Summary: La familia del príncipe Edward estaba empeñada en casarlo con una princesa o una heredera, pero él había elegido a Bella Swan. Un falso compromiso con ese "patito feo" le permitiría dedicarse a su gran amor, la medicina, sin que jamás hubiera peligro de que llegara a nada más. Pero Bella Swan se estaba convirtiendo en un verdadero cisne delante de sus propios ojos. Todos Humanos
Capitulo 8: Reacciones y Noticias
Bella no sabía cómo había acabado en la discoteca más ruidosa y atestada de Londres bailando con dos hombres a la vez, pero Alice y Rosalie tenían mucho que ver con eso. La hermana de Edward no había hecho caso de sus protestas, y había insistido en que tanto ella como Edward tenían que aprender una lección de aquello. Su hermano tenía que aprender que Bella no siempre se quedaría sentada a esperarlo, y Bella tenía que aprender a divertirse por sí misma en su ausencia.
Bajo la atenta mirada de los guardaespaldas del palacio, las tres daban vueltas al son de la música disco. Una canción seguía a otra, y Bella se deleitaba con su nuevo equilibrio. Cuando finalmente el agitado ritmo dejó paso a una canción lenta, pensó que le vendría bien un descanso, pero sus dos parejas de baile no pensaban lo mismo.
Edward entró en la discoteca, intentando aligerar la tensión que sentía en la garganta. Cuando llegó al palacio y oyó que Rosalie, Alice y Bella habían salido, inmediatamente presintió que habrían problemas. El entusiasmo de su hermana por la diversión estaba haciendo envejecer prematuramente a su madre, y Alice… bueno, era Alice; estaba seguro que Bella estaría en un rincón de la discoteca, deseando paz y tranquilidad.
Al buscar entre la multitud vio a Rosalie y a Alice pero no a Bella. Entonces Félix le señaló una mujer con una larga melena castaña y un vestido negro que revelaba unas piernas esbeltas y un cuerpo voluptuoso. El hijo del ministro de Asuntos Exteriores estaba abrazado a ella como un pulpo.
Edward parpadeó y negó con la cabeza. No era Bella. Pero entonces la mujer giró la cabeza y él vio sus mejillas y sus generosos labios. Una ola de calor lo abrasó por dentro. Se abrió camino entre la multitud, le palmeó el hombro al hijo del ministro y con voz cortante le informó al joven que estaba molestando.
- Edward! - lo saludó Bella con los ojos brillantes.
Él le echó una mirada aprobadora antes de estrecharla entre sus brazos.
- Veo que mi hermana y mi simpática cuñada han hecho un buen trabajo.
- Ambas son increíbles ¿verdad?
- Sí, lo son. Siento llegar tan tarde, pero hubo una emergencia - le dijo, sintiéndose confundido por su afán de posesión.
- Eso pensé - dijo ella encogiéndose de hombros - Quise irme a la cama, pero Rosalie insistió en que tenía que aprender a divertirme si iba a casarme con un médico - hizo girar los ojos y bajó el tono de voz - Odio engañar a tu familia.
Edward vio el remordimiento en sus ojos, pero solo podía pensar en la idea de que Bella se divirtiera por sí misma.
- Veo que has conocido a Mike…
- Alice me lo presentó. Ha sido muy amable al bailar conmigo. Después de todo, solo soy una aficionada.
Edward se tragó una palabrota.
- No creo que "amable" sea la palabra adecuada, teniendo en cuenta que te abrazaba con tanta fuerza que me pregunté si iba a necesitar unas tenazas para separarlos.
Bella se echó hacia atrás y lo miró.
- No creerás que estaba interesado en mí ¿verdad?
- Bella, con el aspecto que tienes esta noche, cualquier hombre soñaría con llevarte a la cama.
Ella parpadeó con asombro, como intentando asimilar el comentario. Una sombra sensual le oscureció los ojos.
- ¿Y eso… te incluye a ti?
Edward sintió cómo crecía su erección. Había intentado sofocar su excitación, pero era inútil. El deseo sexual lo devoraba y, a diferencia de los otros hombres de la discoteca, él sabía lo que Bella escondía bajo aquella ropa.
