegaste a Hogwarts? ¿No había demasiadas cosas que los demás daban por supuesto y que tú desconocías?
Vacilando, el moreno asintió lentamente, sin ver todavía el punto en su razonamiento. El rubio sonrió tímidamente y musitó:
¿Y no hubieras preferido saber todas esas cosas?
Asintiendo con reticencia y alzando una ceja con sorpresa, el moreno le miró con curiosidad y el Slytherin reiteró su opinión:
¿Entonces, que hay de malo en propugnar una educación distinta para los hijos de muggles?
Antes de que el Griffindor pudiera volver a protestar, Draco añadió conciliador:
No quiero decir totalmente separada, tan solo incluir como asignatura obligatoria para ellos algo similar a Estudios Muggles, tal vez podría llamarse Cultura y Tradiciones del Mundo Mágico, no?
Cuando el moreno permaneció en silencio, el Slytherin añadió rápidamente:
Y los Estudios Muggles deberían reformarse, tener mayor seriedad y ser obligatorios para los hijos de magos, al menos durante un par de años.
Harry estudió la expresión facial del otro y decidió que Draco no parecía estar burlándose, sino que era totalmente serio en sus afirmaciones. Lentamente, los ojos primero, el Griffindor dejó que su expresión se relajara y por último, torció el gesto en una sonrisa traviesa.
Estoy de acuerdo con eso, Draco. Los Muggles lo llaman adaptación curricular diferenciada. Lo hacen, por ejemplo, con los inmigrantes, hasta que aprenden el idioma. O con los niños con problemas especiales como los ciegos.
El rubio abrió la boca con sorpresa y susurró:
¿Los muggles hacen eso?
Harry asintió y los ojos del rubio chispearon.
¿Ves? Yo no sabía eso. En el mundo mágico si eres…diferente, no puedes acudir a Hogwarts, tan solo estudiar en casa.
Los muggles tienen algunos colegios especiales, pero la mayoría de los niños pueden acudir a los centros ordinarios, con apoyo y tal vez ciertas restricciones. Solo los casos más extremos acuden a centros diferentes. Se llama integración, y si puede hacerse en el mundo muggle, no veo porqué en el nuestro no, Draco.
Se enzarzaron en una discusión sobre los diferentes puntos de vista de magos y muggles sobre la educación de los niños, y se les fueron las horas en ese y otros temas, hasta que Harry comenzó a bostezar. El Slytherin le acompañó hasta su dormitorio, apenas al final del corredor, y se despidieron tímidamente.
Harry suspiró, aburrido. Llevaba varias horas repasando el primer borrador del contrato matrimonial y estaba francamente cansado. Limpio sus gafas, tomó un sorbo de té, y se enfrascó de nuevo en la tediosa lectura, animado tan solo por la idea de que cada vez que el Slytherin le encontraba sumido en semejante tarea, le dedicaba una sonrisa tan radiante que valía la pena semejante esfuerzo.
Agitó la cabeza, confundido por sus propios pensamientos y mordisqueó nerviosamente la pluma que sostenía entre los dedos, lista para hacer notas y correcciones, sin percatarse de que Draco le observaba desde el umbral de la biblioteca. Harry se había instalado de nuevo esa mañana en la luminosa y amplia estancia, deseando al menos sentirse un tanto menos ahogado, ya que podía descansar la vista de rato en rato, mirando el jardín a través de los ventanales.
El primer día, Harry se había encerrado a solas en su cuarto, leyendo los documentos que le diera Andrómeda, pero pronto se dio cuenta de que Draco sentía la necesidad imperiosa de comprobar que no se había marchado o estaba enfadado a cada rato, presentándose con agua, té y bocadillos, o encontrando cualquier otra escusa y acabó por mudarse a la biblioteca, exclamando ante la tercera taza de té con pastas:
Ya vale! ¡Déjame en paz, Draco!
Draco retrocedió, la bandeja temblando en sus manos y, resoplando de frustración, Harry se levantó bruscamente, momento en que el rubio perdió la lucha con sus nervios y comenzó a sollozar, dejando caer la bandeja, que repiqueteo sonoramente sobre el suelo, desparramando su contenido por la alfombra, entre el ruido de porcelana rota. Antes de que el rubio alcanzara la puerta, ya en franca huida, Harry le sujetó por la muñeca y tiró de él, suspirando una vez más y abrazándole.
Draco se debatió, e incluso intentó golpearle débilmente, pero finalmente lloró sobre su hombro, murmurando disculpas incoherentes. Harry le acarició el cabello y susurró con voz cansada:
No quería asustarte.
El orgullo del Slytherin trató de salvar algo de su dignidad, resentida por el súbito momento emocional, y el muchacho se envaró entre los brazos que le sostenían murmurando entre dientes.
No te tengo miedo.
No quise decir eso, Draco. Pero necesito concentrarme si quiero entender todos estos contratos antes de envejecer.
Sin mirarle, pero relajándose de nuevo en sus brazos, el rubio asintió y musitó preocupado:
¿Me consultaras si tienes dudas? Solo quiero ayudar…
Harry le apretó un poco más entre sus brazos, haciéndole consciente de todo su cuerpo y susurró en su oído:
Realmente estoy intentándolo, pero sabes que tengo un genio vivo, y no me ayuda mucho que me interrumpas, solo me pone más nervioso.
Suspiró de nuevo, haciendo estremecerse a Draco, cuya piel se erizó al notar su aliento sobre su cuello, y los ojos del rubio se cerraron con un dulce y casi inaudible gemido.
Me sentaré a leer en otro sitio, vale? Donde puedas sentarte cerca, pero sin interferir. ¿Mejor así?
Draco asintió imperceptiblemente y sus manos acariciaron fantasmalmente los costados del Griffindor, mientras murmuraba:
Realmente soy muy afortunado Harry.
El Griffindor le besó el cabello, sorprendiéndole con el gesto de afecto, y deshizo el abrazo, sonriente.
Vamos, ayúdame con todo esto Draco.
El rubio había asentido sin dudarlo, y su sonrisa se había ensanchado al ver el brillo de los ojos de esmeralda, de nuevo alegres y felices. Desde ese momento, Harry plantó su zona de trabajo en un rincón de la biblioteca familiar, y leyó legajos y legajos de tediosos documentos legales.
Los listados de bienes y títulos familiares de ambos, sus posesiones personales, todo quedaba detallado y pormenorizado, al ser los únicos herederos de sus apellidos. Y se señalaba que posesiones se aportaban para disfrute común del matrimonio. Harry descubrió que el título de Sirius y la casa señorial de los Black en Grimauld Place eran posesiones personales, ya que Sirius no tenía relación de sangre con él.
Después de mucho meditar, el muchacho decidió que quería hacer con ambas cosas y reunió a los Malfoy y a Andrómeda, a media mañana. Las dos hermanas le miraban con cierta expectación y Draco no sabía muy bien a qué atenerse tampoco.
Quiero hacerle un regalo personal a Teddy, y deseo vuestra conformidad.
