Summary: La familia del príncipe Edward estaba empeñada en casarlo con una princesa o una heredera, pero él había elegido a Bella Swan. Un falso compromiso con ese "patito feo" le permitiría dedicarse a su gran amor, la medicina, sin que jamás hubiera peligro de que llegara a nada más. Pero Bella Swan se estaba convirtiendo en un verdadero cisne delante de sus propios ojos. Todos Humanos
Capitulo 4: Alice y... ¿Elvis?
Bella se quedó sin respiración, sintiendo como si se hubiera estrellado contra una pared de ladrillo. Se apartó de él y le echó una mirada cargada de recelo entrecerrando sus ojos.
- Puedes decirme ¿cuánto tiempo lleva tomando alucinógenos, Alteza? ¿Acaso estas drogado?! ¿o necesitas ayuda psiquiatrica?! Porque esta es una broma de muy mal gusto Edward...
Edward esbozó una sonrisa torcida y se levantó de la cama.
- No es una broma, no me drogo y mi cabeza está perfectamente. De hecho, la idea que he tenido es propia de un genio.
- La genialidad está muy cercana a la locura - murmuró ella.
- No, en serio, es genial - insistió él - Si nos comprometemos, mi madre me dejará en paz y yo podré hacer lo que quiero hacer. Y lo mismo pasará contigo y tu padre. Dejará de buscarte marido y serás libre para hacer lo que quieras.
Bella frunció el ceño.
- Sí, pero te olvidas de algo muy importante "genio" – dijo recalcando firme y sarcasticamente la ultima palabra - Un compromiso suele ser el paso previo a una boda, y ninguno de los dos quiere casarse!
- Eso se resuelve alargando el compromiso.
- Un compromiso alargado también acaba en boda - respondió ella, levantándose de la cama para encararlo.
- No necesariamente. Los compromisos pueden romperse.
Bella pestañeó, sorprendida.
- Romperse... - repitió.
- Claro! Dentro de unos años, puedes darme una patada en mi trasero real - dijo él de buen humor - Sería perfecto! Eso me sacaría de la lista de los solteros más codiciados y me libraría del acoso de la prensa. Podría dedicarme a mis objetivos médicos sin distracción.
- Edward, en serio. No creo que lo hayas pensado bien - replicó ella - El compromiso causaría un tremendo interés en los medios de comunicación, y no dejarían de fastidiarnos para que les diéramos una fecha de boda. Además estaríamos obligados a hacer apariciones en público. No, no me parece una buena idea.
Edward la miró a los ojos, llenos de pánico. Estaba seguro de que aquella mujer tenía la inteligencia y la independencia necesaria para interpretar la farsa.
- ¿Qué alternativa propones entonces? - le preguntó.
- Podría retrasarlo por culpa de una gripe o una neumonía. O podría romperme algún dedo del pie. Aunque eso sería bastante molesto, la verdad.
- El compromiso es la solución - le aseguró él - Le diremos a mi familia que lo mantenga en secreto por una temporada. Luego, cuando se filtre a la prensa, anunciaremos que nuestra boda será dentro de dos años. Cuando nuestras familias empiecen a presionarnos, pospondremos la ceremonia por algún motivo u otro. De ese modo conseguiremos cuatro o cinco años de libertad! – dijo sonriendo y suspirando – Libertad! Casi puedo... tocarla!
- No sé... - dijo ella, observándolo dudosa - ¿Qué pasaría si conoces a alguien con quien quieras...? - se interrumpió al tiempo que sus mejillas se ruborizaban - ¿Cuando te haga falta...? - volvió a interrumpirse y carraspeó.
- ¿Cuando necesite qué?
Bella soltó un suspiro de frustración.
- Cuando tu testosterona se ponga en marcha y te domine por completo! - le dijo, alzando el mentón en un gesto de desafío.
Edward pensó que en cualquier otra época podría haberle ordenado que fuera sumisa en todos los aspectos. Los Cullen no se caracterizaban precisamente por abusar de su autoridad real, pero Edward tenía el vago presentimiento de que la independencia de Bella podría provocar a un hombre a hacer lo que fuera por hacerla suya.
- ¿Mi testosterona? – dijo - ¿Te refieres a cuando sienta la necesidad de empezar una guerra por la dominación del mundo? ¿A cuando tenga ganas de agarrarme a golpes en un bar después de unos tragos?
