Cap 8. Asuntos oficiales y un regalo de cumpleaños.
Harry había confiado su último secreto a Draco, su capacidad para la magia sin varita y el rubio Slytherin rebosaba orgullo por él. Aun le parecía increíble que el moreno se hubiese accedido a su relación con tal grado de compromiso y no dudaba de que con paciencia y amor, el joven finalmente perdería sus recelos hacia el aspecto más físico de la misma.
Una sola nota había ensombrecido su dicha, tras el ataque: Beck. El elfo había gimoteado y suplicado que le castigaran por su falta esa noche, y Harry se había interpuesto, negandose. Draco estaba rabioso, y dejarle volcar su furia sobre el elfo hubiera sido lo más fácil, pero el Griffindor opinaba que el elfo merecía un trato justo y obligó a Draco a posponer el castigo definitivo al menos tres días, arrancándole la promesa de consultarle primero a él. Mientras tanto, el elfo fue desterrado a las mazmorras, donde debía permanecer, lejos de las iras del rubio, hasta su decisión.
Abatido y temblando, la criatura desapareció de su vista y Draco trató de calmarse, notando que su enojo perturbaba a su esposo. Su esfuerzo fue recompensado por una sonrisa y el joven dejó a un lado la ira por el amor de su compañero.
Esa noche durmieron estrechamente abrazados, aunque habitualmente cada uno ocupaba un lado de la enorme cama, tan solo cogiéndose de las manos y Draco tardó mucho en conciliar el sueño, extasiado ante el hecho de Harry se hubiera acurrucado voluntariamente en su pecho.
Sin embargo, cuando despertó, el lecho estaba vacío y aunque era temprano, pudo escuchar al otro en el baño. Harry le saludó con un beso y Draco sonrió. Sin embargo cuando el joven le dijo que tenía que ir a Londres, y que quería ir solo, se quedó extrañamente silencioso. Sin embargo, Harry accedió a llevar de escolta de nuevo a Beck y el elfo acudió al llamado de Draco, que le recordó que si Harry regresaba a casa con un solo cabello fuera de su sitio, no habría dilación en su castigo.
Draco… asustarle no ayuda mucho, me temo.
Murmuró el moreno con cierto reproche en la voz. Draco se rehízo y se disculpó en un murmullo con su esposo, contemplándole con preocupación:
Lo siento, Harry, pero es que no soporto la idea de que te pase algo!
Asintiendo el moreno le acarició y el joven reclinó la mejilla en su mano, suspirando. Normalmente era muy comedido con los elfos, y estos le servían de buen grado, pero tener que quedarse atrás le rompía los nervios.
Si me dejaras acompañarte! Prometo no entrometerme, de veras.
Con un suave beso, el moreno murmuró, frunciendo el ceño:
Esto tengo que resolverlo yo solo Draco. Te prometo que tendré cuidado.
Ante la insistencia del rubio, Harry acabó con Tashe y Beck como escoltas pero por fin pudo abandonar la mansión. Apenas llegaron a la entrada del Ministerio, el moreno se apartó con los dos elfos a un lado del callejón y les murmuró con seriedad, ante la destartalada cabina telefónica:
Sé que Draco os ha dado instrucciones, pero también tengo unas cuantas mías. Hay algún problema en eso?
Los dos elfos se miraron y Tashe murmuró:
Si el amo Harry nos ordena algo que vaya en contra de lo que el amo Draco requirió, podría ser.
Harry meditó y murmuró:
No habléis con nadie, ni siquiera con el amo Draco sobre lo que voy a hacer. Tashe, quiero que te hagas invisible, Beck se quedará a mi lado. Si sucede algo, quiero que me saquéis de donde sea y me llevéis a Malfoy Manor de inmediato, sin atacar a nadie.
El elfo murmuró retorciéndose las manos con nerviosismo:
El amo requirió un reporte general de sus actividades, no podemos negárselo.
Frunciendo el ceño, el Griffindor preguntó con cierto enojo:
¿Y que quiere saber exactamente?
No le gustaba que le controlasen y eso hizo que sus ojos brillasen con dureza y los elfos se miraron de nuevo entre sí.
El amo Draco supuso que pediría algo así, pero el solo quiere saber que está bien. Si ud se lo cuenta… no nos preguntará.