Narcisa alzó imperceptiblemente las cejas, sin demostrar de otra manera su sorpresa, aunque su hermana y su hijo fueron mucho más expresivos. Andrómeda sonrío y Draco exclamó:
¿Y porque no habríamos de estar conformes? Eres libre de hacer lo que quieras con tus posesiones personales, por supuesto.
Asintiendo, el moreno giró directamente sus ojos hacia los de Draco y murmuró:
Me gustaría cederle a Teddy el título de los Black y la casa de Grimauld Place. En realidad, toda la herencia de Sirius, menos sus objetos personales y la moto. Ya sé que Draco es el heredero de sangre más cercano, pero…
¿De veras quieres regalarle el título a Teddy?
Preguntó con el asombro pintado en el rostro Andrómeda. Asintiendo, el Griffindor aguardó la reacción de los otros, que no se hizo esperar.
¿Aunque eso signifique que tenga que cambiar su apellido?
Añadió Narcisa, mirando a su hijo de reojo, estudiando su gesto. El moreno afirmó de nuevo y musitó contemplando a Draco.
¿Qué opinas?
Me parece perfecto!. Una estupenda idea para no dejar morir el apellido de una casa tan antigua. Al ser miembro de la familia, automáticamente, pasarán a formar parte de nuevo de su patrimonio familiar.
El entusiasmo del rubio recompensó el mal rato que Harry había pasado, y sonrió con agrado, susurrando:
¿Andrómeda, por favor, puedes pedirle al abogado que prepare los papeles de inmediato?
Las dos brujas abandonaron la sala, conversando entre ellas y Draco se levantó y plantó un leve beso en la mejilla del Griffindor, haciéndole sonrojarse, antes de marcharse a su vez.
Harry volvió al trabajo, retorciendo la pluma entre los dedos de nuevo, recolocándose las gafas, quería tener firmado el contrato antes de marcharse de viaje con Draco y su familia si era posible.
Ya habían acordado los importes económicos que cada uno aportaba como fondos al matrimonio, y que la residencia habitual de ambos sería Malfoy Manor, ya que la casa ancestral de sus abuelos, Potter Manor, además de ser más pequeña y llevar mucho tiempo deshabitada, necesitaba reformas a medio plazo. Además, al encontrarse en una de las zonas más agrestes de norte de Escocia, rodeada de montañas, el clima era mucho más duro en invierno, aunque también acordaron arreglarla para usarla como segunda residencia en verano.
Los patrimonios familiares se fusionarían con su boda, aunque Draco había insistido en que Harry conservara el de los Potter por separado, pero el moreno adujo que era una tontería, ya que ambos recaerían sobre sus futuros hijos de todas maneras y finalmente el Slytherin accedió.
Detalles y más detalles habían sido perfilados en los últimos días, y ya prácticamente solo quedaban las dichosas clausulas de alcoba, algo que aunque era mayormente privado, había de ser firmado y añadido como un anexo sellado al contrato, aunque ciertas partes, si se incluían en la redacción del mismo, como que ambos deseaban tener hijos y que el apellido de los niños sería compuesto y el orden de fusión de los mismos.
Harry había trabajado sobre una copia de las clausulas que Draco le diera la primera noche, y puesto que el rubio prometía fidelidad completa, decidió que lo justo era comprometerse a lo mismo. Compartir habitaciones no era un problema, puesto que podían tener dormitorios o camas separadas, a su elección. Respecto al sexo, y pese a que ahora estaba seguro de que sentía una fuerte atracción por él, su educación aun suponía un lastre para él y Harry no estaba seguro de poder llegar a complacer al rubio, aunque eso les condenase a ambos de por vida. Sin embargo, tampoco quería arrepentirse luego por lo que decidió que sus propias restricciones serían mucho más simples que las de Draco. Y resumió sus inseguridades en un par de frases:
"No sé si alguna vez estaré listo para esto. Tendrás que preguntarme siempre primero. Aunque todo lo que yo te haga, tienes mi permiso para hacerlo conmigo"
Draco entró y se sentó junto al moreno, sin romper su concentración, leyendo en silencio las enmiendas de este y vio que había eliminado la opción de que Draco se transformase en otra persona para él, y su propio comentario al respecto. Tomó la pluma y añadió bajo la enmienda de Harry su firma y tendió la misma al moreno. Los ojos verdes le miraron en silencio y el Griffindor firmó calladamente.
Esta hecho?
Preguntó el moreno con timidez.
Terminado Harry.
Asintió el Slytherin sonriendo suavemente y acariciando su mano.
Solo nos falta fijar la fecha definitiva y decidir cómo tener a nuestros hijos.
Añadió mirándole con cariño.
¿Quieres que encontremos una madre subrogada o…
El moreno denegó y murmuró con decisión, mirándole a los ojos:
Quiero hacerlo personalmente, Draco. Sentir crecer un bebé dentro de ti debe ser fascinante.
No dirás eso cuando no puedas caminar o empieces a vomitar, Harry. El embarazo masculino es muy estresante…
Remarcó con suave ironía el Slytherin, aunque sus ojos brillaron con súbita emoción y sus labios sonrientes desmintieron sus palabras.
Terco, el Griffindor denegó apretando los puños y sus ojos relucieron de decisión detrás de sus eternas gafas. Suspirando el rubio le acarició el rostro y susurró acercando sus labios hasta que estuvieron a punto de besarse:
Está bien. Pero esperemos que no nos quedemos los dos preñados al mismo tiempo, sería un desastre.
Harry respingó levemente y sus labios se entreabrieron de sorpresa, dándole a Draco la excusa perfecta para un suave primer beso, que hizo temblar al moreno, incapaz de romper el leve roce, aunque su prometido no le estaba sujetando. Le hizo falta toda su fuerza de voluntad para separar sus labios de los de Draco, y ambos se miraron, totalmente sonrojados, los ojos dilatados y la respiración alterada.
Os estabais besando?
Preguntó la risueña vocecita de Teddy desde la puerta de la biblioteca, y los dos jóvenes se volvieron hacia él. Recobrándose, el Griffindor sonrió ampliamente y murmuró:
¿A ti que te parece? Después de todo, eso es lo que hace la gente que se quiere, no?
EL Slytherin se giró hacia su prometido, los ojos de plata chispeantes de inmensa alegría, la sonrisa plantada en su rostro aun sonrojado ensanchándose hasta lo increíble.
¿Me quieres Harry?
Susurró Draco casi sin creérselo, aunque lleno de esperanza al mismo tiempo. Asintiendo suavemente, el moreno se inclinó hacia Draco y le besó levemente de nuevo, mientras Teddy emitía un breve sonido de disgusto que le hizo detenerse.
Teddy! ¿Acaso Andrómeda no te ha enseñado a ser más discreto? Por favor…
Mitad reprimenda, mitad súplica, sus palabras solo hicieron que el niño se burlara de ellos, sacándoles la lengua.
Es que, es raro…ver qué hacéis eso…juntos.
