Summary: La familia del príncipe Edward estaba empeñada en casarlo con una princesa o una heredera, pero él había elegido a Bella Swan. Un falso compromiso con ese "patito feo" le permitiría dedicarse a su gran amor, la medicina, sin que jamás hubiera peligro de que llegara a nada más. Pero Bella Swan se estaba convirtiendo en un verdadero cisne delante de sus propios ojos. Todos Humanos.


Capitulo 2: Amarillo y Café

Un sexy hombre medio desnudo estaba arrodillado a sus pies!

- Y-ya pu-puedes soltarme el tobillo - le dijo. "Y así podré pensar de nuevo" añadió para sí misma. El largo de sus dedos bastaba para ponerla nerviosa.

Él le dio un apretón en el tobillo y lo soltó. Agarró las botellas de agua que había dejado en el suelo y se puso en pie.

- Vamos a vendarlo.

Con el corazón acelerado, Bella fue al cuarto de baño y buscó las vendas en el botiquín. Al volver con ellas a la habitación, Edward se las quitó de la mano y se ocupó él mismo de vendarle la herida.

- ¿Tienes problemas? - le preguntó al acabar, mirando el ordenador.

- Tengo problemas para conectarme a Internet - reconoció Bella aliviada de desviar su atención hacia otro tema. Se preguntó si Edward era consciente de lo turbadora que era la visión de su pecho desnudo.

- Déjame ver - dijo él avanzando hacia la mesa – La verdad, entiendo un poco de ordenadores. Rosalie lleva años llamándome "Su Informático Real"

A Bella le resultó difícil creelo. Tal vez Edward era inteligente, pero no parecía ser una persona que se encerrara en los ordenadores para aislarse de la sociedad.

- Un buen aparato - comentó él viendo el monitor - Ya veo cuál es el problema… creo saber que ocurre – presionó unas cuantas teclas - Ya está. Inténtalo ahora.

Bella lo probó y al momento estuvo conectada a Internet. Un sentimiento de gratitud inmensa la recorrió.

- Wow. Creo que Rosalie tiene razón! Para ser un príncipe… te manejas bastante bien en el mundo de los ordenadores - le dijo efusivamente a Edward con una gran sonrisa - Llevaba intentándolo toda la noche. Muchas Gracias!

- De nada - respondió él asintiendo - ¿Te importa si te hago una pregunta?

- No - La verdad era que sí le importaba, pero no podía negarse después de su ayuda.

- ¿Por qué llevas gafas si no las necesitas?

La había pillado. Bella sintió cómo se ruborizaba. Apartó la mirada y respiró con cuidado. Maldición. ¿Qué podía hacer?

- Uhm… y… ¿Cómo sabes que no las necesito?

- Bueno… no las llevas puestas y no las veo por ninguna parte.

Bella frunció el ceño y lo miró con dureza. Parecía un hombre razonable. Se preguntó si podría confiar en él.

- Supongo que te gustaría saber la verdad – dijo rodando los ojos y soltando un gran suspiro.

- La verdad y nada más que la verdad... - dijo él alegremente pero Bella supo que lo decía en serio.

Suspiró, irritada de que Edward fuera tan listo como para haberla desenmascarado.

- Tú ya sabes que el objetivo de mi visita a Londres es que tú y yo… pues… acabemos… tu sabes… emparejados.

- Algo sé al respecto – dijo irónicamente

- Mi papá quiere que me case, pero yo… no.

- ¿Por qué no?

- Porque valoro mucho mi independencia. No quiero que nadie me diga lo que tengo que hacer ni cuándo, ni como hacerlo - declaró con franqueza.

Él asintió lentamente.

- Me parece justo, pero eso no responde a mi pregunta. ¿Por qué llevas gafas si no las necesitas?

- Pues… yo… - decía insegura mientras se sonrojaba completamente

- ¿Pues tu que?