- Eres muy curiosa.
Ella tragó saliva, pero no se movió.
- Supongo que lo soy.
- Bueno, en ese caso… responderé todas tus preguntas - dijo él, y la guió hasta un lateral de la pista. Sabía que los estaban observando, y el instinto le recordó que debía tener cuidado. Pero a otra parte de él le importaba un bledo.
Ella se apretó contra él al ritmo de la música. Edward sintió la desesperada necesidad carnal de desnudarla allí mismo, pero en vez de eso llevó las manos hasta sus caderas e inclinó la cabeza para besarla.
Bella recibió su lengua, permitiendo que se la introdujera en la boca mientras él le acariciaba los muslos. Cada roce de sus labios o de su pelvis hacía que a Edward se le acelerara el pulso y que la sangre le hirviera más y más.
La llevó hasta un rincón a oscuras y le levantó el dobladillo de la falda. Con los dedos le acarició la piel desnuda y sedosa. No pudo resistirse a subir por la pierna, y cuando por el tacto descubrió que llevaba un tanga, estuvo a punto de reventar los pantalones.
- Tengo que sacarte de aquí - le dijo - Necesito estar a solas contigo.
La sacó de la discoteca y la llevó a la limusina.
- ¿Y el Jeep? - preguntó ella.
- La limusina ofrece más intimidad - respondió él con una mirada que amenazaba con derretirla.
Desde el momento en que lo había visto en la discoteca, a Bella se le había acelerado frenéticamente el corazón. El cuerpo le ardía de excitación por sus miradas y caricias. Sabía que algo estaba a punto de cambiar entre ellos, pero no tenía la voluntad para impedirlo.
Tan pronto como estuvieron en la limusina, Edward pulsó el botón que subía el panel entre el asiento del conductor y la parte trasera. Acto seguido, la asaltó con un beso que la dejó sin respiración.
Bella sintió que se hundía en un cálido mar de excitación. Edward le devoraba los labios, y ella le condujo la lengua al interior de su boca. Él le pasó las manos por todo el cuerpo, como si estuviera memorizando cada curva. Con agonizante lentitud, deslizó una mano sobre las costillas hasta la cara inferior de los pechos. Los pezones de Bella se endurecieron bajo el sujetador. Ella se movió con impaciencia, ansiando el contacto pleno.
- ¿Qué quieres? - le preguntó él, con una voz cargada de sensualidad - ¿Esto? - le puso una mano sobre un pecho y ella no pudo contener un gemido de satisfacción.
El también gimió como si lo estuviera torturando de placer. Metió una mano bajo el vestido, entre los muslos, y encontró la cinta elástica del tanga. Con el pulgar le acarició la piel suave y sensible de debajo, y Bella contuvo la respiración y se movió para permitirle un mejor acceso.
- Maldita sea! - masculló él - No quiero esperar a que lleguemos al palacio - la miró intensamente a los ojos y volvió a besarla con pasión.
Bella tuvo la sensación de que había estado esperando aquel momento toda su vida. Edward se separó, con la respiración entrecortada, y pulsó el botón del intercomunicador.
- Ve por el camino largo - le ordenó al conductor.
Apagó el comunicador y volvió a centrar toda su atención en Bella.
- Este vestido me lleva irritando desde que lo he visto - le dijo moviendo las manos hacia la espalda de Bella.
- ¿No te gusta? - preguntó ella sorprendida.
- Me gusta tanto que quiero quitártelo - respondió, y le bajó la cremallera.
Bella se quedó sin aire, pero él no se detuvo. Le bajó el vestido hasta la cintura, deleitándose con la visión de su torso desnudo y sus pechos cubiertos por el sujetador de encaje. Sin hacer la mínima pausa, le desabrochó el sujetador y, tras contemplar la gloriosa vista de sus pechos desnudos, le acarició los pezones hasta endurecerlos.