Harry se tensó ligeramente, sus propios recelos volviendo a resurgir, pero Draco interrumpió cualquier respuesta del moreno con su propia intervención.
¿Has visto la galería de retratos del salón de música?
El chiquillo asintió y el rubio prosiguió, atento a la reacción de su amado, mientras el crio se aproximaba a ellos y Draco le cogió en brazos, alzándole hacia un lienzo de pared lleno de cuadros.
¿Ves aquí alguno de esos retratos?
El niño asintió y sus ojos expresaron curiosidad. Draco rozó suavemente el marco de un cuadro donde se veían a un joven rubio de complexión atlética, sentado en un sillón, con un gran cojín a sus pies, donde reposaba un gran perro dogo de pelaje muy llamativo, arlequinado, y preciosos ojos verdes, algo más oscuros que los de Harry, al que acariciaba con suavidad.
Hola tatarabuelo Damien. Hola Alexander.
El perro se desperezó, enseñando una blanca dentadura y se convirtió en un elegante varón, de pelo negro adornado por un gran de mechón blanco plateado sobre la frente, y que miró con adoración a su compañero antes de sonreír e inclinar la cabeza hacia sus visitantes.
Este es Teddy, hijo de mi prima Nimphadora, y ahijado de mi prometido, Lord Harry Potter. Le resulta extraño que nos besemos, y he pensado que podríais ilustrarle al respecto?
El joven del mechón canoso sonrió suavemente y asintió, aferrando la mano de su acompañante.
A pesar de que Damien Malfoy se casó formalmente con su prima Lucilla Malfoy, no estaba enamorado de ella, sino de mí, Alexander Potter. Lucilla lo comprendió y el matrimonio no era más que una formalidad para ambos y los tres convivíamos en armonía.
El amor a veces une a gente inesperada, jovencito. Alex y yo nos pelábamos continuamente en la escuela, pero cuando cumplimos los 16 años, todo cambió de repente. La sangre veela que corre por las venas de la familia Malfoy se manifestó y ambos empezamos a sentir una fuerte atracción el uno por el otro. Vivir separados nos hacia desdichados a ambos, así que las familias consintieron nuestro amor, pero nos obligaron a ocultarlo públicamente casándome con mi prima. Nuestro regalo para Lucy fue darle su nombre a uno de nuestros hijos, Lucinda Malfoy.
Añadió Damien Malfoy. Teddy meditó las palabras de ambos, mientras Harry se aproximaba a su prometido y al esplendido retrato de sus antepasados. Los ojos de ambos Potter se encontraron y con un asentimiento, el retrato murmuró.
Encantado de conocerte Harry.
Imagina que amases a alguien, y te obligaran a alejarte de esa persona, solo porque los demás no comparten o entienden tu amor. ¿No sería horrible?
Teddy asintió, tremendamente serio de repente ante las palabras de Draco. Eso si podía entenderlo. Ginny y otros adultos le trataban así a veces, rechazándole por algo que escapaba a su control. El lobo en él gruñó ante la idea de que alguien pudiese alejarle de su futuro amor y el pelo del chiquillo se oscureció por un instante. Agachó la mirada y murmuró, mirando avergonzado al Griffindor:
Lo siento padrino. No quería entrometerme. Ahora lo entiendo.
Harry le tomó de entre los brazos de Draco y le alzó hacia el techo, haciéndole volar y el niño rió suavemente al ser abrazado de nuevo.
Parece que la historia se repite, no?
Murmuró el moreno, observando el retrato con curiosidad. Los dos jóvenes sonrieron y se tomaron de las manos y Damien le contestó con sus intensos ojos azules fijos en los del prometido de su descendiente:
Vosotros sois mucho más afortunados. Draco ha sido lo suficientemente valiente como para luchar por ti y dejar a un lado las apariencias, ya que el amor es la mayor riqueza de todas.
Harry sonrió levemente y buscó la mirada de plata de Draco, que estaba a su lado, y pese a que aun tenía a su ahijado en brazos, el moreno se inclinó para besar dulcemente los labios de rosa de su amado. Teddy les abrazó a ambos y todos rieron cuando Harry dejó al bullicioso chiquillo en el suelo y murmuró:
Vamos Teddy, ve a buscar a Andromeda y Narcisa puedes decirles que nos has visto besarnos.
Meditó un momento y añadió con aire travieso:
Mejor aún, diles que también estábamos hablando de tener bebés.
Los ojos violetas de Teddy se dilataron de sorpresa y exclamó encantado ante la perspectiva:
¿Bebés? ¿Y podré jugar con ellos?
Ambos jóvenes asintieron y Teddy saltó sobre sus pies, brincando de gozo, su pelo chispeando en un brillante color turquesa, mientras aceleraba para salir de la biblioteca, rebotando por los pulidos suelos de mármol, arrancando ecos en los corredores con su risa alegre y cantarina.
Y tú, prometido mío…
Murmuró Harry, poniéndose las manos en jarras y sonriendo de nuevo,
Vas a explicarme ahora mismo como has pensado que vamos a hacerlo.
El moreno cogió la mano de Draco y tiró de él, riendo, arrastrándole por las escaleras y corredores, hasta alcanzar el santuario de su dormitorio, y se sentó con ojos brillantes en su diván frente a la chimenea, arrojando al suelo sus zapatos con un gesto descuidado que hizo tragar saliva al Slytherin, que de repente se encontró muy acalorado.
Cap. 6 . Vacaciones… y planificación familiar
Draco, por supuesto, quería usar una poción, y Harry, - solo por llevar la contraria, pensó Draco - sugirió un hechizo. Sin embargo, pronto llegaron a un consenso. Ambas cosas eran plenamente compatibles, pero la poción requería más tiempo para causar efecto, varios meses como mínimo, tal vez un año o dos, aunque era mucho más suave para ellos, permitiendo que su magia fuese acumulando la energía y el poder que necesitarían para afrontar el estrés de la preñez. Por otro lado, el hechizo forzaba su cuerpo a un embarazo casi inmediato, estuviesen o no preparados para él pero podía acabar con mayor facilidad en un aborto inesperado si no eran muy cuidadosos.
Draco no tenía prisa alguna al parecer, la poción dejaría que sus cuerpos se preparasen, y si pasado un año y medio ninguno de los dos había resultado embarazado, accedió a usar el hechizo con Harry, ya que era el más fuerte físicamente hablando de los dos.
En ambos casos, todo lo que se requería era una estrecha convivencia y cierto grado de contacto físico – de ahí la cláusula de besos y abrazos del rubio – y aparentemente, Harry no tenía problema alguno con ese aspecto de su incipiente relación. La poción era laboriosa y difícil de elaborar, algunos de los ingredientes, tremendamente caros y raros, pero Draco era un genio en el laboratorio y le aseguró que podía tenerla lista cuando él quisiera, a falta de añadir los ingredientes finales, una gota de la sangre de cada uno, justo antes de tomarla.
Harry se empeñó en participar en la elaboración, ya que según todos los libros que Draco y el consultaron, el que los interesados ejecutaran personalmente la poción facilitaba mucho el proceso al parecer, aunque no era totalmente imprescindible.