Harry meditó largos minutos, pensativo, tratando de ver que haría en semejante situación. Reconoció que probablemente él hubiera sido mucho más difícil de convencer para quedarse detrás y suspiró.
Está bien. Podéis decirle a donde he venido, pero no con que personas concretas he hablado. Si las cosas salen bien, puede ser que tenga que ir a otros lugares, y no quiero que Draco se haga ilusiones.
Haciéndoles jurar secreto absoluto, Harry confió sus intenciones a los dos elfos, y estos se retorcieron las orejas y las manos, nerviosos ante la responsabilidad que el joven había dejado sobre sus hombros.
Como sombras, acompañaron al joven en su deambular por el Ministerio y pronto, la puerta del despacho de Kingsley, actual ministro de magia, se abría para él.
Harry!! ¿Qué te trae por aquí?
El hombre le saludó con cordialidad y el moreno estrecho su mano con firmeza. Meneó la cabeza y murmuró:
Una lástima lo del asunto de Ginny, me temo que Arthur está muy preocupado. Si quieres verle, puedo hacerle llamar…
No he venido por eso, mis abogados se encargaran del papeleo hasta el momento de la vista. Quiero un favor.
El hombre le estudió por un momento, elegante, seguro y más maduro de lo que aparentaba y asintió.
Lo que quieras, Harry.
Con una sonrisa, el moreno susurró unas palabras y los ojos del hombre se llenaron de asombro, y su gesto se tensó notablemente detrás de su mesa.
No puedes pedirme eso Potter.
Con un gesto casi feroz, el joven susurró:
Claro que puedo. Es legal y perfectamente razonable, después de todo.
Con un gesto, el muchacho sacó un legajo de pergaminos que depositó en la mesa del Ministro y murmuró:
Aquí están los fundamentos legales de mi petición, cuidadosamente documentados. Espero tener noticias suyas antes del pasado mañana, Ministro.
Con un gesto de saludo, el joven abandonó el despacho, dejando al hombre completamente asombrado, contemplando los pergaminos con ojos desorbitados.
Harry dio un paseo por el Callejón Diagón e hizo unas pequeñas compras, antes de pasar por Grimauld Place y recoger y seleccionar algunos de los objetos personales de Sirius, incluida su moto, que deseaba llevar consigo a Malfoy Manor. Kearcher insistió en prepararle un té, después de eso, regresó a la Mansión, usando la chimenea.
Draco estaba ansioso, y le recibió examinándole de arriba abajo, y cuando el joven le dijo sin detalles que había hecho una visita al Ministerio y después unas pequeñas compras, sus ojos volaron hacia Tashe, que afirmó levemente.
Satisfecho, el rubio le acompañó, mientras los elfos recolocaban las cosas que el joven había llevado de Grimauld Place, y charlaron mientras Harry se refrescaba y vestía para comer.
Cuando Harry recibió una nota, a media mañana del día fijado, el joven volvió a ausentarse, aunque ya era tarde.
Tengo que ir, Draco. Aun tengo asuntos pendientes en el Ministerio y fui yo mismo quien pidió esta entrevista.
Draco asintió y murmuró preocupado, olvidando que Beck estaba pendiente de ser castigado:
¿Te llevaras a los elfos? Me quedaré más tranquilo…
Harry vaciló, pero asintió finalmente, susurrando con cierta dureza:
Está bien. Pero no me gustó que les pidieras informes de mis actividades. Esto es un asunto estrictamente privado Draco.
El rubio se sonrojó y murmuró bajando los ojos, después de todo había prometido a Harry darle libertad y dejarle decidir sobre su propia vida:
No quería entrometerme ni controlarte. Me deje llevar por la preocupación. Confió en ti, totalmente.
Harry le besó en los labios y le abrazó, cariñoso. Tras un rato, los dos se separaron más calmados y el Griffindor añadió:
Volveré en cuanto acabe, lo prometo. Es solo papeleo, Draco, tedioso y aburrido papeleo ministerial. Voy a vestirme.
El joven envió recado urgente a su abogado con Tashe, y se vistió cuidadosamente para la ocasión. Beck le siguió en silencio, trotando tras sus pies, y pronto llegaron a la chimenea, que Draco ya había conectado para él.
La nueva entrevista fue un éxito, y el debate entre los asesores del Ministro y su abogado, provechoso y enriquecedor. Las leyes que invocaban eran arcaicas y antiguas, pero plenamente vigentes y finalmente, los hombres se dieron por vencidos.