- Maldición! Si que eres insistente – dijo mientras Edward reía divertido - Intentaba causarte una mala impresión! Listo, ya, lo dije!

Edward parpadeó con asombro y luego esbozó una sonrisa burlona.

- ¿Me estás diciendo que te esforzaste… deliberadamente… en parecer menos atractiva para que yo no me enamorara de ti?

- No exactamente - respondió ella – Debes admitir que muchos hombres estarían dispuestos a pasar por alto la fealdad a cambio de lo que esperan conseguir de mi papá. Pero no solo necesito quitarme el atractivo físico, sino también el social. Tengo que...

- Aburrirme - terminó él por ella.

- Exacto!

Edward soltó una risita y negó con la cabeza.

- Entonces no quieres casarte - dijo más para sí mismo que para ella.

- Por nada del mundo.

- ¿Y la idea de casarte con un príncipe, que además es médico, no hace más… atractiva esa posibilidad?

- No

- ¿No? – dijo el desafiándola - ¿y porque no?

- Por dos muy buenas razones "su alteza" – dijo reforzando las dos últimas palabras provocando la risa de Edward

- La primera es que tu condición de… príncipe atrae a la prensa como la miel a las abejas - dijo ella con una mueca - y créeme, soy una mujer que prefiere pasar desapercibida en todos lados.

- ¿Y la segunda razón?

- Pues… tengo entendido que la esposa de un médico pasa mucho tiempo sola – dijo Bella – así que… considerando esas dos razones, tu condición de príncipe y doctor NO hace mas atractiva la posibilidad de casarme… al menos para mi.

El volvió a reírse, rascándose la barbilla.

- Sabía que escondías algo! Lo supe desde que te vi. Mi madre ha intentando emparejarme con once mujeres diferentes, contra las cuales he empleado la misma táctica que tú: voy siempre sin afeitar y en las comidas saco temas sobre microbiología para aburrirlas.

- Once! - repitió ella sorprendida - Tal vez puedas darme algunos consejos. Yo solo he tenido que rechazar a ocho - se tomó unos segundos para observarlo y se fijó en su corte de pelo y en su mandíbula afeitada – Pero ¿por qué te has cortado el pelo por mí?

- No fue por ti. Lo hice por mamá. Quise darle un gusto.

- ¿No temías que yo pudiera enamorarme de ti?

- Tenía la esperanza de poder razonar contigo – dijo y entrecerró los ojos sonriendo – y si no hubiera funcionado… habría tenido que recurrir a la microbiología.

- ¿Qué quiere tu mamá de mi padre?

- Mucha gente en Londres piensa que sería bueno para la economía que tu padre construyera aquí un complejo para atraer al turismo.

- ¿Pero tú no estás de acuerdo?

- Creo que ya tenemos suficiente turismo. No me entusiasma la idea de que los turistas invadan aun mas el país… pero tal vez sí sea bueno para la economía. Pero… el turismo no es mi especialidad - confesó encogiéndose de hombros - Es la medicina.

Bella se cruzó de brazos pensativa.

- La verdad… yo no tengo mucha influencia sobreCharlie, pero podría sugerirle esa posibilidad cuando hable con él... Pero, ¿por qué no quieres casarte? - preguntó incapaz de contener su curiosidad.

- No quiero que nada me distraiga de mis objetivos. Son muy importantes para mí y no quiero que las responsabilidades familiares me alejen de ellos.

Bella respiró hondo y lo miró fijamente a sus ojos. La sinceridad de Edward la había ayudado a quitarse un peso de encima.

- Creo que nos entendemos mutuamente - dijo. No podía recordar cuándo había sido la última vez que alguien la comprendió - No tenemos que fingir más.

- Entre nosotros… no - aceptó él - Pero ambos sabemos que hay otras personas interesadas.

- Charlie y tu madre - respondió ella asintiendo - Podría… irme antes. Acortar mi visita.