Con reticencias, Draco abrió su santuario particular al moreno, su laboratorio de pociones personal, y trabajaron codo con codo durante un par de días en otros proyectos, antes de que el Slytherin diese su aprobación al trabajo de Harry.
¿Quién eres y que has hecho con Potter?
Pregunto con evidente asombro en la voz el rubio, observando el color nacarado y el tenue vapor aromático que se desprendía en rizadas espirales del caldero de Amortentia que el Griffindor acababa de apagar y que reposaba sobre la mesa, alzando una de sus cejas. El ambiente olía para él al suave perfume herbal de los productos de higiene mágicos que Draco usaba desde siempre - y a los que el moreno se había aficionado enormemente desde que llegara a la mansión - a su marca favorita de cera para escoba y al suave olor personal Harry, por lo que Draco no tuvo duda alguna de que la poción era…perfecta.
Con una risita ahogada y un guiño pícaro de sus ojos verdes, el moreno se puso en jarras y murmuró con ironía:
Si me dejan, realmente puedo seguir unas sencillas instrucciones Draco.
El Slytherin se sonrojó, intensamente avergonzado. El había saboteado más de un caldero del que ahora era su prometido y un tenso tirón en su pecho le hizo exhalar un gemido. El vínculo se resentía enormemente cuando discutían o se enojaban y el rubio era especialmente sensible a estos efectos, incluso ahora que estaban comprometidos y las cosas marchaban bien entre ellos. Bajó los ojos y musitó con pesadumbre.
Lo siento tanto…
El Griffindor rodeó la mesa y le abrazó suavemente - ambos habían aprendido en los días pasados que la mejor manera de restablecer la magia si se alteraba, era el contacto físico – y Draco dejó caer su cabeza en el hombro del moreno, suspirando levemente al relajarse de nuevo, colocando sus propias manos en la cintura de su prometido.
Me porté como un autentico…
¿Capullo engreído y pagado de sí mismo, un completo snob?
Interrumpió Harry con voz neutra, haciendo tensarse de nuevo entre sus brazos al rubio. Este suspiró levemente y musitó, abatido y derrotado, tras un ligero estremecimiento, sin separarse de él
Si…
El Griffindor le apretó levemente contra su pecho y la tensión pareció disiparse, aunque no el dolor, que flotó entre ambos como un mal presagio. Durante un rato simplemente permanecieron así, abrazados, mientras el caldero humeaba sobre la mesa. Con un susurro ronco el moreno olisqueó el cabello de Draco y el rubio sintió sus labios moverse ligeramente sobre él, casi besándole.
¿Recuerdas cuando Slughorn enseñó en la clase aquellas pociones? Y como Hermione comenzó a hablar sobre a qué le olía a ella el caldero de Amortentia?. A mí me recordaba el aroma de la tarta horneándose y algo floral que creía haber olido en casa de Ron….
Harry se interrumpió y suspiró suavemente, erizando el vello de la nuca del rubio y añadió susurrando en su oído:
Pero ahora… huele a la piel de un niño recién bañado, al bizcocho casero de Molly y sobre todo, a ti, Draco.
Draco se estremeció de nuevo y el moreno le hizo mirarle a los ojos con suavidad, acariciándole la barbilla:
Ignorante, receloso y cobarde, demasiado ciego para aceptar tu amistad, eso es lo que yo fui para ti entonces y también lo siento Draco. ¿Podemos dejar ese pasado atrás, para siempre?
Una lágrima asomó en los ojos de plata del Slytherin y rodó en silencio por su pálida mejilla, mientras los ojos de esmeralda le contemplaban serenos. El moreno se inclinó y besó sutilmente la huella del dolor, notando el sabor salado del llanto en sus firmes labios y sin vacilación, los unió a los de Draco, arrancándole un gemido ahogado.
Oh Harry!
Draco desahogó su frustración besando furiosamente al moreno, volcando su pasión en el beso hasta que sus pulmones protestaron y rompió el beso, aunque no el abrazo. Le miró con amor y deseo, y murmuró, acariciándole el pelo:
Aun estoy tan asustado, y a veces pienso que vas a dejarme, o que no eres feliz y de repente….
Ladeó la cabeza, devorándole con ojos brillantes, las manos enredadas en sus cabellos de azabache.
Haces algo como esto, y me dejas…temblando, literalmente sin aliento entre tus manos.
Harry torció la sonrisa con gracia, y le apretó duramente contra él, dejándole notar su incipiente excitación.
Me parece que puedo hacerlo aun mejor… con práctica, mucha practica…
Draco le besó de nuevo, hasta que las cosas comenzaron a írseles de las manos, y tuvieron que parar, aunque ninguno parecía recordar cómo había empezado todo aquello. Al día siguiente, comenzaron la elaboración de la poción, ya que el Griffindor se negó a posponerlo, y retrasaron un par de días su salida, dando tiempo a que Andromeda hiciese una visita a su casa para preparar el equipaje, ya que era deseo de Harry que les acompañasen.
Las vacaciones les llevaron a Francia, tras numerosas lechuzas intercambiadas con Hermione, asegurando que se encontraba feliz y contento. El viaje fue tranquilo, en un hermoso tren, muy similar al Expreso de Hogwarts, aunque con vagones-cama, ya que el recorrido era bastante largo. La familia tenía un vagón exclusivo para ellos, preparado y amueblado como una pequeña sala de estar, además de otro para dormir. Desde luego, los Malfoy sabían viajar, pensó Harry, cuando se sentaron en el vagón restaurante para la cena, atendidos por elfos.
La playa en Francia fue toda una novedad para Harry, que nunca había tenido unas vacaciones similares y disfrutó enormemente del suave sol, de las olas y los paseos a caballo por la orilla. Su pequeño diablillo de ojos violetas les llenaba de arena, o les rociaba con cubos de agua hasta hacerles salir a perseguirles. Su trozo de playa tenía un ligero hechizo repelente de muggles, así que gozaban de ella casi en privado y sin preocupaciones.
Cenaron en algunos restaurantes muy elegantes y pasearon por las calles de la pequeña villa muggle próxima, y la noche del 30 al 31 de julio, casi una semana después de su llegada, Harry sugirió ver algo más la vida nocturna del lugar, casi suplicando al rubio, que acabó accediendo con una sonrisa.
Las terrazas al aire libre, la música flotando sobre la brisa nocturna y las luces de los barcos en el puerto eran preciosas y aun destacaban más bajo la luz de la luna llena. Entraron en una especie de discoteca al aire libre, en un rincón del puerto y tomaron una copa, observando el ambiente y a los diversos grupos que bailaban, muchos de ellos bastante acaramelados. Sin embargo, ninguna pareja gay estaba a la vista y Harry supuso que habría otros locales donde los dos podrían bailar juntos sin llamar demasiado la atención.