Con una sonrisa de oreja a oreja, una vez que salió del Ministerio, el joven se regaló con un helado triple de fresas con chocolate, acompañado de su asesor legal, que perfiló con el aun algunos detalles sueltos.
Era tarde, y Harry no tenía ganas de regresar al Ministerio y no se podía acceder a Malfoy Manor desde una chimenea pública. Así que decidió aparecerse. Lo cual fue un pequeño gran desastre. Porque aunque su aparición fue técnicamente perfecta, impecable, su estomago protestó y apenas aterrizó en el despacho de Draco, comenzó a tener nauseas y acabó vomitando sobre la costosa alfombra.
Draco, que había sentido su llegada, alertado por las defensas mágicas, entró por la puerta y le vio doblado sobre sí mismo, frente a un charco de vómito que aun olía a helado. El moreno le dedicó una mirada compungida y murmuró, conteniendo una nueva arcada:
Ahgg…demasiado helado justo antes de aparecer…uff.
El Slytherin le limpió la cara con su pañuelo y le acompañó hasta su cuarto, y el fatigado joven, apenas terminó de liberar su estomagó, se dio una rápida ducha y se metió en la cama, repentinamente exhausto. El suave té calmante de Draco fue su única cena y el moreno se durmió, acunado entre los brazos de su esposo.
Durante varios días, Harry pareció resentirse ligeramente del empacho de helado, aunque por otro lado, estaba realmente contento y radiante, cariñoso. Las notas de progreso del abogado mejoraron aun más su humor, y pronto, la noticia que tanto esperaba llegó.
Se imponía una visita, una crucial o todos sus esfuerzos habrían sido en vano y el joven ignoró su desayuno, demasiado nervioso para comer, y tan solo tomó un zumo. Draco le vio partir, seguido de los elfos, y sonrió al pensar que Beck era ahora propiedad de Harry ya que este había convencido a Draco para que le transfiriese su propiedad como castigo. Beck era ahora un elfo muy ocupado, el único elfo personal del joven, pero asumía su labor con entusiasmo y ferocidad.
En cuanto llegaron a su destino, y reprimiendo un escalofrió, el moreno se dirigió hacia la sala de visitas y aguardó con paciencia.
Cuando la puerta se abrió de nuevo, la figura desmejorada y bastante más delgada del antaño altivo y elegante Lucius Malfoy entró por ella y el adulto se sentó en silencio en la silla al otro lado de la mesa.
¿Me han dicho que querías verme Potter?
La ironía en el tono del hombre no había decaído, aunque sus palabras no tenían hierro y sus ojos estaban apagados, cansados. Su largo pelo, usualmente impecable, pendía opaco y sin vida, y había sido atado con un burdo cordel, en un intento de mantenerlo más recogido y manejable. Harry le contempló con atención y después de un instante preguntó:
¿Quiere salir de aquí, Sr Malfoy?
Una risa quebrada fue la respuesta del hombre, que le miró con desconcierto y murmuró lleno de amargura:
¡Claro que sí Potter! Pero no creo que vayan a dejarme salir en los próximos, digamos… diez años?
Con una sonrisa llena de enigmas, el moreno denegó:
Creo que ahí hay un error… suegro.
El hombre alzó las cejas con incredulidad y cuando Harry le puso al corriente de las novedades, sus ojos relucieron con una mezcla de rabia y desconcierto y su voz sonó enfurecida, mientras sus puños se cerraban con dureza, haciendo temblar sus hombros.
Pero eso es…absurdo! ¿Qué haréis, tener cada uno por separado una amante, una concubina o acaso pensáis compartirla?
Meneó la cabeza con pesar y musitó apesadumbrado, bajando la voz y con aire abatido.
Entendería que Draco quisiera tener un amante varón, después de todo, eso es aceptable. Pero ambos sois los últimos herederos de dos antiguas familias, Potter. Vuestra obligación es asegurar la continuidad de las mismas.
Con cierto aire de malicia en los ojos, Harry susurró totalmente en serio, mirando intensamente a los ojos azules del mago:
Le aseguro que Draco y yo hemos acordado expresamente tener descendencia personalmente, así que ese no será el problema. Su hijo es en un genio en pociones, no?