Sintiéndose más excitada por momentos, Bella se arqueó hacia él, incitándolo. Entonces Edward bajó la cabeza y le mordisqueó un pezón, provocándole tensión en las partes íntimas. Ella volvió a arquearse y él gimió y pasó al otro pezón, lamiéndolo hasta que Bella se retorció de placer.
- ¿Te gusta, cielo? - le preguntó en un suave murmullo - Pues esto es solo el principio.
Le deslizó el vestido por las caderas hasta dejarla completamente desnuda, salvo por la tanga negra de satén y las sandalias.
Bella sintió otra oleada de calor y deseo que le nubló la visión. Nunca había experimentado tantas sensaciones a la vez. Agarró la camisa de Edward, ansiosa por sentir su piel desnuda. La carne de Edward ardía con la misma intensidad que ardía en ella. Le pasó las manos por el pecho y las bajó hasta su abdomen.
Él soltó un jadeo y entrecerró los ojos.
- Vamos - la instó, con una mezcla de deseo y desafío.
Con manos temblorosas, Bella le desabrochó los pantalones y le bajó la cremallera. A continuación deslizó las manos bajo sus calzoncillos para tocarlo íntimamente.
Edward dejó escapar un largo y prolongado suspiro y le puso una mano sobre la suya para detenerla.
- Luego - le dijo. Bajó la cabeza y le dió sensuales besos por el vientre. Le quitó la minúscula tanga y le separó las piernas para besarla en los muslos.
Bella se puso rígida, pero Edward estaba firmemente decidido. Le acarició los muslos para tranquilizarla, mientras con su lengua recorría el lugar más sensible y secreto de su feminidad.
Con cada mágica caricia de su lengua, Bella sentía cómo aumentaba su tensión interior. El parecía consumirla, llevándola hasta el borde de lo soportable, haciéndole gritar su nombre... Entonces, con una expresión de urgencia y satisfacción, Edward se quitó los pantalones y los calzoncillos y se tumbó sobre ella con determinación. De alguna parte sacó un preservativo y le hizo levantar los brazos para que se aferrara a sus hombros.
- Aguanta - le dijo, y tras ponerse el preservativo la penetró con un rápido movimiento.
La incomparable sensación dejó a Bella sin aire.
Edward la miró, sorprendido, perfectamente rígido dentro de ella.
- Deberías habérmelo dicho - murmuró.
Bella se humedeció los labios, resecos, e inspiró con fuerza.
- Yo, pues… - era incapaz de pensar con claridad. Lo único que sabía era que no quería parar - No pares - le susurró.
Un brillo primitivo destelló en los verdes ojos de Edward, y empezó a moverse lentamente en su interior. La llenó por completo y borró cualquier pensamiento de su mente. En el cuerpo y alma de Bella solo quedó él, dando y recibiendo, haciendo que deseara entregarle todo.
Sus movimientos se aceleraron ante la promesa de la culminación. La respiración se le entrecortaba, el sudor le cubría el cuerpo, y ella vio en sus ojos el momento del orgasmo. Fue saciada con la embriagadora certeza de que había ayudado a poner esa expresión en el rostro de Edward. Nunca se había sentido más completa.
Los minutos pasaron, y lo único que se oía en el interior de la limusina eran sus respiraciones a la par. Entonces Edward se apartó y, tras besarla en la mejilla, cambió de posición para que ella estuviera sobre él.
Bella se sentía contenta y vulnerable a la vez.
- Tengo una pregunta - consiguió decir finalmente - ¿Se supone que esto va a hacer menos alocada nuestra situación?
Edward se echó a reír, le pasó una mano por la nuca y la besó en los labios lentamente.
- Eres psicóloga. Deberías saber que la represión es desfavorable para la salud mental.
Bella intentó dominar sus pensamientos, demasiado consciente de aquel increíble cuerpo bajo el suyo.
- Sí, pero esto me sigue pareciendo una locura. Quiero decir, si se suponía que hacer el amor contigo una vez iba a aclarar mi mente, entonces...
- ¿Una vez?!! - exclamó Edward mirándola como si hubiera perdido el juicio - ¿Qué te hace pensar que solo vamos a hacerlo una vez?
