Cap 7. Soltando amarras.

Sin embargo, aun quedaba por discutir con los amigos de Harry este nuevo rumbo, ya que tanto Ron como Hermione parecían pensar que en cuanto pasasen las vacaciones, Harry se distanciaría de Draco, limitándose a regresar a la mansión para vacaciones y fiestas, ingresando en la Academia de Aurores y continuando con su vida como estaba previsto. Tras mucho rogar y exponer pros y contras, Harry se salió con la suya y concertó una visita a La Madriguera, a solas.

Sin embargo, la única manera de convencer a Draco de dejarle ir sin su compañía, fue que le acompañara Beck, el elfo, en calidad de escolta personal. No era tan raro que un mago acudiera acompañado de uno de sus elfos a cualquier lugar, y la presencia de la criatura podía ser explicada fácilmente, ya que Harry llevaría a Teddy y supuestamente, el elfo iba a ser su canguro. Era una solución de compromiso, pero era mejor que nada y Beck se mantendría al margen, dándole su ansiada conversación privada.

A primera hora, tras un desayuno ligero y acompañado de Teddy, que se removía inquieto en sus brazos, usaron la conexión momentánea que Draco había abierto en la red Floo para llegar a la Madriguera.

Sacudiendo la melena negra, mas por costumbre que por otra cosa – Harry había aprendido finalmente como usar las chimeneas sin acabar cubierto de ceniza - y elegantemente vestido, con la piel dorada gracias al sol, su aspecto causó un cierto estupor entre sus amigos, que reunidos en el salón, aguardaban su llegada.

¿Harry?¡Harry!!

Hermione saltó a sus brazos, sin darle tiempo a poner a Teddy en el suelo y el chiquillo exclamó risueño, lanzándole los brazos al cuello:

¡Mione!

Ron se había levantado y murmuró dubitativo, sin saber muy bien que decir:

Eh…tienes buen aspecto Harry.

El moreno dejó a su ahijado en los brazos de Hermione y en un gesto ya inconsciente, desabrochó su capa de viaje y la tendió en una silla, de donde Beck la tomó y la dobló cuidadosamente, haciendo que la familia notase su presencia por primera vez.

¿Es un elfo?

Evidentemente Hermione.

Murmuró intentando reprimir su carácter el moreno, ante el tono de velado reproche de su amiga.

Se llama Beck y es mi elfo personal en Malfoy Manor. Ha venido para ayudarme con Teddy.

Pero… Harry! No está bien usar a los elfos de esa manera…

Exasperado y queriendo cortar la discusión cuanto antes, ya que si empezaban así, el día podía ser un autentico desastre, el joven añadió cortante.

Hermione, Beck es feliz, tiene una cantidad de trabajo razonable y yo soy un amo muy benévolo.

La criatura abatió las orejas y bajó los acuosos ojos ambarinos al suelo, retorciendo la punta de uno de los mantelillos que le cubrían, murmurando en su vocecita chillona.

Beck no es propiedad del amo Harry, pero está realmente feliz de ser su elfo.

Con eso parecieron aplacarse los ánimos y mientras Teddy saltaba y trotaba hacia el jardín junto con Fleur y la pequeña Rose, seguidos de Beck; los adultos se instalaron en el salón de los Weasley, tras que el moreno recibiera múltiples palmadas y abrazos. Entre ellos un abrazo maternal de Molly y uno más embarazoso, acompañado de un beso de Ginny, que se aferró a su costado y puso cara de desconcierto cuando el joven se sentó en el sillón favorito de su padre, en lugar de instalarse a su lado.

Arthur, en silencio se sentó con su esposa en otro sofá, mientras que Ginny, Ron y Hermione ocuparon el otro, y Bill se sentó en una silla. Percy estaba ocupado y Charley en Rumanía, así que ya estaban todos.

Tras intercambiar comentarios banales sobre las vacaciones, y ante la tensión en el ambiente, ya que nadie parecía estar muy seguro de que esperar, Harry llegó a una aterradora conclusión:

Sus amigos creían que estaba fingiendo para que no se encontraran mal y aunque Andrómeda le había escrito en numerosas ocasiones a Hermione, sus cartas no parecían haber calado en la familia. Por eso cuando Ginny comenzó a hablar, pese a que ya les había explicado que no iba a incorporarse a los estudios, y que se iba a dedicar a uno de los negocios familiares, sin entrar en mucho detalle, sus palabras no le resultaron del todo inesperadas.