Harry sonrió al ver la total sorpresa en los ojos del otro, cuando entendió a que se refería el muchacho y poco a poco, el rostro de Lucius se llenó de un atisbo de esperanza.
¿Realmente vas a sacarme de aquí?
Harry asintió y el hombre se puso en pie, murmurando, mientras le tendía la mano:
Hace falta mucho valor y coraje para hacer lo que estás haciendo por mí y por mi familia. Podías haberme dejado a mi suerte y nadie te hubiera reprochado nada, ni siquiera Draco.
El moreno rodeó la mesa y asintiendo al estrechar la mano añadió:
Aun le hará falta más para enfrentarse al mundo exterior, Lucius. Y yo solo quiero que su hijo sea feliz.
El hombre sonrió y le palmeó ligeramente el hombro, murmurando con cierta timidez:
No me faltará valor, hijo mío.
Harry sonrió suavemente, llamando al guardia y este abrió la puerta y les acompañó hasta donde aguardaba el Ministro, que esperaba la decisión final de Lucius. Con una sola palabra, el hombre murmuró:
Acepto.
Suspirando ante lo inevitable, el Ministro firmó los papeles y Harry colocó un colgante en torno al cuello de Lucius, que sonrió con malicia. Ambos abandonaron el lugar y Harry instaló a Lucius en Grimauld Place, bajo los cuidados iniciales de Beck y Tashe, e incluso Kearcher, aunque pronto todos los elfos de Malfoy Manor acudieron a prestar su ayuda y sus respetos a su antiguo amo, involucrados en el secreto de Harry por los otros tres.
Harry estaba dividido, deseaba contarle cuanto antes lo que ocurría a Draco, pero quería que Lucius se recuperara, devolverle su fortaleza y eso requería algo más de espera. El hombre no se quejó porque el muchacho le instalase provisionalmente en el desangelado y vacío caserón. Aunque anhelaba con todas sus fuerzas regresar al hogar, también estaba agradecido de poder hacerlo con una cierta dignidad, no renqueante y demacrado.
Harry requirió que las habitaciones de Lucius se arreglaran en secreto y con profundas reverencias, Rasha, la elfina personal de Lucius prometió que se encargaría de tenerlo todo listo. Con lágrimas en los ojos la criaturita se inclinó una vez más ante Harry y murmuró:
El joven Lord Draco es muy afortunado de tenerle por compañero. Y Lord y Lady Malfoy también.
Yo ya no soy Lord Malfoy, RAsha.
Susurró Lucius con voz suave, mirando a la pequeña elfina que se retorcía sobre sus pies.
Para mí sí, amo.
Murmuró la criatura con una última reverencia, antes de desaparecer.
Los elfos acomodaron a los dos hombres, y Harry envió recado a Draco con Beck, informándole que probablemente se quedaba en Londres a dormir, cosa que no agradó para nada al muchacho, especialmente cuando el elfo le entregó la nota en que su esposo le informaba que estaba reunido con un importante mago y que planeaba una cena de negocios con él, mientras discutían asuntos pendientes.
Sin embargo Draco se tragó sus celos, después de todo, no tenía motivos para ellos, y mandó una breve nota en respuesta al moreno, rogándole que tuviese mucho cuidado y que no se separase de los elfos. Sin embargo fue la línea de despedida la que hizo derretirse el corazón de Harry:
"Te amo, Draco"
Después de cenar y charlar con cierta timidez Lucius, y cuando este estuvo razonablemente confortable con lo que sucedía, bien surtido de pociones, ropas y demás objetos necesarios y en disposición de marcharse a la cama, el joven, aunque estaba muerto de cansancio, decidió regresar después de todo a Malfoy Manor.
Tashe le apareció, el joven aun recordaba el incidente del helado y estaba agotado. Bostezando, se despojó de su capa y sus ropas, descuidadamente, sin molestarse siquiera en buscar un pijama y se deslizó en el dormitorio en penumbras. En silencio, su corazón se llenó de ternura al ver a Draco dormido abrazando su almohada, el rostro relajado y sereno. Trepó a la cama y con cuidado, retiró la almohada de entre sus brazos, ocupando su lugar, acallando así los leves sonidos de protesta del rubio, que con rapidez se acomodó en su pecho, abrazándole.