- Bueno, si nos comportamos así intentando convencer a los demás de que estamos comprometidos, cuando pase el tiempo y no nos casemos... - hizo una breve pausa, confundida - ¿No sería muy extraño?
- No, solo significa que tenemos un acuerdo.
- Oh - Bella puso una mueca e intentó separarse para poder pensar con más claridad, pero él se lo impidió - ¿Te importaría explicarme en qué consiste ese acuerdo?
- Los dos nos comprendemos el uno al otro. Tú comprendes que la medicina es lo más importante para mí, igual que yo comprendo que tus estudios son lo más importante para ti. Los dos nos sentimos irresistiblemente atraídos, pero no queremos casarnos. Así que nos comportaremos como si estuviéramos comprometidos, porque eso es lo mejor para nuestros respectivos propósitos.
- ¿Qué pasa si algo sale mal? - preguntó ella, sintiendo una oleada de diversas emociones.
- ¿Qué podría salir mal?
- ¿Y si nos enamoramos de alguna otra persona?
Edward negó con la cabeza y sonrió.
- Eso no sucederá. Los dos estamos demasiado concentrados en nuestras vidas. Eso es lo bonito de esto!! - le dio un ligero apretón y se sentó, con ella en su regazo - Es una lástima, pero tienes que vestirte para que podamos entrar al palacio. Podemos tomar algo en mi cuarto, y así… podrás quedarte conmigo.
Con la ardiente mirada de Edward fija en ella y sus brazos rodeándola, a Bella le resultó imposible protestar. Sus opciones eran quedarse con él o quedarse sola, y su corazón no ofrecía elección. Intentando dominar la euforia que le recorría las venas, se vistió.
Las piernas le temblaban cuando entró con Edward al palacio, pero esa vez su falta de equilibrio no tenía nada que ver con su oído interno. Todo era por culpa del hombre que tenía al lado.
En el cuarto de Edward tomaron unos sándwiches con soda, y él le contó la emergencia que lo había retrasado.
- He traído un bebé al mundo - le dijo despreocupadamente.
- Wow!!! Me hubiera encantado estar allí!! - dijo ella, sintiendo una punzada de decepción - ¿Fue emocionante?
- Sí, lo fue - respondió con una sonrisa, y la atrajo hacia él en la cama - La verdad es que no muchas mujeres se interesarían por lo que hago.
- Pero lo que haces es fascinante. Gracias a ti mucha gente vive mejor. Ojalá yo pudiera hacer lo mismo.
- Creo que subestimas tus capacidades - dijo él jugueteando con sus cabellos.
- Eso es muy halagador por tu parte, pero no opino lo mismo. Pero estoy segura de que algún día conseguiré contribuir de un modo u otro. Puede que no sea tan importante como tu trabajo, pero ya encontraré un modo.
- Estoy seguro de que lo harás - su mirada la recorrió como una corriente de fuego - Mientras tanto, tengo una sugerencia para que puedas contribuir - susurró, tomando su boca con la suya - Conmigo.
***
A la mañana siguiente, Edward se despertó a la luz de un espléndido amanecer y a la vista aún más espléndida de Bella desnuda en su cama. Parecía imposible, pero volvía a estar excitado. Habían hecho el amor durante toda la noche, y aun así deseaba más de ella. Pero Bella apenas tenía experiencia, y él no quería abrumarla.
Cuando ella abrió los ojos, él vio la confusión en su rostro, seguida por el reconocimiento y la toma de conciencia. Le dio un rápido beso.
- ¿Qué demonios haces desnuda en mi cama?!!!!! - le preguntó en tono burlón, fingiendo sorpresa.
Ella dudó un momento y negó tímidamente con la cabeza.
- Muy gracioso, su alteza – dijo rodando sus ojos - Fuiste tú quien me invitó - le dijo con una sonrisa - Y cuando yo intenté no abusar de tu hospitalidad, me atrapaste bajo tu pierna enorme y pesada.
- No recuerdo haber oído ninguna queja. De hecho, juraría haberte oído decir algo como: "Oh, Edward, no pares. Oh, Edward, es increíble. Oh, Edward..."