- Sabes muy bien a lo que me refiero... Cuando encuentres a alguien a quien quieras… tu sabes… tener como amante.
A Edward volvió a asaltarlo la imagen de Bella en la cama. Desnuda, apasionada, ansiosa por dar y recibir placer...
- ¿Cuál es el problema?
- Bueno, si la prensa se entera de que tienes una amante estando comprometido...
- Puedo ser discreto - la interrumpió él - ¿Pero y tú?
Ella puso los ojos como platos, como si nunca se hubiera planteado esa posibilidad.
- Mmm, yo... - negó con la cabeza y se pasó una mano por el pelo - Tener un amante no es precisamente mi prioridad. Hay otras cosas que son mucho más importantes para mí en este momento.
- Pero todo el mundo tiene sus necesidades, Bella
Ella se mordió el labio y sus ojos se oscurecieron, como si escondieran sensuales secretos.
- Seré discreta.
- Entonces todo está arreglado - dijo él - Estamos comprometidos.
- Hey! No, no lo estamos - replicó ella - Nada está arreglado. No voy a tomar una decisión así en mitad de la noche. Tengo que pensarlo muy detenidamente.
- ¿Tan desagradable me encuentras como novio falso? – dijo con fingida tristeza.
- Yo... - Bella se cruzó de brazos - yo no he dicho que te encuentre desagradable. Pero tu idea del compromiso sí me lo parece.
- ¿Pero… te he ofendido de algún modo?
- No - reconoció ella - tu sabes que eres atractivo, inteligente y encantador cuando quieres, Edward. Y te aprovechas de ello!
- ¿Entonces por qué retrasarlo?
- Porque quiero - dijo ella volviendo a alzar el mentón.
- Eso no es razonable.
- Son más de las tres de la mañana, y un príncipe medio desnudo me ha pedido que me comprometa con él. No tengo por qué ser razonable.
- Uhm… ¿Ayudaría en algo si me vistiera?
- No lo sé - dijo ella frotándose la frente - Ayudaría si te vas de mi cuarto.
Edward le tocó la barbilla y le hizo levantar la cabeza. Parecía tan incómoda y afligida que una extraña sensación de ternura lo invadió. De repente quiso aliviar la confusión que veía en su rostro. Quería que confiara en él.
- Va a salir bien, Bella - le aseguró, rozándole con el pulgar el labio superior. El tacto le provocó una ola interna de excitación - De hecho, puede ser perfecto.
- Nada es perfecto - susurró ella. En sus ojos era evidente una mezcla de recelo y de deseo reprimido. Un desafío que él no podía ignorar.
- Ten fe, Bella. Puede que te sorprenda.
Sin decir más, unió su boca con la suya y se sorprendió por la corriente eléctrica que lo traspasó. Los labios de Bella eran cálidos, suaves y tentadores. El intensificó el beso, absorbiendo la deliciosa sensación, el dulce sabor de su boca. No pudo resistirse e introdujo la lengua en su aterciopelado interior.
Ella le atrapó instintivamente la lengua con los labios, y Edward experimentó una erección inmediata. La apartó y la miró a los ojos.
- No tiene por qué ser tan malo - dijo él.
Ella se humedeció los labios y respiró hondo.
- Es una locura - dijo negando con la cabeza - Y tú… eres malvado.
***
A la mañana siguiente Bella no podía soportar la reclusión en su acogedora habitación, de modo que se fue a pasear por los jardines de palacio. Se preguntó si la proposición de Edward había sido un sueño, y rezó porque al menos lo hubiera sido el beso. Pero sabía que había sido real.
A la luz del día la idea del compromiso resultaba absurda, pero aun así Bella podía verle el lado bueno. Si mantenían el noviazgo fingido bajo control, era muy posible que tanto ella como Edward consiguieran más libertad de sus respectivas familias. Sin embargo, la idea de tratar con la prensa le revolvía el estómago...
Unos gritos en la distancia interrumpieron sus pensamientos:
- Elvis! Elvis!
Bella miró en la dirección de las voces y vio a Alice, la esposa del príncipe Jasper, y a su hijo Max, un niño de 5 años con el cabello rubio de su padre y los ojos de la hermosa y alegre mujer que se acercaba a ella.
¿Elvis? Se preguntó si acaso la familia entera estaba loca. ¿Habría algún extraño virus en el agua de aquel país?
Alice le hizo señas con la mano.