- Si lo hicieras, nos bombardearían con preguntas - pensó Edward - En vez de eso… podríamos fingir que la cosa marcha bien entre nosotros. Si les damos la impresión de que hay esperanzas para emparejarnos, quizás nos dejen en paz.

- Siempre y cuando no les demos demasiadas esperanzas.

- Exacto - esbozó una sonrisa encantadora y extendió la mano - ¿Trato hecho?

Bella permitió que con su cálida palma le estrechara la suya.

- Trato hecho.

Él le dio un apretón y luego la soltó, al mismo tiempo que Bella soltaba el aire. "¿Acaso lo había estado conteniendo?" se preguntó ella.

- Creo que nuestro trato merece un brindis - dijo él ofreciéndole una botella de agua.

Bella sonrió. No tenía nada que temer de Edward, a pesar de que tenía los nervios a flor de piel. El príncipe le había ofrecido un apretón de manos y agua, nada de besos y champán. ¿Cómo podía haber algún peligro?

***

Tres días más tarde, Edward volvió a llamar a la puerta de Bella. En esos días había visitado tres clínicas y había tratado a varios pacientes, pero no tenía ni idea de lo que había estado haciendo Bella. Bella siempre comía en su habitación, lo que había llamado la atención de la reina.

Bella abrió la puerta y los ojos se le iluminaron al verlo.

- Hola. ¿Qué pasa?

- Tenemos que hablar - dijo él entrando en la habitación - Mamá se ha enterado de que comes siempre aquí, y le preocupa que no estemos pasando juntos… suficiente tiempo.

Bella hizo girar los ojos. No llevaba ni una gota de maquillaje, e iba vestida con una polera destinada a mantenerla fresca a ella y a acalorar a cualquier hombre. Sus shorts revelaban unas piernas esbeltas y bien formadas, que a Edward le recordaron las necesidades básicas de las que no se había ocupado en años.

- ¿Y bien? - preguntó ella - ¿Qué podemos hacer?

- Hay un baile benéfico en un hotel de la ciudad. Esme insiste en que vayamos.

- Un baile?!... – Bella arrugó la nariz en un gesto de disgusto - ¿Cuándo?

- Esta noche. Pero no tenemos por qué quedarnos hasta el final. Bastarán unos bailes y...

- Bailes! No puedo bailar. Ni siquiera puedo caminar sin tropezar con algo. Además, tengo que estudiar para... - se interrumpió de repente.

- ¿Estudiar para qué?

- Nada que te interese - empezó a caminar de un lado para otro - En fin, si es absolutamente necesario, iré. Pero… no puedo bailar.

Edward la observó con interés, divertido por la ansiedad que estaba mostrando.

- Vamos! No seas exagerada! No es tan malo. Yo tampoco soy un gran bailarín, pero puedo bailar un vals.

- No lo entiendes - dijo ella negando con la cabeza - Charlie lo llamaba mi "pequeño problema" cualquier otro lo llamaría "falta de coordinación", pero para mí es una "torpeza letal, mortal apocalíptica". Si me sacas a una pista de baile llena de gente inocente, será mejor que tengas un seguro a todo riesgo, porque habrá más de un herido - lo miró a los ojos mientras Edward borraba su sonrisa lentamente al ver que Bella no bromeaba – No exagero. Ni siquiera puedo conducir un coche.

Edward se rascó la barbilla con preocupación.

- Eso es grave. ¿Te ha visto algún neurólogo?

- No. Sufro esta torpeza desde niña. Así que nada de vals.

- No tiene por qué ser un vals. Bastaría un baile lento o dos. Solo tendrías que inclinarte de lado a lado y yo haría el resto.

- ¿Nada de vueltas rápidas? - preguntó ella con miedo.

- Nada de vueltas rápidas - le aseguró él y desvió la vista hacia el ordenador - ¿Qué estás estudiando?

- Nada que te interese - volvió a responder ella en un tono frío.

Pero su fría respuesta solo sirvió para aumentar la curiosidad de Edward. Se acercó a la mesa y examinó los papeles.