Bella le tapó la boca con la mano y lo miró sonrojada sonriendo mientras Edward reía.
- Es muy descortés de tu parte que te burles de mí de esa manera.
El inclinó la cabeza, de modo que sus narices se rozaron.
- No despiertas mis instintos corteses.
- No, obviamente despierto tus emociones básicas - replicó ella, con una voz tan jadeantemente deliciosa que Edward se cuestionó la idea de darle tiempo para que recuperara las fuerzas.
- Ya que anoche no pudimos bailar, me gustaría compensarte hoy. Tengo que hacer unas cuantas llamadas, pero luego haremos lo que tú quieras.
Ella retrocedió ligeramente. Su mirada relucía con sensuales secretos.
- Cualquier cosa menos eso - añadió Edward con un gemido - No quiero abrumarte, así que deja de mirarme así!
- ¿Así cómo?
- Como una diabla acechando mi cuerpo!
- Nunca me habían llamado diabla - dijo ella, boquiabierta de asombro.
- Eso es porque ningún hombre sabe de lo que eres capaz en la cama - le aseguró él, y entonces pensó que no le gustaba la idea de que algún otro hombre lo supiera - Deja de distraerme y dime lo que quieres hacer hoy.
Ella se quedó pensativa unos segundos, y entonces lo miró con la fuerza de una locomotora a toda velocidad.
- Quiero que me enseñes a conducir!!
Oh, demonios...
***
- Pisa el acelerador y suelta el embrague - le dijo Edward por vigésima vez.
Bella pisó el acelerador muy poco al soltar el embrague, por lo que el Jeep hizo un gran ruido. En la limusina aparcada a escasa distancia, Edward vio a Félix levantar la página del periódico que tenía sobre el volante.
Bella suspiró, desanimada. Golpeó el volante con el puño y frunció el ceño.
- Pensé que había resuelto mi problema de coordinación.
- Eso no significa que de la noche a la mañana seas capaz de conducir un vehículo con transmisión manual, Bella. Se necesita mucha práctica - le aseguró Edward - ¿Sabes? Podrías empezar con un coche con cambio automático. Seguro que en poco tiempo estarías conduciendo por la carretera. Podríamos tratar con mi Volvo.
- No, tiene que ser un Jeep. Quiero ser capaz de conducir uno cuando me dejes ir contigo a otra clínica.
Edward sintió que se le encogía el corazón al ver la expresión ansiosa de Bella.
- No tienes que conducir, Bella. Para eso está Félix.
- Pero… ¿y si hay una emergencia y él no puede conducir mientras tú estás atendiendo a un paciente?
- No creo que eso ocurra. Deja de torturarte con la conducción!! Vamos, saquemos a Félix de la limusina y vayamos a dar una vuelta.
Bella suspiró y miró por la ventanilla.
- No quiero ser una inútil.
- No eres una inútil - replicó él tomándole la mano.
- Oh, ¿de verdad? Entonces dime todas las cosas útiles que he hecho desde que llegué a Londres - lo retó ella.
Edward miró aquellos ojos chocolates llenos de duda y esperanza y buscó una respuesta. Reprimió una maldición y se pasó una mano por el pelo.
- Alice me dijo que la ayudaste a ella y a Max a encontrar a Elvis.
- Simplemente lo llamé con un silbido.
- Pues fue de mucha utilidad. Y también acudiste conmigo al baile y me salvaste de un buen sermón de Esme.
- Te di un pisotón - le recordó ella.
- Un simple detalle técnico - dijo él - Y luego evitaste una discusión entre Rosalie y mi madre.
- Eso solo fue algo temporal. Tu madre y tu hermana están destinadas a librar la Tercera Guerra Mundial.
Edward no pudo responder a eso, pero siguió hablando.
- Apoyaste a Emmett cuando mas lo necesitaba – le recordó.
- Solo hice lo que cualquiera haría.
- Conseguiste que una mujer delirante aceptara recibir tratamiento médico. Y me hiciste sentir muy bien con mi trabajo voluntario, cuando a todo el mundo del palacio les gustaría que me dedicara a otra cosa.