Oh Harry! Vamos, déjalo ya! Comprendo que quieras mantener una apariencia, pero no es necesario. Aunque te… cases con Malfoy, eso no cambia las cosas entre nosotros. Entiendo porque lo hiciste, y no me importa. Podemos vivir juntos sin más.

Harry se llevó una mano a los ojos y por un momento, los cerró, ignorando los murmullos de aprobación de Ron y las palabras de los demás. Suspiró profundamente y murmuró sin alzar la vista:

¿Y los niños Ginny?

La pelirroja sonrió, creyendo haber ganado la baza y sus ojos castaños relucieron de triunfo:

Supongo que Malfoy podrá encontrar a alguien dispuesto, no? Desde luego que no voy a darle a mis hijos.

El moreno se tensó imperceptiblemente, y susurró con voz helada y casi inaudible.

Pero yo si puedo darle los míos, verdad? Nada ha cambiado, tienes razón Ginny

Retiró la mano, alzando los ojos verdes hacia su antaño prometida y la furia de sus ojos impactó a todos cuando su mirada les recorrió uno por uno.

Nada ha cambiado, no te amo ni lo he hecho nunca Ginny. Acéptalo.

La muchacha abrió la boca y se quedó sin palabras, furiosa. Se levantó pero antes de que pudiera acercarse al moreno, un destello de luz la hizo detenerse, al chocar con el invisible escudo que Harry había erigido en torno a él.

Gritando improperios, la muchacha subió las escaleras a toda prisa y el portazo en los pisos superiores retumbó en toda la casa. Con calma, y volviendo a mirar a sus amigos, el Griffindor murmuró:

Ya veo que ninguno creéis que pueda decidir sobre mi propia vida, pero así es. No voy a ingresar en los Aurores, y de momento, pienso ocuparme de ese negocio familiar con Draco.

En medio del revuelo, e ignorando los gritos y exclamaciones de todos el joven añadió con firmeza y decisión.

Le amo. Realmente le amo, aunque parece que no podéis aceptar eso.

Ante su calmada declaración, se fueron callando todas las voces, hasta que reinó el silencio en el salón. Con un suspiro de decepción, el joven continuó:

El contrato ya está firmado, por si acaso se os ocurre pensar en interponeros. Legalmente estamos casados, es algo que he aprendido con todo el papeleo, y solo falta la ceremonia. Draco es cuanto puedo desear.

Bill, el mayor de los hijos, alzó la voz y preguntó con cautela

¿Estás seguro? Es un…repentino cambio de orientación…sexual.

Furioso, el ojiverde se revolvió dedicándole una mirada demoledora y murmuró apretando los puños:

¿Y tú que sabes? ¿Acaso estabas conmigo cuando…?

Se calló, abruptamente. Cualquier mención a Ginny podía ofender a los Weasley, y el aun deseaba mantener su amistad con ellos.

No, más bien es una tardía aceptación de lo que realmente siento. Draco me ha atraído por años…, hasta tú, Ron decías que estaba obsesionado con él.

Ron palideció y pareció atragantarse repentinamente, enrojeciendo hasta un punto peligroso. Arthur, como siempre el más calmado, preguntó:

¿Estás seguro Harry?

Completamente Sr. Weasley. Si no, no hubiera firmado el contrato matrimonial en las condiciones en que lo he hecho. Me llevó mucho tiempo, era la primera vez que lidiaba con ello, pero creo que Andrómeda agilizó mucho el tema, enseñándome el contrato de mis padres.

Era un mudo reproche y Molly miró extrañada a su esposo, que parecía igualmente sorprendido.

¿No te encargabas tú de eso, Arthur?

Denegando el maduro mago se quitó las gafas con un gesto de cansancio y murmuró:

Ginny me dijo que ya se lo había mandado a Harry y que mejor no molestarle más con papeleo hasta la boda.

Nunca me mandó nada, Sr Weasley.

Molly abrió la boca y sus ojos azules chispearon de furia. Se levantó y exclamó:

Ginebra Weasley!! Mas te vale que esto no sea cierto!!

Molly le dio un abrazo y murmuró:

Si tú eres feliz, adelante cariño. Después de todo, así Charley no será el único gay de la familia…

Y desapareció escaleras arriba, en busca de su hija.

Aunque con reticencias, Ron acabó por aceptar que su amigo no iba a estudiar con él, animado ante la perspectiva de obtener entradas para los partidos de quidditch de la temporada, ya que Harry le prometió llevarle a los que quisiera. Hermione aun parecía dudosa, e incluso insinuó que tal vez deberían comprobar que Harry no estaba bajo la influencia de algún hechizo o poción.