Cuando Draco fue a por más bebidas, un grupo de chicas se aproximó al moreno y entablaron conversación con él. Cuando el Slytherin regresó, encontró a su prometido rodeado de tres mujeres jóvenes y atractivas, todas muy interesadas en él. Frunciendo el ceño, se aproximó y los ojos verdes suplicaron en silencio, sin palabras y Draco se mordió la lengua momentáneamente.
Aquí estas!
Exclamó el moreno cogiendo la coca-cola que Draco sostenía entre las manos. Se giró hacia las muchachas y de nuevo hacia el rubio, sonrojándose levemente.
Chicas, este es Draco, mi…primo. No sé si le apetecerá bailar un rato…todos juntos.
Draco sonrió, más calmado y tomó un sorbo de su tónica.
Claro Harry, dadme unos minutos y podemos bailar un rato.
La música y las luces eran animadas y las chicas simpáticas y bailaban bien, pero tras unas cuantas canciones, los dos decidieron que una retirada táctica era lo mejor y se despidieron antes de que alguna de las chicas se insinuase más en serio con alguno de ellos.
Pasearon tranquilamente de regreso a la mansión, caminando descalzos los zapatos en el hombro y cogidos de las manos, por la arena mojada de la playa; y que ahora, estaba siendo ocupada por jóvenes parejas para otros menesteres, topándose con más de una retozando en la arena, e incluso algunos otros, bañándose desnudos. Cuando ya estaban a la vista de la villa, muy cerca en la zona de playa que habitualmente ocupaban, Harry exclamó:
¡Bañémonos Draco! ¡Vamos, atrévete!
Apretó el paso, acercándoles más a la playa protegida por el hechizo, mientras el rubio murmuraba una protesta entre dientes.
Por favor?
Draco claudicó ante el ruego y la mirada entre ansiosa y expectante de su prometido y sonrió suavemente, desabotonándose la camisa. La risa de Harry llenó la noche cálida y pronto los dos se bañaban bajo la luz de la luna, tras dejar sus ropas y varitas en un montón, custodiadas por un hechizo.
Finalmente, tras un largo baño especialmente movido, lleno de juegos, empujones y bromas, tiritando y castañeteando los dientes a causa del frio, salieron del agua y se tumbaron sobre un pañuelo del moreno, agrandado y transformado en una amplia sábana. Se cubrieron con resto sobrante de tela, abrazados el uno al otro para darse calor y Draco susurró en el oído del moreno con voz ronca, amoldándose aun mas a su musculosa y tersa espalda:
Ha sido…divertido.
El Griffindor ladeó la cara para besar sus labios, y Draco saboreó la sal del mar en ellos, mezclada al dulce sabor de Harry, que suspiró bajo su contacto, gruñendo de contento, abandonándose a la caricia sin restricciones. El roce de sus cuerpos era increíblemente tentador para el Slytherin y pronto su excitación se hizo demasiado evidente para resultarle cómodo permanecer en la misma posición. Frustrado, se separó levemente, sin querer molestar a su prometido, y el moreno buscó sus ojos, girando hasta quedar sobre su espalda.
¿Ocurre algo?
Preguntó con curiosidad, los ojos brillantes a la luz de la luna. Draco resopló levemente, y le besó la punta de la nariz en un gesto cariñoso y denegó.
Nada, solo que necesito…un poco de espacio.
Inquieto, el moreno se removió a su lado y tras unos minutos de silencio pregunto en apenas un susurro:
¿Lo echas de menos?
Draco frunció el ceño confundido y le apartó un húmedo mechón de la frente, jugueteando con él entre sus dedos mientras murmuraba:
No sé a qué te refieres exactamente… si quieres decir a mi padre, pues claro que le extraño. ¿A qué viene eso ahora?
Harry se sonrojó y por su aspecto el Slyterin dedujo que la pregunta no iba por ese lado. Aclarándose la voz, aunque el rubio apenas logró entenderle, el Griffindor musitó roncamente:
Me refería…mmh …al sexo.
Las cejas de Draco subieron de repente y su boca se abrió en una muda exclamación de sorpresa. Durante unos instantes evaluó la expresión de su prometido y llegó a dos conclusiones muy impactantes:
Harry hablaba totalmente en serio.
Era tan inocente como un corderito.
Ambas apuntaban hacia una tercera, pero Draco decidió ir paso a paso por aquella carretera y se incorporó, sentándose, mientras Harry le imitaba con aire preocupado.
Lo siento, he sido… indiscreto.
El rubio denegó con vigor y murmuró, reevaluando su lenguaje corporal.
No, no. Parece que hay cosas que he dado por supuestas que hemos de aclarar y mejor antes que después, no?
Pero Harry tan solo se acomodó mejor, expectante y Draco se descolocó totalmente y suspiró.
En primer lugar, el grado de exigencia que se puede demandar en un contrato matrimonial en relación a fidelidad y compromiso depende, además del mutuo acuerdo de los contrayentes, del comportamiento previo de ambos.
El Griffindor alzó una ceja y murmuró con cara de desconcierto:
Pero, ¿eso que tiene que ver?
Con una sonrisa Draco murmuró, tratando de ignorar el cuerpo desnudo que se perfilaba en la penumbra ante él.
Déjame terminar de explicarlo a mi manera, lo entenderás ahora.
Los ojos verdes relucieron y el moreno se calló, paciente y atento.
Nunca pensé que mi destino fuera otro que un matrimonio concertado y obligado, así que, en aras a tener libertad después, debía…abstenerme antes.
El Griffindor parpadeó confuso por un momento antes de que el sentido pleno de las palabras de Draco se hicieran patentes para él y su rostro se cubrió de asombro y sonrojo.
¿Quieres decir que…?
El rubio asintió y murmuró:
Deseaba tanto ser libre, no tener que tocar nunca a nadie, ser solo para ti…
Harry le cogió de las manos y murmuró acongojado, recitando:
"No quiero que pienses que rompo mis votos por ti, ya que nunca podré entregar a nadie lo que es tuyo" Oh, Draco!, nunca entendí esto del todo, no pensé que fuera…literal.
Con un gesto de afecto, apretándole las manos el rubio murmuró:
Es mi elección, Harry y puedo vivir con ella. Aunque nunca…esto es mucho más de lo que nunca hubiera soñado.
Haciendo una pequeña pausa y con tono muy cariñoso, añadió:
¿Puedo hacer yo…una pregunta?
Harry respiró hondo, cerrando los ojos por un instante, apretando las manos de Draco, sintiendo que el mundo giraba a su alrededor, en un vertiginoso movimiento repentino, hasta que la calma regresó de nuevo, a través del calor de Draco en sus manos y susurró.
Aunque por otras razones, estoy casi en la misma situación.
Suspiró y abriendo los ojos añadió con aire inquieto:
Me temo que Ginny nunca entendió mis reticencias, pero me resultaba de todo punto imposible hacerlo…era como si…me ahogase en cuanto intentaba algo más que besos o algunas caricias, y acabó resignándose a esperar.