Bella guardó silencio unos segundos.
- Creo que tú también habrías encontrado un modo de tratar a Carmen y no se me ocurre nada que te desanimara para seguir practicando la medicina.
Edward tampoco pudo discutir eso. ¿Cómo podría hacerle ver a Bella que era importante, que solo con su presencia hacía que las cosas fueran más fáciles?
- Déjame intentarlo de nuevo - le pidió ella poniendo la palanca de cambios en punto muerto - Si puedo meter una marcha, lo consideraré un triunfo.
Le llevó el resto de la tarde, pero finalmente lo consiguió. En cuanto volvieron al palacio, Edward se tomó a escondidas una aspirina para el dolor de cabeza.
Bella se sentó a su lado en la cena. Volvía a llevar puestas las odiadas gafas y otro vestido horrible. Edward se preguntó de dónde habría sacado su vestuario. Vio que Alice la miraba decepcionada, y supo que Rosalie demandaría una explicación. También notó que Bella apenas lo miraba durante la cena, como si tuviera miedo de que los demás se enteraran de la intimidad que compartían.
Alice y Jasper parecían distraídos. Max se movía inquieto, y no paraba de susurrarles cosas a sus padres. A la reina, por su parte, le costaba mantener la conversación.
- Pueden servir los postres - les dijo a los camareros.
Alice y Jasper intercambiaron una mirada secreta. El amor que se profesaban fluía entre ambos como las aguas de un riachuelo. Edward estaba contento de que su hermano hubiera encontrado a una mujer que lo amara por lo que era y no por su título. Jasper tenía muchas responsabilidades, pero Alice había entrado en su vida y lo hacía sentirse más feliz que nunca. De repente se le coló un extraño pensamiento sobre Bella que lo desconcertó, pero lo apartó rápidamente. Bella y él tenían un acuerdo completamente distinto, y así era todo perfecto.
- Max tiene algo que anunciar - dijo Jasper sonriendo, mirando a su hijo con los ojos relucientes de amor y orgullo.
Todo el mundo esperó con impaciencia mientras el pequeño levantaba el mentón con una expresión de felicidad y presunción.
- Vamos a tener un bebé!!! - dijo con voz solemne.
La reina ahogó un grito de entusiasmo, Rosalie miró a Alice con los ojos brillantes. Tenía una mirada de alegría, pero a su vez de melancolía. Ella aún no podía anunciar a su bebé. Edward miró a Bella y la vio sonreír. Algo le dijo que Alice ya se lo había confesado a ella.
- Felicitaciones! - dijo alzando su copa de vino - Al padre, a la madre y al hermano mayor.
- ¿Desde cuándo lo sabes?, cielo - le preguntó Esme a Alice - ¿Estás tomando tus vitaminas? ¿Has visto a un médico?
Alice se echó a reír, y Jasper la rodeó con un brazo besando su frente.
- Lo sabe desde hace poco - le respondió Jasper a su madre - No ha visto a un médico, pero está tomando sus vitaminas. Max y yo la hemos convencido para que comparta la buena noticia con la familia. No quería contarlo aún para que no la abrumaran - miró a la reina con una expresión de desafío real - Le he asegurado que si alguien va a abrumarla… seré yo.
Edward volvió a levantar la copa y todos brindaron por el embarazo. Edward pensó que más tarde tendría que darle las gracias a su hermano por aquella inesperada distracción. Con toda la atención centrada en Alice y en el futuro bebé, fue muy sencillo escabullirse con Bella sin provocar preguntas.
La llevó a su cuarto, y nada más cerrar la puerta tras ellos le quitó las gafas y la tomó en sus brazos.
- Apenas me has dirigido la palabra durante la cena - le reprochó.
- No estaba segura de cómo actuar - protestó ella - Se supone que estoy comprometida, pero supongo que no queremos que los demás se enteren de lo que hacemos - lo miró con preocupación - No sé qué hacer.
Edward se echó a reír al ver la expresión de su rostro.