Harry se rió y le recordó que era inmune al Imperius, y aseguró que las únicas pociones que había tomado eran seguras. Almorzaron todos más tarde en el jardín, excepto Ginny, y Teddy escandalizó un poco a los demás cuando les contó que había sorprendido a Draco y Harry besándose en la biblioteca.

Mejor que me eviten ese espectáculo, por favor…

Murmuró Ron palideciendo de nuevo. Su madre le reprendió y exclamó:

Ron! Con esa actitud, no me extraña que tu hermano no quiera traer nunca a su novio a casa!

La sobremesa pasó rápida y el moreno se disculpó, deseando retornar a la mansión. Se despidieron en el jardín y solo Hermione y Ron le acompañaban al salón, seguidos de Beck con Teddy de la mano. Estaban intercambiando los últimos comentarios, y Harry se agachó a coger al niño en brazos, cuando un rayo de luz impactó en ambos, aunque fue parcialmente detenido por un escudo que el moreno levantó instintivamente al oír el fogonazo de la maldición.

Teddy gritó de dolor, y comenzó a llorar y a temblar, sangrando por un corte en el cuero cabelludo. Harry cayó de rodillas, arrollando con su peso al elfo y al niño, y una larga herida apareciendo a través del desgarrón de las ropas en su espalda. Su mano aferró su varita y en un esfuerzo, levantó un escudo y repelió un segundo ataque, mientras Beck apartaba al chiquillo. Impelido por su rabia, atacó a su vez y lanzó un Desmaius tan potente, que Ginny rodó escaleras abajo sin un solo gemido.

El elfo, aterrorizado, se apresuró a contener la hemorragia de ambos heridos, y tras asegurarse de que ambos estaban fuera de peligro inmediato, desapareció instantáneamente, atendiendo la urgente petición del moreno, que ignorando su dolor, se afanó en tratar personalmente a su ahijado. Momentos después, Draco se materializaba en el salón de los Weasley e ignorando a todos los presentes, se dirigió directo hacia su prometido, que reposaba ahora en un sofá, con Teddy aun sollozando entre sus brazos.

Draco!

Exclamó ahogadamente el moreno, devorándole con los ojos, ansioso, mientras el niño redoblaba sus sollozos al verle.

Sh, ya pasó Teddy. ¿Estás bien Harry?

El moreno asintió, aunque el dolor era evidente en su rostro y murmuró, mientras Draco se arrodillaba a su lado, ignorando la sangre y el polvo del suelo, los ojos ansiosos y relucientes, explorándoles a ambos:

Es solo un corte. Ya he cerrado el de Teddy, pero no puedo curarme a mí mismo.

Draco le besó en la frente y el moreno suspiró, aferrando al niño aun mas entre sus brazos. Con dulzura el rubio murmuró, ignorando a todos y acariciando al chiquillo:

Vamos Teddy, Beck cuidará de ti mientras curo a Harry.

Reticente, el chiquillo se dejó coger y murmuró acongojado:

¿Es culpa mía?

No, claro que no.

Susurró el Griffindor, acariciándole el pelo, ahora de un triste color marrón cenizo, aun manchado de sangre. Finalmente Harry pudo moverse y su espalda fue visible. Un par de largos cortes desgarraban el tejido desde el hombro hasta cerca de la cadera y pese a los primero auxilios del elfo, la sangre había vuelto a brotar, empapando las ropas y el sofá.

Merlín, Harry!

Exclamó el rubio palideciendo visiblemente. Comenzó a retirar ropa desgarrada y limpió la zona con un par de hechizos, mientras Molly sollozaba, abrazada a Teddy y Ron, que había atado a su hermana con un Incarcerus, se giraba para no ver las heridas, apartando a Hermione. Bill se había llevado a Fleur y Rose a su cuarto y aun no había retornado.

Con un gesto desesperado, el Slytherin gritó.

Vamos, date prisa Tashe!

El elfo personal del Slytherin se materializó a su lado y el joven rebuscó ansioso en un cofrecillo lleno de pociones y ungüentos que este portaba. Localizó lo que buscaba y vertió un líquido rojizo sobre las heridas y estas dejaron de sangrar inmediatamente. Con sumo cuidado, procedió a cerrarlas con un encantamiento y pronto no eran más que dos marcas rojizas en la piel bronceada del moreno.

