Summary: La familia del príncipe Edward estaba empeñada en casarlo con una princesa o una heredera, pero él había elegido a Bella Swan. Un falso compromiso con ese "patito feo" le permitiría dedicarse a su gran amor, la medicina, sin que jamás hubiera peligro de que llegara a nada más. Pero Bella Swan se estaba convirtiendo en un verdadero cisne delante de sus propios ojos. Todos Humanos


Capitulo 7: Cambios

Edward metió la cabeza en el agua fría del océano para bajar su temperatura corporal. Estar sentado junto a Bella en un Jeep, sin ninguna otra distracción, era una lenta llamada a los instintos carnales. No podía explicarlo. No sabía si eran sus ojos, el modo en que se mordía los labios o su fragancia dulce y embriagadora. Todo lo que sabía era que durante el trayecto no había podido pensar en nada más que en despojarla de sus ropas y poseerla salvajemente.

Sin duda Bella se quedaría espantada si supiera lo obsesionado que estaba con la idea de deslizarse entre sus blancos muslos y penetrarla hasta que ambos explotaran.

Ahogó un gemido y volvió a introducir la cabeza en el agua. No podía quedarse sumergido mucho tiempo, porque sabía que Félix lo vigilaba. Por suerte, los guardaespaldas de Edward habían aprendido a vigilarlo sin entrometerse.

Edward miró hacia la orilla y vio a Bella iluminada por la luna. Sonrió para sí mismo. Bella sentía curiosidad, a pesar de que había jurado no bajarse del coche y mucho menos bañarse en el mar con él.

- Vamos, Bella! el agua está riquísima! - la animó, aunque el agua estaba un poco fría.

- Parece que está fría! - gritó ella.

- Está genial! Vamos, nunca hubiera pensado que le tenías miedo al agua - le dijo para provocarla.

- No le tengo miedo! - espetó ella.

- Demuéstralo.

- No tengo que demostrarte nada.

Cierto, pensó él, y se acercó a la orilla. Entonces la vio quitarse los zapatos y desabrocharse la camisa, y el corazón le dio un vuelco.

- Date la vuelta! - le ordenó ella.

A Edward le costó obedecer, pero se giró hacia el negro horizonte. Supo que Bella se había metido en el agua al oírla chillar.

- Eres un mentiroso! Está helada!

- Vigorizante - corrigió él. Miró por encima del hombro, pero para su frustración Bella ya se había sumergido hasta el cuello.

- Fría - dijo ella nadando hacia él. Edward se dio la vuelta por completo.

- Tienes que admitir que sienta muy bien después de un largo día en la clínica.

- Puede ser - reconoció ella - Pero unos minutos más y sufriré una hipotermia.

Él le tomó una mano y se la apretó.

- Compartir el calor corporal es una excelente prevención contra la hipotermia.

- Y también lo es salir del agua - replicó Bella, permitiéndole que tirara de ella hacia él.

Edward sintió el roce de sus pezones endurecidos contra su pecho y su vientre desnudo contra el suyo. Los pensamientos carnales que había intentado reprimir se propagaron por su cabeza como un reguero de pólvora. Bella tenía el pelo echado hacia atrás y gotas de agua resbalando por sus mejillas.

- Pareces una sirena - le dijo.

- No puedo parecer una sirena - contestó ella. Su mirada era intensa, pero cautelosa - No tengo aletas.

- Tu cara, tu pelo, tus ojos... Pareces una sirena del mar.

Ella se acercó más y se mordió el labio, un gesto que volvió loco de deseo a Edward.

- ¿Siempre dices esas cosas después de un duro día de trabajo? - le susurró.

- No - respondió él con una sonrisa - Solo cuando he tenido un duro día de trabajo con una sirena. Deja de morderte el labio.

Ella frunció el ceño, y sus pechos se rozaron de nuevo contra él.

- ¿Por qué?

- Para que pueda besarte - le dijo, y aproximó su boca a la de ella.

Los labios de Bella eran suaves y sabían a agua salada. Edward los acarició con la lengua y ella abrió la boca en invitación. Incluso en el agua fría, Edward sintió que empezaba a arder por dentro, y cuando sus lenguas se encontraron su erección creció.

Deslizó las manos por su espalda, apretándola contra él. Era una sensación deliciosa, pero quería más, necesitaba mucho más. Llevó una mano hasta sus glúteos para que lo abrazara con las piernas, pero la fina barrera de sus braguitas de algodón lo hizo gruñir.