Durante los días restantes, Harry salió en varias ocasiones, a veces solo, otras con Andrómeda y realizó más compas en el Callejón Diagón. El cumpleaños de Draco estaba ya muy próximo, y era la excusa perfecta para cubrir alguna de sus visitas a Lucius, que estaba francamente recuperado.
Aunque intentaba disimular su nerviosismo, Harry estaba preocupado.
De hecho, el moreno había decidió comprobar algo, días atrás, y el elfo había cumplido sus órdenes al pie de la letra, dilatando los ojos con asombro ante su petición, pero consiguiéndole la poción que necesitaba en total secreto. El elfo había sido el único testigo de su experimento en Grimauld Place, y si bien el joven le hizo prometer guardar total silencio, la criatura estaba tan entregada a su servicio, que se desvivía aun más por él.
Las nuevas noticias eran buenas, o eso creía. No estaba muy seguro de cómo se trataban esos temas entre los magos, y eso le hacía sentirse muy inseguro. Por otro lado, aunque se sentía cada vez físicamente más próximo a Draco, y su necesidad de él aumentaba cada día, sabía que no podía dejar que su deseo se materializase.
Hasta Draco notó su aparente indecisión, sus besos y caricias apasionadas en un instante, y su retroceso hacia terrenos más seguros minutos después. Era frustrante para ambos, pero al menos el joven no se había retraído totalmente de él y eso le consolaba. Fuese cual fuese la causa de su vacilación, Draco decidió que Harry podía hacer lo que quisiera, y tan solo se limitó a demostrarle que podía esperar, siendo paciente y dándole espacio cuando el pánico le invadía, y aceptando y devolviendo sus caricias cuando se las otorgaba.
El cumpleaños de Draco llegó y muy muy temprano, el moreno se levantó, deslizándose al baño en silencio como siempre en los últimos días. Los nervios no ayudaban nada a su estomago y pronto Draco se despertó, extrañando su presencia.
¿Te encuentras bien Harry?
Preguntó preocupado, deslizando la mano por el cabello color azabache de su esposo. Harry terminó de lavarse los dientes y sonrió, asintiendo.
Solo estoy un poco nervioso. Feliz cumpleaños Draco.
Gracias, Harry.
Un suave beso les unió y el moreno se rió:
Vístete! Mis regalos están aguardando en el salón.
Refunfuñando porque aun era muy temprano, pero obedeciendo y sabiendo que los elfos habían estado preparando celosamente la fiesta en secreto, bajo las ordenes de Harry, se enfundó unos vaqueros y una camisa, mientras el moreno hacia lo propio. Hecho un manojo de nervios, el moreno sonrió a Narcisa, que había respondido a su petición de unirse a ellos y aguardaba ante las puertas cerradas del saloncito donde la familia solía reunirse.
Espero haber hecho lo correcto.
Murmuró el joven, nervioso y sonrojado, empujando las puertas que se abrieron a su roce. Caminó hacia la chimenea, y con un gesto hizo alzarse el fuego, iluminando la estancia. Cuando los ojos de todos se acostumbraron a la luz, Narcisa exhaló un grito, llevándose la mano al pecho.
Junto a su sillón favorito, se alzaba, elegante y altivo como siempre, Lucius Malfoy, vestido de negro de pies a cabeza, con las mejores ropas de su vestuario. Sus ojos se iluminaron y sonrió, contemplando a su esposa e hijo.
¿No vas a darme la bienvenida Cissy?
Murmuró alzando una ceja, y tendiéndole una mano a su esposa. Esta salió de su estupor y corrió a sus brazos, sollozando y el hombre la estrechó, dejando que fundiese sus labios con los suyos por unos momentos. Draco se aproximó, vacilante, y su padre le abrazó fuertemente murmurando.
Tu esposo realmente te ama, hijo mío.
Los dos lloraron en los brazos del recién recobrado padre y esposo, y cuando poco a poco se tranquilizaron, se sentaron todos juntos en un sofá, haciendo sentirse incomodo a Harry que se sintió desplazado. Draco miró a las esmeraldas de sus ojos y le contempló con tal pasión, que el sonrojo acudió a las mejillas del moreno.
Harry…
Su voz sonó tan profunda e intensa que dolía, y el Griffindor notó como la sutil tensión de la magia comenzaba a crecer entre ellos, flotando a uno y otro lado, como un lazo invisible.