Otro frasco fue destapado y con cuidado, el rubio hizo que su prometido se girase, y le forzó a beber el contenido del regenerador de sangre, ya que el joven parecía a punto de perder el sentido, de pálido que estaba. Harry cerró los ojos y se recostó sobre el hombro de Draco, que aun estaba de rodillas y este le envolvió en sus brazos, reacomodándole y sentándose en el húmedo sillón con él joven casi sentado en su regazo, murmurando suavemente:.

Ssh, cálmate, yo voy cuidará de ti.

Frunciendo el ceño en un gesto de dolor, el moreno gimió suavemente y entreabrió los ojos con cansancio.

Teddy está bien?.

Si cariño, solo está asustado.

El niño corrió hacia los dos muchachos y trepó al regazo de Harry de manera que Draco les abrazaba a ambos a la vez. Con un sollozo desgarrado el niño exclamó:

¿Por qué es mala conmigo?

Harry le apretó contra su pecho, y la mirada de Draco notó por vez primera la presencia de Ginny, atada y desmayada en el suelo en un rincón. Con gesto calmado, aunque sus ojos le desmentían, el rubio murmuró:

Sr Weasley, quisiera que llamara a los aurores.

Palideciendo, el hombre asintió y se arrodilló frente a la chimenea, manteniendo una breve conversación con alguien al otro lado. Bill bajó en ese momento y pasando por encima de su hermana exclamó:

¿Puede alguien decirme que demonios ha pasado?

Con un gesto, Draco asintió y señaló las llamas que crecían en la chimenea y musitó:

Creo que vamos a saberlo ahora mismo.

Los dos aurores que emergieron por la chimenea se detuvieron a contemplar la escena por un momento, y aun en brazos de Draco, Harry hizo su declaración, omitiendo el hecho de que había creado un primer escudo sin varita. Ron y Hermione corroboraron sus palabras y Teddy sollozando solo añadió:

No le había hecho nada!!

El mayor de los hombres, recogió la varita y murmuró algo con el ceño fruncido. La varita se agito y expulsó una especie de espada brillante. El auror frunció aun más el ceño y musitó mirando duramente a la figura aun inmóvil:

Es alguna clase de maldición seccionadora, muy potente, Arthur. Tenemos que llevárnosla e interrogarla con veritaserum. Por si se presentan cargos…

Molly comenzó a llorar a raudales, mientras su esposo la sujetaba por los hombros y Bill palidecía. Hermione apretaba nerviosamente la mano de su prometido una y otra vez, mordiéndose los labios y Ron estaba pálido y sudoroso, con los ojos desorbitados y miraba a su amigo. Harry suspiró y cerró los ojos un momento, pesaroso. Draco le miraba, tenso, con los labios apretados, y cuando el joven los abrió de nuevo encontró los de su esposo fijos en ellos. Con un gesto casi imperceptible el moreno asintió e iba a hablar cuando Draco se adelantó, ahorrándole al menos el dolor de anunciar a los Weasley el hecho.

¡Por supuesto que voy a presentar cargos!. Mis abogados se encargarán de ello, pero hago constar que quiero una orden de alejamiento contra ella de toda mi familia.

Los aurores se miraron el uno al otro y el hombre alzó levemente la ceja.

¿Y en base a que solicita tal orden Lord Malfoy? Esto parece un tema… familiar y Ud no es el agredido.

Con un gesto altivo y pese a que estaba cubierto de sangre y sostenía en su regazo a Harry y a su ahijado, el rubio frunció la nariz como si la respuesta fuese evidente. Sin embargo, esta vez, fue la voz de Harry la que se dejó oír, y aunque llena de cansancio, su tono era firme y seguro.

Mi esposo habla por mí, caballeros. No la quiero cerca de mí ni de nadie de la familia.

El hombre inclinó la cabeza y murmuró.

Mis disculpas a los dos. No tenía constancia de esa boda.

Con voz calmada aunque algo tensa, el ojiverde musitó mirando con firmeza a los extraños, dejando que la fijeza de sus ojos pusiesen nerviosos a los aurores :

Aun no hemos celebrado la ceremonia pública, pero ya hemos firmado y registrado en Gringots nuestro contrato. Por supuesto, no deseamos que esto trascienda al publico de momento, es algo de ámbito privado.

Draco se sintió feliz de que Harry hablara con tal naturalidad de su matrimonio y que defendiera al tiempo su intimidad. Los aurores ataron a la desvanecida muchacha con unas esposas mágicas y la levitaron entre ambos, hasta el exterior de la casa, para poder aparecerse con ella en el Ministerio.

Tras una tensa despedida, Beck se encargó de llevar a Teddy , y Draco sujetando a Harry, dejó que Tashe les apareciera directamente en la antesala de su dormitorio.