- Te quiero desnuda.

Ella se aferró a sus hombros y se echó un poco hacia atrás para mirarlo a los ojos, excitada y confusa al mismo tiempo.

- Las cosas van muy deprisa. ¿Qué estamos haciendo? Creía que solo teníamos que fingir un compromiso.

- Y eso hacemos - le aseguró él - Pero ya te dije que eso no significa que no te desee.

- Podrías tener a cualquier mujer. ¿Por qué yo? ¿Porque soy de confianza? ¿O porque soy conveniente?

Edward no había querido pensar en eso hasta el momento, pero Bella lo estaba obligando.

- Te deseo porque me ves como a un hombre - le respondió, volviendo a apretarla contra él - Te deseo por la honestidad que veo en tus ojos y por la pasión que escondes bajo la piel. Puedo sentirla... - le puso una mano sobre el pecho y jugueteó con el pezón.

Ella gimió y él la besó de nuevo. Esta vez Bella lo recibió con ansia, entrelazando la lengua con la suya. Edward le apretó las nalgas, haciendo que se ondulase contra él. Si no fuera por las braguitas podría penetrarla... Aquel pensamiento lo excitó aún más.

Entonces sintió cómo ella empezaba a temblar, y se dio cuenta de que el frío la estaba afectando. La sostuvo por las caderas y la llevó hasta la orilla. Su cuerpo, húmedo y casi desnudo se deslizó contra el suyo mientras se ponía de pie frente a él. Sus pechos seguían presionados contra su torso, torturándolo.

- Esto me parece una locura - susurró ella.

- Pues me seguirá volviendo loco hasta que hagamos algo al respecto.

- No estoy segura de que lo que tengas pensado sea una solución.

- ¿Tienes alguna otra sugerencia? - la desafío él.

- No lo sé - respondió ella. Respiró hondo y se apartó. Más le valdría que se le ocurriera algo, porque sentía que Edward la estaba empujando hacia un torbellino, inmenso y sensual... y una parte de ella estaba ansiosa porque la arrastrara.

***

El sueño de Bella estuvo invadido por tentadoras imágenes de Edward besándola y haciéndole el amor. Estaba tan cansada que se quedó dormida hasta muy tarde, y no se despertó hasta que un golpe en la puerta le hizo dar un brinco. Gran error. La habitación se puso a dar vueltas. Bella inclinó la cabeza a un lado y empezó a contar.

- Buenos días, dormilona - la saludó Edward entrando con la bandeja del desayuno - ¿Te desperté?

Bella siguió contando, sin responder. Edward dejó la bandeja en la mesita de noche y se inclinó sobre ella.

- ¿Qué te ocurre?

- Estoy esperando que la habitación... - parpadeó y lo miró a los ojos - deje de moverse. Y sí, me has despertado, pero el desayuno tiene muy buen aspecto - dijo al tiempo que se sentaba en la cama.

Edward le tomó la cara entre las manos y la observó como médico.

- ¿Con qué frecuencia tienes vértigo? - le preguntó.

- No sé. No le he prestado mucha atención. A veces pasan meses sin que me maree, pero otras me ocurre a diario - se encogió de hombros - Seguro que no es nada serio. Solo un pequeño problema de equilibrio que tengo desde los once años.

- ¿Has notado si lo provocan los movimientos rápidos y repentinos?

- Quizá. No he pensando mucho en la causa, sino más bien en los cuidados posteriores. ¿Por qué lo preguntas?

- Porque voy a llevarte a visitar a un amigo mío - dijo él, aún observándole los ojos.

- ¿Cuándo y dónde? - preguntó ella apartando los dedos de su cabeza. Tal vez Edward pudiera tocarla sin inmutarse, pero ella no podía decir lo mismo. Agarró una tostada de la bandeja y le dio un mordisco.

- Hoy. En París.

Bella casi se atragantó con la tostada

- ¿París?!! ¿Por qué?

- Es un médico especialista. Quiero que te examine.

Bella sintió una extraña mezcla de miedo y esperanza. Aunque la torpeza era su cruz particular, siempre había asumido que se trataba tan solo de eso: de simple torpeza. ¿Qué pasaría si había una razón médica para su falta de equilibrio? ¿Podría curarse?

- ¿De verdad piensas que tengo algo malo? ¿Algún problema serio?

- Es posible. Hay muchas cosas que no quieres hacer por miedo a marearte. Creo que te debes a ti misma una explicación.