No sé cómo has conseguido este permiso, pero nunca podré agradecertelo adecuadamente.
Lo que has hecho por nosotros es increíble, Harry. Tienes mi eterna gratitud.
Murmuró Narcisa contemplando a su esposo con adoración. Tal vez su matrimonio fuera inicialmente de conveniencia, pero el amor entre ellos era real, pese a los ocasionales devaneos que Lucius había tenido fuera del lecho conyugal.
¿Cuánto tiempo puede quedarse? ¿Un par de días?
Preguntó Draco, deseando pasar tiempo con su padre, pero sabiendo que su madre debía estar por delante de él. Bajando la mirada, el moreno susurró algo que ninguno de los dos entendió y con una risa contenida, el patriarca de los Malfoy añadió:
Todo el tiempo que quieras, Cissy. No tengo que regresar, nunca.
Realmente divertido y viendo la turbación y las dificultades que estaba experimentando Harry, les aclaró un poco, viendo su gesto de aun mayor sorpresa.
Cumpliré el resto de mi condena bajo arresto domiciliario. Técnicamente, Harry ha comprado mis servicios al Ministerio por la duración de la misma y no puedo usar una varita fuera de estos muros, o abandonarlos sin su permiso, pero es un precio pequeño para volver a estar con mi familia.
La familia les contempló a ambos y de repente, Draco se echó a reír, llorando y riendo a la vez, mientras saltaba sobre sus pies, cogiendo a Harry entre sus brazos y besándole.
Oh Merlín! Te quiero Harry.
Arrastrando al moreno para dejar a sus padres a solas, el joven rubio le presionó contra una pared y comenzó a devorarle a besos, cada vez más apasionados, mientras murmuraba una y otra vez:
Te quiero, te quiero…
Totalmente excitado y aunque con cierto pesar, Harry le empujó suavemente, desligándose de él y Draco se disculpó apresuradamente, bajando los ojos:
Lo siento, me deje llevar por la emoción…
Acariciándole la mejilla el moreno susurró enronquecido:
Está bien. Me encantaría poder dejarme llevar… pero no puedo.
Draco se mordió nerviosamente el labio y suspiró. Ahora el joven le rehuiría durante un rato, no totalmente, pero si se mantendría alejado de él hasta que se calmasen ambos. Sus ojos se ensombrecieron y murmuró dando un paso atras:
No quise presionarte así.
El moreno le retuvo y le miró a los ojos, y el rubio vio nerviosismo, tal vez angustia, pero no miedo y sonrió ligeramente. Inclinando la cabeza, el Griffindor susurró:
¿Prometes no enfadarte?
¿Por qué habría de hacerlo?
Draco le acarició la mejilla y el joven suspiró, vacilando aun. Con un sonrojo aun más intenso pregunto en una vocecita apenas audible:
¿Es muy malo un embarazo antes de la boda Draco?
El rubio parpadeó un par de veces, atónito y sacudió la cabeza, como si dudase de sus oídos. Sus ojos miraron a su esposo y su mirada de completa adoración le descolocaron.
¿Cómo has dicho?
Estoy preñado, Draco. Exactamente de siete semanas y media.
Draco le cogió la cara entre las manos y le contempló intensamente, durante largos minutos. Finalmente; le besó con lentitud y pasión y susurró:
Soy el hombre más feliz de la tierra y a la porra con la boda.
Harry sonrió y se dejó besar, correspondiendo ardientemente, hasta que Draco deshizo el abrazo, acariciándole una y otra vez.
¿Por eso me rehuías?.
Harry asintió y murmuró avergonzado:
Lo siento mucho, ahora podría ser peligroso para los bebes, según los libros.
Draco vaciló sobre sus pies por un instante y Harry tuvo que sostenerle mientras el mundo rodaba demasiado deprisa. Riendo como un niño, Draco le cogió en brazos y exclamó:
¿Gemelos? Vamos a decírselo a mis padres!. Siempre quise ver como se desmayaban!
Harry le besó, sus brazos en torno al cuello de su esposo y en sus ojos de esmeralda brilló la promesa que Draco había soñado con ver algún día, la promesa de ser uno con él, sin restricciones y el joven murmuró:
Feliz cumpleaños amor mío.
Este es el fin…. Por ahora.
Gracias a todos por leer, y por vuestros comentarios y especialmente a :
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