Harry se calló durante largo rato y Draco respetó su silencio, dejándole tranquilo, tan solo sujetando su mano que el joven acariciaba inconscientemente mientras miraba las olas con aire meditabundo. Los motivos de Harry podían haber sido aparentemente otros, pero para Draco era muy significativo el que pese a las presiones, el Griffindor no hubiese podido dar ese paso con su novia y sus ojos destellaron. La atracción del moreno hacia él corría más honda y profunda de lo que nunca hubiera pensado, por muy reprimida y enterrada que la hubiera mantenido en el pasado. La mandíbula del moreno se tensó cuando el joven tomó una decisión y se giró hacia Draco, buscando sus ojos grises, que brillaban como estrellas bajo la luz nocturna, el rostro algo angustiado.
Tengo que hacer algo, ahora mismo Draco, por favor.
Denegando, aunque la tentación era grande, el rubio musitó con limpieza y sinceridad
Harry… no quiero que hagamos esto así, puedo esperar…de veras.
Frunciendo el ceño el moreno denegó y se llevó una mano al pecho, murmurando:
Yo no puedo más, me duele por dentro, me quema, y ahora es aun peor…aun peor Draco, quiero que pare, por favor.
Los ojos de Draco se dilataron, asustados y confusos y el rubio exclamó:
Pero, ¿De qué hablas?
La angustia cubrió las facciones del moreno y su voz se hizo apresurada e impaciente.
La poción, quiero tomarla ya, ahora mismo! No preguntes como lo sé pero sé que tengo que hacerlo.
Draco vaciló, se suponía que debían tomarla una vez casados, aunque realmente tampoco era imprescindible, sino más bien una costumbre. Ya en franca súplica, los ojos de esmeralda llenos de lágrimas, el moreno rogó, dejando que la desesperación pusiese su nota en su voz:
Por favor, considéralo mi regalo de cumpleaños… necesito calmar este dolor, por favor…
Con cierta cautela el rubio preguntó, temeroso:
¿Es… el vínculo?
El moreno vació y se mordió el labio, dudando, los ojos perdidos de nuevo en el mar.
Si, y no, Draco…hay algo más, no lo sé… solo sé que tengo que hacer algo…
Aun indeciso, el rubio susurró con prudencia:
Se supone que debemos estar casados antes, tal vez podamos apresurar la boda…, dentro de un par de meses tal vez.
Harry le cogió bruscamente por ambas muñecas y se sentó de rodillas frente a su prometido, enlazándole por las manos y exclamó en voz baja y contenida:
No! Ahora mismo Draco.
Puso la mano del rubio sobre su corazón y murmuró:
¿No lo sientes?
La magia del muchacho envió una aguda llamada de angustia y dolor a través del vínculo que compartían y Draco respingó al sentir la quemazón del dolor en su propio pecho. Se enojó y preguntó:
¿Pero…como? ¿Cómo no lo he notado antes?
Bajando los ojos, el moreno musitó desesperado y avergonzado
He estado… ocultándolo desde hace días, pero ya no puedo más, por favor, por favor…
Draco suspiró y musitó:
Debiste decírmelo, hubiéramos buscado el remedio. No es la deuda, está casi estable ahora, es algo casi físico…
Con ojos llenos de lágrimas el moreno murmuró:
Draco Lucius Malfoy, me entrego a ti, en cuerpo y alma.
Inmediatamente, el dolor disminuyó y Draco alzó las cejas sorprendido:
Este es el remedio Draco. Cuando pienso o susurró eso, el dolor desaparecía, pero ya no.
Con decisión, Draco murmuró, dejando que sus instintos hablasen por él:
Harry James Potter, me entrego a ti, en cuerpo y alma.
Harry volvió a repetir:
Draco Lucius Malfoy, soy tuyo, en cuerpo y alma.
Harry James Potter, soy tuyo, en cuerpo y alma.
El dolor cesó casi totalmente y un halo dorado rodeo sus manos, extendiéndose a todo sus cuerpos, para desparecer en pocos instantes, dejándoles calmados. Harry susurró jadeando ligeramente:
Déjame tomar la poción, Draco. No podemos tener mayor compromiso que este.
Draco asintió finalmente y tomando su varita, convocó el frasco, que llegó zumbando desde su habitación en pocos minutos. Harry hizo aparecer una copa y vertieron la poción en ella. Con un gesto, se hicieron dos diminutos cortes y derramaron unas gotas de su sangre en la copa. El color de la poción pasó del blanco nacarado al dorado y ambos bebieron hasta apurarla.
Casi sin darse cuenta, mirándose a los ojos, ambos se abrazaron, desnudos como estaban, y se durmieron enroscados el uno en el otro, en la oscuridad de la playa, cubiertos tan solo por la delgada sábana.
La escapada nocturna y el despertar en la playa tuvieron consecuencias imprevistas, ya que cuando los chicos no aparecieron para desayunar, los elfos informaron a las damas de que los jóvenes descansaban en la playa. Ya había luz como para que hubieran despertado, y Narcisa y Andrómeda recorrieron los metros que les separaban de los muchachos por la arena. Durante el sueño, ambos habían permanecido abrazados, y cuando las hermanas les vieron, apenas cubiertos, dieron por supuesto que habían bebido demasiado y acabado, bueno… consumando su relación.
Draco!!!
El rubio despertó sobresaltado, encontrando a su madre y a su tía observándole, y de repente, recordó donde, como y con quien estaba y el rubor cubrió su rostro.
¿No teníais una cama donde hacer esto?!
Draco se calló, era inútil intentar explicarle lo ocurrido a su madre. Su previsible enfado por haberle arruinado la futura boda no eran algo que desease afrontar, y sin embargo, si podía aceptar que le torturase por su aparente falta de control. Sin conceder ni negar, autentico Slytherin, murmuró parpadeando:
¿Podrías bajar la voz madre?
Se giró hacia el moreno e ignorando a las mujeres, le susurró en el oído:
Harry, amor mío, tenemos compañía.
El moreno murmuró algo entre sueños que sonó muy parecido a "Una vez más" y el rubor del rubio alcanzó límites insospechados, incendiando su cara, cuando el Griffindor se deslizó contra él, evidentemente soñando.
Que tenemos compañía, Harry…
El tono de voz y el ligero codazo espabilaron al moreno que encontró los ojos grises y musitó, parpadeando:
Ouch! ¿Es esa manera de desearme feliz cumpleaños?
Sus ojos enfocaron algo más aparte del cabello de Draco y buscó sus gafas, guardadas en el bulto de sus ropas, inconscientemente, hasta que Draco se las colocó sobre la nariz. El rubor le cubrió ante la mirada atónita de Narcisa y Andrómeda, y tiró de la sabana para cubrirse, provocando otro tirón por parte de Draco.
Hey! Que también estoy aquí!
Con un gesto, sus ropas les cubrieron, y trastabillando, el moreno se puso en pie, ayudando a Draco, que recolocó de nuevo las gafas que amenazaban caer al suelo, mientras los dos huían hacia la casa, seguidos de las mujeres que reían a carcajadas.