- Estamos buscando a Elvis - le dijo corriendo hacia ella sonriendo. La cara de Max era una viva expresión de angustia.
- Elvis... - repitió Bella - Elvis Presley. ¿No es...?
- No! - exclamó Alice riendo - Elvis es el sabueso de Max. ¿Lo has visto?
- No, pero solo llevo fuera unos minutos. ¿Necesitas ayuda?
- Por favor! Por favor!! - le rogó Alice saltando como una niña - Vamos a mirar en el estanque. Si no lo encontramos pronto, tendremos que pedirles ayuda a los guardias, y entonces se enterará la reina.
- Y entonces nos dirá "te lo dije" - añadió Max - A la abu no le gusta Elvis.
- No es que no le guste – aclaró Alice – Esme de verdad es una mujer muy paciente y acepta todas las ideas de este diablillo – revolvió el pelo de su hijo - pero los ladridos de Elvis la ponen un tanto… tensa.
- Y también que orine dentro del palacio - volvió a intervenir Max – pero es un perro! Ni modo que vaya al baño!
- Sí, y cuando destrozó aquel sillón del siglo XVI. Pero las mascotas hacen esas cosas - repuso Alice encogiéndose de hombros.
Bella no pudo evitar una sonrisa al pensar en la extraña combinación de la normalidad con el protocolo del palacio.
- ¿Y cómo consiguieron que la reina accediera a tener un perro en palacio?
- Mamá es la mejor! lo pasó a escondidas después de que yo distrajera a la abuela - respondió Max con orgullo - ¡Elvis! - volvió a gritar.
- Los guardias llegarán de un momento a otro! - dijo Alice con una mueca de dolor pero siempre sonriendo - No podemos gritar!
Deseosa de ayudar, Bella se llevó los dedos a los labios y exhaló un estridente silbido.
- Wow!! - dijo Max, maravillado.
Al momento se oyó a lo lejos el ladrido de un perro, y segundos después apareció un sabueso entre los árboles.
- Elvis! - lo llamó Max.
Alice miró a Bella y le sonrió.
- Wow! Bella! Nos has salvado!! ¿Cómo podemos pagártelo? ¿Qué te parece tener a Edward en una bandeja de plata con una manzana en la boca? - le sugirió con un brillo malicioso en los ojos.
Bella sintió una ola de calor ante la sola mención de su nombre.
- Oh, no - dijo, negando con la cabeza - Yo no...
Alice le dio una palmadita en el hombro.
- Tranquila. Todo el mundo sabe que Edward puede ser el hombre más encantador del mundo cuando quiere. Y que también puede ser todo lo contrario si cree que eso lo ayudará en su objetivo.
Bella no sabía qué decir, de modo que se limitó a agitar la cabeza.
- Vamos hijo, llevemos a Elvis adentro - le dijo Alice a Max, que estaba atando una correa al collar del perro. Los tres echaron a andar y Alice se volvió hacia Bella - Espero que Edward no haya sido un bruto!
- Claro que no - respondió Bella pensando que "bruto" era un adjetivo muy suave para definir a Edward - Está siendo el anfitrión perfecto.
Alice la miró con escepticismo entrecerrando los ojos, y Bella se concentró en mantener el equilibrio para no tropezar.
- Ve tú primero y encierra a Elvis en el sótano, cariño - le pidió Alice a Max.
- Pero ma! yo quiero jugar con él - protestó el niño frunciendo el ceño.
- Puedes jugar en el sótano, cariño - insistió ella tiernamente.
Bella la miró y se sorprendió al ver que la piel de Alice se había puesto blanca como papel. Alarmada, se acercó a ella.
- ¿Necesitas sentarte?
Alice negó con la cabeza y se llevó un dedo a los labios.
- Dale a Elvis un poco de agua, cielo - le dijo a Max - Seguramente está muerto de sed. Estaré contigo en unos minutos...
Max salió corriendo hacia el palacio, y Alice se sentó en un banco de piedra y escondió la cara entre las manos.
- ¿Debería llamar a Edward? - le preguntó Bella, sintiéndose inútil - ¿O a Jasper?
- Oh, no. No te preocupes. En serio!
- ¿Quieres que te traiga algo de beber?
- No, gracias. Solo necesito respirar hondo y calmarme.
- Entonces deberíamos entrar - sugirió Bella
- Habrá muchas preguntas y mucho jaleo! – Alice hizo una mueca de desagrado haciéndola parecer una niña - Aún no me siento preparada para eso.