La emoción la invadió, y apartó de sí las sábanas de la cama.

- ¿Cuándo nos vamos?

Edward se echó a reír.

- Tal vez quieras vestirte primero.

Tan solo dos horas más tarde, el jet de la familia real aterrizaba en París. Una limusina recogió a Bella y a Edward en el aeropuerto y los condujo a una consulta de la orilla izquierda del Sena, donde un socio de Edward, el doctor Laurent, les dio la bienvenida. Bella rellenó un extenso cuestionario y contestó a unas preguntas del doctor. Después de un exhaustivo examen médico, el doctor negó con la cabeza y murmuró algo en francés.

- Oh no… Dígame que no es nada serio - dijo Bella, impaciente por saber si había sacado algo en claro.

El doctor Laurent sonrió y volvió a negar con la cabeza.

- "Serio" es un término muy relativo. Creo que su vértigo puede estar relacionado con un problema en el oído interno.

- ¿Pero la gente con problemas en el oído interno suelen tener náuseas?

- A menudo, pero no siempre. En mi opinión, el problema se localiza en el oído derecho. Y usted ha dicho que tiende a caerse hacia la derecha, ¿verdad?

- Sí - murmuró ella, sin saber si sentirse aliviada o asustada.

- Estupendo, porque el tratamiento es muy sencillo y tiene una efectividad del noventa y cinco por ciento.

- ¿Quiere decir que desde hoy ya no seré más una torpe? - preguntó Bella maravillada ante semejante perspectiva.

- Vamos a ver qué ocurre - respondió el doctor.

Cuarenta y cinco minutos después, Bella salía de la consulta con las instrucciones para las siguientes cuarenta y ocho horas.

- Ha sido muy sencillo - dijo, casi temerosa de esperar que el doctor Laurent pudiera tener razón - Demasiado sencillo.

- Limítate a seguir sus instrucciones y verás cómo empiezas a notar las diferencias - le dijo Edward

- Pero… ¿por qué mi médico en Estados Unidos no vio esto? - preguntó ella, confusa y un poco enojada, mientras se dirigían hacia la limusina.

- Como tú misma dijiste, no te quejaste mucho del problema, por lo que tu médico se concentró más en las heridas y lesiones causadas por el vértigo.

- ¿Estás diciendo que debería haberme… quejado mas?

Edward se detuvo y asintió.

- Sí. Si algo te estaba molestando, si te mareabas con frecuencia, deberías habérselo dicho a alguien.

- Mi padre estaba tan decepcionado conmigo que no quise añadir las quejas a mi lista de defectos. Sé que él hubiera preferido tener un niño en vez de una niña, especialmente después de que mi madre lo dejara cuando yo tenía siete años - Bella sintió una punzada de dolor mezclada con vergüenza al hacer la confesión. Siempre había sabido que no había cumplido con lo que su padre esperaba de ella.

Edward le dio un golpecito en la nariz con el dedo.

- Te has quedado muy callada. ¿Qué piensas?

- Creo que un psicólogo se haría rico si tuviera que escuchar todos mis pensamientos - dijo ella con una triste sonrisa - Fui educada con muchos lujos y comodidades, y fui a magníficos colegios privados. Nunca he pasado hambre ni carencia, y me han hecho más regalos materiales que a cualquier otra persona. Sería una desagradecida infeliz si me quejara.

Edward la miró a los ojos y vio algo más extraordinario que unos diamantes: un corazón puro. Entendía perfectamente a Bella, pues a él mismo lo habían colmado con regalos materiales. Pero, a diferencia de ella, él también había disfrutado del regalo de una familia, y de su hermano Jasper había recibido comprensión y apoyo. Si alguien merecía lo mismo, esa era Bella. Le tomó las manos. No podía soportar que una mujer así careciera de algo tan importante.

- Eres una mujer muy interesante. Me recuerdas todo lo bueno que yo quiero ser.

Ella negó con la cabeza, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

- No sé cómo voy a hacerlo, pero si el tratamiento del doctor Laurent funciona, mi vida cambiará por completo. Y todo será gracias a ti.

- Si después de las primeras cuarenta y ocho horas te sientes mejor, ¿qué es lo primero que quieres hacer?

- Oh… muchas cosas: bailar, correr, saltar... - el rostro se le iluminó como un árbol de Navidad - Conducir un coche.