- Estás estudiando Psicología. Y por lo que veo, es materia avanzada, no conocimientos básicos.

Ella le quitó los papeles y los apretó contra su pecho.

- Por supuesto que es materia avanzada. Es mi tesis.

- ¿Estás trabajando en una tesis? - preguntó él sin salir de su asombro. Ella le respondió con un ligero asentimiento de cabeza - ¿Para qué universidad?

- Lo estoy haciendo por Internet. Y te agradecería que no se lo dijeras a nadie. Por favor! Por favor! Mi padre no lo sabe y...

- ¿Por qué no?

Bella se encogió de hombros.

- Charlie es increíblemente protector conmigo. No quiso que fuera a la universidad y, para ser honestos, tengo que reconocer que cuando empecé no me sentía muy segura de mí misma. Pero lo he hecho bien, y sé que si continúo así habré hecho algo importante en mi vida.

- ¿A qué te refieres con haberlo hecho bien? - le preguntó Edward sospechando que Bella le estuviese quitando importancia a sus triunfos.

- He obtenido dos licenciaturas, una en Sociología y otra en Psicología. Y llevo completas dos terceras partes de mi tesis - dijo lentamente como si su revelación fuera tan dolorosa como la extracción de una muela.

- ¿Por qué no se lo has contado a tu papá?

- No es el momento. Además, no quiero recibir críticas ni menosprecio por su parte. Lo conozco. Es un hombre de negocios, y me dirá que he elegido una carrera en la que todo lo que haré será servir hamburguesas. Puede que tenga razón, pero no quiero oírlo ahora. Gracias a esto me siento mejor que nunca conmigo misma, y no voy a permitir que nadie me desanime.

La combinación de fragilidad y energía de Bella asombró a Edward, quien había tenido que librar una gran batalla para estudiar Medicina. Le habían repetido hasta el cansancio que una carrera así no era adecuada para los miembros de la realeza.

- Tu secreto está a salvo conmigo - sonrió tiernamente – Esme y los consejeros reales se opusieron a que yo estudiara Medicina, pero al final mi madre se acostumbró a la idea de tener un hijo médico. Ahora lo menciona siempre que puede.

- "Mi hijo, el médico" - dijo Bella con una sonrisa.

- Sí - dijo él asintiendo. Se quedó mirándola a los ojos durante un rato, sintiendo un extraño nudo en la garganta. Le gustaba su sonrisa, su pasión por la independencia, y algo en ella le hizo desear que confiara en él - A las ocho en punto en el vestíbulo. ¿Necesitas comprar algo?

Ella esbozó una enigmática sonrisa y negó con la cabeza.

- Oh, no. He traído el vestido perfecto!

***

A las ocho y cuarto, Edward estaba caminando de un lado para otro en el vestíbulo. Si Bella no estuviese en el palacio, sospecharía que lo había dejado plantado, y aunque era alentador que no hubiese peligro de emparejamiento, en el fondo de su ego le dolía la falta de interés de aquella mujer. Incapaz de esperar más, les dijo a los guardias que se tomaran un descanso mientras él iba a buscarla.

Llamó a su puerta varias veces, pero no hubo respuesta y no pudo evitar preocuparse ¿Había pasado algo malo?

- ¿Bella? - llamó mientras abría la puerta.

La puerta del cuarto de baño estaba abierta, y Bella salió entre una nube de vapor envuelta en una toalla.

Tenía el pelo mojado de la ducha, y gotas de agua salpicaban la protuberancia de sus pechos cremosos. Edward se quedó boquiabierto.

- Ups! - exclamó ella con los ojos como platos - Lo siento! Lo siento! Lo siento! Estaba estudiando y perdí la noción del tiempo - dijo mientras corría de un lado para otro buscando su ropa y sacaba de un cajón unas braguitas de seda y un sujetador de encaje - Estaré lista en diez minutos! No tardo!