Narcisa y Andrómeda aguardaban nerviosas y tensas, y ambas saltaron sobre sus pies al verles aparecer. Andrómeda se encargó de Teddy y comenzó a examinarle cuidadosamente y Draco dejó que su madre le ayudara con Harry, al que llevó directo al baño. Ignorando la presencia de la dama, despojó al moreno de sus ropas con un hechizo, aunque conservó sus bóxers, mientras abría las llaves del agua de la ducha.

El agua caliente relajó un poco la tensión de los hombros del moreno y este cerró los ojos, suspirando bajo el chorro, dejando que la corriente arrastrase la sangre aun adherida a su piel, Draco y su madre inspeccionaban cada centímetro de su piel, en busca de nuevas lesiones, comprobando que los cortes habían vuelto a reabrirse.

¡Una maldición recidivante! Estas heridas muy difíciles de tratar, la mas mínima lesión residual y vuelven a abrirse, Draco.

La voz de Narcisa estaba tensa y emanaba un enojo velado, pero Harry pudo percibir la ira de Draco, tan clara, que llegó a molestarle. La dama se marchó apresuradamente, y Tashe entró en unos segundos con nuevos viales de regeneradora de sangre y reconstituyentes.

El moreno los aceptó tras olfatearlos, envolviéndose en una toalla, y los tomó en un solo trago, sin respirar. Suspiró y mirando a Draco, murmuró:

Deja la ira para otro momento, Draco, eso no me ayuda. Ahora mismo lo que necesito es tu afecto.

El Slytherin contempló los bellos ojos de su esposo, su leve gesto de dolor y le abrazó con cuidado entre sus brazos, besándole tiernamente la mejilla. Reconfortado, el Griffindor hundió la cara en el cabello de seda plateada y aspiró el aroma que tanto le calmaba. Sus brazos ciñeron la cintura de su esposo, y depositó un beso húmedo en su cuello, arrancándole una queja. Con un beso en la frente y colocando las manos en sus mejillas, el rubio le miró a los ojos y murmuró con la voz enronquecida por las emociones:

No podría soportar que te ocurriese algo Harry.

El joven se inclinó y besó los trémulos labios sonrosados, dejando que su lengua rozase juguetona en muda petición. Draco entreabrió la boca, jadeando levemente y Harry la atrajo contra su pecho, enredando las manos en su cuerpo y su pelo. El beso se prolongo, lánguido y lento hasta que el Slyhterin recordó súbitamente que el otro aun estaba herido y rompió el beso, preocupado.

Sin embargó, cuando hizo que el joven se girase, los cortes de su espada se habían cerrado y no eran más que dos finas líneas completamente cerradas, aunque la piel aun tenia rastros de sangre fresca.

Enarcando una ceja, el rubio pregunto con curiosidad, deslizando la yema del dedo sobre una de las cicatrices:

¿Quieres decirme que ha pasado con esto?

Harry contempló su espalda en el espejo, y sonrió levemente, mientras un pensamiento travieso animaba su humor.

Vamos, Draco. Tengo algunos trucos guardados en la manga. Después de todo, derrote a Riddle, no?

Rodando los ojos ante la cara de mosque del joven, el moreno le besó la punta de la nariz y sonrió de nuevo:

Soy bastante poderoso Draco, tanto como para hacer magia sin varita, y la sanación no se me da mal del todo.

Narcisa entró con nuevos frascos de pociones y las tendió al joven, que se estaba envolviendo en un albornoz.

Si las tomas ahora, deberían reducir la cicatriz a algo casi inapreciable.

Harry vació, y su ligera angustia se transmitió a Draco, aunque exteriormente permaneció imperturbable.

¿Más pociones? "¿Es segura para mí ahora?"

Su tono fue de leve protesta, pero Draco entendió claramente la pregunta mudamente formulada por los ojos verdes y asintió, sonriendo ampliamente. Sin más, el Griffindor murmuró las gracias y bebió de nuevo sin respirar, asqueado del sabor.

Viendo su cara de repugnancia, Draco rió suavemente y murmuró:

Te prometo que la cena será lo que tú quieras, para compensar.

Tras apurar el otro frasco, el moreno pensó por un segundo y exclamó sonriente:

¡Pizza caprichosa! Y fresas con nata!

Riéndose a carcajadas, Draco abrazó a su esposo y le susurró:

Lo que tú quieras, amor.

Sonrojándose, el moreno le besó en los labios suavemente, mientras Narcisa volvía la vista y les dejaba a solas, sonriendo con satisfacción.