Para Bella las cuarenta y ocho horas pasaron insoportablemente lentas. Siguió las instrucciones del doctor Laurent al pie de la letra, y animó a Edward a que fuese a trabajar a la clínica mientras ella se quedaba acostada, muy recta y evitando cualquier movimiento brusco. Cinco minutos antes de que acabara sus 48 horas, oyó un golpe en la puerta.

Convencida de que era Edward, se levantó y fue a abrir.

- Aún me quedan cinco minutos - dijo, y se rió nerviosa. Estaba tan aliviada de verlo que las manos le temblaban.

- Deja revisarte - dijo Edward. Parecía tan ansioso como ella y procedió a hacer un reconocimiento similar al que hizo el doctor Laurent - Ponte los zapatos de baile - le dijo al acabar - Te recogeré esta noche a las ocho.

Le dio un rápido beso y salió de la habitación. A Bella le costó unos segundos darse cuenta de que el tratamiento había funcionado. Dejó escapar una exclamación de alegría y se dio un pellizco a sí misma. La cabeza le bullía con un sinfín de posibilidades. La independencia era ya una posibilidad real, tan cercana que casi podía saborearla.

Momentos después volvieron a llamar a la puerta. Abrió y se encontró a Alice mirándola con expresión preocupada pero expectante.

- ¿Estas bien?

La esposa de Jasper debía de haber oído el grito de alegría. Incapaz de contener la felicidad, Bella dio un salto.

- Maravillosamente bien. Ya no seré torpe nunca más! Estoy curada.

- ¿Curada de ser... torpe? - repitió Alice, arrugando la frente, confusa.

Bella le contó la triste y larga historia sobre su falta de equilibrio y cómo Edward la había llevado a ver al doctor Laurent.

Los ojos de Alice brillaron de aprobación.

- Wow… Así que Edward va a llevarte a bailar esta noche. ¿Qué vas a ponerte?

Bella pensó en su guardarropa y perdió parte de su entusiasmo. Puso una mueca y echó un vistazo a su armario.

- Vaya, solo he traído esta ropa tan horrible - miró el reloj - ¿Crees que las tiendas estarán todavía abiertas?

- Claro que si!!!! – chilló entusiasmada Alice - Pero necesitaré ayuda. Le diré a Rosalie.

- ¿Rosalie? ¿De verdad crees que querrá venir de compras con nosotras?

Alice hizo girar los ojos.

- ¿Estás de broma? ¿Rosalie rehusando ir de compras?

Al poco rato, Rosalie había llamado a cuatro boutiques y Alice a dos zapaterías, y luego las tres se dirigieron hacia la ciudad en la limusina blindada.

- El blindaje del coche es una exageración, pero Esme no me permitiría salir sin él - dijo Rosalie con expresión dolida.

- Eres hija única - dijo Bella - Debes de ser muy importante para ella.

- Está protegiendo su inversión. Espera que me case con un hombre que haga grandes cosas por el país – suspiró tristemente – y yo solo….

- Quieres estar con Emmett

Rosalie la miró sorprendida.

- Lo… sabes

- Yo… lo siento… es que – dijo Bella sonrojada – tu hermano me lo contó y…

- Lo sé. Eres su prometida. Confía en ti.

- Los que pasa es que… vimos a Emmett en la clínica. Está muy preocupado por ti y el bebé. Ade…

- ¿Que bebé? – preguntó Alice interrumpiendo a Bella.

Rosalie agachó la mirada tratando de evitar la de Alice y Bella solo se odió a si misma por ser una bocazas. Alice no lo sabía.

- O por Dios!!!!!!!!!!! - gritó Alice de repente mirando a Rosalie – ESTAS EMBARAZADA!!!???

- Shhh! Maldición Alice! Quieres bajar la voz – murmuró Rosalie – todo Londres puede escuchar tus gritos!

- Lo siento. Lo siento. No sabía que… lo siento – decía Bella una y otra vez disculpándose.

- ¿Pero como?

- Alice, creo que ya sabes "como", tienes un hijo ¿recuerdas? – dijo Rosalie apenas sonriendo.

- Quiero decir… ¿Qué vas a hacer?

- No lo sé, Alice. Pero por favor, no estoy lista para decírselo a mamá. Tienes que mantenerlo en secreto. Por favor.

- Cuenta conmigo, Rosalie – dijo Alice tomando su mano – Todo saldrá bien. Ya veras que todo se solucionara tarde o temprano.

- Eso espero.