No parecía ser consciente de que estaba completamente desnuda bajo la toalla. Edward sintió cómo su temperatura corporal se elevaba hasta límites insoportables, y se preguntó cómo sería su tocarla y su sabor...

- Bueno - dijo ella con una expresión afligida - ¿Estás enfadado?

- No - respondió él. "Deslumbrado" lo definía mejor - Empezaba a preocuparme, eso es todo.

Ella dejó escapar un suspiro de alivio, lo que atrajo la mirada de Edward a sus pechos. No pudo evitar el deseo de que la toalla se deslizara hasta el suelo. Bajó la vista hasta sus piernas, y se imaginó a sí mismo entre aquellos muslos... Apartó rápidamente ese pensamiento. Necesitaba un trago con urgencia.

- Nos vemos en el vestíbulo… en quince minutos. Aunque, sinceramente, nunca he conocido a una mujer que pueda estar lista para un baile en ese tiempo.

Los labios de Bella se curvaron en una maliciosa sonrisa.

- Creo que es hora de que conozcas a una.

Doce minutos después, Bella se levantó el doblez de su vestido marrón y amarillo para bajar al vestíbulo. El vestido era horrible y demasiado grande. Llevaba también sus gruesas gafas, y un hilo de agua le caía por la espalda desde su trenza. Aunque sabía que su disfraz ya no era necesario con Edward, pensaba que era mejor seguir mostrándose fea en público.

Al girar una esquina, se encontró con la mirada de Edward y sintió cómo la examinaba centímetro a centímetro. El corazón le dio un vuelco. Parecía que la estaba desnudando con los ojos, pero se aseguró a sí misma que eso no era posible. Edward no la veía como a una mujer sexualmente atractiva, igual que ella no lo veía a él como un hombre sexualmente atractivo. "Eres una mentirosa Bella. Te mueres por desnudarlo" pensó y trató de callar inmediatamente esa voz interna.

- Menos de quince minutos! – dijo triunfalmente con una sonrisa - El único problema es que mi pelo no se ha secado ¿Listo para acabar con esto? - le preguntó con determinación.

- Tu transformación es increíble! - dijo él sonriendo - ¿Dónde has encontrado este...? - le señaló el vestido, como si no encontrara la palabra correcta para definirlo.

- Fácil. Una vez me dijeron cuáles eran los colores que mejor me sentaban y cuáles eran los peores. La combinación de marrón y amarillo es...

- La peor - concluyó él.

- Así es - dijo ella con una sonrisa.

El levantó la vista del vestido a sus ojos y ella sintió cómo se le encogía el estómago. De hambre, seguro que era de hambre, intentó convencerse a sí misma.

- ¿Puedes quitarte las gafas cuando estemos solos?

- ¿Por qué? - preguntó, con un repentino nudo en la garganta.

- Porque yo te lo pido.

El tono de autoridad real la divirtió al mismo tiempo que su petición la inquietaba, pero no se le ocurrió ninguna razón para negarse.

- De acuerdo - se encogió de hombros y se quitó las gafas, preguntándose cómo era posible que se sintiera tan desnuda si iba cubierta del cuello a los pies.

Edward le ofreció su brazo.

- El baile espera.


Hola!

Nuevo capitulo de nuestro querido y sexy principe xD y como pueden ver, Bella sigue con su estilo patito feo :D La verdad, me gusta mucho este capitulo... las conversaciones entre ellos, sobretodo al final en la parte del vestido xD Ojala a ustedes tambien le haya gustado ñ.ñ

Como siempre y sin poder evitarlo, les agradezco a todas los reviews que dejaron en el primer capitulo! fue una muy grata sorpresa darme cuenta de lo mucho que les gusto la historia xD

Trataré de subir lo antes posible el siguiente capitulo asi que paciencia queridas lectoras xD

Nos vemos en el siguiente capitulo Y NO OLVIDEN DEJAR SUS REVIEWS!

Un abrazo de oso

PollyCox99