Bella la miró confundida.
- ¿Por qué no vienes a mi habitación?
Alice la miró y asintió lentamente mientras sonreía.
- Esta bien. Vamos.
Solo les llevó dos minutos llegar a la suite, pero Bella sudaba por el esfuerzo de sostener a Alice, rezando por no perder el equilibrio. Nada más entrar en el dormitorio, Alice se tumbó en la cama y cerró los ojos.
- ¿De verdad no quieres que avise a Edward? - le preguntó Bella
- De verdad - respondió ella con un suspiro y la miró fijamente - ¿Puedes guardar un secreto?
Bella asintió. Después de todo, su vida estaba llena de secretos. ¿Qué importancia tenía uno más?
Alice abrió los ojos y sonrió radiante.
- Estoy embarazada - susurró.
Aunque estaba a un metro de distancia. Bella pudo sentir el calor de la alegría de Alice. "No solo Rosalie está embarazada", pensó Bella
- Qué emocionante! Seguro que el príncipe Jasper está encantado.
La sonrisa de Alice se desvaneció.
- Bueno, aún no lo sabe.
- ¿No? - Bella parpadeó con incredulidad.
- Se lo diré pronto. Es solo que… - una sombra de culpa oscureció los ojos de Alice – Sé que cuando lo haga vigilará cada uno de mis movimientos y comidas. Se preocupa muchísimo por mi salud y bienestar. Es tan sobre protector! – sonrió enamorada y suspiró – corrijo: es tan sexy y sobre protector!
Ambas se miraron y rieron.
- Está claro que te quiere mucho - dijo Bella sintiendo un repentino deseo de que alguien la amara así.
- Lo sé! Y yo lo adoro! - corroboró Alice con una inmensa sonrisa - Cuando nos conocimos, yo no pensaba en casarme, y menos con un hombre que estaba destinado a ser rey, pero Jasper, mi Jazz, me hizo cambiar de opinión - miró a Bella a los ojos - Los Cullen tienen la costumbre de cambiar las opiniones de la gente.
Bella pensó en la ridícula proposición de Edward y sintió que se le hacía un nudo en el estómago. "Mi opinión no la cambiará", se dijo a sí misma.
- Bueno, parece que tú también ejerces cierta influencia por aquí, ya que Elvis está viviendo en el palacio.
- Un poco – aceptó Alice riendo – solo uso mis encantos! - Pasó la vista por la habitación y se fijó en el escritorio - Veo que has traído tu ordenador ¿Trabajas para tu padre?
Bella no pudo contener una carcajada.
- La verdad es que no. Mi padre es muy dominante, y aún me ve como a una niña de diez años.
Alice asintió comprensivamente y se sentó en la cama.
- No me digas. Quiere que te cases para que de ese modo estés a salvo y protegida.
- Ni que hubiera puesto un anuncio en la prensa! - dijo Bella - Creo que todo el mundo sabe que mi padre quiere verme casada.
- Si te sirve de consuelo, no estás sola - los labios de Alice se curvaron en una sonrisa de apoyo - Esme quiere que todos sus hijos se casen y tengan herederos. Y en este momento Edward es el siguiente en su lista.
Unos golpes en la puerta interrumpieron la conversación. Bella abrió y el corazón le dio un vuelco al ver a Edward y la determinación en su mirada.
- ¿Y bien, Señorita Swan? - preguntó él tomándole una mano y llevándosela a los labios - ¿Ha decidido aceptar mi proposición?
Hoola!
Jo Jo Jo! Alice ha llegado a la historia! xD y si, está embarazada al igual que Rosalie! Edward tendrá dos sobrinitos mas xD Espero que disfruten mucho leyendo este capitulo y esperen con ansias la respuesta de Bella a la proposición de Edward!
Muuuchas gracias por todos sus reviews! cada día que me conecto para subir un capitulo me sorprenden y alegran la vida todos sus hermosos comentarios! se les agradece de tooodo corazon!
A tooodas las personas que pasan por mis fics, les deseo que la magia de la navidad los ilumine y los ayude a cumplir todos sus sueños y deseos! Feliz Navidad a Ustedes y a los que los rodean :)
Nos vemos en el proximo capitulo! Y NO OLVIDEN DEJAR SUS REVIEWS!
Un abrazo!!
PollyCox99