El regalo de Draco para Harry era un tanto raro, pero el joven tuvo que admitir que era ciertamente algo que nunca hubiera hecho por sí mismo. Esa mañana, un doctor de mediana edad, al parecer una eminencia medica en su campo, les visitó a domicilio y se encargó de corregir la vista de Harry permanentemente.
Una revisión cada dos o tres años debe bastar, solo por si acaso. El joven Malfoy tiene concertadas sus propias citas también, así que puedo incluirle en las mismas, sin molestia alguna.
Harry sonrió y volvió a besar a su prometido y murmuró, aun parpadeando y libre de sus gafas:
Muchísimas gracias, por esto y por todo…
Aun les quedaba una quincena de vacaciones, y Harry la disfrutó mucho, especialmente de un paseo en barco, pese a las nauseas que le provocó inicialmente, hasta que su estomago se liberó del desayuno. Llegó el momento de regresar, y el largo viaje en tren le dio la oportunidad de arrellanarse en los brazos de Draco sin recato, dormitando tranquilamente al cabo de un rato.
El moreno parecía cansado, pero plenamente feliz, y desde que ambos tomaran la poción para concebir, el dolor y la angustia habían desaparecido por completo. Como su madre y su tía creían que se había acostado juntos, Draco decidió que debían compartir habitaciones, y Harry se instaló en su dormitorio, después de una larga charla sobre el genio de Narcisa.
Sin embargo, Draco dormía cada noche en el diván, y solo acudía a la cama a primera hora, para despertar con un beso al moreno. El joven sonreía e invariablemente, le hacia un sitio junto a él y le abrazaba, mientras se acurrucaban juntos y dormían un rato mas.
Harry había descubierto finalmente el porqué de la obsesión de Draco con sus pies, tras un cierto tira y afloja, la noche de su cumpleaños. Obligado a ocultar sus inclinaciones, el rubio bajaba la mirada en las duchas comunales y como resultado, miraba fijamente los pies de sus compañeros, a veces sin tan siquiera dar una ojeada al resto, y dejaba volar su imaginación.
Draco le había dado el primer masaje de pies justo la noche de su cumpleaños y el resultado había sido, bueno… altamente inesperado. Deslizando los dedos firmes y embadurnados de loción sobre su espalda, el rubio había masajeado lentamente cada musculo a conciencia, relajando sus hombros y continuando con sus muslos y piernas. Vacilando, el Slytherin le había insinuado que deseaba hacer lo mismo en sus pies, y Harry le había arrancado la confesión, a cambio de permitirle continuar.
Saber y ver la evidente excitación del rubio no fue precisamente un calmante para Harry, y acabó dejándose llevar totalmente por las emociones de su prometido. El masaje en sí era muy placentero y gimiendo ahogadamente, Harry se aferró a las almohadas, entrecerrando los ojos, ligeramente sofocado, mientras Draco acariciaba sus pies.
Centímetro a centímetro, el rubio fue pulsando cada músculo y tendón, sonrojándose cada vez más, los ojos dilatados, jadeando suavemente mientras convertía a Harry en una masa de nervios a flor de piel. Cuando el rubio, sentado a los pies de la cama y sosteniendo en su regazo, sobre sus muslos cruzados, sus pies torturados tan dulcemente, alzó uno de sus pies hasta sus labios y lamió suavemente su piel, Harry no resistió mas y se arqueó bruscamente, gritando su nombre, mientras su otro pie se presionaba contra la erección de Draco, que se convulsionó y succionó su pulgar, gimiendo entre sollozos.
Ninguno de los dos dijo nada durante un rato, aun recobrándose del brutal orgasmo y se adormilaron sobre las sabanas. Draco se incorporó finalmente y murmuró sonrojado:
Lo siento…
¿Por qué? ¿Acaso no te ha gustado?
Denegando y acariciándole suavemente el cabello, el rubio musitó preocupado:
No sabía que iba a pasar esto, de veras…no pretendía…
Acomodándose mejor en la cama, el moreno sonrió y sus ojos verdes chispearon:
Hey…es gratificante saber que puedo compartir esto contigo, aunque ni yo mismo lo sabía…
Con un guiño pícaro añadió, sacándole la lengua levemente.
Es mejor que… mmh ya sabes…hacerlo a solas…
Draco le tiró una almohada, fingiendo enfado, y se enzarzaron en una pelea amistosa, hasta que acabaron rodando al suelo, con Harry encima de Draco, resollando y riendo. El rubio se marchó al diván como dió su palabra, dándole intimidad y espacio a su amante y prometido, y se dejó abrazar por el sueño, contento y feliz.
El retorno a Malfoy Manor estuvo jalonado de inquietudes sin embargo. El joven acusó el cansancio del largo viaje y acabó mareándose levemente, para desconcierto de todos, obligando al chofer a una parada inesperada. Las vacaciones se habían cobrado finalmente un precio, agotando al muchacho, que desplegó una actividad incansable durante los últimos días, apurando cada jornada hasta el mismo límite de sus fuerzas, para caer rendido en la cama. Tras tomar aire durante un rato, y sofocar las nauseas que aun le atenazaban el estómago, el Griffindor retornó a su asiento y se acurrucó entre los brazos de Draco, temblando de malestar, cubierto de sudor frío.
Apenas llegaron, Draco le subió en brazos a su dormitorio y le instaló en la enorme cama, tras ayudarle a darse una rápida ducha para desprenderse del cansancio del viaje y a ponerse un pijama. Un té sedante le calmó un tanto el estomago y el Griffindor acabó por dormirse, aun inquieto, mientras Draco le acariciaba el pelo una y otra vez.
A la mañana siguiente, bien entrado el día, Harry abrió lentamente los ojos y se desorientó un poco. Apenas recordaba nada de la última parte del viaje y solo cuando reconoció el lugar, fue consciente de que habían retornado finalmente. Bostezó, aun somnoliento y se removió en la cama, buscando sus gafas – la costumbre aun estaba arraigada en su memoria inconsciente - y sonrió al terminar de espabilarse. Un ruido le hizo girarse y vio que Draco se encaminaba hacia la cama, sonriendo y ya vestido.
Buenos días dormilón. ¿Te encuentras mejor?
Se inclinó sobre él, besándole suavemente en los labios y el Griffindor correspondió a la caricia, sujetándole por la nuca y prolongándola con deseo.
Mmh… parece que sí.
Murmuró el rubio, esbozando un guiño travieso y cariñoso. Le tendió una m ano y le ayudó a levantarse, evidentemente aun preocupado, pero Harry parecía estar perfectamente bien y sonrió, murmurando:
¿Es muy tarde para desayunar? Estoy hambriento…
Dentro de un rato vamos a almorzar, pero si quieres, puedo pedir un té…
Asintiendo, el moreno entro al baño y encontró todos sus útiles de aseo ordenados en el baño, ocupando uno de los lavabos. Se dio una ducha rápida, descansado y repuesto tras tantas horas de sueño y envolviéndose en un albornoz, salió de nuevo al dormitorio. Draco murmuró, enrojeciendo:
No sé cómo quieres arreglar las habitaciones, Harry, así que te agradecería me lo indicaras cuanto antes…
El Griffindor meditó un momento, secándose el cabello y preguntó con curiosidad:
¿Dónde está mi ropa?