- Claro que si, Rosalie – dijo Bella tomando su otra mano - Aunque lo veo desde fuera, parece que la reina está muy orgullosa de todos ustedes. Y solo quiere su felicidad. Tarde o temprano verá que tu felicidad es Emmett y el pequeño que estas esperando.

- Es solo que… - dijo Rosalie - Es demasiado protectora. Tú seguramente no lo entiendas, puesto que vas a casarte con mi hermano, pero lo único que yo quiero es ser independiente. Tomar mis propias decisiones. No que alguien las tome por mi.

Bella sintió remordimientos al pensar en el engaño. Se mordió el labio.

- Entiendo que quieras tomar tus propias decisiones en vez de acatar las opiniones de otra persona - le dijo tranquilamente.

Rosalie giró la cabeza y la miró con interés.

- Edward siempre ha tenido talento para mirar por debajo de la superficie. Desde el primer momento dijo que tú escondías más de lo que mostrabas. Y la verdad es que eres muy distinta a las otras mujeres que mi madre ha paseado ante él - esbozó una sonrisa - Debes de ser muy especial para que esté tan decidido a casarse contigo.

Bella quiso decirle que lo único que Edward y ella compartían era un profundo y apasionado deseo de no casarse.

- Tienes razón al decir que soy distinta de las otras - dijo al tiempo que la limusina se detenía frente a una boutique - Apuesto a que ganaría el premio a la peor vestida.

Rosalie y Alice la miraron con ojos muy abiertos, como si las sorprendiera que Bella fuese consciente de su mal gusto a la hora de vestir.

- Estamos a punto de cambiar eso - le aseguró Rosalie, dándole una palmadita en la mano - Y mucho más.

- ¿Más? - repitió Bella, incapaz de reprimir el tono de angustia.

- Tranquila. Estás en buenas manos – dijo Alice sonriendo ampliamente.

Tres horas después, Bella, Rosalie y Alice volvieron al palacio con tres nuevos vestidos, zapatos a juego y algunas prendas más, tan atrevidas que solo de pensar en ellas Bella se ruborizaba. Pero ahí no acabó todo, ya que Alice la condujo a un salón donde estaba esperando un estilista quien le cortó y peinó el pelo y le aplicó una generosa capa de maquillaje.

Encantadas con el resultado, Alice y Rosalie le dieron un fuerte abrazo.

- Bella! Me muero por ver la cara que ponga Edward al verte! - dijo Alice saltando - Va a quedarse pasmado!! Estas hermosísima!!

- No sé cómo agradecerles - dijo Bella. Se miró en el espejo y apenas se reconoció a sí misma. Una parte de ella deseó recuperar la seguridad que le daba su fealdad anterior, cuando ningún hombre se giraba para verla. Con su nuevo aspecto... bueno, pronto lo descubriría.

- Oh, ha sido un placer - dijo Rosalie - Créeme, me has salvado de otro interminable y aburrido día en palacio. Ahora ve a vestirte. Quiero ver el efecto completo.

A Bella no le llevó mucho tiempo vestirse. Se miró varias veces en el espejo, pero la imagen de sí misma, combinada con la perspectiva de bailar con Edward, la inquietaba mucho. Rosalie y Alice, en cambio, se quedaron entusiasmadas con la transformación.

Llegaron las ocho en punto, pero Edward no apareció. Pasó otra hora y Alice casi echaba humo por el enfado.

- La medicina es como una amante para Edward - murmuró. Parecía incluso más ofendida que Bella, que por su parte sentía una extraña mezcla de decepción y alivio – Es un tarado!

Pero la hermana de Edward no estaba dispuesta a desperdiciar el fruto de su duro trabajo.

- Bueno, hay otra solución - dijo por fin - Nos iremos las tres a la discoteca sin él.


Hooola xD

Nuevo capitulo! Un capitulo de cambios: Bella deja de ser torpe y deja de ser patito feo. Solo falta saber cual será la reacción de Edward frente a la nueva Bella :D

Muuuchisimas gracias por sus reviews y siento haber tardado un pokito mas en actualizar, es solo que... la celebración del año nuevo estuvo buenisima!!!!!!! Fue lo maximo!!! Aun no duermo jajajaja Espero que ustedes, mis lectoras, lo hayan pasado igual de bien :D

Nos vemos en el proximo capitulo (ya quedan pokitos, porque la proxima semana me voy a la playa a disfrutar de mis merecidas vacaciones :D) Y NO OLVIDEN DEJAR SUS REVIEWS!

Un abrazo!!

PollyCox99