- Solo sigue mis instrucciones.
Bella lo miró como si se hubiera vuelto loco.
- Ja! Ni lo sueñes, Alteza. Ya me has tomado bastante el pelo. Pensaba que habías abandonado tu actitud autoritaria, pero por lo que veo solo la estabas escondiendo.
- ¿Igual que tú escondías el secreto de Alice? - le preguntó él, deleitándose al ver sus mejillas coloradas.
- Mis labios están sellados - declaró ella.
- Seguro que yo puedo abrirlos - se burló él, entusiasmado por la idea.
Ella inclinó la cabeza hacia un lado, y sus ojos volvieron a brillar de misteriosa sensualidad.
- Inténtalo - lo provocó, y apenas pasó una milésima de segundo antes de que él aceptara la invitación.
Bella lo mantuvo despierto la mitad de la noche con su curiosidad postvirginal. Su mezcla de inocencia y sexualidad volvía loco a Edward, y le hacía desear más cada vez que acababan. Finalmente cayeron dormidos, abrazados y exhaustos, pero no saciados.
A la mañana siguiente, los despertaron unos fuertes golpes en la puerta. Edward miró el reloj y frunció el ceño al ver lo temprano que era. Se preguntó si sería una emergencia.
Se levantó de la cama y agarró unos shorts.
- ¿Quién es? - susurró Bella.
- No lo sé - respondió él al tiempo que volvían a llamar.
- Alteza - se oyó la voz de la ayudante de su madre - soy Heidi con un mensaje de Su Majestad, la reina.
- Vuelvo enseguida - le dijo a Bella en voz baja - Quédate en la cama - salió del dormitorio y abrió la puerta.
- Alteza, la reina exige su presencia en su cuarto inmediatamente. Y también la de la señorita Swan.
Edward sintió una molesta sensación en la garganta.
- ¿Por qué?
- No se me ha facilitado esa información, señor - respondió Heidi con la discreción que la había mantenido en el puesto durante años - ¿Cuándo le digo a la reina que se presentara ante ella?
- Dame una hora.
- Como desee, señor - dijo la mujer e hizo una reverencia antes de marcharse.
Edward cerró la puerta y volvió junto a Bella, quien lo miró con expectación.
- ¿Qué pasa?
- Mi madre quiere que nos presentemos ante ella en sus aposentos - le dijo - Le dije a Heidi que estaríamos listos en una hora.
- ¿Tu madre es siempre tan escrupulosa con el protocolo?
Edward asintió y se encogió de hombros.
- Aunque por lo general no envía a alguien a buscarme al amanecer.
- ¿Crees que sabe lo nuestro?
- No importa si lo sabe o no. Soy un hombre adulto. Mi madre puede ser la reina, pero no es ella quien elige a mis amantes - se inclinó y le dio a Bella un reconfortante beso - Podemos seguir especulando, o podemos vestirnos e ir a ver qué demonios quiere.
Bella esbozó una media sonrisa, pero sus ojos seguían expresando su preocupación.
- Tranquila - le dijo él - Yo cuidaré de ti.
- Ese no es tu trabajo - protestó ella. Se levantó de la cama y recogió su ropa.
Como no tenían tiempo, Edward prefirió no discutir. Pero en el fondo sabía que, aunque no tuviera sentido y Bella no estuviese de acuerdo, su trabajo sí era cuidar de ella.
Hola!
Al fin Bella y Edward tuvieron su noche loca jajajaja Espero que les haya gustado este capitulo.
Quedan solo 3 capitulos mas!! los cuales subiré, miercoles, viernes y domingo!!! (eol domingo en la noche me iré de vacaciones hasta febrero xD) Asi que no se preocupen, no las dejaré sin su final!! Eso si, como he sido una muy buena autora, he subido bien seguido, y no las dejaré sin el final de la historia... merezco sus reviews ajajajajaja asi que sean buenas! y comenten para saber su opinion acerca de los capitulos!
Nos vemos en el proximo capitulo Y NO OLVIDEN DEJAR SUS REVIEWS!
Un abrazo
PollyCox99!