De momento, la mayoría sigue en tu antiguo dormitorio, aquí solo está tu equipaje y sin desempaquetar todavía. Al final del corredor hay un par de habitaciones adecuadas si quieres que tengamos dormitorios separados. Y si quieres instalarte aquí, puedo hacer traer tu cama.
Draco seguía dándole libertad y el moreno sonrió con dulzura, sintiéndose repentinamente decidido.
Todo depende de ti…
Murmuró con voz suave y ojos chispeantes, acercándose lentamente a su prometido, con aire seductor.
¿Podrás…controlarte teniéndome tan cerca, Draco? ¿Durmiendo en la misma cama?
Con la boca seca, el rubio asintió sin palabras, tragando inconscientemente, y Harry le besó suavemente en los labios, murmurando:
Entonces, me gusta el cuarto tal como está, Draco.
Su prometido le abrazó y le alzó por la cintura, girándole en el aire y haciéndole reír, y Draco murmuró, mordiéndose los labios:
Eres malvado y perverso Harry, pero te adoro.
Y yo a ti. Vamos, que tampoco me importaría mmh… un masaje de pies de vez en cuando…
El aire travieso y juguetón de Harry al susurrar las últimas frases, ladeando coquetamente la cabeza, sofocaron efectivamente al rubio que gimió desesperado:
Harry! Oh, eres…
Un beso cortó la protesta, y Draco acarició el cuerpo húmedo que se le ofrecía, sin atreverse a más, hasta que el estomago del moreno rugió estruendosamente una protesta. Riendo, Harry comenzó a rebuscar su ropa, mientras Draco ordenaba un pequeño refrigerio.
Esa noche, Harry reclamó su masaje, el primero desde su cumpleaños, y por un par de días, se limitaron a reajustarse de nuevo a la rutina de Malfoy Manor. Las insistentes cartas de sus amigos le sacaron de su nueva placidez. Harry había ignorado por semanas la necesidad de decirle a Ron que no iba a ingresar en los Aurores, pero ya no podía posponerlo más. El haber tomado la poción era una limitación muy importante, ya que técnicamente, se le consideraba embarazado desde ese momento, y en ese estado no se podía recibir entrenamiento práctico de Auror.
Sin embargo, tampoco quería quedarse mano sobre mano, pese a que no necesitaba trabajar y que Draco había expresado su deseo de pasar juntos la mayor parte del tiempo posible. Era algo que tenía que discutir primero con su prometido, y finalmente, se arrellanó en el diván, los pies descalzos sobre la suave superficie y miró con intensidad al rubio, que sin palabras acudió a su lado.
Sentándose igualmente descalzo, el rubio sonrió y murmuró, acariciándole suavemente los tobillos:
Vamos, suéltalo ya. Llevas días dándole vueltas a algo…
¿Tan transparente soy?
Murmuró alzando una ceja, pero algo más relajado gracias a la caricia. No habían vuelto a repetir el juego desde su llegada, pero Harry supo que era un gesto de afecto, no una insinuación sexual.
Para mí sí, amor.
Suspirando, ya que pese a todo, sabía que cualquier enfado entre ellos no duraría mucho, musitó con indecisión y cierto tono de queja en la voz:
Quiero seguir estudiando Draco. Me aburriré si no hago algo…
Y no prefieres ocuparte de alguno de los negocios? Esa es suficiente distracción, te lo aseguro.
Denegando, el moreno insistió y apartó un poco los pies, para no dejarse distraer:
Tal vez más adelante. Ya sé que no puedo hacer los cursos de Auror – Draco reprimió un gesto de disgusto – pero he pensado, que tal vez podría estudiar diseño de protecciones mágicas. Durante la reconstrucción en Hogwarts ayudé bastante, y me pareció un tema fascinante. Esta misma mansión tiene uno de los esquemas más complejos que he visto. Las viejas barreras de sangre son tan fuertes!, casi más incluso que las de Hogwarts.
Draco contempló a su prometido y amante mientras comenzaba a describir entusiasmado como las barreras de la mansión estaban imbuidas en las viejas piedras, haciendo que fuesen casi invulnerables, y como se entrelazaban, capas sobre capas, hasta crear un diseño fascinante. Le interrumpió y pregunto con curiosidad:
¿Y dónde has aprendido todo eso?
Frunciendo el ceño, los ojos verdes le miraron desconcertados y Harry murmuró:
En la biblioteca, por supuesto. Hay un completo diseño de las fundaciones y planos del edificio, está todo muy detallado. Y por lo que he visto, actualizado, sin duda hay un hechizo en ellos.
Enrojeciendo levemente, el Griffindor añadió:
Sabes que hay ciertos hechizos que usan los Aurores para revelar las barreras de un lugar, no? Bien, pues yo…tengo un don, Draco, una especial sensibilidad y puedo…verlas y sentirlas tan solo con desearlo.
¿De veras te interesa el tema? ¿Cómo para dedicarte a ello?
Asintiendo el moreno vio una extraña expresión en los ojos de Draco y este sonrió con dulzura.
Uno de los negocios de la familia es una exclusiva empresa de construcción. Solo hacemos trabajos específicos, reformas y decoración sobre todo, por encargo, aunque de vez en cuando hay alguna edificación nueva. Hay un par de personas que estarán encantados de colaborar contigo si quieres aprender. Entre ellas, yo. Mi hobby es el dibujo. Se me da bien la parte artística y decorativa del tema No sería la primera vez que hago el diseño estético de un edificio, o que me encargo de la decoración. Si tú perfilas las protecciones, el estudio se encargará de los cálculos constructivos y demás.
Harry abrió la boca y se quedó mudo de repente, incrédulo. Ante su mutismo el Slytherin murmuró:
Sería perfecto. Un trabajo de prestigio, en un negocio familiar, que nos permite trabajar desde casa casi todo el tiempo, sin horarios y con mucho tiempo libre. Podemos aprender juntos, no necesitamos un titulo para esas cosas, iremos a ver los edificios que nos apetezca, a estudiarlos, pediremos planos, detalles, tengo trabajando a uno de los mejores proyectistas y nosotros seremos aun mejores.
Harry salió de su estupor y murmuró:
¿En serio?
Asintiendo, el rubio añadió, abrazándole:
Si me dejas decírselo a mi madre, la haremos muy feliz, le preocupaba que quisieras empeñarte en hacer algún trabajo para el Ministerio…Podemos empezar con Grimauld Place, y después Potter Manor… si realmente quieres hacerlo.
La decisión fue pues, tomada y rápidamente, Draco contactó con los empleados de la empresa de construcción, informándoles de sus deseos y como predijera, Narcisa y Andrómeda expresaron su alegría por su iniciativa, ya que en suma, suponía ocuparse de un negocio familiar, y al mismo tiempo, hacer algo que ambos deseaban.
